19 de marzo de 2015

Kafka, «La Metamorfosis» y la cuestión del especismo




«La Metamorfosis» (o «La Transformación») es un relato del escritor Franz Kafka. Y es también uno de los más famosos y leídos hasta la fecha. En este ensayo me gustaría realizar un breve análisis sobre el contenido de la obra. Advierto de antemano que a continuación revelaré algunos detalles importante de la trama; por si alguien quisiera (re)leer primero la historia antes de leer este comentario.

Desde la primera página, asistimos a un acontecimiento extraordinario que determinará toda la historia subsiguiente: su protagonista, Gregor Samsa, ha sufrido una transformación física completa que le ha hecho perder su apariencia humana y adoptar la forma de un otro animal, muy semejante a la de un insecto. 

En el relato nunca se llega a explicar, ni se especula siquiera, por qué y cómo sucede esto. Tal vez porque el autor no tenía interés en ese punto y sólo le importaba centrarse en las reacciones del protagonista y de los que lo rodean respecto de ese acontecimiento. También es un rasgo peculiar de la obra de Kafka el no explicar la causa de los acontecimientos que suceden a sus protagonistas, como si fueran castigos o maldiciones . Esto es una de las características del concepto de lo kafkiano.

La historia narrada en La Metaformosis es la de alguien que fue un ser humano y que ahora se ha convertido en un animal nohumano. Kafka nos muestra con crudeza lo que conlleva esta diferencia en nuestra sociedad y la manera en que nos relacionamos con otros animales. 

Gregor Samsa ya no era humano pero aunque su aspecto había cambiado radicalmente; él seguía sintiendo de la misma forma. No había cambiado el hecho de que experimentaba emociones y sentimientos. No era humano pero era un ser sintiente. Y a pesar de que su familia sabe que Gregor es la misma persona; a pesar de saber que es una persona; el tremendo cambio físico que ha experimentado provocará en el seno familiar una crisis de consecuencias trágicas. 

Es curioso que el autor no hizo que su protagonista se convirtiera en un perro, un gato o un pájaro, u otros animales nohumanos por los que (a pesar de ser igualmente discriminados y oprimidos) muchos humanos pueden sentir cierta simpatía. No. Le obligó a ser el tipo de animal probablemente más detestado por los humanos: los insectos.

No conocemos cuál era la intención original (o intenciones) del autor al escribir este texto. Tal vez expresar sus propios sentimientos personales en medio de un contexto social en el cual se sentía desgraciado y rechazado. De todos modos, si en verdad hubiera querido denunciar el especismo, difícilmente, a mi juicio, podría haberlo hecho de una manera más expresiva.

A mi modo de ver, pocas obras de la literatura han representado tan acertadamente, de forma implícita, lo que supone el prejuicio del especismo como lo ha conseguido esta pieza de Kafka. Ciertamente hay todavía muy pocas que traten esta cuestión de un modo u otro.

Podríamos sacar muchas conclusiones partiendo de esta obra literaria, que, a pesar de su brevedad, es enorme en su valor literario y filosófico y está repleta de posibles significados. Y de hecho se han publicado una considerable cantidad de análisis sobre ella. Sin embargo, hasta ahora no he leído ninguna (y he estado leyendo bastantes, tanto en inglés como en español) que lo relacionara con el prejuicio del especismo. Que prácticamente a nadie se le ocurriera pensar que este relato evidenciara la discriminación hacia los no-humanos  revela la casi absoluta falta de conciencia sobre este problema en nuestra cultura. Por supuesto, cuando yo leí por primera vez esta historia, hace ya bastantes años, tampoco se me ocurrió hacer esa conexión.

Me hubiera gustado leer algún análisis que lo interpretara bajo esa perspectiva, pero al no haber encontrado ninguno he decidido compartir mi reflexión particular sobre el relato en cuestión:

El problema en lo que le había sucedido a Gregor Samsa no estaba realmente en su transformación. No era algo que le dificultara sentir o vivir. E incluso seguía siendo capaz de comunicarse con otros humanos. El problema real estaba en el modo en los demás lo juzgaban y, también, en el modo en el que él mismo se juzgaba. El problema no era físico, sino que estaba en la mente de todos ellos.

Asimimo, el problema en nuestra relación con los demás animales no reside en que ellos sean diferentes en nosotros, ya sea en su aspecto o en su forma de experimentar (sentir) el mundo. El problema es que nosotros los juzgamos diferentes simplemente por no ser humanos. Aun siendo conscientes de que ellos sienten; seguimos discriminándolos injustamente por no ser de la misma especie que nosotros.

Es posible que el nuevo físico de Gregor Samsa le imposibilitara integrarse en la sociedad humana, como había hecho hasta ahora. Pero igualmente hay muchos seres humanos que por alguna circunstancia quedan parcial o totalmente inválidos o discapacitados y pierden su autonomía para sobrevivir en la sociedad. Y no por ello consideramos que por ese motivo esté bien discriminarlos, agredirlos o tratarlos como si fueran meros objetos o mercancías para servir a nuestro beneficio.

Los demás animales son esencialmente lo mismo que nosotros: seres que sienten; individuos con emociones y sentimientos. Las acusaciones de antropomorfización están equivocadas puesto que contamos con evidencias de peso acerca de la conciencia en otros animales. Esas acusaciones lo que evidencian realmente es el arraigado prejuicio del antropocentrismo que consiste en creer que la sensibilidad es exclusiva en los humanos, a pesar de que tenemos pruebas que demuestran que no es así.

La diferencia más importante entre humanos y no-humanos reside en cierto grado de inteligencia. Pero es una diferencia que está presente también de forma notable entre los propios seres humanos. Y también existen obvias y significativas diferencias corporales. Pero también hay enormes diferencias físicas entre humanos (por ejemplo: pensemos la enorme diferencia entre un bebé y un adulto en plenas facultades).

Este relato de Kafka responde a una pregunta que casi nadie se habría hecho hasta el momento: "¿Y si un día nos despertáramos siendo un animal no-humano?" Dentro de nuestra sociedad, ser un individuo no-humano implica ser un esclavo, es decir, alguien sometido a la condición de propiedad. Ya sea para servir de compañía o de comida o de vestimenta. Ahora bien, como los insectos en general (excepto abejas o cochinillas) no tienen una utilidad para nosotros entonces directamente se les mata por su sola presencia.

Aunque el caso pertenezca a la fantasía (por eso es literatura) es una cuestión que todo el mundo debería preguntarse. Todo el mundo debería ponerse en el lugar de los otros animales y pensar si considera que es aceptable que lo traten de esa forma. La respuesta sería invariablemente negativa. Nadie quiere estar encerrado ni ser asesinado para beneficio de otros.

Ante cualquier cuestión moral que nos surja sobre nuestra relación con los demás animales deberíamos preguntarnos siempre si nos parecería bien que ese criterio se aplicara sobre seres humanos y sobre nosotros mismos. Si la respuesta es negativa entonces ese criterio no respeta el principio de igualdad.

Quiero pensar que Kafka, que se hizo vegetariano, hubiera simpatizado con esta reflexión sobre su historia.

28 de febrero de 2015

Fobias


«Un miedo persistente e irracional a un determinado objeto, animal, actividad o situación que ofrece poco o ningún peligro real.»


Hace poco me escribió una persona preocupada porque no podía superar el especismo respecto de las arañas. Yo le expliqué que a mi modo de ver, y de acuerdo a lo que me contaba, no se trataría de un problema de prejuicio moral sino de un caso psicológico de fobia.

Hay determinados casos de rechazo hacia otros animales en los que se puede confundir el especismo (que es un prejuicio moral) con alguna clase de fobia (que es un trastorno psicológico). Es importante saber distinguirlos para poder remediarlos porque cada uno tiene una naturaleza y un tratamiento diferente.

Una fobia no es lo mismo que un prejuicioEl prejuicio no es una fobia ni está motivado por una fobia. La fobia es una reacción emotiva (pertenece al ámbito del sentimiento) mientras que el prejuicio es una creencia (pertenece al ámbito del pensamiento).

La fobia es una respuesta emocional que provoca temor desmesurado y sin fundamento. La fobia es un fenómeno que no implica ningún tipo de creencia ni razonamiento. 


A diferencia de la fobia, el prejuicio no es un hecho propiamente emocional, aunque sí condiciona las emociones, ni implica necesariamento miedo o alguna emoción similar.
 El prejuicio pudiera tener una base instintiva de tipo grupal pero el pre-juicio es ante todo un juicio, es decir, es un pensamiento o una creencia. Por ejemplo: Creemos que los individuos que no pertenecen a nuestro grupo (raza, sexo, especie, clase) no merecen consideración igualitaria o que los de nuestro grupo tienen derecho a explotar a otros. Como así sucede en el caso del especismo

Si bien es cierto que un prejuicio puede llegar originar una fobia (por ejemplo: la xenofobia) parece que la fobia específica contra determinados animales concretos (insectos, reptiles, aves) puede no tener su origen en el prejuicio, ya que personas que rechazan el especismo sigan padeciéndola a pesar de todo. Por tanto, debe de achacarse a un tipo de trastorno psicológico similar al de las personas que padecen fobia al color rojo o a las flores.

Pienso que es importante tener estos puntos en consideración a la hora de enfrentarnos con el problema de la fobia:


  • [1] La fobia no está justificada. Tener un miedo razonable está justificado pero la fobia es un temor sin fundamento. Debe de tener sin duda algún origen o causa, pero no lo provoca un razonamiento basado en evidencias.
  • [2] La fobia se puede, y se debe, intentar remediar o controlar. Hay técnicas y terapias para poder afrontarla y así evitar que nos dañemos o hagamos daño a otros. Aquellas que son leves suelen ser fácilmente canalizables. Las graves son las que resultan más problemáticas.
  • [3] Ellos no tienen la culpa. En lugar de pensar en aquella característica (sobre todo suele ser el aspecto) que nos provoca fobia respecto de otros animales, debemos intentar pensar que es un ser sintiente y que no tiene intención deliberada de causarnos daño.

En el vídeo situado más abajo se puede visionar un documental que trata acerca de estas fobias hacia otros animales. Esta fobias se encuadran dentro de las llamadas fobias específicas, en las que un ser determinado (en este caso un animal nohumano) representa un peligro inminente para la persona que padece la fobia, a pesar de que el ser en cuestión no conlleve objetivamente ninguna amenaza ni quien la padece pueda explicar el motivo de su miedo.





Aparte, también me gustaría señalar que hay un tipo de miedo irracional que es la fobia al veganismo o vegafobia. La cual entraría dentro de las fobias específicamente sociales y se caracteriza por un miedo o rechazo visceral contra el veganismo y todo lo relacionado con él. Incluso podría considerarse una fobia grave en algunos casos, cuando se trata de una reacción visceral en la que el sujeto en cuestión no atiende a razones y adopta una actitud agresiva. 




El miedo al veganismo es una fobia porque se trata siempre de un rechazo injustificado. El veganismo no supone ninguna amenaza para la civilización, el progreso científico, la salud humana o la calidad de vida en general.

La fobia contra el veganismo podemos categorizarla junto con la oposición irracional a otros movimientos sociales de progreso moral como son el feminismo o el laicismo.




Este rechazo tiene siempre su origen en el prejuicio, en la falta de información o la información distorsionada. 

Algunas personas creen erróneamente que aceptar el veganismo supone morir por desnutrición o que ya no podrían disfrutar del placer de la comida o que tendrían que ir desnudas sin ropa o que deberían dejarse agredir sin más en el (muy hipotético) caso de ser atacado por algún animal nohumano. Entre otros disparates parecidos. 

Pero lo único que implica realmente el veganismo es dejar de participar en la explotación de los animales nohumanos. Y esto no conlleva ningún perjuicio para nosotros. Quienes somos ya veganos seguimos disfrutando de la misma calidad de vida con la única salvedad de que no apoyamos la violencia innecesaria e injustificada contra otros animales.

23 de febrero de 2015

Los moluscos son seres sintientes



«Experimentamos conductas básicas como comer, beber o emparejarnos como placenteras porque sirven para sobrevivir y reproducirnos. Y no sólo los humanos sino prácticamente todos los animales.» Pablo Malo

En anteriores artículos, dentro de la categoría de sintiencia, dediqué un espacio a hablar sobre animales cuya sintiencia todavía causaba cierta controversia: peces, reptiles, crustáceos, insectos, aportando evidencias que confirman su capacidad de sentir. Con esta entrada quisiera terminar, de momento, la serie exponiendo como ejemplo a los moluscos y los celentéros.

Sabemos que las plantas no sienten porque no tienen neuronas ni sistema nervioso. Ellas no tienen sensaciones ni deseos, porque no pueden tener intenciones ni deseos. Simplemente reaccionan a estímulos externos de forma automática o inconsciente sin que haya ningún proceso de sensación de por medio, puesto que carecen del órgano necesario para ello.

Sabemos que el sistema nervioso es el órgano que produce las sensaciones y que, por tanto, genera la conciencia y todo aquello que forma parte de ella, a lo que denominamos deseos, intereses, voluntad, intenciones. Sabemos que los demás animales también tienen sistema nervioso, y que en dicho sistema nervioso se realiza de forma similar la misma actividad eléctrica y química que en el nuestro, es decir: conexiones neuronales y secreción de sustancias neurotransmisoras.

Parece que es mucho más fácil reconocer la sintiencia en otros animales muy parecidos a nosotros morfológicamente (como son, por ejemplo, el resto de mamíferos) que en el caso de otros que son muy distintos a nosotros en aspecto y tamaño (como es el caso de los peces, los insectos y los moluscos). Pero la ciencia nos ayuda a conocer y confirmar objetivamente si otros animales sienten. Las evidencias apuntan cada vez más claramente que un sistema nervioso centralizado implica sintiencia. De ahí su especial relevancia para el movimiento de Derechos Animales. A pesar de que, por desgracia, los científicos hayan utilizado y asesinado animales nohumanos para confirmarlo.

El grupo denominado «moluscos» es uno de los diversificados morfológicamente en el reino animal. Dentro de este grupo existen diferencias notables. En un extremo tenemos a los pulpos que han sido mencionados explícitamente en la Declaración de Cambridge como un ejemplo de animal, fuera del grupo de mamíferos y aves, sobre el que tenemos evidencias muy consistentes acerca de su capacidad de sentir. En el otro extremos, tenemos a las almejas, las otras, las medusas y los mejillones; que hasta ahora no habían sido reconocido como sintientes, pero respecto de algunos de los cuales contamos con evidencias que apuntan a que su capacidad de sentir es más que un simple posibilidad.

Si lo demás animales pueden sentir, esto significa que experimentan sensaciones (dolor, placer,..) y tienen intereses (desean proteger su vida y evitar lo que les perjudica). Y, por tanto, de acuerdo al principio ético de igualdad, merecen el mismo respeto que nosotros, sin importar que sean humanos o de qué especie sean. De ahí radica la relevancia de cononocer empíricamente si otros seres son sintientes o no. Y es el motivo de este ensayo.

Antes de nada, nunca está de más recordar que la capacidad de sentir implica conciencia. Los seres sintientes son seres conscientes por la propia naturaleza de la sintiencia. 


¿Cómo podría un animal sentir dolor sin ser él mismo quien lo siente? Eso sería una contradicción lógica y empírica. El dolor no puede darse en un vacío impersonal, sino que requiere y necesita de la subjetividad. El neurofisiólogo Rodolfo Llinás lo explica de manera bastante clara y detallado cuando señala que: "La subjetividad es la esencia constitutiva del sistema nervioso.Llinás especifica que la conciencia sería una característica intrínseca de todos los seres con sistema nervioso y que su origen no está en el pensamiento cognitivo o conceptual, sino que está en las sensaciones.

Si un ser puede experimentar dolor entonces tendrá el interés en evitar dicho dolor o la causa o fuente que lo provoca. Si un ser puede experimentar placer entonces tendrá interés en repetir aquella conducta que le causa placer. Así ocurre con todas las sensaciones. Decir que alguien puede sentir dolor, o sentir placer, pero que no tiene interés en evitar o buscar dicho dolor o placer, es contradictorio en los términos. Por tanto, en todo ser sintiente hay intencionalidad

Como señala, de nuevo, Llinás; una característica peculiar de los animales es el movimiento, y para poder movernos con éxito necesitamos tener una mente que genere una representación interna del mundo exterior a nuestro organismo para poder dirigirnos en él evitando los peligros y buscando los beneficios. Esto es lo que denominamos sentidos: vista, oído, olfato, tacto,...

A menudo se dice que otros animales se mueven por "instintos", pero hablar de instintos es lo mismo que hablar de sensaciones. Cuando mencionamos, por ejemplo, el instinto de supervivencia o el instinto sexual, nos referimos a determinadas sensaciones, emociones y deseos que experimentamos. Luego si otros animales tienen instintos entonces son seres sintientes por definición. Decir que poseen instintos es decir que experimentan deseos e intenciones. Y no se pueden tener deseos e intenciones sin una conciencia básica de dichas experiencias.

Podemos decir que todos los seres sintientes son también inteligentes en el sentido de que poseen memoria e intenciones. Aunque ambas son funciones autónomas, están directamente interrelacionadas. No hablamos de inteligencia como pensamiento abstracto, conceptual o discursivo, sino que nos referimos a los estados intencionales.

¿Cómo sabemos que los moluscos son seres sintientes?

Bueno, las almejas son uno de los moluscos que tienen un sistema nervioso más básico o sencillo. Si se demuestra que ellas efectivamente sienten (y teniendo en cuenta todos los datos que se han recopilado durante décadas de investigación neurocientífica en nohumanos) entonces lo más razonable es deducir que todos los demás animales con sistema nervioso también sienten en efecto.

Una de las maneras más fiables de reconocer la sintiencia en otros animales es la comprobar si efectivamente sienten dolor (aunque la sintiencia abarca mucho más aparte del dolor). 

Para poder sentir dolor es necesario tener receptores nociceptivos. La nocicepción es una modalidad sensorial somática que tiene una importante función protectora, ya que focaliza la atención en un estímulo nocivo que amenaza la integridad del organismo y que debe, por ende, ser evitado. 

La capacidad para responder a estímulos nocivos es una característica básica de todos los organismos de la escala filogenética, desde los unicelulares hasta los mamíferos. Por ejemplo, en anélidos existe un grupo celular (células N) considerado como nociceptor; los pulpos tienen vías nerviosas que conducen información nociceptiva. En otros phyla (platelmintos, artrópodos, moluscos) se han descrito conductas que pueden considerarse antinociceptivas.

En algunos moluscos se ha encontrado que los opioides modulan la respuesta ante estímulos térmicos nociceptivos así como la actividad de algunos grupos neuronales. Es decir, poseen los receptores necesarios para poder sentir dolor y, además, segregan las sustancias neurotransmisores que el organismo utiliza para aliviar la sensación de dolor.

Sabemos que las almejas poseen ganglios donde se han centralizado las neuronas aferentes (las neuronas que realizan la función específica de procesar percepciones subjetivas). Sabemos que segregan neurontransmisores como la dopamina y sustancia opiáceas que están directamente asociadas a la regulación del placer y del dolorTambién sabemos que son capaces de reconocer estímulos dañinos y procuran evitarlos de forma deliberada,... 

¿A pesar de todo eso tenemos que suponer que ellas no sienten cuando todas las evidencias apuntan claramente a que son seres conscientes? No veo ninguna prueba o argumento que refute la interpretación de estas evidencias en favor de la conciencia.

Tal y como explica Carlos Piñeiro:
«Ocurre que, incluso las almejas, tienen su pequeño sistema nervioso. Y si analizamos lo que ocurre en él, vemos que al detectar sal en el agua, ese sistema nervioso “intuye” la presencia de alimento, y prentende “motivar” a su cuerpo para buscar comida, y para eso libera dopamina. Es su sistema de recompensa,  a la almeja “le gusta” la sal, y ese es el placer que la moviliza para buscar alimento. ¿Estoy diciendo que sienten placer las almejas? No voy a entrar en discusiones filosóficas sobre como viven el placer las almejas, pero lo cierto es que se trata de un sistema de recompensa mucho más simple y reducido, pero de función muy similar al nuestro. De hecho comparte el mismo neurotransmisor, nuestra vieja amiga la dopamina.»




Es cierto que la dopamina realiza varias funciones en el sistema nervioso. Pero ¿por qué suponer que sólo en los vertebrados realiza la función de regular las sensaciones, y no también en los invertebrados? Eso parece una discriminación arbitraria, prejuiciosa. Tendemos a suponer, sin una buena razón, que sólo los animales más similares a nosotros son capaces de sentir. 

Por otra parte, si bien la complejidad del sistema nervioso puede tener en efecto relación con la complejidad del fenómeno de la sintiencia, eso no implica que, una vez dados los requisitos neurológicos necesarios para que exista la subjetividad, las percepciones sensoriales sean menos intensas o menos importantes para el sujeto que las experimenta. La idea de que existe una jerarquía sensitiva entre seres sintientes no se justifica.

¿Por qué deberíamos suponer que un bebé siente "menos" dolor o "menos" placer que un adulto en plenas facultades? Es razonable deducir que los bebés carecen de la capacidad de generar sentimientos complejos, pero eso no significa que sus sensaciones y emociones sean menos intensas que las nuestras, o que les importen menos que a nosotros. Entonces ¿por qué deberíamos suponer que otros animales con sistemas nerviosos quizás menos complejos no experimentan sensaciones y deseos tan intensos como los nuestros? Yo recuerdo perfectamente haber sentido dolor y placer con cuatro años de edad, y eran tan intensos (o incluso más) que ahora que soy un adulto con un cerebro mucho más desarollado que entonces.

No hay ninguna razón que justifique asegurar que la sensación tenga que ser diferente según la especie del individuo. Si el individuo en cuestión posee un sistema nervioso centralizado (con el tipo específico de neuronas que procesan percepciones en forma subjetiva) y además sabemos que generan neurotransmisores asociados a la experiencia sensitiva, entonces lo que no sería razonable en ningún caso es suponer que no sienten o que sienten de forma radicalmente distinta.

Junto con los moluscos hay otro grupo de animales que son los celentéreos. El animal más conocido dentro este grupo es la medusa.

A pesar de ser más difuso y no contar con un cerebro propiamente hablando, el sistema nervioso de las medusas no está carente de centralización en forma de núcleos neuronales donde se da la integración y procesamiento de la información sensorial. De hecho, una de las maneras en las que tiene lugar la sintiencia de las medusas es a través de sus primitivos ojos, que les permiten, cuanto menos, captar las diferentes longitudes de ondas electromagnéticas de su entorno (el color). En función de lo que ven, las medusas pueden identificar y buscar lo que les es favorable (el alimento, por ejemplo), o alejarse de las amenazas, una facultad que les ha permitido sobrevivir durante millones de años.






No es necesario poseer propiamente un cerebro para poder sentir. El cerebro es solamente una parte sofisticada del sistema nervioso, es decir, es un desarrollo de grado. Pero la capacidad de sentir es una cualidad, no una cuestión de grado (aunque la sintiencia como tal admite grados en su contenido). En cualquier caso, casi todos los sistemas nerviosos poseen algún tipo de centralización que podría hacer las funciones que realiza el cerebro en aquellos sistemas nerviosos en los que está presente.

Lo que llamamos cerebro es un tipo específico de concentración neuronal. En realidad, no hay ningún cerebro igual a otro, cada cerebro individual es único. Dentro del cerebro, la zona que procesa las sensaciones es el diencéfalo. Y dentro del diencéfalo el proceso lo realizan determinadas interacciones de neuronas aferentes. Un cerebro que fuera dañado en la zona del diencéfelo perdería la capacidad de sentir y el organismo ya no podría sobrevivir por sí solo. Luego no es el cerebro sino todo el sistema nervioso en general quien realiza la función de la sintiencia, aunque el proceso se centralice específicamente en las neuronas aferentes.

Creer que un ser con sistema nervioso tiene que tener una concentración neuronal como la nuestra para poder sentir es absurdo porque ignora el verdadero proceso según el cual se origina la sintiencia. De hecho, se ha intentado negar que otros animales no podían ser conscientes porque carecían de neocórtex (aves, reptiles, peces,...) pero se ha descubierto que el neocórtex realiza funciones puramente cognitivas que no tienen que ver con la sintiencia como tal. 

Intentar negar la sintiencia en otros animales que poseen una centralización de diferente estructura a la nuestra no es razonable cuando sabemos ya que la conciencia se origina por las interacciones de las neuronas. Y esa interacción puede realizarse en concentraciones neuronales que no exactamente como las de nuestro cerebro humano.

Ahora bien, si cuando hablamos de "cerebro" nos referimos a cualquier centralización neuronal, entonces de acuerdo: sólo quien tiene cerebro puede sentir. Es decir, todos los seres con sistema nervioso exceptuando quizás sólo a las estrellas de mar y las anémonas (pues carecen de centralización conocida y su sistema nervioso pudiera ser que sólo realice una función refleja). Así aparece expresado además en los modernos manuales sobre fisiología animal.

Es evidente que el mero hecho biológico de la vida, o las evidencias etológicas por sí solas, no justifican deducir que un ser puede sentir. Pero los argumentos que se exponen aquí para explicar la sintiencia no están basados en ninguno de esos puntos. Los argumentos se fundamentan en las evidencias neurofisiológicas. Y si se menciona la conducta, en algún momento, ésta se conecta con la actividad específica del sistema nervioso que la genera.

A la luz de las evidencias, negar la sintiencia en animales que tienen un sistema nervioso centralizado no me parece justificado y sugiere una negación motivada por prejuicios especistas contra otros animales simplemente porque son muy diferentes a nosotros en aspecto y tamaño, o porque la complejidad de su sistema nervioso no es similar a la nuestra.

En definitiva, aunque es cierto que no podemos tener una certeza absoluta al respecto, sin embargo veo bastante claro que todas las evidencias apuntan a que lo más razonable es deducir que los moluscos son seres sintientes, por las razones expuestas anteriormente basadas en todos los datos empíricos que tenemos a nuestra disposicion. Lo mismo se podría concluir de todos los animales que posean un sistema nervioso centralizado. La opción más razonable es concluir que sí están dotados de conciencia. Y si son seres conscientes entonces debemos respetarlos como personas, y no tratarlos como objetos o propiedades.

5 de febrero de 2015

Una explicación naturalista del especismo



«Hay que conocer a fondo el mal para poderlo combatir.» ~ Cardenal Mazarino

Desde niños nos enseñan que el resto de los animales son seres inferiores que existen como meros recursos para nuestro beneficio. Esta adoctrinación moldea nuestra visión del mundo. Sin embargo, la idea de que los prejuicios especistas sólo tienen que ver con la cultura y la educación, y muy poco o nada que ver con la biología, podría ser equivocada.

A pesar de reconozco el decisivo papel que tienen la educación y el contexto social a la hora de perpetuar la mentalidad especista; sin embargo, no creo, ni he creído nunca, que el especismo sea un prejuicio de origen puramente cultural. Considero que podría haber una cierta tendencia natural o biológica detrás de este comportamiento.

Pienso que lo mismo serviría para explicar (pero no para justificar) el racismo y el sexismo. O la homofobia. De hecho, no creo que haya ningún fenómeno ideológico o cultural que exista sin alguna base biológica. Lo contrario sería asumir irracionalmente que las cosas surgen de la nada. Pero de la nada no puede surgir nada.

Las ideologías nunca surgen del vacío sino que tienen siempre un fundamento previo que no depende del pensamiento.

Por supuesto que nuestra mentalidad se configura a partir de la educación y el ambiente en el que crecemos y vivimos. Sin embargo, eso sólo explica cómo se inculcan las ideas pero no explicaría cómo surgen originariamente. Explicar esto último es acerca de lo que trata este ensayo.

En lugar de dictaminar con cierta tosquedad apelando a la maldad, a la estupidez o a la simple ignorancia; comprenderemos mejor los problemas que están ocurriendo si los estudiamos de forma imparcial y objetiva. Y de este modo podremos afrontarlos y solucionarlos de manera más efectiva.

Las evidencias científicas muestran que parece haber cierta tendencia biológica a favorecer a quienes son más semejantes que nosotros, y que está presente en el comportamiento instintivo de muchos animales. 

Este rasgo innato explicaría en parte la facilidad con la que los prejuicios grupalistas (sexismo, racismo, especismo) han predominado a lo largo de la historia. La tendencia de la que hablamos sería la misma para todos los casos, pero se manifestaría en diversas formas y modos.

Dado lo extendido y arraigado que siempre ha estado el especismo entre la humanidad, una explicación biológica ayudaría a comprender la causa de esta situación. La explicación se basaría en el hecho de que tenemos una preferencia por aquellos individuos que se parecen genéticamente más a nosotros dada la ventaja evolutiva que ello supone.

Bajo esta perspectiva, así como tendemos a considerar a un familiar antes que un desconocido, o a un paisano antes que a un extranjero, igualmente es comprensible que tengamos una disposición a considerar a los humanos antes que al resto de animales por cierta simpatía de semejanza.

De hecho, incluso entre animalistas (incluso entre veganos) parecen inevitablemente surgir estas tendencias, pues parece que no es inusual que se considere más a los mamíferos, y especialmente primates, que a los peces o los insectos. De ahí que comprobemos fácilmente que las campañas animalistas estén casi siempre centradas en aquéllos.

Por tanto, bien podemos explicar el origen del especismo apelando a cierta tendencia biológica. Aunque es importante tener en cuenta siempre que los individuos no somos clones ni productos de fábrica y que cada uno es diferente y hay diversos grados en una tendencia que es meramente general.

Antes de que nos dejemos llevar por la tentación de caer en la falacia naturalista, es necesario aclarar que, incluso suponiendo que el especismo tuviera una causa natural (entre otras causas), de esto no se sigue que debamos ser especistas o que está bien que seamos especistas.

Así como aclara Pere Estupinyà

«Conocer este innatismo no nos debe servir para justificar nuestras acciones ni aceptarnos tal y como somos, sino para saber qué cualidades podemos potenciar y cuáles ofrecerán resistencia cuando intentemos corregirlas a fin de conseguir el bienestar individual y común.»
Ahora, suponiendo que las explicaciones biológicas del especismo sean creíbles, ¿qué dice ello de la posibilidad de superar el especismo

Si existen, siempre han existido y parece que siempre existirán conflictos grupales entre humanos motivados por instintos discriminatorios (racismo, sexismo, nacionalismo) ¿por qué no se puede decir lo mismo, con mayor razón, de nuestra desconsideración hacia otros animales?

Si nuestra desconsideración moral hacia los no-humanos fuera algo meramente adquirido entonces la solución a este problema no da lugar a controversia, pues lo adquirido se puede eliminar de la misma manera. Ahora bien, si el especismo es un prejuicio que tiene su fundamento también en nuestra biología entonces debemos tenerlo en cuenta y no verlo solamente como un constructo cultural.

Estoy de acuerdo con la tesis de Steven Pinker acerca de que la noción de la "tabla rasa" es falsa. No surgimos como hojas en blanco sino nacemos con una naturaleza básica inherente. Como también estoy de acuerdo en que el papel que juega el ambiente y la cultura son importantísimos. Todos estos factores (naturaleza; ambiente; cultura) intervienen en lo que somos. Incluso esos mismos factores influyen entre ellos. Se trata de una vía de dos direcciones. Si bien la biología influye decididamente en la cultura, ésta a su vez puede influir en la biología.

El ambiente moldea parte de nuestra biología, es cierto; pero, debemos comprender que, en tanto que no somos una tabla rasa, no somos infinitamente moldeables. Hay ciertos limites que debemos asumir.

Pero en lugar de cometer el error maniqueo de cambiar el mito de la "tabla rasa" por el mito de la "tabla determinata", deberíamos forjar una nueva visión que equilibre de forma inteligente todos los elementos implicados, que se acerca más a la realidad y nos permita afrontar el progreso moral con mayor éxito.

Aunque fuera efectivamente cierto que existe una cierta predisposición biológica a la discriminación especista esto no quiere decir que dicha predisposición sea un destino. Una predisposición no es una determinación. El ambiente y la educación que recibimos moldea nuestra base biológica. 

Creo que el problema está en cómo interpretamos la presencia de esa tendencia a la afinidad con los semejantes. A mi modo de ver, nos equivocamos si equiparamos una tendencia como una determinación. No son lo mismo. Que pudiera haber una tendencia no significa que estemos obligados a que esa tendencia determine nuestra forma de pensar y de actuar.

¿Nos sentimos más identificados con quienes nos son más cercanos genéticamente? Quizás, en cierto modo, en ciertas ocasiones, no siempre. Si aquello fuera una tendencia determinista entraría en contradicción con el hecho de que podemos comprobar que surgen amores, amistades o consideración entre individuos de diferente raza o especie. ¿Acaso no hay humanos que se preocupan por ciertos no-humanos y dedican su vida a ellos?

Tenemos más preocupación personal por nuestros allegados (amigos, familiares, compañeros). Los hechos lo indican claramente. Pero hay niveles de consideración. La consideración moral básica e igualitaria (que se refiere a todos los seres sintientes) no parece incompatible con el ámbito privado. 

El hecho de que yo me preocupe más por mi familia nunca lo he visto ni comprobado como una objeción o dificultad para respetar a los demás seres sintientes como personas. Soy vegano y, al mismo tiempo, me preocupo por mi familia. ¿Dónde estaría el problema? No hay conflicto, a mi modo de ver.

No veo por qué razón el especismo es diferente del resto de prejuicios. Si podemos superar el racismo, el sexismo, la homofobia ¿por qué no vamos a poder superar el especismo? 

Una tendencia nunca equivale a una inevitabilidad.

En la obra de Konrad Lorenz se postula que todos los animales por lo general tenemos un instinto de agresión, una predisposición agresiva. Pero aunque esa tendencia es inherente, sin embargo no es unívoca. Se puede dirigir tanto a la guerra (y otras formas de violencia) como hacia actividades civilizadas y constructivas como son el arte, el deporte y la cultura en general. Pensemos en el heavy metal, en las artes marciales y en los juegos de consola.

Por todo ello, no debemos caer en el pesismismo. El pesimismo de creer que no podemos dejar de ser especistas o que nunca podremos conseguir que la sociedad deje de ser especista. Esta actitud no es razonable.

El pesimismo no lo considero una postura razonable puesto que no me parece justificado. Es decir, si lo que pretendemos es que el especismo desaparezca en la nada absoluta, esto sería imposible. Alguien que pretenda tal cosa es consecuente que se abisme en el pesimismo. Pero es una postura absurda. Es como deprimirse porque nunca podremos ser inmortales. Lo que sí podemos conseguir es vivir existencias más largas que las de nuestros antepasados, más acordes con la ética, y razonablemente felices. Nuestra actitud ante los retos de la vida depende en gran medida de la visión y el objetivo que nos marquemos previamente.

Si en efecto se trata de una tendencia que aparece de forma inherente (en diversos grados) nunca podremos erradicar el especismo hasta hacerlo desaparecer, pero eso no quiere decir que educando a la gente no podamos evitar que haya muchísima menos personas especistas de las que habría sin esa educación igualitaria ¿cierto? 

Veamos el caso del sexismo. La práctica del sexismo puede ser:

1) algo predominante y sistemático asentado en la mentalidad predominante y en la propia estructura de la sociedad; 


ó

2) puede ser algo más bien marginal y excepcional; algo que sucede ocasionalmente pero que es rechazado por la mayoría de la sociedad.

Creo que podemos comprobar que hay una abismal diferencia entre ambas situaciones. Según lo veo yo, el especismo puede ser afrontado de forma similar. 

Que el especismo no es una tendencia determinista está claro, pues millones de personas veganas lo demuestran cada día mediante sus ideas y acciones.

En conclusión, plantear el problema del especismo desde un punto de vista naturalista no sirve para justificarlo ni tampoco para despreciar la explicación cultural. La explicación naturalista sirve para complementar la explicación cultural. Sirve para comprender el por qué ocurre lo que ocurre. Y sirve para que nos planteemos la posibilidad de que un simple cambio de mentalidad puede no ser suficiente para eliminarlo y que debemos estar vigilantes ante la posibilidad de que esta tendencia inherente se manifieste en cualquier momento y forma.

Ser conscientes de que la semilla del especismo está dentro de nosotros es un conocimiento que nos ayudará a evitar que surja y nos domine. Sólo así lo podremos entender y controlar y conseguir que no rija nuestra vida, tal y como está ocurriendo actualmente.

Por todo ello, si bien el especismo (al igual que el racismo u otros prejuicios) tal vez nunca pudiera ser completamente erradicado del todo, sí que puede ser desterrado en una gran medida y creo que vale la pena que nos esforcemos para conseguirlo.

«La biología nos hace agresivos, pero es la cultura la que nos hace pacíficos o violentos Manuel Garrido Lora

17 de enero de 2015

El veganismo no es un sacrificio



En este ensayo pretendo ofrecer una concisa argumentación en contra de esa errónea idea que dice que el veganismo es un "sacrificio"

Hay personas que consideran que el veganismo es un ejercicio de auto-negación y de auto-sacrificio, pero comprobaremos que la verdad es justamente al contrario.

El diccionario define sacrificio como "la entrega o la destrucción de algo preciado o deseado en beneficio de otra cosa que se estima de mayor valor". Este concepto implica que aquello valioso o deseado que se entrega pertenece a la persona que realiza el sacrificio. Por tanto, no puede ser un sacrificio legítimo el entregar la posesión de otra persona, que no es nuestra.

Considerar que el veganismo es un sacrificio es consecuencia de creer que tenemos derecho a utilizar a otros animales para satisfacer nuestras necesidades y deseos. Esta creencia proviene directamente del prejuicio que representa el especismo.

Utilizar a otros animales y consumir productos de origen animal es un acto injusto que implica violencia hacia seres inocentes. Nosotros forzamos a los demás animales para que sus intereses queden supeditados y anulados en favor de los nuestros. Si esto se puede denominar como un sacrificio, se trata sin duda de un sacrificio forzado.

Sin embargo, el veganismo no puede ser un sacrificio porque no se trata acerca de perder algo que es nuestro sino que se trata acerca de respetar la vida y la libertad de los demás animales. ¿Qué razón moral tenemos para justificar nuestra dominación sobre los animales nohumanos? Ninguna en absoluto. 

No podemos justificar éticamente la explotación que ejercemos sobre otros animales. Es así de simple. Lo hacemos sólo porque podemos someterlos, ellos no se pueden defender, y porque obtenemos un beneficio de ello. Lo mismo podríamos decir de cualquier abuso o crimen cometido contra seres humanos.

Dicho en pocas palabras: no es un sacrificio dejar algo que nunca fue legítimamente nuestro en primer lugar.

No es razonable suponer que obedecer la ética es un sacrificio. Evitar la esclavitud, la violación o el asesinato nunca se considera un sacrificio. Porque no tenemos derecho a esclavizar, a violar o asesinar a alguien. Cuando evitamos dañar la vida o la libertad de otro ser sintiente no es un sacrificio por nuestra parte. No entregamos ni perdemos nada que sea legítimamente nuestro.

Hay otras razones por las cuales el veganismo no se puede considerar un sacrificio. 

Por ejemplo, alguien puede creer que ser vegano es difícil, pero tal y como el profesor Gary Francione explica, el veganismo no es un sacrificio porque es fácil llevarlo a la práctica:
«Me hice vegano hace 24 años. No era particularmente difícil por aquel entonces pero es absolutamente absurdo calificar el veganismo como difícil hoy en día. Es fácil ser vegano. Por supuesto que estás más limitado a la hora de ir a restaurantes, sobre todo si no vives en una ciudad grande o cerca de ella, pero si este inconveniente es demasiado para ti y te evita el hecho de ser vegano, eso se debe probablemente a que no te estás tomando en serio la cuestión.»
El veganismo es saludable también, por lo que no se sacrifica la salud de nadie. La Asociación Americana de Dietética avala la alimentación vegana:
«Es la postura de la Asociación Americana de Dietética que las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas, incluidas las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, nutricionalmente adecuadas, y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para deportistas.»
Los veganos tampoco sacrifican el placer de su paladar. Una dieta vegetal puede incluir toda clase de frutos, verduras, cereales y legumbres de todas las partes del mundo. Hay literalmente miles de recetas veganas sabrosas que podemos descubrir. También hay carnes y quesos vegetales, helados y todo tipo de delicias culinarias. Cada vez aparecen más y más productos aptos para veganos en las tiendas y mercados. Puede llevar algún tiempo conocer todos los productos veganos pero, como cualquier cambio de rutina, sólo requiere un breve tiempo de ajuste.

Los veganos no pierden apenas nada en términos de disfrute, salud y gastronomía, pero lo más importante es reconocer que el veganismo no es un sacrificio porque no es un sacrificio devolver aquello que nunca nos perteneció.




Este texto está directamente inspirado en un artículo escrito por la activista norteamericana Doris Lin quien me sugirió personalmente que escribiera mi propio texto basado en el suyo en lugar de hacer una simple traducción. Desde aquí le agradezco sus palabras y su amabilidad.

4 de enero de 2015

Bob Torres y la cuestión del especismo



En esta entrada me gustaría exponer una reseña del libro "Making A Killing" de Bob Torres [que ha sido recientemente traducido al español]. 

Personalmente sugiero leer primero la obra antes de consultar esta reseña. Pero que cada uno decida libremente por sí mismo. Quien decida leer primero la reseña espero al menos que le motive finalmente a leer el libro. 

A lo largo del artículo citaré algunas páginas de la edición española que señalo entre corchetes: [...]

No voy a comentar aquí a todas las cuestiones que Torres simplemente deja más bien planteadas que respondidas ni tampoco voy señalar las muchas virtudes que contiene la obra, tanto el contenido como en el estilo. Esto último se comprueba directamente con la lectura del libro y quien tenga la ocasión de leerlo no debe dejar pasar la oportunidad de hacerlo. En este ensayo me centraré solamente en unos puntos muy concretos y controvertidos desde una perspectiva crítica.

  • Marxismo, anarquismo y veganismo

Nos encontramos con un texto que intenta nada menos que explicar el problema en nuestra relación con los animales nohumanos y proponer una solución al respecto. El autor construye su postura tratando de compaginar al mismo tiempo tres vectores principales: la teoría marxista, la filosofía política del anarquismo social y la ética del veganismo. Esta empresa va a conllevar ciertas dificultades como veremos.

El anarquismo social que defiende Bob Torres parece ser una doctrina directamente inspirada en el marxismo (sin menoscabo de otras fuentes). Es imposible resumir el marxismo en unas pocas líneas pero sintetizando lo más basico podemos decir que el marxismo es una teoría fundamentada filosóficamente en el materialismo dialéctico que considera que toda la dinámina social es el resultado de las condiciones materiales y que el proceso histórico es consecuencia de la lucha de clases. Toda la historia humana se reduce a que un grupo minoritario se hace con el poder económico y de ese modo se aprovecha de la mayoría social a la explota en su beneficio. El marxismo concluye que este conflicto sólo se podrá resolver aboliendo la sociedad de clases en favor de una nueva sociedad igualitaria donde ya no sea posible la explotación del hombre por el hombre.

Se podrá comprobar que ese análisis recuerda mucho a la relación tradicional entre seres humanos y animales nohumanos. En la cual los humanos someten y explotan para su beneficio a los no-humanos. Hay un artículo del profesor Renzo Llorente en el que explica cómo se podría aplicar el análisis marxista sobre el problema del especismo y la explotación animal.

Hay que tener en cuenta que estar de acuerdo, al menos en parte, con el análisis marxista no conduce necesariamente al socialismo ni al comunismo. El socialismo de tipo comunista es una solución que Marx (y muchos otros) escogió como solución al problema que denuncia en su teoría. Pero hay otras soluciones que pretenden igualmente disolver la explotación del hombre por el hombre. Una de ellas es el anarquismo (otra sería, por ejemplo, la socialdemocracia). 

Por otro lado, también contamos con la posibilidad de coincidir con el diagnóstico que presenta el marxismo y al mismo tiempo estar a favor de la opresión de una clase sobre otra, claro. De la misma manera que hay personas que reconociendo el especismo como injusticia siguen igualmente estando a favor de la explotación sobre los demás animales.

El anarquismo sería, esencialmente, la idea de que la organización social no debe ser sostenida ni promovida por ninguna autoridad o poder externo a la voluntad de los participantes (ya se trate del Estado o algo similar) y que los individuos deben poder asociarse libre y voluntariamente. El anarquismo social parece ser un tipo específico de anarquismo que, coincidiría puntualmente con el socialismo, en proponer una organización donde predomine lo colectivo sobre lo individual y en donde haya una distribución de bienes lo más igualitaria posible.

Este rechazo a la explotación es el elemento que confluye con el veganismo. El veganismo es el rechazo la explotación de los animales nohumanos por parte del hombre. Muchos veganos que son también marxistas y/o anarquistas dirán que su rechazo a la explotación animal tiene el mismo origen que su rechazo a la explotación humana. No obstante también se puede rechazar radicalmente ambas opresiones sin tener que ser marxista ni anarquista. 


Más adelante, analizaremos si, tal y como propone Torres, la teoría marxista y la política anarquista pueden servir de ayuda para entender y solucionar la opresión especista que padecen los animales nohumanos. Y valoraremos la pertinencia de relacionar el veganismo con esta filosofía política.

  • La recepción del veganismo en el contexto político progresista

Bob Torres señala acertadamente algunos problemas que inciden directamente en la posibilidad de acabar con la explotación especista. Uno de ellos es la aparente dificultad que tiene la gente de ideas progresistas para comprender o aceptar el veganismo. Es decir ¿cómo es que tantas personas que dicen estar en contra de la injusticia, y a favor de la igualdad, no parezcan darse cuenta de que la opresión sobre los demás animales es un error tan grave como cualquier discriminación injusta cometida contra seres humanos? 

En palabras de Torres: "Muchos (pero no todos) en el amplio espectro de la izquierda, desde demócratas progresistas hasta marxistas, parecen dispuestos a aceptar lo que ellos consideran la jerarquía de las especies, mientras que a la vez trabajan por la desaparición de otras jerarquías (de clase, raza, género, o incluso de nacionalidad)."

A pesar de que es un hecho que gran parte de la población humana mundial sigue sin tener conciencia del problema del especismo, podemos ver que al menos dentro del contexto occidental cada vez más gente toma conciencia de que los demás animales son seres sintientes, que no tenemos necesidad de explotarlos para vivir y que tenemos a nuestra disposición otras opciones que nos aportan calidad de vida sin tener que matar ni esclavizar a otros animales. No obstante, el número de veganos no se ha disparado tan espectacularmente como cabría esperar. La cantidad de veganos va aumentando, sí, pero a un ritmo muy progresivo y gradual. En algunos países llegamos al 3% de la población, en el mejor de los casos. Esto tiene que tener alguna explicación, más allá de apelar a la ignorancia total.


A mi modo de ver, una razón que explique esta situación puede estar en que la cultura y la educación fomentan un tipo de mentalidad que precisamente está diseñada para excluir expresamente a los no-humanos de la consideración moral o para considerarlos inferiores a los humanos; y los progresistas han sido educados en los mismos prejuicios especistas que el resto de la gente.

También podemos advertir que los activistas y grupos animalistas, incluso aquellos más conscientes del especismo, no se han dedicado en absoluto a difundir este problema desde una perspectiva igualitaria sino que en su mayor parte se dedican a reformar la esclavitud de los no-humanos para conseguir jaulas más grandes o centran sus esfuerzos intentar prohibir algunas actividades muy concretas y minoritarias de explotación animal (tauromaquia, zoos, circos) que dejan intacto al 99.99% restante y no sirven en absoluto para concienciar ni erradicar el prejuicio del especismo.


Sin embargo, todo esto sólo explica las cosas hasta cierto punto. 

Dejando a un lado todas las explicaciones anteriores, yo deduzco que un motivo por el cual la concienciación contra el especismo no ha calado dentro del ámbito político progresista aparece reconociendo que mucha gente que defiende ideologías progresistas, o de izquierdas, no lo hace por sentido moral, por ética o justicia, sino por puro tribalismo. Es por esto que no quieren reconocer la injusticia del especismo e incluso se burlan y oponen a ello. Porque los demás animales no forman parte de su grupo (tribu) y liberarlos no les aporta ningún beneficio a ellos.

En algunos aspectos fundamentales seguimos siendo una sociedad que en el fondo no es más que una forma sofisticada de tribu. Y es una característica inherente del pensamiento tribal el dar prioridad a los intereses de los miembros de nuestro grupo por encima de los de otros individuos que no forman parte de ella, especialmente cuando entran en conflicto entre ellos.

Este instinto tribal estaría, por tanto, detrás de la causa psicológica que potencia no sólo el especismo sino también el racismo, el sexismo y el nacionalismo y demás prejuicios que discriminan a los individuos según el grupo al que pertenezcan.

Podrían haber más causas y yo solamente habría mencionado algunas de ellas.

Sin embargo, la explicación que aporta Bob Torres no coincide y difiere de lo que yo aquí acabo exponer y no se basa en ninguno de los motivos anteriores citados. Su teoría se basa en apelar al papel predominante de estructuras y dinámicas socio-económicas que son las que determinan o condicionan el pensamiento y la conducta de los individuos.

A continuación, resumiré muy concisamente su postura y me centraré en lo que entiendo que serían algunos defectos o errores en la argumentación que se nos ofrece en libro para explicar la existencia de la opresión (y su remedio). La argumentación de Torres se basa en estos dos puntos principales:

  • La cuestión del capitalismo

Quien haya leído el texto habrá notado necesariamente la sistemática denuncia que Bob Torres hace recaer sobre el capitalismo. Esto es uno de los fundamentos principales de su exposición. 

El conflicto entre la perspectiva de Torres y el capitalismo reside primeramente en que el capitalismo acepta que la economía se rija por el beneficio privado mientras que el anarquismo social considera que la producción y reparto de todos los bienes deben estar planificados colectivamente para beneficiar a todos los miembros de la comunidad. Esto último recuerda mucho al socialismo, salvo por la peculiaridad de que el anarquismo rechaza la institución del Estado y aboga porque la gestión se realice de forma autónoma y directa entre los mismos individuos.

Sin embargo, debo señalar al respecto que la idea que Torres tiene del capitalismo no me parece una noción cabal sino una mera tergiversación fuertemente alejada de lo que el capitalismo sería en realidad. El capitalismo del que habla Torres es equivalente a la idea de que "todo se puede comprar y vender". Pero esto no es capitalismo. Si nos atenemos a la definición de  lo que significa el capitalismo veremos que se trata un sistema ecónomico basado en los derechos individuales y el libre comercio de mercancías. 

Por tanto, el capitalismo presupondría, para empezar, que las personas [humanas] tienen derechos, y no solamente derecho a la propiedad privada, y que la manera de intercambiar servicios es el comercio. El comercio excluye por definición el uso de la violencia o la coacción. Esto último no sería comercio sino extorsión o servidumbre. Así que no se entiende bien cómo deducimos que el capitalismo promueve, como tal, la explotación de personas cuando su base ideológica no asume tal cosa.

Ahora bien, es un hecho que en efecto dentro de los sistemas capitalistas hay explotación de personas, pero esto no sería algo inherente al propio capitalismo sino un abuso contra los derechos individuales que sucede en todos los sistemas económicos que hayan existido. Encontramos esa explotación en las sociedades humanas que funcionaban hace ya diez mil años. La reconocida existencia milenaria de la esclavitud es una evidente prueba de ello. Asimismo, la explotación de seres humanos la encontramos también en sociedades modernas donde se impuso el socialismo en un modo u otro.


Entonces ¿el problema es el capitalismo o es en realidad la idea de que los humanos son mercancías o meros recursos? 

Algunos teóricos como el profesor Michael Sandel consideran que el problema en el capitalismo no es que tengamos una economía de mercado sino que nos convirtamos en una sociedad de mercado. La confusión entre economía y valores éticos sería, por tanto, lo que provoca o favorece la mercantilización de personas.

El capitalismo ideológicamente no considera que los humanos sean mercancías sino que son individuos con derechos que deben comerciar entre ellos libres de coacción. Si recordamos que la explotación de humanos existe desde hace miles de años, podremos deducir que la causa de la opresión no puede estar en el capitalismo como idea o como sistema.

Después podremos analizar los posibles errores o defectos que el capitalismo implica o provoca, pero es imposible hacer tal cosa si antes no sabemos de qué estamos hablando o nos inventamos las definiciones de los conceptos a nuestro capricho.

El mismo escrutinio podemos aplicar a la cuestión de la explotación sobre los animales nohumanos. ¿Es el capitalismo un sistema que causa intrínsecamente la explotación especista? Tenemos motivos fundados para ponerlo en duda.

De hecho, el propio autor reconoce que "es cierto que la explotación animal podría existir sin que haya capitalismo" [36] aunque acusa al capitalismo de haber agravado la explotación al intentar maximizar el beneficio de las mercancías. 

Evidentemente, si vivimos en un sistema que procura rentabilizar los beneficios que se obtienen de las mercancías y consideramos que los animales nohumanos pueden ser tratados como mercancías entonces estos animales sufrirán las consecuencias que se deriven de esa situación. !Obviamente! Pero ése no es el problema. El problema aparece con la idea de considerar que los no-humanos son mercancías; y no el concepto de rentabilidad económica. Torres comprende esto perfectamente y por eso señala que "nuestro activismo debe golpear al sistema en su raíz, atacando la consideración de propiedad de los animales [nohumanos] y su modificación [reforma] en vez de esperar que un sistema sin ética decida cambiarse a sí mismo cuando se le pida." [183]

En todo el libro percibo esta permanente contradicción entre el planteamiento vegano/abolicionista que considera que el problema de la explotación de los animales nohumanos está originado por su condición de propiedad (la idea de que los no-humanos existen para ser recursos de los humanos) y el planteamiento del anarquismo social que afirma que la raíz de todos los problemas está en el capitalismo, la jerarquía y el poder. No son perspectivas similares porque una cosa es considerar que los seres sintientes no deben ser propiedad y otra muy distinta es defender que la noción de propiedad es intrínsecamente inmoral o injusta. 


A pesar de que Torres afirma que "es necesario un movimiento que desafíe radicalmente la jerarquía y la dominación a todos los niveles del orden social, y que reconozca la vida mutua que todos compartimos. El anarquismo social ofrece las bases de este movimiento, tanto teóricas como prácticas." [209] Lo cierto es que el anarquismo social no rechaza como doctrina la cosificación de los no-humanos y, por tanto, aceptar esta ideología por sí misma no supondría ningún avance respecto del problema que padecen los demás animales.

Alguien puede defender con argumentos que la forma justa de organizarnos colectivamente entre seres humanos es el anarquismo social; pero lo que en ningún caso sería correcto ni razonable es creer que la explotación especista se verá mínimamente amenazada por la asunción del anarquismo. Si abandonamos el capitalismo podría ocurrir tal vez que hubiera circunstancialmente menos animales nohumanos explotados (como consecuencia de abandonar el libre mercado) pero eso no reduciría ni un ápice el prejuicio del especismo y el arraigo social de la explotación animal.

Otro defensor del anarquismo social señala que: 
«Incluso siendo anarquista, no se es mágicamente feminista, antirracista o anti-homófoba.» 
E igualmente podríamos añadir que el anarquismo no implica el rechazo al especismo sino todo lo contrario. El anarquismo, al igual que casi todo el resto de ideologías humanas, está basado implícitamente en el antropocentrismo.

Se puede estar en contra del capitalismo y al mismo tiempo entender también que las opresiones no existen sino como consecuencia directa de nuestros prejuicios. Y que, por tanto, si las estructuras sociales, políticas y económicas reflejan estos prejuicios se debe a que nosotros las hemos creado así de acuerdo a nuestra mentalidad.

Por todo ello, no puedo estar de acuerdo con la idea de que el capitalismo provoca el especismo y la explotación animal (todo esto lo expuse con detalle en un ensayo anterior). 

Aparte de la propia clarificación de conceptos; he considerado importante señalar todo esto por una simple razón: si creemos que la causa de un problema está en el capitalismo pero resulta que la causa es en realidad otra distinta lo que sucederá es que nos abocaremos a intentar soluciones que no solucionen nada al final. 

En los sistemas no-capitalistas, los animales nohumanos han sido cosificados y explotados exactamente igual que en los capitalistas. A ellos no les afecta directamente el modo en que los humanos decidamos organizarnos políticamente entre nosotros.

Tampoco comparto la perspectiva (defendida también por Bob Torres) que apunta a que si bien el capitalismo pudiera no ser la causa de la explotación especista igualmente sí favorece la cosificación de los no-humanos. Pero entiendo que esto tampoco sería acertado. Creo que este planteamiento confunde la forma con el contenido. 

El capitalismo, por su propia estructura, ayuda a propagar cualquier idea o producto que tenga demanda económica. Si hay demanda de explotación animal, el capitalismo será una herramienta que sirva para satisfacer dicha demanda, claro. Pero no hay ningún elemento intrínseco al propio capitalismo que diga que debemos explotar a los animales no-humanos. Es por esto que millones de veganos en todo el mundo vivimos perfectamente en sistemas capitalistas. Y no sólo vivimos en este contexto sino que incluso el propio capitalismo ayuda a que el veganismo sea más fácil de llevar a la práctica.

A pesar de todo, debo señalar que Torres tiene mucha razón cuando denuncia que el veganismo a menudo se convierte en un mero estilo de vida que pierde su necesaria dimensión activista. Muchos veganos parecen interesados simplemente en consumir productos veganos que en cambiar la sociedad hacia la abolición de la explotación animal. Está bien que tratemos de ser coherentes con nuestros ideales, pero esto se tiene que reflejar también en un activismo social y no sólo en la vida individual. Y todos podemos hacer activismo de una manera u otra, aportando lo que sabemos y podemos para difundir el veganismo.

Por tanto, el capitalismo sería un elemento moralmente neutro y una herramienta que (al igual que la tecnología) puede servir para hacer el bien o para hacer el mal. La manera en que lo usemos dependerá de nuestras creencias, nuestras actitudes y nuestras decisiones. Quizás haya mejores formas de organizarnos que la que el capitalismo propone, pero la culpa de nuestra inmoralidad no la tiene el capitalismo. La tenemos nosotros.


  • La estructura como explicación

En varios lugares del libro nos encontramos con la defensa de esta idea: las acciones de los seres humanos no están condicionadas por su psicología o sus creencias sino que están determinadas por los sistemas estructurales (económicos y políticos) en los que están inmersos. Además, estos sistemas tienen una dinámica inherente y autónoma que no depende de las acciones individuales. Esta noción, como apunta el propio autor, está directamente sacada de la obra de David Nibert (que a su vez la extrae de Karl Marx). 

A partir de esa premisa, Nibert deduce que el especismo, o cualquier otro prejuicio discriminatorio similar, no sería entonces la causa de la opresión sino que es la existencia de la opresión la que crea posteriormente el prejuicio con el fin de intentar legimitar la opresión ya existente. Por tanto, lo que determina la existencia de la opresión, según Nibert, es una estructura material de dominación de un colectivo sobre otro. Las idelogías surgen posteriormente como excusa o herramienta de adoctrinación para perpetuar esa dinámica de opresión.

Esa idea, a la que denonimaremos´estructuralismo´, me resulta problemática por las siguientes razones:

Primero; no resulta nada fácil explicar ni comprender de qué modo la opresión podría suceder si previamente no hay un prejuicio discriminatorio que permita o induzca a que dicha opresión se produzca. 

Alguien podría alegar que podemos cometer males sin tener ninguna conciencia de ello. Pero entonces no estaríamos cometiendo ningún mal desde el punto de vista ético. Si no hay ninguna conciencia moral, no puede haber falta moral. Podemos cometer errores morales por falta de reflexión o por haber sido engañados (adoctrinados), pero si incurrimos en un mal se debe a que tenemos una conciencia moral que nos lo advierte y nos hace responsables de nuestros actos. Aunque decir simplemente que somos ignorantes no justifica ni excusa lo que hacemos, puesto que si somos responsables entonces debemos reflexionar y averiguar en todo momento acerca de la moralidad de nuestras acciones. Esto mismo era lo que Sócrates pretendía en su época y por lo que se le considera el padre filosófico de la ética.

Sin conciencia moral no puede haber análisis ni juicio moral. Ahora bien, suena razonable suponer que, en gran parte, la opresión que ejercemos sería consecuencia inercial de prácticas anteriores a que los humanos tuviéramos conciencia moral. Y podemos comprobar ciertamente que en la conducta de los animales nohumanos (los cuales carecen de responsabilidad moral) vemos comportamientos que objetivamente corresponden con aquellos acciones que consideramos inmorales (canibalismo, violación sexual, infanticidio).

En todo caso, sea como fuere que surgiera originariamente la opresión sobre los demás animales, la cuestión es que la ideología constituye un elemento decisivo en la existencia de dicha opresión. Y esto es algo que Nibert (y Torres) reconoce, a pesar de que en su teoría estructuralista no son las ideas las que causan las conductas sino que son las condiciones materiales (las estructuras socio-económicas) las que determinan los comportamientos. 

Sin embargo, lo que el estructuralismo no explica es que si las ideas son meras consecuencias entonces ¿a partir de qué criterio podemos valorar la diferencia entre opresión y libertad? ¿cómo podemos diferenciar entre el bien y el mal sin recurrir a la ideología? Esa teoría simplemente no lo explica. Y esto es algo que entiendo que debe ser explicado o de lo contrario caeríamos en la arbitrariedad.

Segundo; si es cierto que los prejuicios son meras excusas (y no las causas) para mantener el status quo por parte de sus integrantes entonces no se comprende cómo explicaríamos que muchos de nosotros rechacemos activamente esos prejuicios a pesar de que estamos inmersos en el mismo sistema estructural que los demás y nos beneficiamos de él igualmente. 

La tesis estructuralista no puede explicar por qué algunos de nosotros hemos cambiado de mentalidad y, sobre todo, de conducta a pesar de que estábamos inmersos en las mismas dinámicas sociales que el resto y a pesar de que la explotación especista nos beneficiaba por el mero hecho de ser humanos.

Encontramos pues una evidente contradicción en esto: si nuestras ideas son mera consecuencia de nuestro estatus social o económico, y nuestra ideología sólo existe como medio de apoyo a este estatus, entonces resultaría imposible explicar de qué forma se ha producido la crítica y el rechazo por parte de algunos de sus propios integrantes. Especialmente cuando vemos que se trata una crítica fundamentada en ideales éticos y morales y no (sólo) económicos o materiales. 

Aparte, tampoco me parece razonable la tesis de que la ideología es una mera excusa puesto que si lo que hacemos no está causado por ideas sino por sólo estructuras socio-económicas ¿para que necesitamos ideologías entonces? Incluso aunque digamos que la ideología es una herramienta de adoctrinamiento, la necesidad de este adoctrinamiento indica que no sólo nos movemos motivados por condicionamientos materiales sino que las ideas también tienen su importancia singular como causa de nuestra conducta. 

Tercero; la noción de que las estructuras políticas y económicas pueden existir por sí solas resulta, como mínimo, confusa. 

Escribe Bob Torres que "si dejáramos de ser sexistas de forma inmediata, perduraría el sexismo del sistema que devalúa el trabajo de las mujeres." [33] Y asimismo él asegura que con el racismo y el especismo sucede exactamente lo mismo.

Pero no se explica cómo puede ser que, aunque todos dejáramos de ser racistas, sexistas o especistas, el sistema estructural opresor pudiera seguir funcionando y manteniendo dinámicas racistas, sexistas o especistas
por sí mismo, independientemente de los individuos. Eso no parece tener ningún sentido. 

Bajo mi punto de vista, la realidad sería justamente al contrario: si de verdad rechazamos dichos prejuicios entonces todas las estructuras sociales que surgieron motivadas por esas ideologías deberían desaparecer como consecuencia directa y ser sustituidas por otras diferentes. 

Los sistemas no existen por sí mismos, como si fueran entes que tienen personalidad propia, sino que son individuos actuando de forma conjunta y organizada. 

Señala Torres que "para que se produzcan cambios en el entramado de la opresión es necesario que se modifique la ideología y la estructura social, y no es suficiente con cambios en el comportamiento individual." [27] Lo cual puede muy bien ser cierto, pero considero para que haya cambios en la estructura social y económica, primero tiene que haber cambios y acciones a nivel específicamente individual que se vayan extendiendo y vayan consiguientemente modificando la dinámica de la sociedad y haciendo presión para conseguir luego cambios reales a nivel político. Hay un orden de gradación que comienza en el individuo para a continuación saltar al nivel de la sociedad (colectivo de individuos que comparten y colaboran en un mismo contexto) y después al orden económico y político

Es razonable prever que, incluso a pesar de un cambio social masivo, la inercia podría mantener determinados aspectos de los prejuicios superados durante algún tiempo, pero los iríamos eliminando de forma progresiva. Entiendo que nadie mínimamente sensato puede suponer que los entramados sociales desaparecen así tal cual de un día para otro. Incluso los cambios sociales que aparecen repentinos (como parece repentino el recién nacido que surge del seno de su madre) son en realidad el producto desencadenado por una larga gestación previa.

Podemos aceptar que los sistemas estructurales sirven, entre otras cosas, para inculcar y perpetuar determinadas ideas y hábitos, también en favor de prácticas opresivas. Esto es algo más o menos evidente. Para eso fueron creados por los individuos: para transmitir creencias y comportamientos. Pero asumir una teoría extrañamente materialista que considera que, una vez surgidos, esos sistemas son como entidades auto-existentes que tienen vida propia (independiente de los individuos, de sus creencias y acciones) es un postulado que sólo plantea interrogantes sin solución y ninguna explicación racional. 

La teoría estructuralista, además, no tiene en cuenta otros factores importantes y decisivos como son la biología. Por ejemplo, la hipótesis de que nuestra conducta está motivada y condicionada por rasgos biológicos inherentes a nuestra naturaleza de seres vivos y animales. Por eso, el estructuralismo se convierte en una postura reduccionista que ignoran injustificadamente las aportaciones que la ciencia deduce en el estudio empírico de la neurofisiología y de la conducta.

  • Conclusión

En cualquier caso, el libro de Bob Torres es una fuente de información valiosa y de la que considero que se puede sacar mucho provecho, sin necesidad de tener que estar de acuerdo obligadamente con todos sus planteamientos y conclusiones. 

De todos modos, debo señalar que el texto no da la impresión de estar destinado a un público general sino que más bien parece dirigido especialmente a marxistas, anarquistas de izquierdas y veganos (o personas que estén muy familiarizadas con estas ideas). No obstante creo que es una obra que se podría recomendar a todo el mundo que tenga un sincero interés en estas cuestiones. 

Aunque este artículo está centrado en mis desacuerdos con la postura de Bob Torres, a lo largo de mi lectura también he notado muchos puntos que considero bien acertados. Por mencionar algunos: 

  • La idea de que el problema esencial en nuestra visión de los animales nohumanos reside en que los consideramos como nuestra propiedad
  • La denuncia sobre organizaciones que dicen ser activistas pero que en realidad se han convertido en puros negocios destinados a recaudar dinero.
  • La defensa del activismo educacional como principal respuesta y solución ante la injusticia del especismo y la explotación de los no-humanos.
Los citados temas están entre los habituales de este blog y coincido en gran medida con la exposición de Torres al respecto.  

En definitiva, tenemos que leer para informarnos, para reflexionar críticamente, y no para estar anticipadamente de acuerdo con todo lo que leemos. Si sólo leemos aquello que ya sabemos que coincide con nuestras ideas entonces nunca aprenderemos cosas nuevas ni progresaremos en el conocimiento. Lo mismo que si rechazamos todo aquello que contradiga nuestras creencias previas. Por esto, entre otras cosas, el libro bien merece una lectura atenta.

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