12 de febrero de 2017

Carta abierta a Fundéu — El "flexiveganismo" no es válido




Estimados responsables de Fundéu,

Me gustaría exponerles una observación crítica sobre su artículo titulado «flexivegetarianismo y flexiveganismo, neologismos válidos».

Quisiera aclarar que el término "flexiveganismo" no es un término válido. No lo es por dos razones básicas.

La primera es que están confundiendo el veganismo con el vegetarianismo. El vegetarianismo es una dieta. Pero el veganismo no es una dieta. El veganismo es un principio ético en contra de la explotación de los animales. Por tanto, no pertenecen a la misma categoría. Ustedes califican al veganismo de "preferencia dietética" y esto no es correcto. El veganismo es un principio ético, igual que lo es el feminismo o el laicismo.

A diferencia de la mayoría de las palabras, que surgen espontáneamente, el término veganismo fue creado de forma deliberada y definido oficialmente de forma precisa por sus creadores a mediados del siglo XX. Así lo exponía Leslie Cross:
«La palabra “veganismo” tiene un significado tan simple como preciso. Significa: la doctrina de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Debido a que la cuestión de la definición es una tan obviamente importante, voy a solicitarles que sean tan amables de grabarla en su memoria, de forma que cuando usemos la palabra “veganismo” todos estemos pensando en lo mismo. Veganismo entonces, es la doctrina de que los humanos deben vivir sin explotar a los animales.»
La segunda razón, directamente relacionada con la primera, es que si el veganismo es un principio ético entonces no puede ser "flexible". Si eres "flexible" respecto de la explotación animal entonces no eres vegano. Ser "flexible" respecto de la explotación animal es lo mismo que no-ser-vegano. Ser vegano es adoptar una posición inflexible contra la explotación de los animales. Es una contradicción decir que eres vegano y que eres "flexible" respecto de la explotación animal.

Si no es correcto ser "flexible" respecto de la esclavitud humana entonces por la misma razón no es correcto ser "flexible" respecto de la explotación animal. Si no es correcto que seamos "flexibles" hacia el abuso contra las mujeres, entonces por la misma razón no debemos ser "flexibles" en lo que concierne al abuso contra los animales. Decir "flexivegano" es tan absurdo como decir "flexifeminista".

Quien sea "flexible" hacia el abuso sobre las mujeres no puede ser feminista. Es contradictorio. Del mismo modo, ser vegano es estar en contra de la explotación de los animales, así que si eres "flexible" sobre la explotación animal no eres vegano. Es una contradicción decir que eres vegano y que eres "flexible" respecto de la explotación animal.

Por favor, les agradecería  que corrijan este error de su artículo. Gracias por su atención.

29 de enero de 2017

"Libres y felices" en el mundo de «1984»




“LA GUERRA ES LA PAZ,
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD,
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA”

[George Orwell, «1984»]


Un artículo periodístico informaba a su lectores que las "gallinas felices producen mejores huevos".

En el texto se afirman que estas son gallinas "felices". También dicen que son gallinas "libres".

Las gallinas están sometidas al dominio humano. Son coaccionadas y manipuladas para que obedezcan a sus propietarios. No son libres de ir a donde quieren sino que viven siempre en un espacio delimitado por quienes se consideran sus dueños. Están confinadas al área que sus explotadores deciden. Todo esto motivado sólo para obtener un beneficio económico. Sin embargo, nos dicen que son gallinas "libres".

Dicen que son "felices" sólo porque pueden respirar aire libre y caminar por la tierra y no las tienen encerradas permanentemente. Es decir, que si alguien nos secuestra pero nos permite dar paseos y respirar aire del campo entonces debemos considerarnos "felices" a pesar de estar sometidos a su voluntad y padecer coacciones y agresiones de forma sistemática.

¿Esto sería "bienestar" o es más bien malestar?

Entre los argumentos que se postulan para demostrar que son "felices" se expone que:
 «Se les puede dar una doble utilidad, para producción de huevos y carne.»
Se supone que ser tratadas así les hace "felices". Quizás el hecho de que les roben sus huevos les hace felices también.  ¿Son felices cuando las degüellan o les retuercen el cuello para matarlas?

¿No sucede tal vez que al realizar esos juicios estaríamos confundiendo nuestro bienestar con el de otros animales? El concepto de "bienestar animal" fue expresamente ideado para beneficiar a los humanos que esclavizan a otros animales, para beneficiar a explotadores y consumidores, y no para beneficiar a los animales.

Debido a que los animales son seres sintientes, se comprendió que la calidad y la eficiencia de la explotación animal dependía también de tener en cuenta que los animales son sujetos que experimentan sensaciones. Ellos tiene experiencias [deseos, emociones, sentimientos] y esas experiencias influyen en su salud mental y física.

Es por esto que Hilda Gladys Arango Londoño, médica veterinaria zootecnista, nos explica en el artículo mencionado al comienzo que la explotación avícola es adaptada:
«con el propósito de brindarles bienestar a las aves, respetar el entorno y permitirles un mejor desarrollo, al ofrecer mayor libertad, para que cumplan su ciclo de vida con la mayor felicidad posible.»
Fijémonos las expresiones "mayor libertad" y "la mayor felicidad posible". Esto quiere decir que su área de movimiento y su grado de bienestar está supeditado a lo que nosotros los humanos toleremos y decidamos en nuestro beneficio y siempre dentro del límite que nos permita obtener un beneficio de su uso como recursos.

Así, no es el animal, en tanto individuo consciente que posee voluntad e intereses propios, la referencia intrínseca para valorar su libertad o su bienestar, sino que es la ganancia económica lo que determina el parámetro. Cuando habitualmente se habla de "libertad" o de "bienestar" no se tiene en mente lo que los animales desean sino que en primer lugar está lo que los humanos desean obtener de ellos a costa de su libertad, su vida y su bienestar.

Sólo nos preocupa si los animales que explotamos sufren de forma extrema pero no nos preguntamos qué legitimidad moral tenemos en este caso para imponerles privación de libertad a otros animales, ni qué razón justificaría que los utilicemos y dañemos en nuestro beneficio.

Si comprendemos que utilizar a otros seres humanos como meros recursos no es moralmente aceptable entonces también podemos comprender que el mismo juicio moral se aplica a otros animales porque ellos son seres sintientes —son individuos que tienen voluntad, intenciones e intereses propios referidos a su propia superviencia y bienestar. La especie no es un criterio que justifique la discriminación en el contexto moral más que lo justificaría la raza o el sexo.

Los animales no tienen ningún interés en ser sometidos ni matados como recursos para que nosotros nos beneficiemos de ello. Ellos no han dado su consentimiento para que los utilicemos. Por tanto, no habría ningún grado de daño o sufrimiento que sea moralmente justificable como consecuencia de usar a otros animales como recursos.

En definitiva, manipulamos el cuerpo de otros animales, los confinamos al espacio que nosotros decidimos para ellos, nos aseguramos que nos obedezcan mediante la coacción y la agresión, los matamos cuando nos conviene para aprovechar sus cadáveres. Todos ellos están sometidos al estatus de propiedad y, por tanto, son literalmente esclavos. 

Pero pretenden hacernos creer que estos animales son "libres" y que son "felices".

¿Cómo es posible llegar a semejante grado de perversidad en el lenguaje en el que libertad y esclavitud se convierten en sinónimos? 

Es inevitable recordar la novela «1984», de George Orwell, en la que el régimen totalitario difundía el lema: "LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD".

Llega un momento en que los que tienen el poder pretenden hacernos creer que el día es la noche y que lo redondo es cuadrado porque es la única forma que tienen de resistir el análisis crítico.

He comprendido que «1984» denuncia todo un sistema de pensamiento que se considera con derecho a distorsionar y manipular, negando toda referencia a una realidad objetiva —negando la lógica y la evidencia. 

He comprendido que este texto no representa para todos la amarga sátira contra el fascismo y el totalitarismo que pretendía su autor sino que para algunos serviría de manual de instrucciones.

9 de enero de 2017

«La Historia Vegana»




En esta ocasión vengo a publicar el último texto que Leslie Cross redactara sobre el veganismo —sobre su sentido y significado— en el año 1955.

Anteriormente, Cross ya había publicado varios artículos anteriores exponiendo y desarrollando el concepto al que se refería el término veganismo que inicialmente había surgido como una disidencia del vegetarianismo en 1944 por aquellos vegetarianos que se oponían a que el vegetarianismo sólo rechazara el consumo de carne y no hiciera lo mismo con otros productos de origen animal como la leche. Así lo relataba Donald Watson en el primer boletín de la Asociación Vegana [The Vegan Society].

Listo por orden cronológico aquellos otros textos de Cross que tienen traducción al español:
Mi intención al difundir su trabajo no es meramente informativa sobre el origen del veganismo, que también, sino que sobre todo pretendo reivindicar el enfoque original del veganismo que Leslie Cross plasmó en estos textos fundacionales.
************* 
Lo primero que me gustaría hacer es dirigir su atención hacia esta pequeña charla —La Historia Vegana. La he llamado así porque quería subrayar la manera en que voy a intentar enfocar el tema. Lo que espero hacer es solamente lo que sugiere el título: contar una historia; la historia de lo que es el veganismo, lo que se propone hacer, y por qué se lo propone hacer.
En el curso de la historia debo mostrarles ciertos hechos y ciertas consideraciones, pero no debo, —al menos no de forma consciente—intentar convertir a nadie o realizar algún tipo de propaganda.
Sólo en caso de que algunos de ustedes sientan que esto es algún tipo de enfoque desapasionado, me gustaría explicar que a mi modo de ver, esto es el enfoque correcto.
Ya que considero la difusión informativa, la libre circulación informativa, como vital para el crecimiento de nuevas ideas, no considero como parte de mi deber el tratar de ser concientemente persuasivo. Pienso que probablemente estén de acuerdo conmigo en que un individuo debe establecer su forma de vida como resultado de una convicción interna, y no como resultado de presión persuasiva externa.
Con dicho preámbulo, comencemos con la Historia Vegana. Y al hacerlo, debemos primero colocar lo que va primero: esto es, debemos conocer sobre lo que estamos hablando. Afortunadamente, la palabra “veganismo” tiene un significado tan simple como preciso. Significa: la doctrina de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Debido a que la cuestión de la definición es una tan obviamente importante, voy a solicitarles que sean tan amables de grabarla en su memoria, de forma que cuando usemos la palabra “veganismo” todos estemos pensando en lo mismo. Veganismo entonces, es la doctrina de que los humanos deben vivir sin explotar a los animales.
Esta definición está escrita, con esas mismas palabras textuales, en la Constitución de la Asociación Vegana, así que nadie adhiere a la Asociación tanto como miembro pleno o como asociado sin conocer exactamente lo que está apoyando.
Es importante recalcar que uno de los resultados de esta definición es que hace del veganismo un principio. Es, por supuesto, un principio del cual ciertas prácticas naturalmente surgen, pero es en sí mismo un principio, y no un conjunto de prácticas.
Otro punto a señalar es que a este principio, a esta doctrina, le concierne a una sola cuestión. Un gran tema, es cierto, pero un tema claramente definido: la cuestión de la correcta relación entre humanos y animales.
Lo que esto dice en efecto es lo siguiente: dice que la relación generalmente aceptada por la mayoría del mundo es una muy imperfecto. Dice que en efecto no vamos a deshacernos de los tantísimos males que hacemos a los animales, ni vamos a deshacernos del daño que resulta para los mismos humanos, hasta que no cambiemos esta relación.
Es necesario, por tanto, observar la relación actual entre humanos y animales y preguntarnos qué está mal en ello.
Lo que está mal, según el veganismo, podría resumirse en una sola palabra: explotación.
Si observamos con claridad y sencillez esa relación podremos ver que está casi enteramente —no del todo pero casi enteramente— basada en el interés humano sobre la idea de que tiene un derecho moral a usar a los animales para sus propios propósitos.
De nuevo, si miramos con claridad a esta cuestión de relación, podremos ver también que, por lo general, hay dos formas en que consideramos a los animales: [1] como criaturas a las que explotar; [2] como criaturas a las que amar.
Si queremos comprender el veganismo, si queremos apreciar su valor, debemos examinar al menos brevemente estas dos amplias creencias sobre la relación entre humanos y animales.
Primero, miremos a la creencia mayoritaria, la creencia de que los animales son para nuestro uso y que tenemos un derecho moral a usarlos para nuestros propios fines, siempre y cuando reduzcamos el padecimiento y el sufrimiento al mínimo compatible con lo que requerimos de ellos.
Esta creencia es mantenida automáticamente por la mayoría de personas. Por ejemplo, los ganaderos hablan casi sin pensar de “producir más jamón” así como tú o yo podríamos decir “producir más coles”.
De nuevo, la creencia de la mayoría es que tenemos el derecho de usar a los animales como mano de obra. Para la mentalidad de la mayoría no hay un cuestionamiento fundamental de nuestro derecho a atar a caballos, bueyes, camellos, o cualquier otro animal, y obligarlos a trabajar para nuestras órdenes y nuestros requerimientos.
En la práctica, por supuesto, hay considerables variantes en la forma en que los humanos de hecho usan a los animales. Esas variantes van desde las aparentemente inocuas hasta las más brutalmente crueles. Pero lo realmente importante, me parece, es subrayar la dirección a la que dicha doctrina nos lleva.
Si quisiéramos ilustrar dicha dirección, podríamos citar tal vez a la vivisección; o al hecho de que el trabajo en los mataderos destruye la sensibilidad de quienes trabajan ahí.
Otro punto que debemos recalcar es que hay algunas explotaciones en las que el sufrimiento de los animales es inherente. Esto es, que si aboliéramos el sufrimiento, automáticamente quedaría abolida dicha forma particular de explotación. Una vez más, la vivisección es uno de esos casos. Otra de dichas explotaciones es la industria láctea, principalmente debido a su necesidad de separar al ternero de su madre.
Es casi imposible escapar a la conclusión de que cuando los humanos decidieron que teníamos un derecho moral de explotar a los animales, inevitablemente abrieron la puerta a una nueva y enteramente creada por los humanos forma de sufrimiento, que termina tanto en una forma de matadero como en otra.
Hay, sin embargo, otro aspecto que surge de esta cuestión de la explotación, y es un aspecto que de ninguna manera recibe la atención que merece. Me refiero al aspecto en que la humanidad se daña a sí misma.
Dondequiera que exista interacción entre dos o más entidades, los efectos de dicha interacción no están confinados solamente a una de dichas entidades, sino que ambas están afectadas. ¿Cuál es entonces el efecto de esta interacción sobre el hombre que ha creado entre él mismo y los animales?
El efecto sobre los humanos no puede diferir tal como su naturaleza esencial no puede hacerlo de la naturaleza de la interacción en sí misma. Esto es tal vez una forma algo complicada de decir algo que se ha dicho hace mucho, mucho tiempo: cosecharás tu siembra.
¿Qué sembramos? ¿Qué le hacemos a los animales?
Los hacemos nacer por millones sólo para luego matarlos.
Explotamos sus funciones sexuales para hacer que den leche. Luego le quitamos al ternero a su madre para que no tome su leche. Matamos al ternero y lo comemos como filete de ternera. Y cuando su madre esté agotada como resultado de un embarazo forzado tras otro, la matamos, y comemos su cuerpo como carne picada.
Cazamos animales por diversión. Los diseccionamos. Los castramos y atamos.
¿Qué tipo de relación puede ser, cuyos símbolos incluyen el látigo, el estribo, las riendas, y el cuchillo del carnicero?
Si estas son las cosas que sembramos, entonces éstas, también, son las cosas que cosechamos. La forma en que nuestra cosecha nos llega se puede ver exteriorizada en algunas de nuestras enfermedades, en mucho de nuestra deteriorada salud, y posiblemente también en la violencia entre humanos.
Pero la forma en que nuestra cosecha nos llega internamente podría ser nada menos que un impedimento a nuestra propia evolución espiritual. Porque así como un globo se ve impedido de subir tanto como el hilo que lo sostiene a tierra o el peso de su balastro se lo permiten, de la misma forma la mente humana es atada por las cadenas y el balastro que constituyen las demandas de su propia naturaleza más baja. Este aspecto de la relación entre el hombre y los animales es uno que requiere tal vez más reflexión que algunos de sus aspectos más obvios, pero creo que es uno de los más serios de todos los variados resultados de vivir de acuerdo a la doctrina de la explotación.
Tendemos a olvidar que, por ejemplo, una de las pruebas más exigentes del carácter del hombre, y de ahí su habilidad para crecer, es cómo se comporta con aquellos sobre los que tiene poder. Cuando conoce el mundo de los animales se enfrenta con esta prueba en su forma más ácida; ya que no se puede negar que los animales no pueden resistir su voluntad.
En lugar de vivir con respeto y comprensión hacia ellos, lo que podría esperarse de alguien de naturaleza compasiva y mente iluminada, se comporta como un tirano, y en muchos casos como un parásito, lo que a menudo es la causa de un considerable sufrimiento para ellos.
Todo esto surge porque parte de asumir que tiene un derecho moral a explotar. Aquí yace el punto crucial de la cuestión, y ahí también yace el único lugar en el que podríamos, si quisiéramos, efectuar una reconciliación. Hasta que no efectuemos tal reconciliación, continuaremos cosechando lo que sembramos. Hasta que no aprendamos que el fruto de la felicidad humana no puede crecer del árbol de la explotación, continuará el dolor y el sufrimiento que infligimos sobre nuestros hermanos menores regresando como un bumerán sobre nuestras propias cabezas.
Suficiente para la primera y mayoritaria idea —la idea de que tenemos derecho a usar a los animales para nuestros propios fines.
La segunda visión, como remarqué con anterioridad, es considerar a los animales como criaturas a las que amar.
Ahora me parece evidente que cuando amamos, no explotamos. En el momento de amar, no puede haber pensamiento alguno de explotar a quien amamos.
También me parece evidente que el amor es libre. Nadie puede forzar el amor; nadie puede limitarlo con cadenas restrictivas. El amor y la libertad van de la mano.
Si por tanto aceptamos el principio de que es mejor amar que explotar; si tras fracasos y tropiezos como era de esperar, continuamos pensando que es mejor mantener nuestros ojos en el objetivo de amar, ¿que deberíamos hacer acerca de los animales? Sin duda la respuesta es clara como el agua: !dejarlos en libertad!
Y eso es precisamente lo que el veganismo quiere hacer. Quiere liberar a los animales: libres de la explotación por parte del ser humano, de la misma manera que en el siglo pasado Lincoln, Wilberforce y otros pioneros se propusieron liberar a los esclavos humanos.
El veganismo es esencialmente una doctrina de libertad. Busca liberar a los animales de la atadura del ser humano, y al ser humano de la atadura a una creencia falsa —la creencia falsa de que tenemos un derecho moral a usar a los animales para nuestros propios fines.
Es, por supuesto, una pregunta apropiada, tras haber decidido cuál es por principio lo correcto, preguntarnos cómo traer a la práctica dicha libertad. Claramente, el cambio, desde las prácticas que se derivan de la explotación, hacia aquellas que se derivan del amor, será un viaje enorme. Uno sólo tiene que pensar por un momento en las inmensas ramificaciones de la explotación animal, y se le hará evidente que el cambio sólo puede producirse por etapas. Debemos dar los pasos más urgentes primero, y luego los otros gradualmente en orden de urgencia.
Uno de los primeros pasos es desarrollar alternativas a aquellos productos de origen animal que la mayoría de personas cree que son necesarios para su calidad de vida. Es por esto que en el momento presente el énfasis del movimiento vegano está puesto en alimentación y otros objetos de uso cotidiano. La dieta vegana es la que prescinde de cualquier producto que provegan de la explotación animal; excluyendo huevos, productos lácteos, así como la carne. 
Pero, como he indicado, el veganismo es un principio general que de ser adoptado, resulta en muchos cambios así como en cambios en la dieta. Resulta, por ejemplo, en la abolición de la vivisección, la caza, la pesca, y cualquier otra forma de explotar a los animales. Y aunque estemos de acuerdo que en la práctica puede ser adoptado sólo de forma gradual, sin embargo hay algo que podemos hacer ahora mismos y siempre: difundir la idea de que la emancipación de los animales no sólo es una causa que merece la pena, sino que es una causa que no puede ser pospuesta indefinidamente.
Esta idea puede parecer revolucionaria para las generaciones actuales de la misma forma que la emancipación de los esclavos humanos lo fue para generaciones anteriores. Pero revolucionario o no, pienso que al final es inevitable; esto es, si alguna vez hemos de vivir verdaderamente en paz en la tierra. Es seguro decir que es como mínimo ilógico rezar a los cielos por paz y amor entre los hombres, y al mismo tiempo llevar adelante una cruenta guerra contra nuestros hermanos menores.
De hecho, la idea de que tenemos un derecho moral a explotar a los animales ha sido casi universalmente aceptada. Pero parte del progreso y la evolución del hombre depende de su habilidad para ver lo falso en aquello que de hecho ha sido considerado como verdadero. Porque cuando vemos lo falso como falso, lo arrojamos lejos de nosotros, y otra venda se ha ido.
Es lo verdadero, y no lo falso, lo que libera. Lo falso no puede llevar a la libertad, no puede llevar al amor.
Sólo por esta razón, me parece, este joven movimiento cuyo objetivo es dejar a los animales en libertad tiene sus pies sobre un camino tan verdadero como largo y arduo.
Texto original: «The Vegan Story»

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Resumo y comento los puntos fundamentales del texto, según los he entendido yo:
  • El veganismo se basa en una convicción interna y como tal no se puede imponer por presiones externas. No puede ser que alguien sea vegano porque otros le fuercen a ello. El veganismo se difunde mediante la información y el convencimiento propio. Por supuesto, esto no significa que los no-veganos estén legimitados en explotar a los animales. De la misma manera, alguien puede no estar de acuerdo con el feminismo pero eso no le exime de la obligación de respetar a las mujeres como personas 
  • El veganismo trata sobre la relación entre los humanos y los demás animales, y no sobre ninguna otra cuestión diferente. En concreto, trata sobre la relación de dominación que los humanos han establecido sobre los demás animales y acerca de romper ese tipo de relación. Así que no trata sobre nuestra salud personal, sobre el medio ambiente, o sobre cualquier otro tema que no se refiera a la relación moral entre humanos y animales, y a la oposición a que esta relación se base en la dominación y la explotación.
  • El veganismo es un principio, no una práctica. Es un principio del cual se derivan necesariamente una serie de prácticas. Pero en sí mismo es un principio: el principio moral de que los humanos no deben explotar a los demás animales, es decir, no usarlos como medios para nuestros fines. Por tanto, cuando hablemos de veganismo no nos estaremos refiriendo a un tipo de dieta o a un estilo de vida, sino a un imperativo ético.
  • El veganismo se fundamenta en el amor. Según creo yo, Leslie Cross usaría la noción de amor no como un sentimiento particular de afecto sino más bien como una preocupación moral por la vida, el bienestar y la libertad de los individuos. Considero que asume el concepto en el mismo sentido universal que lo usaban Gandhi y Martin Luther King. Ellos lo usaban como sinónimo de no-violencia. Así sucedía también con términos como espíritu o espiritual que se refieren no siempre a la existencia de una entidad sobrenatural sino simplemente a la mente del individuo; a sus emociones, intenciones y sentimientos.

21 de diciembre de 2016

"No soy vegano por tu culpa"



«El Error Fundamental de Atribución. Este error consiste en pensar que los demás hacen las cosas porque son como son, por disposiciones o factores de personalidad, mientras que nosotros las hacemos influidos por las circunstancias. Muy resumido, cuando alguien hace algo malo diríamos por ejemplo que lo hizo porque es un egoísta; si la misma cosa la hacemos nosotros diríamos que fue porque estábamos cansados y habíamos dormido mal.» ~ Richard Nisbett

Ocasionalmente aparece alguien en los foros proclamando que no había podido tomar la decisión de hacerse vegano debido a que se había encontrado con veganos que eran "rudos", "antipáticos", "agresivos", u otros calificativos similares, y achacaba a esa circunstancia el motivo por el que decidía rechazar el veganismo.

Me gustaría exponer algunas observaciones breves sobre esa alegación.

Es probable que haya miles de veganos en cada ciudad/región/país/ de la persona que hace esas declaraciones. Resulta muy difícil de creer que todos ellos en general sean rudos, antipáticos o desagradables. No hay nada intrínseco al veganismo que fomente la rudeza y la antipatía. El veganismo simplemente postula que no debemos explotar a los animales. Es un mensaje de respeto moral y no-violencia.

Es cierto que los veganos no deberían mostrarse desagradables o a agresivos hacia otras personas cuando difunden el veganismo. Siempre he defendido la comunicación no-violenta como paradigma del activismo. Si bien, cada persona tiene su propio carácter y no es factible pretender que todos los veganos sean siempre el colmo de la simpatía. No obstante, a menudo parece a un vegano se le juzga bajo un baremo diferente y más estricto que a otros. Quizás me equivoque pero mi impresión es que los veganos en general están dispuestos a hablar cordialmente con otras personas que sean receptivas a dialogar. 

Por otra parte, no es razonable pretender una conexión entre la validez del veganismo y el comportamiento de algunos veganos. Que algunos veganos se muestren antipáticos puede suponer un motivo razonable para evitar el contacto con esos veganos, pero no es una razón que justifique rechazar el veganismo. ¿Acaso nuestra posición respecto de la violación, la esclavitud, o el abuso infantil, depende según la antipatía o la simpatía que muestren los partidarios de rechazar la violación, la esclavitud y el abuso infantil?

Yo me hice vegano hace ya casi diez años sin interactuar directamente con nadie vegano; sólo acudiendo a la información que encontré dispersa en libros y en internet. Me hice vegano por la simple razón de que no quiero hacer daño a los animales y descubrí entonces que podíamos vivir sin explotar animales y que esta explotación era un daño que no se podía justificar desde un punto de vista moral. Si aun disponiendo de toda esta información decides no hacerte vegano no puedo creer que sea por culpa de la conducta de otros veganos. Toda la información necesaria para conocer y aplicar el veganismo está disponible si uno se molesta un poquito en buscar.

La función principal de los activistas no es tanto ayudar a quien haya tomado ya la decisión de ser vegano —que también lo sería— sino que consiste sobre todo en motivar a la gente que nunca piensa en la explotación animal como un problema moral a que se cuestione esta situación y a que conozca la injusticia del especismo. Una vez que la persona toma conciencia entonces la responsabilidad recae ahora sobre ella misma. 

El veganismo no es un club ni es una comunidad o una asociación, ni menos aún es alguna clase de "secta". No es algo a lo que entras a formar parte. El veganismo no trata sobre los veganos; trata sobre nuestra obligación moral de respetar a los demás animales y no cosificarlos como recursos para los humanos. Si nos importan los animales entonces nos sentiremos moralmente atraídos hacia el veganismo, de la misma manera que entendemos que si nos importa evitar el daño hacia los seres humanos entonces la esclavitud no es aceptable.

Dejando a un lado la posiblidad de que se trate de una mera excusa sin fundamento, pienso que si alguien decide no hacerse vegano porque supuestamente algún vegano fue antipático con él esto significa que no ha comprendido lo que es el veganismo y quizás lo ha confundido con un club social. Si nos importa respetar los intereses de los animales entonces decidiremos dejar de explotarlos. Que hubiera algunos veganos antipáticos resulta del todo irrelevante a la hora de tomar esta decisión.

Lamento de veras si alguien encuentra que mi exposición es ruda, agresiva o desagradable. No es mi intención ni mi propósito molestar a nadie de forma deliberada. Pero los animales no tienen culpa de mi conducta y no considero que deban pagar con sus vidas el hecho de que yo le resulte antipático a alguien.



13 de diciembre de 2016

Asesores de la explotación animal




Siguiendo la exposición de Sergio Greif podríamos clasificar a los animalistas, según sus posiciones ideológicas, en dos grupos: los partidarios de la «Liberación Animal» y los partidarios del «Bienestar Animal» —los defensores de la liberación animal y los asesores de la explotación animal. 

Los primeros defienden que los animales no humanos sean liberados de nuestra opresión, es decir, que dejen de ser considerados como "seres inferiores", y como objetos y recursos para beneficio humano. Postulan que los animales sean considerados como sujetos de derechos y sea abolido su estatus de propiedad. Asimismo promueven el veganismo como un imperativo moral. A nivel activista, hay diferencias de opinión sobre la manera adecuada de conseguir liberar a los animales, pero el activismo educacional es una de las opciones más apoyadas y es la que yo considero como la más apropiada.

Los segundos defienden que los animales sean tratados de forma "compasiva" o "humanitaria". No defienden que los animales dejen de ser propiedad humana sino que defienden que sean tratados de forma más "humanitaria". Se oponen al "maltrato" pero no a la explotación y esclavitud de los animales no humanos. Defienden que la explotación animal sea reformada legalmente y, en ocasiones, que se prohíban algunos determinados usos que consideran "crueles". Los bienestaristas no pretenden ninguna revolución del paradigma actual sino que sólo pretenden una modificación de la tiranía que los humanos ejercemos sobre los otros animales.

No importa cómo te audenomines a ti mismo. Lo que importan son tus palabras y acciones. Si tus palabras y acciones son soporte para la explotación de los animales entonces no defiendes su liberación.

No nos dejemos engañar por el conocido libro de Peter Singer titulado precisamente "Liberación Animal". Lo relevante al final son las ideas y las acciones; no las etiquetas. Ese libro, aunque denuncia el especismo, defiende la posición del "Bienestar Animal" y está basada en la filosofía del utilitarismo. El propio Singer explica en el prólogo de este libro que él estuvo influido al titularlo por expresiones como "liberación de las mujeres" y denominaciones similares que se pusieron muy en boga durante la década de los 70 del siglo XX cuando lo escribió. Pero la elección no fue acertada que ya Singer no defiende que los animales sean liberados de la dominación humana —no defiende su emancipación— sólo propone una reforma en la manera en que esclavizamos a los demás animales.

En el grupo de los asesores encontramos a grupos animalistas como es el caso de Mercy For Animals e IgualdadAnimal. Estos grupos se dedican a asesorar sobre la forma "correcta" de explotar a los animales, que ellos consideran que sería la que no cause sufrimiento o el menor sufrimiento posible.

En una reciente noticia aparecida en la publicación Sin Embargo vemos un ejemplo notorio que ilustra la posición bienestarista:
«Por su parte, Mercy for Animals pide firmar aquí para solicitar a las autoridades que fortalezcan las leyes, protejan a los animales y aseguren que sean insensibilizados antes de que se les corte la garganta.»
Aquí comprobamos que los bienestaristas actúan como asesores de la explotación animal. No estoy usando ninguna figura retórica cuando digo que son asesores. Los bienestaristas son literalmente asesores de la explotación animal. Ellos están a favor de la explotación de los animales, y colaboran en que ésta se mantenga, aunque les preocupa el sufrimiento que les causamos y pretenden reducirlo. Si bien, como veremos ahora, el bienestarismo no ayuda a reducir ese sufrimiento ni a evitarlo.

"La organizaciones Igualdad Animal y Mercy For Animals denunciaron en un video que empleados de al menos 21 rastros en México utilizan métodos inadecuados y crueles para matar ganado. La agrupaciones señalaron que la tortura va desde choques eléctricos en los ojos hasta puñaladas. Por ello, llamaron a reforzar las leyes y a manejar de manera correcta la matanza de animales en los rastros."

En otra campaña similar, la directora de "Igualdad Animal México" denuncia que la normativa legal no se cumple en los mataderos y exhorta a que los animales sean asesinados cumpliendo con lo que dice la ley de "Bienestar Animal". Por tanto, "Igualdad Animal" funciona en la práctica como una asesoría para los explotadores institucionales y así la gente pueda estar tranquila sabiendo que los animales supuestamente son "sacrificados sin dolor".

Lo que hacen los grupos bienestaristas al difundir ese tipo de medidas no es ayudar a los animales —que seguirán siendo agredidos y asesinados igualmente— sino que están reforzando la idea de que si los animales "sufren menos", o no sienten dolor en el momento de matarlos, entonces es aceptable usarlos de comida. Lo que hacen al promover esa medida es reforzar el mito de que puede haber una explotación "humanitaria". Pero se trata sólo de eso: de un mito.

En primer lugar, no contamos con ningún dato que avale la idea de que el sufrimiento es menor con estas reformas. No hay ningún cálculo objetivo que explique cómo se supone que reduce el sufrimiento. Nada. En cambio, las investigaciones y los informes de los expertos independientes señalan que los animales esclavizados continúan padeciendo toda clase de tormentos en los nuevos tipos de jaulas y que no sería objetivo afirmar que su bienestar sea mejor gracias a las reformas del "bienestar animal".

Los bienestaristas muestran con sus investigaciones que esas leyes de "bienestar animal" no protegen ningún bienestar real y que su contenido consiste sistemáticamente en vulnerar los intereses básicos de los animales para el beneficio humano: su interés en continuar existiendo, su interés en evitar el daño, su interés en no estar sometidos a la voluntad ajena.

Nos encontramos con el asburdo de que los bienestaristas reconocen que estas leyes no funcionan para proteger a los animales y se incumplen sistemáticamente en la abrumadora mayoría de los casos !pero insisten en defenderlas a pesar de todo!, a pesar de la toda evidencia del fracaso del "Bienestar Animal" como presunta estrategia para beneficiar a los animales explotados.

Lo que sí consigue el engaño del "bienestar animal" es perjudicar todo el trabajo que hacemos en favor del veganismo, porque el bienestarismo refuerza la creencia de que está bien explotar animales si no se hace de forma "cruel", que es precisamente lo que buscan los explotadores institucionales con esta propaganda. Gracias al apoyo de los grupos bienestaristas, los explotadores institucionales se presentan ante el público como "compasivos" y "humanitarios" con los animales. Esto no ayuda a los animales, sólo ayuda al beneficio de la explotación animal como actividad económica; agravando y perpetuando así el sufrimiento de los animales.

Según se publica en el medio Vanguardia:
«Organizaciones exigen que el maltrato y la tortura registrada en los rastros y granjas en México sea considerado como un delito que se castigue con cárcel, para así garantizar un trato digno para los animales.»
Esto es, según las organizaciones bienestaristas matar a los animales para servirnos de comida es compatible con darles un "trato digno". Usarlos como recursos es compatible con darles un "trato digno". ¿Estaríamos de acuerdo en hablar así si se tratara de seres humanos?

La directora de "Igualdad Animal México", Dulce Ramírez, declara que ellos buscan que los animales queden inconscientes antes de matarlos:
«Mientras los animales sigan siendo asesinados para convertirse en comida, lo menos que podemos hacer es asegurarnos de que estén inconscientes antes de que los abran a puñaladas o los sumerjan en tanques de agua hirviendo […] Es momento de fortalecer las leyes en México para ayudar a prevenir este tipo de crueldad en contra de los animales. Esta es una medida de sentido común, urgente y necesaria, que aliviaría en gran parte el sufrimiento de millones de animales al año»
¿"Lo menos" que podemos hacer es asegurarnos de que las víctimas estén incoscientes en el momento de matarlas? ¿Y cómo se supone que van a conseguir eso? ¿Van a estar los bienestaristas vigilando en cada ejecución de cada matadero del país asesorando a los matarifes? Además, ¿qué sucede con todo lo anterior a la ejecución? ¿Acaso los animales no padecen toda clase de coacciones y agresiones contra su integridad física?

Si nos fijamos, nos daremos cuenta de que la preocupación bienestarista por el sufrimiento se centra sólo en determinado grado de sufrimiento. Por lo general, un grado bastante alto. Si el sufrimiento no llega a ese nivel entonces deja de preocuparles. Sin embargo, no podemos justificar moralmente ningún sufrimiento infligido a los animales motivado por su uso como recursos para los humanos. El uso de animales incumple todos los principios éticos básicos y, además, ni siquiera se puede excusar apelando a la necesidad, ya que no necesitamos consumir animales para vivir y tener buena calidad de vida.

Las leyes anti-crueldad no sirven para proteger a los animales, ni pueden funcionar de esta manera, porque no se crearon para proteger los intereses de los animales sino que su función consiste en proteger la eficiencia de la explotación animal. Todos los partidarios de la explotación animal están a favor del "Bienestar Animal", porque saben bien que esto favorece sus intereses, y no los intereses de los animales que explotan.

Este fracaso del "Bienestar Animal" como supuesta herramienta para proteger a los animales ha sido analizado detalladamente en su trabajo por el profesor Gary Francione, quien explica que esta aparente preocupación por el bienestar de los animales está en realidad motivada por la preocupación real acerca de la eficiencia de la explotación. Estas leyes persiguen como objetivo que la explotación de los animales mejore en su productividad y rendimiento económico. Pero si ese rendimiento puede continuar adelante sin acatar dichas leyes esto será lo que suceda. A los responsables de esas leyes no les preocupará que se incumplan mientras la explotación funcione adecuadamente, porque el objetivo del "Bienestar Animal" no es proteger a los animales —si así fuera comenzaría por condenar su explotación— sino proteger el bienestar de la industria y de sus consumidores.

La propia organización IgualdadAnimal al comienzo de su vida denunciaba el Bienestar Animal" que ahora apoya y promueve; tal y como se puede ver, por ejemplo, en este artículo del año 2007 titulado ««Reformar la esclavitud como forma de perpetuarla: el caso del consumo de carne de ternera». No hay un solo dato que indique que la situación haya cambiado desde entonces. Los bienestaristas simplemente han decidido apoyar una estrategia que saben que no ayuda  a los animales, pero que saben que les proporciona ingresos económicos para financiar sus sueldos.

Los bienestaristas descubrieron que mucha gente prefiere dar dinero a organizaciones antes que tener que cambiar sus hábitos y costumbres. Descubrieron además que mostrando imágenes de granjas y mataderos industriales aumentaba la demanda de gente dispuesta a dar dinero para que se terminara con la "crueldad" hacia los animales. Así ha creado un lucrativo negocio.

En última instancia, los bienestaristas proponen que no comamos animales porque entienden que ésa sería la "mejor" manera de evitar el sufrimiento de los animales. Pero ellos no están en contra de la explotación, sólo están en contra del sufrimiento:
«Por favor, firma la petición para instar al Gobierno federal a que sea un crimen matar a los animales mientras estén aún conscientes y puedan sentir dolor. [Hacerlo] sería un paso en la dirección correcta, pero en última instancia, la mejor manera de que los individuos compasivos protejan a los animales de granja de la crueldad y el sufrimiento innecesario es simplemente dejarlos fuera de nuestros platos”, exhortó a la sociedad en general.»
Los bienestaristas consideran que explotar animales no es intrínsecamente inmoral, y sólo les importa la manera en que lo hagamos. Su ideología se basa en la filosofía del utilitarismo, y esta filosofía postula que sólo importa reducir el sufrimiento y aumentar la felicidad en términos generales. Cualquier cosa que consiga ese objetivo es aceptable para el utilitarismo aunque suponga utilizar a los individuos como simples recursos y destruir sus vidas para lograr ese objetivo. Los bienestaristas llevan a la práctica esa filosofía en el contexto de la relación entre los humanos y los demás animales.

Los bienestaristas defienden que hay una formas "mejores" que otras de explotar a los animales. Pero cualquier forma de explotación que supuestamente cause menos sufrimiento que otra ya es "mejor", con lo cual el bienestarismo sirve para condonar cualquier forma de explotación siempre que podamos compararla con otra que supuestamente fuera "peor". Y siempre podremos encontrar otra que sea peor en el sentido de conllevar más daño y sufrimiento a los animales. El bienestarismo no reduce el sufrimiento sino que lo agrava, porque favorece que los animales sean explotados de la peor manera posible para así poder proponer indefinidamente reformas para conseguir "mejorar" la explotación, que en todos los casos será siempre violenta y brutal.

El bienestarismo existe dentro del mismo esquema mental que el especismo: ambas ideologías consideran que los demás animales son cosas —"cosas que sufren"— que existen para estar a nuestro servicio y disposición y que carecen de personalidad moral y derechos inalienables. Nada de esto tiene que ver con respetar y defender a los animales. Esto es defender que los animales sigan siendo explotados. Los bienestaristas son los asesores de los explotadores institucionales. Son los colaboracionistas de la opresión.

Hay una perspectiva moral diferente y opuesta a la del utilitarismo/bienestarismo: la filosofía de los Derechos Animales. Según esta filosofía, dejar de consumir animales no es la "mejor" opción; es la única. Ante la explotación animal dejar de consumir animales es la única manera de respetar a los demás animales. Por la misma razón que ante la esclavitud humana, dejar de esclavizar a seres humanos no es la "mejor" manera"; es la única manera de ser respetuosos con los seres humanos. Dentro de esta filosofía se encuentra su base fundamental que es el veganismo.

Podemos elegir entre trabajar por liberar a los animales de la opresión o podemos elegir apoyar que sigan siendo explotados bajo leyes que dicen que son tratados de forma "humanitaria". Pero antes de elegir deberíamos tener claro que apoyar el "Bienestar Animal", y la regulación de la esclavitud animal, no puede ser coherente ni compatible con la primera opción.



23 de noviembre de 2016

«Derechos Animales: Introducción Básica»




Aquí nos encontramos con un texto escrito por el profesor Tom Regan y dirigido al público en general con el fin de explicar de manera muy básica y concisa en qué consiste la idea de los Derechos Animales —exponiendo razones a favor y objeciones en contra— algo que también explicara en otros textos similares. Además de ser un académico destacado, Regan también fue un intenso activista educacional.

En esta ocasión, el profesor Regan pone hincapié en el hecho de que la filosofía de los Derechos Animales —lejos de ser una idea extravagante como a menudo se suele creer prejuiciosamente— resulta ser un pensamiento compatible y convergente con la razón, la ciencia y con los valores morales de nuestra cultura.

El texto original se titula «Animal Rights 101». La expresión "101" se usa en inglés como sinónimo de introducción básica a un tema. Dado que ese término no se usa en el ámbito hispanohablante lo he traducido por una expresión equivalente.

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«Derechos Animales: Introducción Básica»
Los otros animales que los humanos comen, utilizan en ciencia, cazan, atrapan, y explotan de diversas maneras, tienen una vida propia que es importante para ellos independientemente de la utilidad que tenga para nosotros. No sólo están en el mundo sino que son conscientes de él. Lo que les sucede tiene importancia para ellos. Cada uno de esos animales tiene una vida que deviene mejor o peor para quien tiene esa vida. Esa vida incluye una variedad de necesidades biológicas, individuales y sociales. La satisfacción de esas necesidades es fuente de placer; su frustración o abuso es fuente de dolor. Desde este punto de vista fundamental, los animales no humanos recluidos en los laboratorios o en las granjas, por ejemplo, son lo mismo que los seres humanos. Y es por esto que la ética en nuestra relación con ellos, y con el prójimo, debe asumir los mismos principios morales fundamentales.
A su nivel más profundo, la ética humana está basada en el valor independiente del individuo: el valor moral de cualquier ser humano no se determina por lo útil que resulte esa persona en beneficio de los intereses de otros seres humanos. Tratar a seres humanos en formas que no respeten su valor independiente es violar el más básico de los derechos humanos: el derecho de cada persona a ser tratada con respeto. 
La filosofía de los Derechos Animales sólo exige que la lógica sea respetada. Cualquier argumento que explique plausiblemente el valor independiente de los seres humanos implicará que los otros animales poseen el mismo valor, y lo poseen igualmente. Cualquier argumento que explique plausiblemente el derecho de los humanos a ser tratados con respeto implicará que los otros animales deben poseer el mismo derecho, y que lo poseen igualmente también. 
Es una verdad, por tanto, que las mujeres no existen para servir a los varones, ni los negros existen para servir a los blancos, ni los pobres existen para servir a los ricos, ni los débiles existen para servir a los poderosos. La filosofía de los Derechos Animales no sólo acepta estas verdades, sino que se fundamenta y se justifica en ellas. 
Pero esta filosofía va más allá. Al insistir en que se fundamenta y justifica en el valor independiente y los derechos de los otros animales, esto proporciona razones moralmente imparciales y científicamente informadas para denegar que esos animales existan para servirnos a nosotros. 
Una vez que comprendemos esta verdad, resulta fácil comprender por qué la filosofía de los Derechos Animales es inflexible en su respuesta a todas y cada una de las injusticias que los otros animales están padeciendo. 
No son jaulas más grandes y más limpias lo que la justicia exige en el caso de los animales usados, por ejemplo, para la ciencia, sino jaulas vacías; no es la ganadería "tradicional", sino el fin completo del comercio con los cuerpos de los animales; no es una caza "más humanitaria" sino que es la total erradicación de estas prácticas salvajes. 
Cuando la injusticia es absoluta, uno debe oponerse a ella de forma absoluta. No es la esclavitud "reformada" lo que exige la justicia, no es el trabajo infantil "reformado", o la opresión "reformada" sobre las mujeres. En cada uno de estos casos, la abolición es la única respuesta moral. Reformar la injusticia es prolongar la injusticia. 
La filosofía de los Derechos Animales exige la misma respuesta —la abolición— para la injusta explotación de los otros animales. No son los detalles de esta injusta explotación lo que debe ser cambiado. Es la injusta explotación en sí misma la que debe ser finalizada, ya se produzca en una granja, en un laboratorio, o en un bosque. La filosofía de los Derechos Animales no pide nada más, pero nada menos que esto puede satisfacerla.

Diez argumentos EN FAVOR de los Derechos Animales y su explicación
1. Racional
2. Científica
3. Desprejuiciada
4. Justa
5. Compasiva
6. Generosa
7. Realizadora
8. Socialmente progresiva
9. Ecológicamente responsable
10. Pacifista
1. La filosofía de los Derechos Animales es racional
Explicación: No es racional discriminar arbitrariamente. Y la discriminación contra los animales no humanos es arbitraria. Está mal tratar a los seres humanos más débiles, especialmente a aquellos cuya inteligencia es considerada como inferior al promedio normal, como "herramientas" o "recursos renovables" o "modelos" o "mercancías". No puede ser correcto, por tanto, tratar a los otros animales como si fueran "herramientas", "modelos" y cosas por el estilo, si su psicología es tan rica —o mayor que— la de aquellos humanos. Pensar de otra manera es irracional.
"Describir un animal como un sistema físico-químico de extrema complejidad, es sin duda perfectamente correcto, excepto porque desaparece la "animalidad" del animal." - E.F. Schumacher
2. La filosofía de los Derechos Animales es científica 
Explicación: La filosofía de los Derechos Animales es respetuosa con nuestra mejor ciencia en general y con la biología evolutiva en particular. Esta última enseña, en palabras de Darwin, que los humanos difieren de muchos otros animales "en grado", no en género. Aparte de la cuestión sobre dónde trazar la línea, es obvio que los animales usados en laboratorios, criados para comida y cazados por placer, por ejemplo, son psicológicamente similares a nosotros. Esto no es fantasía, esto es un hecho, probado por nuestra mejor ciencia.
"No existen diferencias fundamentales entre los humanos y los grandes mamíferos en sus facultades mentales." - Charles Darwin 
3. La filosofía de los Derechos Animales es imparcial
Explicación: Los racistas son personas que piensan que los miembros de su raza son superiores a los miembros de otras razas simplemente porque dichos miembros pertenecen a su [la "superior"] raza. Los sexistas creen que los miembros de su propio sexo son superiores a los miembros del sexo opuesto simplemente porque los primeros pertenecen a su propio ["el superior"] sexo. Tanto el racismo como el sexismo son paradigmas de injustificable intolerancia. Las diferencias raciales y sexuales son biológicas; no son diferencias morales. Lo mismo vale para el especismo —la idea de que los miembros de la especie Homo sapiens son superiores a los miembros de todas las demás especies simplemente porque los seres humanos pertenecen a su propia ["la superior"] especie. En realidad, no hay especies "superiores". Pensar de otra manera implica ser no menos prejuicioso que los racistas o los sexistas.
"Si puedes justificar matar para comer carne, puedes justificar las condiciones del gueto. Yo no puedo justificar ninguna de las dos." - Dick Gregory
4.  La filosofía de los Derechos Animales es justa 
Explicación: La justicia es el principio mas elevado de la ética. No estamos legimitados en cometer o permitir injusticias para conseguir algo bueno; no estamos legitimados en violar los derechos de unos cuantos para que la mayoría pueda beneficiarse. La esclavitud permite esto. El trabajo infantil permite esto. La mayoría de los ejemplos de injusticia social permiten esto. Pero no la filosofía de los Derechos Animales, cuyo principio más elevado es el de la justicia: Nadie tiene derecho a beneficiarse como resultado de la violación de los derechos de otro, tanto si el "otro" es un ser humano o u otro animal.
"Las razones para la intervención legal en favor de los niños se aplica con la misma fuerza en el caso de estos desafortunados esclavos —los [otros] animales". John Stuart Mil
5. La filosofía de los Derechos Animales es compasiva  
Explicación: Una vida humana completa requiere sentimientos de empatía y simpatía —en una palabra, compasión— para las víctimas de las injusticias —sean las víctimas humanas u otros animales. La filosofía de los Derechos Animales solicita, y su aceptación promueve el crecimiento de, la virtud de la compasión. Esta filosofía es, en palabras de Lincoln, "el camino para ser un humano completo."
"La compasión en la acción puede ser la gloriosa posibilidad que podría proteger a nuestro multitudinario contaminado planeta". - Victoria Moran
6. La filosofía de los Derechos Animales es altruista  
Explicación: La filosofía de los Derechos Animales exige un compromiso para servir a quienes son débiles y vulnerables —aquellos que, ya sean humanos u otros animales, carecen de la habilidad para hablar y defenderse por sí mismos, y quienes necesitan de protección contra la avaricia y insensibilidad humana. Esta filosofía requiere este compromiso, no porque sea de nuestro propio interés el darlo, sino porque es correcto hacerlo así. Esta filosofía por tanto hace un llamamiento a, y su aceptación promueve el crecimiento de, la labor altruista. 
"Necesitamos una filosofía moral en la que el concepto de amor, tan raramente mencionado hoy en día por los filósofos, pueda ser central una vez más". - Iris Murdoch
7. La filosofía de los Derechos Animales favorece la realización personal
Explicación: Todas las grandes tradiciones en la ética, tanto religiosas como seculares, enfatizan la importancia de cuatro cosas: conocimiento, justicia, compasión, y autonomía. La filosofía de los Derechos Animales no es una excepción. Esta filosofía enseña que nuestras elecciones deberían basarse en el conocimiento, deberían ser expresivas de la compasión y la justicia, y deberían decidirse libremente. No es fácil lograr estas virtudes, o controlar las inclinaciones humanas hacia la avaricia y la indiferencia. Pero una vida humana completa es imposible sin ellas. La filosofía de los Derechos Animales reinvindica, y su aceptación promueve el crecimiento de, la realización personal.
"La humanidad no es un precepto externo muerto, sino que se trata de un impulso vivo del interior; no es un autosacrificio, sino una autorealización personal". - Henry Salt
8. La filosofía de los Derechos Animales es socialmente progresiva
Explicación: El mayor impedimento para la prosperidad de la sociedad humana es la explotación de otros animales a manos humanas. Esto es cierto en el caso de dietas no saludables, en la confianza habitual en el "modelo animal" en la ciencia, y en las muchas otras formas que la explotación animal adopta. Y esto no es menos verdadero en la educación y la publicidad, las cuales ayudan a reprimir la psique humana frente a las exigencias de la razón, la imparcialidad, la compasión y la justicia. En todos estos caminos —y otros más— las naciones quedan profundamente atrasadas porque fallan en servir a los verdaderos intereses de sus ciudadanos.
"La grandeza de una nación y su progreso moral pueden juzgarse por la manera en que trata a sus animales". - Gandhi
9. La filosofía de los Derechos Animales es ecológicamente responsable 
Explicación: La mayor causa de la degradación medioambiental, incluyendo el efecto invernadero, la contaminación del agua, y la pérdida de la tierra cultivable, por ejemplo, puede encontrar su origen en la explotación de los animales. Este mismo patrón se repite a lo largo del amplio abanico de problemas medioambientales, desde la lluvia ácida y la acumulación de residuos tóxicos en el mar, a la contaminación del aire y la destrucción del hábitat natural. En todos estos casos, actuar para proteger a los animales afectados —quienes, después de todo, son los primeros en sufrir y morir por causa de esas enfermedades medioambientales— es actuar para proteger la tierra.
"Hasta que establezcamos un compasivo sentido de parentesco entre nuestra propia especie y aquellos mortales compañeros que comparten con nosotros el sol y la sombra de la vida sobre este agonizante planeta, no habrá esperanza para otras especies, no habrá esperanza para el medioambiente, y no habrá esperanza para nosotros mismos." - Jon Wynne-Tyson
10. La filosofía de los Derechos Animales es amante de la paz 
Explicación: La exigencia fundamental de la filosofía de los Derechos Animales es tratar a los humanos y a los otros animales con respeto. Esto requiere que no dañemos a alguien sólo porque nosotros mismos u otros podamos beneficiarnos. Esta filosofía por lo tanto es totalmente opuesta a la agresión militar. Es una filosofía de paz. Pero es una filosofía que extiende la exigencia de paz mas allá de los límites de nuestra especie. Existe una guerra que se produce todos los días contra millones de animales no humanos. Estar verdaderamente a favor de la paz es estar firmemente en contra del especismo. Es ilusorio creer que puede haber "paz en el mundo" si no podemos traer paz a nuestra relación con los otros animales.
"Si por algún milagro en toda nuestra lucha la tierra se salva del holocausto nuclear, sólo la justicia de cada organismo viviente salvará a la humanidad". - Alice Walker 

10 argumentos CONTRA los Derechos Animales y sus réplicas 
1. Equiparas a los animales y a los humanos 
2. Derechos: Humanos vs. Animales 
3. Vegetales vs. Animales 
4. Dónde establecer la línea 
5. Experimentar dolor 
6. Animales respetando nuestros derechos 
7. La dominación sobre los otros animales 
8. Almas inmortales 
9. Sobrepoblación animal 
10. Otros problemas

1. Estás equiparando a los animales con los humanos, cuando, de hecho, los humanos y los animales difieren considerablemente.
Réplica: No estamos diciendo que los humanos y los animales sean iguales en todos los aspectos. Por ejemplo, no decimos que los perros y los gatos hagan matemáticas, o que los cerdos y las vacas disfruten con la poesía. Lo que decimos es que, al igual que los humanos, muchos otros animales son seres con una mente, que experimentan su propio bienestar. En este sentido, somos lo mismo. En este sentido, por tanto, a pesar de nuestras diferencias, somos iguales.
"Todos los argumentos usados para probar la superioridad del hombre no pueden obviar este hecho demostrado: en el sufrimiento, los animales son nuestros iguales." - Peter Singer
2. Estás diciendo que cada humano y cada animal tienen los mismos derechos, lo cual es absurdo. Los pollos no pueden tener el derecho a votar, así como los cerdos no pueden tener derecho a la educación universitaria.  
Réplica: No estamos diciendo que los humanos y los otros animales tengan siempre los mismos derechos. Ni siquiera todos los humanos tienen los mismos derechos. Por ejemplo, la gente con una grave discapacidad mental no tiene derecho a la educación universitaria. Lo que decimos es que estos y otros humanos comparten un derecho moral básico con los otros animales —el derecho a ser tratado con respeto.
"Es el destino de toda verdad ser objeto de ridiculización la primera vez que es proclamada". - Albert Schweitzer
3. Si los animales tienen derechos, entonces también lo tienen lo vegetales, lo cual es absurdo.
Réplica: Muchos animales son como nosotros: ellos poseen un bienestar psicológico propio. Al igual que nosotros, estos animales tienen el derecho a ser tratados con respeto. Por otro lado, no hay una razón, especialmente una razón científica, para pensar que las zanahorias y los tomates, por ejemplo, tengan alguna clase de experiencia mental del mundo. Al igual que el resto de vegetales, los tomates y zanahorias carecen de un cerebro o de un sistema nervioso. Debido a esta carencia, no hay razón para creer que los vegetales sean seres conscientes, con la capacidad de experimentar, por ejemplo, placer y dolor. Es por esta razón que podemos afirmar racionalmente que los animales tienen derechos pero que los vegetales no los tienen.
"La cuestión de los Derechos Animales depende sólo del requisito de la sintiencia." -  Andrew Linzey
4. ¿Dónde estableces la línea? Si los primates y los roedores tienen derechos, entonces las babosas y las amebas también los tienen, lo cual es absurdo.
Réplica: A menudo no es fácil saber exactamente donde "establecer la línea". Por ejemplo, no sabemos exactamente en qué momento alguien se convierte en viejo, o cuanto de alto debe ser alguien para ser alto. Sin embargo, podemos decir, con cierta certeza, que alguien de ochenta y ocho años es viejo, y que una persona que mida dos metros es alta. De forma similar, no podemos decir exactamente donde establecer la línea cuando se trata de saber qué animales tienen una mente. Pero podemos afirmar, con absoluta certeza, basándonos en fundamentos científicos, que los primates y los roedores son seres conscientes. En cambio, no podemos decir lo mismo de las babosas y las amebas, lo cual no significa que podamos destruirlas sin razón.
"En la relación de los humanos con los otros animales, con las flores, con los otros objetos de la creación, existe una ética global que apenas se ha descubierto." - Victor Hugo
5. Pero seguramente algunos animales que pueden experimentar dolor no tienen una identidad psicológica. Dado que estos animales no tienen un derecho a ser tratados con respeto, la filosofía de los Derechos Animales conlleva que podemos tratarlos como nos parezca oportuno. 
Réplica: Es cierto que algunos animales, como las ostras y las gambas, podrían experimentar dolor pero carecer de otras capacidades mentales. Si esto es cierto, entonces carecen de algunos de los derechos que poseen otros animales. Sin embargo, no hay una justificación moral para causarles dolor, si es innecesario hacerlo. Dado que los humanos no necesitamos consumir gambas, ostras y otros animales similares, o utilizarlos en cualquier otro modo, no puede haber una justificación moral para infligirles el dolor que implica inevitablemente el hecho de utilizarlos.
"La cuestión no es ´¿Pueden hablar?, ni ´¿Pueden razonar?´ni ´¿Pueden hablar?, sino que es ´¿Pueden sufrir?´." - Jeremy Bentham
6. Los animales no respetan nuestros derechos. Por tanto, los humanos no tenemos la obligación de respetar sus derechos. 
Réplica: Hay muchas situaciones en las que un individuo que tiene derechos no es capaz de respetar los derechos de otros. Esto sucede así en el caso de los bebés, los niños, los discapacitados mentales y los ancianos seniles. En estos casos no podemos decir que está bien tratarlos sin respeto porque ellos no estén capacitados para respetar nuestros derechos. Al contrario, reconocemos que tenemos un deber a tratarlos con respeto, aunque ellos no puedan tener el deber de tratarnos en la misma forma.
Lo que es cierto en estos casos que involucran bebés, niños, y los otros humanos mencionados, no es menos cierto cuando se trata de los otros animales. Estos animales no tienen el deber de respetar nuestros derechos. Pero esto no anula ni disminuye nuestra obligación de respetar sus derechos.
"Llegará un tiempo en que la gente verá el asesinato de los animales así como ve el asesinato de seres humanos" - Leonardo Da Vinci
7. Dios nos otorgó a los humanos el dominio sobre los otros animales. Así que podemos hacerles lo que queramos, incluyendo el comerlos.
Réplica: No todas las religiones presentan a los humanos como poseedores de un "dominio" sobre los otros animales, e incluso entre aquellas que lo hacen, la noción de "dominio" debe ser entendida como una ocupación altruista, no como un poder egoísta. Los humanos deberían ser tan amorosos con toda la creación al igual que lo fue Dios al crearla. Si amamos a los animales en la misma manera en que eran amados en el Jardín del Edén, no los comeremos. Aquellos que respetan los derechos de los animales están encaminados en regreso al Edén —un camino de regreso hacia el apropiado amor por la creación de Dios.
"Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os servirán para comer." - Genesis 1:29
8. Sólo los humanos tienen almas inmortales. Esto nos da el derecho a tratar a los otros animales como queramos.
Réplica: Muchas religiones enseñan que todos los animales, no sólo los humanos, tienen almas inmortales. Sin embargo, incluso si sólo los humanos fueran inmortales, esto sólo demuestra que podemos vivir para siempre mientras que los otros animales no pueden. Este hecho —en el caso de que fuera un hecho— debería acrecentar, no disminuir, nuestra obligación de asegurarnos que la única vida que tienen los otros animales pueda ser todo lo larga y buena que fuera posible.
"No hay religión sin amor, y cuando la gente habla sobre religión pero no enseña a ser bueno y compasivo con los animales al igual con que los humanos entonces se convierte en una farsa." - Anna Sewell
9. Si respetamos los derechos de los animales, y no los comemos ni los explotamos en cualquier otra forma, entonces ¿qué se supone que haremos con ellos? En poco tiempo estararían invadiendo nuestras calles y hogares. 
Réplica: Alrededor de cuatro mil o cinco mil millones de animales son criados y matados para servir de comida cada año, sólo en los Estados Unidos de América. El motivo para esta cifra tan elevada es simple: hay muchos consumidores que demandan grandes cantidades de cadáveres de animales. Es la demanda de los consumidores lo que provoca la industria de explotación animal. 
Sin embargo, para cuando la filosofía de los Derechos Animales haya triunfado, y la gente haya dejado de comer animales, no debemos temer que haya millones de vacas y cerdos correteando por nuestras calles y casas. Una vez que desaparezca el incentivo económico para criar animales, esos millones de animales ya no existirán. Y el mismo razonamiento se aplica a los otros casos —como es, por ejemplo, la cría de animales para investigación. Cuando la filosofía de los Derechos Animales prevalezca, y este uso de animales haya cesado, el incentivo económico para la cría de animales habrá cesado también.
"El peor pecado hacia nuestras criaturas semejantes no es el hecho de odiarlas sino de ser indiferente a ellas. Esto es la esencia de la humanidad." - George Bernard Shaw
10. Aunque los otros animales tengan derechos morales que deban ser protegidos, hay otras cuestiones más importantes que requieren de nuestra atención: el hambre en el mundo, el abuso infantil, el racismo, las drogas, la violencia contras las mujeres, y la situación de los sinhogar. Después de habernos ocupado de estos problemas entonces podremos preocuparnos de los derechos de los animales.
Réplica: El movimiento por los Derechos Animales se integra con, y no se segrega de, los Derechos Humanos. La misma filosofía que fundamenta y defiende los derechos de los animales no humanos también fundamenta y defiende los derechos de los seres humanos.
En realidad, a nivel práctico, la elección que afronta la gente no es entre ayudar a los humanos o ayudar a los otros animales. Podemos hacer ambas cosas. Por ejemplo, la gente no necesita comer animales para ayudar a los sinhogar, de la misma manera que tampoco necesitan usar cosméticos hechos con animales para ayudar a los niños. De hecho, la gente que respeta los derechos de los animales, no consumiéndolos, se encontrará más saludable, por lo que estarán más capacitados para ayudar a los humanos.
"Estoy a favor de los derechos de los animales tanto como estoy a favor de los derechos de los humanos. Es la manera de ser un humano completo." - Abraham Lincoln
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