16 de abril de 2017

Nuestras excusas para explotar animales


En un artículo de la revista Investigación & Ciencia titulado «La paradoja de comer carne» escrito por Marta Zaraska, se expone la paradoja de que la gran mayoría de la gente está de acuerdo en que no debemos hacer daño a los animales sin necesidad o una razón suficiente que lo justifique, pero al mismo tiempo participan en actividades que implican dañar a los animales y que no se pueden excusar apelando a la necesidad ni tampoco se pueden justificar moralmente.

Para intentar explicar esta paradoja, Zaraska recurre al análisis psicológico, en concreto menciona el fenómeno conocido como disonancia cognitiva:
«Las personas que comen animales pero que también los aman y no quieren hacerles daño experimentan disonancia cognitiva, un estado de tensión que se origina al mantener o actuar conforme a creencias mutuamente incompatibles. 
Aunque la solución más fácil para vencer la disonancia cognitiva sería cambiar de comportamiento, el vegetarianismo constituye una opción minoritaria. La mayoría de los amantes de los animales encuentran otros caminos para superar el dilema. 
Estrategias psicológicas como la evitación, la disociación y el cambio de conducta percibido permiten que muchas personas dejen atrás su angustia y coman carne.»
Un lector, llamado Dough Griffith, expuso un comentario de respuesta en la misma revista que decía así:
«La lectura del artículo «La paradoja de comer carne» [por Marta Zaraska, Mente y Cerebro n.o 81, 2016] me ha parecido bastante interesante, sobre todo la información relacionada con las técnicas que empleamos los carnívoros para reducir nuestro dilema cognitivo respecto a los animales que cuidamos en casa. Creo, sin embargo, que la autora ha omitido una estrategia que yo empleo. En concreto, se trata de plantearse que esos animales no estarían vivos si no fuera por los consumidores de productos cárnicos. Su vida y su carne se perderían si no nos los comiéramos. Por otra parte, está claro que la crianza y matanza de estos animales deben estar estrictamente reguladas, no solo para que su corta vida sea más confortable, sino también para proteger la salud de los humanos.»
Me pareció que podría ser esclarecedor exponer algunas observaciones al respecto de este comentario.

En primer lugar, Griffith dice que "esos animales no estarían vivos si no fuera por los consumidores de productos cárnicos. Su vida y su carne se perderían si no nos los comiéramos." Pero esto es exactamente lo mismo que argumentar que estaría bien criar a seres humanos para usarlos de comida porque si no los hubiéramos criado para esto entonces ellos no habrían existido en primer lugar. ¿Esto es un argumento razonable?

Si un determinado argumento no puede justificar el canibalismo entonces tampoco puede justificar el consumo de animales. La diferencia de especie no establece una diferencia más relevante moralmente que la diferencia de raza o de sexo. Los otros animales son seres conscientes con voluntad e intereses propios. Aunque no sean humanos, ellos tienen el mismo interés básico que tenemos nosotros en continuar existiendo y evitar el daño.

En segundo lugar, Griffith afirma que "está claro que la crianza y matanza de estos animales deben estar estrictamente reguladas, no solo para que su corta vida sea más confortable, sino también para proteger la salud de los humanos." Pero este argumento ya parte de dar por supuesto que el uso de animales es moralmente aceptable en sí mismo. ¿Aceptaríamos que alguien propusiera regular el canibalismo para mejorar las condiciones en que son utilizados los humanos destinados al consumo alimenticio? Ya señalamos anteriormente que el uso de animales para comida no se puede intentar justificar sin hacer lo mismo con el canibalismo. Una supuesta mejora las condiciones en que hacemos algo malo no hace que este mal se convierta en un bien.

En verdad, no necesitamos consumir animales para estar sanos, así que la necesidad no puede servir de excusa. No necesitamos consumir sustancias que procedan de otros animales para tener buena salud y calidad de vida. Esto significa que cualquier daño y sufrimiento que les causemos por este motivo resulta innecesario. Si estamos en contra de infligir daño innecesario a los animales entonces, por coherencia, deberíamos dejar de consumirlos.

Ocurre que desde la infancia nos inculcan la creencia de que los demás animales son "seres inferiores" que existen para servirnos de recursos. Cuando se nos cuestiona este creencia entonces buscamos excusas para intentar convencernos de que nuestra actitud especista es necesaria y moralmente aceptable; pero sin importarnos demasiado si esas excusas tienen alguna conexión con la lógica y los hechos. Todos los argumentos usados hasta ahora para intentar justificar el uso de animales están basados en errores de lógica o en datos erróneos.

Como acertadamente señala Zaraska en su artículo, en lugar de razonar decidimos racionalizar. No defendemos el uso de animales porque hayamos llegado a esta conclusión racionalmente, sino que primero somos educados para habituarnos a cosificar y consumir a los animales y sólo después intentamos justificar este hábito adquirido, cuando alguien nos lo cuestiona.

31 de marzo de 2017

No, regular la esclavitud no es lo correcto

Éste es el tipo de explotación sobre los conejos que Anima Naturalis y el resto de grupos bienestaristas están apoyando como alternativa "humanitaria".

Este ensayo es mi respuesta a un artículo de Andrea Padilla —que es miembro del grupo Anima Naturalis— titulado "¿Hacer lo correcto por los conejos" en el que defiende la regulación de la explotación de conejos para servir de comida.

En este artículo la autora plantea la siguiente cuestión, que no es precisamente nueva:
«¿Regular la explotación de animales usados para consumo, mediante políticas de bienestar, es un camino aceptable para proteger los intereses de los animales o va en detrimento del fin último que es su liberación?»
Padilla defiende la regulación de esta explotación y nos explica los motivos de su postura alegando que:
«Cuando observo las miserables vidas de los conejos explotados por su carne, su pelo y su piel, y pienso, a la vez, en la condición humana mayoritariamente egoísta, banal y caprichosa, lejana aún de una conciencia que la lleve a poner fin a prácticas como estas, la respuesta a aquel dilema me resulta casi obvia. Prefiero avanzar en bienestar, aquí y ahora, en beneficio de los conejos –únicos que padecen en carne propia la maldita explotación– y no estancarme en un propósito que, de momento, resulta más teórico que posible.»
En primer lugar: ¿qué prueba presenta de que estas medidas "avanzan en su bienestar"? Se puede resumir en una palabra: ninguna. Cuando digo ninguna quiero decir ninguna. Nada. Ni en este artículo ni en ningún otro que defienda la regulación del "bienestar animal". Esto es una petición de principio que los bienestaristas no tienen interés siquiera en intentar demostrar. De hecho, tengo la impresión de que ni se han molestado en averiguar si lo que dicen se ajusta a los hechos. La tesis de que esta medida beneficia a los animales aún está por demostrar. Pero ellos lo afirman como si fuera un hecho, pero no lo es.

¿Es cierto que el propósito de liberarlos "es más teórico que posible"? Tal vez no es posible liberar a los animales ahora mismo porque los animalistas llevan dos siglos asumiendo el bienestarismo y empleando sus recursos en reformar la explotación animal y en campañas monotemáticas que marginan el veganismo. Es evidente que si nunca actuamos para conseguir la liberación de los animales entonces nunca llegará el momento de liberar a los animales de la opresión. Es un círculo vicioso. Alegar que los animales no pueden ser liberados ahora no justifica que no trabajemos ahora por liberarlos. El enfoque bienestarista no sirve para que termine la explotación de los animales.

¿Y si usamos el argumento de Padilla en el contexto humano? Por ejemplo, aceptemos que la violencia machista no va a terminar a corto plazo y que el objetivo de abolirla es "más teórico que posible". ¿Justifica esto que promovamos medidas para regular la violencia contra las mujeres con la excusa de "hacer su vida menos miserable"? ¿Es aceptable promover leyes que promueven las agresiones contra las mujeres? Aparte de lo cuestionable que supone creer que esto podría aliviar la miseria de las víctimas, en lugar de más bien fomentarla, estamos faltando al respeto más elemental que merecen las personas y estamos apoyando la violencia contra ellas. Podríamos plantear el mismo caso si se tratara de niños. Entonces, ¿por qué juzgar la situación de forma diferente sólo porque los agredidos no sean humanos? 


Por otro lado, podemos notar que en el propio artículo de Padilla no se explica en ningún momento que los humanos no necesitamos consumir animales y que tratarlos como recursos es injusto. No explica nada al respecto. Si no explicamos a la gente que consumir animales es injusto e innecesario entonces nunca dejarán de consumirlos. Lo más importante del asunto no lo menciona siquiera. Al parecer se le olvidó explicar el punto principal de la cuestión porque tenía toda su atención centrada en buscar excusas para defender el bienestarismo. Entiendo que resulta contradictorio argumentar que está mal utilizar a los animales si al mismo tiempo está apoyando una medida que consiste en utilizar a los animales.

Ante la falta de datos, evidencias, o argumentos razonados, Padilla prefiere acudir a la retórica rayana en la demagogia:
«¿Con qué cara le diría a uno de los miles de millones de animales que sufren ahora mismo que no apoyé una moción para que su explotación se diera en condiciones menos dramáticas porque mi propósito es la plena liberación de todos los animales? ¿No sería esto de, algún modo, decirle que él como individuo no cuenta pero sí, en cambio, los de las generaciones futuras de su especie? ¿O restarle importancia a la realidad pura y dura de su sufrimiento por una aspiración que, aunque justa, parece imposible de materializarse en el inmediato futuro?»
Podemos darle la vuelta a esta retórica planteando la cuestión de otro modo:

¿Con qué cara le diríamos a los animales que siguen explotados en el futuro que no centramos todos nuestros esfuerzos en promover el veganismo y conseguir que el uso de animales desaparezca como actividad institucionalizada? ¿No es esto decirle que nos los respetamos como individuos y que estamos usando su desgracia para conseguir socios y donaciones económicas? ¿No es esta actitud bienestarista la que ha favorecido que la explotación animal continúe de manera indefinida en lugar de desaparecer progresivamente mediante la difusión del veganismo?

Ya puestos a fantasear en la línea de Padilla podríamos imaginar que un animal esclavizado pudiera hablar y nos dijera: "Me da igual todo lo demás; sólo quiero que haga lo posible por reducir un poco mi sufrimiento aunque eso conlleve ignorar el deber de abolir la esclavitud." Bueno, esto no es lo relevante. Lo que él dijera no determina un criterio moral sólo porque lo diga. Además, otro individuo animal podría opinar otra cosa completamente distinta. ¿A cuál hacer caso a la hora de determinar nuestros patrones morales y guías de conducta? En todo caso, debo aclarar que ninguno de nosotros somos la voz de los animales. Ellos no nos han nombrado sus portavoces ni nos han comunicados sus opiniones. Así que sólo expresamos nuestras ideas y no somos depositarios de la voluntad de los animales, por mucho que Padilla fantasee con que sí lo es.

Padilla parece ignorar, u ocultar, que a los animales que están siendo explotados ahora en el presente no les afectan estas medidas. Aparte de asumir sin pruebas que esto mejora el bienestar de los animales, también habla sobre estas medidas cómo si fueran de implementación inmediata. Más aún, defiende que aplicarlas de alguna manera nos conduciría a la desaparición de esta explotación: 
«Ver desaparecidas las prácticas violentas que se ejercen sobre los animales es, por supuesto, el justo derrotero de la lucha por su defensa y protección. Pero en nombre de este fin, no deberíamos negarles la posibilidad de llevar vidas menos miserables. Su interés en no sufrir por causas evitables es un asunto tan serio, incluyéndonos, que debería alinearnos en la búsqueda de medidas que nos acercaran, lo más pronto posible, a su realización.»
Padilla afirma que las medidas bienestaristas hacen que las vidas de los animales explotados sean "menos miserables" y que además estas medidas favorecen de algún misterioso modo que se termine su explotación. Bien, yo considero que esas proposiciones carecen de conexión con la realidad.

¿La regulación de la explotación de vacas, cerdos, pollos, peces y otros animales ha conducido de alguna manera a hacer desaparecer dicha explotación? Es evidente que no. ¿Cómo deducen los bienestaristas que regular la explotación de conejos hará desaparecer su explotación? No hay pruebas de que regular la explotación animal conduzca o favorezca a su desaparición. Si no sale rentable explotar conejos entonces se explotará a otros animales cuya producción sí sea rentable. Esta regulación no evita la explotación de un solo individuo. Si el consumo de cadáveres de conejos se encareciera circunstancialmente entonces la gente buscará consumir a otros animales, como los pollos o los atunes, cuya explotación es más económica. Es decir, incluso si al final hubiera menos conejos explotados esto no conduce ni equivale a que haya menos animales explotados.

La perspectiva bienestarista tiende a aliarse con el especismo, y lo que sucede cuando te centras en determinada especie es que el resto de animales que no son de esa especie resultan ignorados. Sólo bajo este sesgo especista puede alguien creer erróneamente que una posible reducción del número de conejos explotados se traduciría en una reducción global del número de animales explotados.

¿Qué es lo que dice el texto del informe en el cual se basa la propuesta apoyada por los grupos bienestaristas? Bueno, aquí tenemos un párrafo muy explicativo:
«En el presente informe y en el documento de trabajo que le ha precedido el ponente formula varias recomendaciones que cabe resumir como sigue: en la cunicultura es indispensable abandonar gradualmente la utilización de las jaulas en batería y de alambre en entorno árido y  pasar a métodos alternativos como los sistemas de cría en parque que prevén un espacio suficiente por conejo y la cría de los conejos en grupos. Los ganaderos que realicen esta conversión deberían recibir apoyo con cargo a los programas de desarrollo rural de la PAC. Los sistemas para la cría de conejos deberían contar con plataformas o superficies elevadas similares y una cantidad suficiente de materiales de enriquecimiento. Además, los tiempos de transporte deberían ser lo más limitados posible, debido a la sensibilidad de la especie, y se debería alimentar a los conejos antes del transporte y proporcionarles acceso a agua y comida en la medida adecuada durante el transporte. Las cajas y jaulas para el transporte deberían  permitir a los animales adoptar posturas normales. Por último, se debería aturdir por completo a los conejos antes de proceder al sacrificio, garantizándose que no experimenten sufrimiento, dolor o estrés. El sacrificio debería realizarse sin que exista riesgo alguno de que el animal aturdido recobre la consciencia.»
Éste es el sistema de jaulas de baterías que condena la propuesta:


Y éste es el nuevo sistema mejorado de la propuesta apoyada por Anima Naturalis, según informa la organización bienestarista Compassion In World Farming:


En previsión de la nueva legislación, algunos productores ya están adaptando las herramientas de explotación de conejos con el sistema de "colonias":



¿Se puede decir que estos animales "llevan vidas menos miserables"? Siguen estando confinados en un espacio limitado. Siguen encerrados. No los sacan de ninguna jaula sino que los meten en otra distinta. Siguen siendo atemorizados, coaccionados y agredidos. Y siguen acabando en el matadero para ser degollados. ¿Qué miseria se supone que les han ahorrado los bienestaristas con esta medida? Incluso aceptando que la vida de un animal esclavizado se pudiera hacer un poco menos mala esto no equivale a que esa vida pueda ser calificada de buena.

¿A nadie le parece curioso que Anima Naturalis no muestre la consecuencia de las regulaciones que promueven? ¿No será que el efecto real que tienen las propuestas bienestaristas no es aliviar sino perpetuar la miseria que padecen estos animales? Los bienestaristas nunca aportan ni un solo dato empírico que explique cómo se supone que están favoreciendo el bienestar de los animales esclavizados, y parece que no son muy entusiastas de mostrar el tipo de explotación que están apoyando. No vaya a ser que alguien se dé cuenta de que sólo cambian una miseria por otra.

Padilla pretende argumentar que oponerse a las medidas bienestaristas significa alinearse con el inmovilismo:
«En ocasiones, incluso, deberíamos valorar si oponernos a medidas de mejora no nos sitúa más cerca de quienes prefieren que las cosas permanezcan tal como están. Al respecto, los criadores de conejos han afirmado que implementar las medidas del informe podría conducirlos al cierre de entre el 70 y el 90% de las explotaciones, al menos en España. Obviamente, buena parte de su negocio radica en mantenerlos en jaulas, sometidos a dinámicas de reproducción y crecimiento acelerados. Es decir que la regulación de esta explotación, mediante estándares de bienestar, haría el negocio insostenible.»
No está mostrando hechos sino mera predicciones. Ahora bien, aceptemos que las peores predicciones para los explotadores de conejos se hicieran realidad. Según informa el servicio de prensa del parlamento europeo casi toda la carne de conejo consumida en Europa proviene de China, que es ajena a las regulaciones aprobadas:
"Although 340 million rabbits are slaughtered for meat in the EU every year, this represents less than 1% of the EU’s final livestock production. [...] The EU is the world’s leading rabbit producer, ahead of China, which is its leading rabbit meat exporter. Around 99% of the EU’s rabbit meat imports originate in China."
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"Aunque 340 millones de conejos son matados para carne cada año en la Unión Europea [UE], esto representa menos del 1% de la producción ganadera de la UE. [...] La UE es el principal productor mundial de conejos, despues de China, que es el principal exportador de su carne. Cerca del 99% de la carne de conejo proviene de China"
Esto significa que aunque parte de los productores europeos tuvieran que cerrar, el precio no tiene por qué encarecerse, ni la demanda tiene por qué disminuir, ya que China sigue exportando conejos masivamente. Si los productores europeos no pudieran afrontar el coste de la nueva normativa, entonces lo más probable es que esta demanda será absorbida por los productores chinos. Con lo cual ni un solo conejo ha sido salvado de la esclavitud. Asimismo también pueden elegir consumir otro tipo de animal. Con lo cual los bienestaristas no han ayudado a salvar a ningún animal. Esto es, la propuesta apoyada por Padilla es en verdad la que favorece que "las cosas permanezcan tal como están".

Yo no soy partidario de la denominada "acción directa". Por diversas razones, considero que esta estrategia conlleva importantes defectos morales y prácticos. Soy partidario de la educación vegana como el medio ético y efectivo de abolir la utilización de animales. Sin embargo, aparte de esta cuestión, considero que sólo aquellos que sacan a los animales de sus centros de explotación, y que los adoptan, pueden decir con verdad que han hecho que las vidas de estos individuos sean menos miserables y que ahora gozan de cierto bienestar real. Pero los bienestaristas no pueden decir esto sin faltar a la verdad.

Si aceptamos que los animales tienen un derecho fundamental a no ser propiedad entonces no podemos apoyar ninguna iniciativa que los trate como propiedades, y esto incluye las regulaciones de su esclavitud. No obstante, incluso si obviamos ese derecho básico, los argumentos que se pretenden presentar para justificar el apoyo a esas regulaciones no están avalados por la lógica ni por las evidencias empíricas.

Ninguno de los puntos que argumentan los bienestaristas se sostiene. La regulación de la explotación animal no mejora significativamente el bienestar de los animales, no reduce el número de animales explotados y su sufrimiento, y, lo más importante, no favorece ni conduce a liberar a los animales de nuestra opresión sobre ellos.

Resulta poco menos que curioso que cuando se trata de actividades como la tauromaquia estos grupos adopten una postura que ellos llaman "abolicionista" pero que en otras actividades equivalente adopten una posición regulacionista que ellos mismos no aceptan cuando se trata de otros usos de animales que sí rechazan de plano.

Padilla finaliza su artículo concluyendo que:
«La posición inicial de los eurodiputados frente al informe era de abstención o rechazo. Sin embargo, la presión de sus votantes los llevó a apoyarlo. Esto también debe decirnos algo.»
Sí. Esto nos dice que las medidas bienestaristas no amenazan la existencia de la explotación animal y que los consumidores de esta explotación han comprendido que mediante el bienestarismo pueden alegar que se preocupan por el bienestar de los animales y al mismo tiempo continuar consumiendo animales con la conciencia tranquila porque, según Andrea Padilla, han hecho "lo correcto".

Pienso que si pueden creer sinceramente que actuar de esa forma es "hacer lo correcto" esto evidencia hasta qué extremo los bienestaristas —que tienen condicionada su forma de pensar por el utilitarismo— tienen trastocadas las nociones del bien y del mal. No pretendo cuestionar que ellos crean que lo que están haciendo es correcto, pero sí digo que lo que ellos denominan "correcto" no lo es.

15 de marzo de 2017

Razones y Beneficios




Aunque que fuera por una simple cuestión de claridad conceptual, considero que deberíamos diferenciar claramente entre razones y beneficios. No son lo mismo. Una razón no es un beneficio. Ni un beneficio es una razón. No son sinónimos.

Un beneficio sería cualquier hecho que aumente o potencie la salud o el bienestar de alguien —es un fenómeno propiamente empírico. En cambio, una razón es un pensamiento que refleja la adecuación de nuestras ideas y acciones a la lógica.

Ahora, dentro de la razón podríamos distinguir a su vez entre razón instrumental y razón moral. Una razón instrumental es un argumento que explica la adecuación de un medio respecto de un objetivo concreto. En cambio, una razón moral es un argumento que explica la adecuación de un hecho a un principio imperativo.

La razón instrumental es el razonamiento que nos señala, por ejemplo, que debemos trabajar si queremos satisfacer nuestras necesidades vitales. Establece la relación lógica entre los fines que pretendemos y los medios que se requieren para lograr estos fines. No tiene misterio.

Por otro lado, la razón moral es la que nos señala que estamos obligados a cumplir determinada norma de forma imperativa. Por ejemplo, la razón moral nos señala que lo correcto es reconocer que A es A. No importa que a nosotros nos beneficiara creer que A es B, o que para conseguir algún objetivo necesitemos hacer creer a otros que A es B. La razón moral nos obliga a reconocer que A es A. Esto es lo correcto en sí mismo. Como señalaba Franz Brentano en su obra «El Origen del Conocimiento Moral »:
"La sanción ética es un mandamiento semejante a la regla lógica."
Así, la moral racional se fundamentaría en el principio de identidad. Por esto no es correcto tratar a las personas como si fueran cosas, porque no lo son. Eso es lo que denominamos cosificar. No es lógicamente correcto tratar a los sujetos como si fueran objetos.

Ahora, si comprendemos a un nivel básico la diferencia entre beneficio y razón, así como la diferencia entre razón instrumental y razón moral, entonces podemos pasar al siguiente punto que es el que pretendo tratar en esta nota.

Yo defiendo que sólo habría una sola razón que puede justificar el veganismo: una razón moral. Si bien, podemos dividir esta razón a su vez en dos principios —igualdad y valor inherente. El veganismo es un imperativo por dos razones morales:
[1] Los seres sintientes poseen un valor inherente, que es intrínseco a su condición de sujetos, y que es independiente de su valor instrumental o valor extrínseco. Esto significa que es incorrecto tratarlos como si ellos sólo tuvieran un valor externo o económico. Esto significa que debemos considerarlos como lo que son: como sujetos y no como objetos.
[2] El principio de igualdad nos exige considerar como iguales aquellos elementos moralmente relevantes que sean iguales. Por esto no debemos discriminar ni supeditar los intereses de otros animales a los nuestros, porque son los mismos intereses, desde el punto de vista lógico, aunque estén presentes en diferentes individuos.
El veganismo sólo se sustenta en estas razones morales. Ni la razón instrumental ni el beneficio pueden justificar que rechacemos la explotación animal como una cuestión de principio.

El beneficio no es un argumento moral. El hecho de que algo nos beneficie puede ser bueno para nuestra vida, para nuestra salud o nuestra economía. Pero eso no puede justificar que sea correcto en ningún caso desde el punto de vista moral. El beneficio no pertenece a la ética.

Si los beneficios que obtenemos de la explotación animal no la justifica moralmente, ¿como pueden los beneficios justificar el veganismo? No pueden. Hablar de beneficios sólo significa que practicar el veganismo puede ser bueno para nosotros y nada más. No equivale a que estemos obligados a ser veganos. Así que el beneficio no puede justificar el veganismo como imperativo.

Además, los beneficios que obtenemos de aplicar el veganismo podemos obtenerlos igualmente sin tener que aplicar el veganismo. Por ejemplo, en el caso de la dieta vegana, la nutricionista Ginny Messina señala:
«Podemos —y debemos— decirle a la gente que una dieta vegana es una buena elección para una alimentación saludable; pero no podemos decirles que es la única opción. Una dieta basada en plantas que incluya pequeñas cantidades de productos animales puede ser igualmente saludable.»
Los perjuicios que nos ocasiona indirectamente la explotación animal, ya fueran medioambientales o de salud, sería posible resolverlos sin necesidad de abolir dicha explotación.

Por ejemplo, eliminando la ganadería industrial y volviendo a un modelo parecido al que se practica en el siglo XIX se solucionarían casi todos los problemas medioambientales y de salubridad que hoy ocasiona la explotación industrial de animales. ¿Es esto lo que queremos: una esclavitud más ecológica y más sana para los que se benefician de ella? Por no hablar de las nuevas tecnologías que mejoran la eficiencia de la explotación animal industrializada y que también ayudan a resolver esos efectos secundarios indeseados.

Los problemas medioambientales también podrían solucionarse en gran parte sustituyendo a los mamíferos y las aves por los insectos para el uso de alimento, ya que el gasto de mantenimiento y la producción de residuos sería significamente menor. Pero tenemos evidencia de que los insectos son seres sintientes, al igual que lo son mamíferos y aves. Si entendemos que el especismo es una discriminación injusta ¿por qué aplicamos criterios que implican una discriminación moral basada en la especie? Aparte de la inconsistencia empírica de los argumentos que sostienen los enfoques basados en la salud y el medio ambiente, resulta que son enfoques que están discriminando injustamente entre las víctimas de una misma injusticia.

Todo esto sin tener en cuenta que muchas formas de explotación animal son prácticamente inmunes a las objeciones basadas en la salud y el medio ambiente. Por ejemplo, ¿las peleas de gallos perjudican la salud humana o al medio ambiente? No. Así podríamos listar numerosos usos de animales que no conllevan un efecto dañino a la salud humana y el medio ambiente.

Los argumentos basados en el beneficio nos conducen en favor de la esclavitud. La esclavitud humana ha existido —y sigue existiendo— en casi todas las culturas y épocas humanas precisamente porque es beneficiosa para los esclavistas y para quienes consumen dicha esclavitud. Quienes se oponían a ella y luchaban para que fuera abolida han fundamentado su postura siempre en motivos morales, y han conseguido convencer a los demás apelando a razones éticas.

La esclavitud siempre ha proporcionado beneficios a quienes se aprovechaban de ella —propietarios y consumidores.  La única razón por la que la esclavitud humana fue combatida y finalmente abolida se debió a motivos morales. Y sólo de este modo —mediante la concienciación moral— puede conseguirse la abolición de la esclavitud de los animales no humanos, a pesar de los beneficios que los humanos podamos obtener de dicha esclavitud. Beneficios que, por otra parte, se podrían obtener sin utilizar a los no-humanos.

Algunos alegarán que "todo vale" con tal de promover el veganismo y conseguir reducir la explotación animal. Sin embargo, aparte de que este criterio consecuencialista resulta muy cuestionable desde el punto de vista ético, tampoco hay evidencia que esa perspectiva nos ayude a lograr el objetivo. Al contrario, las evidencias recopilas hasta ahora —tal y como el profesor Casey Taft ha explicado en su trabajo— nos indican que promover el veganismo apelando a la conciencia moral de la gente sería la forma más efectiva de motivarlos a que tomen la decisión de hacerse veganos.

A nivel moral, un fin loable no justifica un medio infame. Medios y fines deben ajustarse, por coherencia, a los mismos principios éticos. A nivel práctico, intentar promover el veganismo apelando a la salud y al medio ambiente es inconsistente.

Promover el veganismo por los beneficios para la especie humana es difundir un mensaje antropocéntrico que asume que la vida y el bienestar de los humanos que explotan animales es más importante que la de sus víctimas. Promover una mentalidad especista que ignore los intereses de los animales es justo lo opuesto a lo que pretende el veganismo.

Ni la salud personal ni la cuestión medioambiental por sí mismas conducen al veganismo ni justifican el veganismo. Ignorando el enfoque ético lo que conseguiremos no es tanto promover el veganismo sino más bien fomentar la renovación de la explotación animal para hacerla más saludable —para los humanos— y más ecológica.

Sólo una ética de respeto que ve a todos los seres sintientes como personas con derechos inherentes puede justificar el veganismo como principio y mantenernos en él.

27 de febrero de 2017

«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción»




En este artículo del activista James LaVeck se expone cómo las organizaciones animalistas se han convertido en cómplices y aliados de la industria de explotación animal.

Esta afirmación no es una acusación ni una interpretación sino que es la referencia a una evidencia. Con la excusa de "reducir el sufrimiento" los grupos animalistas promueven el consumo de productos de origen animal etiquetados como "humanitarios" o "compasivos".

Lo que LaVeck exponía hace diez años acerca de este problema en el ámbito anglosajón se está extendiendo ahora en el ámbito hispano y también el resto del mundo occidental.

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«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción: El coste oculto de vender huevos de "gallinas libres"»
"Verdad aparente: algo que si es dicho como si fuese verdad, que uno quiere que otros crean que es verdad, que dicho suficientes veces con suficientes voces orquestadas detrás de ello, puede incluso sonar como verdad, pero no es verdad." - Ken Dryden, parlamentario canadiense.
El coste oculto de vender al público "huevos camperos"
Muchos líderes del actual movimiento animalista están apoyando e incluso ayudando a desarrollar sellos y etiquetas de productos animales y estándares de ganadería "compasivos con los animales". Algunos están incluso promocionando productos animales tales como huevos que llevan una etiqueta "campera". Esta tendencia que crece rápidamente está siendo celebrada por algunos como "un nuevo nivel de compromiso" con la industria, y criticado por otros como nada menos que la apropiación al por mayor de la causa de los animales por parte de la industria.
Los activistas implicados han descartado la sugerencia de que tienen un conflicto de intereses. "La afirmación de que estamos en la misma cama con la industria", dijo un empleado senior de una gran organización bienestarista "ignora el hecho de que todos los grandes grupos de la industria nos identifican como una enorme amenaza."
¿Pero hay algo más en esta historia?
Acerca de este mismo empleado se informó que era participante en un encuentro el 28 de abril de 2005 entre su organización y los productores de huevos "camperos" industrializados. Como se informa en el blog del asesor de la industria Joel Salatin, este encuentro "inaugural e histórico" se centró en la "lluvia de ideas" de una campaña nacional contra los huevos de batería que promocionaría los huevos "camperos" como la alternativa. Salatin observó cómo "el entrar en los Wal-Marts del mundo consumió el tiempo de discusión" y cómo "todos los productores estaban salivando por más mercado: uno admitió que se estaba sentando sobre 700 cajas —eso son 21.000 docenas— por semana ahora mismo para las que no tenía mercado". Salatin añadió que el productor más grande del encuentro, a quien se refirió como el "jefe", aseguró a los animalistas que todos los "jugadores" adecuados de la industria estaban allí. La intención del "jefe", de acuerdo con Salatin, era que la "campaña promocionaría sólo a aquellos que estaban en la mesa. Se espera un tiempo de bonanza para el negocio".


¿Reforma o Refuerzo?
En 2001, Bill Moyer, un activista con 40 años de experiencia en los movimientos de derechos civiles, contra la guerra y anti-nuclear, publicó «Doing Democracy». Este libro que marcó un hito, y que muestra cómo los altibajos de los movimientos sociales generalmente siguen un patrón predecible, proporciona a los activistas un modelo para aumentar drásticamente su efectividad.
Moyer señala que los movimientos exitosos requieren activistas que cumplan cuatro funciones diferentes. Una de estas funciones es la de los "reformistas", individuos y grandes organizaciones que se centran en que las metas del movimiento, los valores y las alternativas sean adoptadas en leyes, políticas institucionales y prácticas de la industria. Los reformistas se dice que son especialmente útiles en las últimas etapas del proceso del cambio social.
Pero Moyer señala que puede haber un lado oscuro de las organizaciones centradas en las reformas que se muestra, trágicamente, justo cuando un movimiento está aumentando su impacto. La oposición al movimiento —en este caso, la industria de explotación animal— al percibir una mayor simpatía pública por la causa, intenta "dividir o socavar el movimiento ofreciendo reformas menores" y "los reformistas inefectivos empiezan a hacer acuerdos en el nombre de 'políticas realistas' generalmente por encima de las objeciones de los grupos de base".
¿Por qué? Moyer sugiere que colaborar con la oposición puede ofrecer beneficios sustanciales económicos y de relaciones públicas a los miembros de las organizaciones, a pesar de que el movimiento como totalidad puede sufrir graves daños.
Los integrantes de las grandes organizaciones pueden a veces olvidar su papel como administradores del poder de base de un movimiento, señala Moyer, y en vez de fomentar la democracia en sus organizaciones, y en el movimiento como conjunto, empiezan a actuar como autodenominados líderes. Ellos "se comportan como si representaran al movimiento, decidiendo sobre estrategias y programas para todo el movimiento y enviando entonces directivas a los niveles locales". Moyer deja claro cómo este "comportamiento jerárquico, opresivo, combinado con políticas conservadoras" divide al movimiento, separando a las grandes organizaciones de los activistas de base. Este es un serio problema, enfatiza, porque "el poder de los movimientos sociales está basado en las raíces".
En el escenario de Moyer en el que los reformistas cometen este error, los profesionales que dirgien las grandes organizaciones pueden incluso llegar a identificarse más con sus contrapartidas en la oposición que con la gente de base cuyas donaciones pagan sus salarios, y cuyo duro trabajo hace que sus programas lleguen a estar vivos. Como resultado, un movimiento puede perder su rumbo, "ya sea a través de la colisión o el compromiso por activistas reformistas que socaven la consecución de las metas críticas del movimiento."
Esto nos devuelve a la proliferación de los sistemas de etiquetas de productos animales aprobados por activistas, y el resultante robo de identidad que padece el movimiento vegano y de derechos animales. En un artículo reciente del New York Times titulado "Meat Labels Hope to Lure the Sensitive Carnivore" ["Los Sellos de la Carne Esperan Atraer a los Carnívoros Sensibles"], John Mackey, fundador y gerente de WholeFoods, uno de los vendedores de carne más grandes de Estados Unidos, es descrito como "un vegano que se vuelve cada vez más elocuente sobre cuestiones de derechos animales". En el mismo artículo, la American Humane Association y la Humane Farm Animal Care, ambas con un claro interés en las reformas de confinamiento de los animales, y no en el boicot a los productos animales ni en la abolición de la explotación animal, son consideradas como "organizaciones de derechos animales".
Pero cuál es el daño, dicen los proponentes, sólo son palabras, ¿no es verdad? Como se dice en el mismo artículo del New York Times, una cadena de alimentación aumentó el 25 por ciento sus ventas de carne desde que añadieron el logo "Certified Humane" [Certificado Humanitario], incluso aunque estos productos cuestan, de media, entre un 30 y un 40% más.
Parece que la industria tiene más que unas pocas razones para estar salivando por su nueva colaboración con el movimiento de defensa animal.


Un Momento de Verdad Aparente
¿Pero cómo podrían los activistas líderes inteligentes y experimentados caer en una trampa de la industria tan predecible? Puede que hayan fallado en entender que los valores que dirigen un movimiento de justicia social son inherentemente incompatibles con los de un negocio basado en explotar a los mismos seres a los que el movimiento se ha comprometido proteger.
Cuando el marco moral de una causa de justicia social está siendo deliberadamente mezclada con la lógica utilitarista de maximizar los beneficios de una industria explotadora, lo que una vez fue una relación natural de adversarios se convierte en un matrimonio disfuncional de conveniencia. Para conseguir que tal alianza antinatural funcione, el pensamiento crítico, el mismo catalizador de la conciencia, debe ser neutralizado a través de las manipulaciones de relaciones públicas.
Como una estrategia para terminar con el uso de jaulas de batería, por ejemplo, varias organizaciones animalistas están animando a sus miembros y simpatizantes a persuadir a individuos e instituciones para cambiar a huevos etiquetados "camperos". Uno de los arquitectos de esta campaña ha afirmado que el término "campero" no es confuso del todo, dado que aunque las gallinas están confinadas en entornos interiores artificiales, técnicamente hablando, ellas no están dentro de jaulas.
Pero ser objetivo técnicamente y decir la verdad no son necesariamente lo mismo. Simplemente pregunte a miembros de la sociedad en general que se imaginen las vidas de las gallinas que producen huevos "camperos". La mayoría probablemente visionará algo parecido a la mítico cuento infantial "La Granja del Viejo MacDonald", con animales contentos deambulando libremente por un corral bucólico.
¿La realidad? Millones de jóvenes gallinas permaneciendo hombro con hombro en grandes naves encerradas, forzadas a anidar día y noche sobre sus propios excrementos, respirando un aire tan fétido que los trabajadores llevan máscaras de gas para prevenir daños permanentes en sus pulmones. Así como sus hermanas en las jaulas de batería, a las gallinas "camperas" les cortan brutalmente el pico, les provocan una muda forzada —sin comer durante días para reiniciar el ciclo de de puesta de huevos— y, por supuesto, matadas cuando ya no son de utilidad. O, como un investigador descubrió, si no se puede encontrar a ningún comprador para sus cuerpos destrozados, pueden ser metidas en urnas de acero y gaseadas, y las pilas de sus restos ya sin vida enviadas a rellenar campos o para ser utilizados como abono. Por no mencionar los millones de pollitos macho que, incapaces de poner huevos, son asfixiados sin ceremonia en bolsas de plástico o triturados vivos para hacer fertilizantes o alimento, sus vidas se apagan antes de que siquiera llegaran a empezar.


¿Abuso "nuevo y mejorado"?
Si buscamos justicia colaborando con la industria, ayudando a desarrollar y promover lo que nos decimos a nosotros mismos que es una forma de explotación un poco menos horrible, ¿no estamos intentando reemplazar una forma de abuso por otra?
Mientras que es cuestionable si tal estrategia podría eventualmente llevar al fin de la explotación, una cosa es cierta: cuando los animalistas animan a la sociedad a aceptar "nuevas y mejoradas" formas de abuso, estamos reforzando poderosamente el estatus de los animales no humanos como propiedades —para ser adquiridos, utilizados y dispuestos a voluntad. Estamos también reforzando significativamente la credibilidad y la imagen pública positiva de una industria con una larga historia de traicionar la confianza de la sociedad.
Incluso aún más problemático, nosotros, los defensores de los animales, no podemos tener éxito al seguir esa estrategia, sin que nosotros mismos tomemos parte directamente en confundir a la sociedad. Considera, por ejemplo, lo que requiere vender con éxito la idea de que comprar y consumir huevos etiquetados como camperos es socialmente responsable, e incluso compasivo. Si toda la realidad de la producción de huevos "camperos" —o cualquier otro sistema sistematizado de expltoación de animales— llega a ser revelado, ¿no sería imposible convencer a grandes cantidades de gente a que lo apoyaran?
Por tanto, para promover los huevos "camperos", tenemos que atravesar la línea invisible, pero crítica, que separa un activista de un apologista.


De "Sin Jaula" a "Libre de Crueldad": Cómo La Verdad Aparente Se Convierte en Ficción
Vamos a examinar algunas de las afirmaciones que han aparecido en los medios locales donde la campaña de huevos "sin jaula" ha tenido lugar. Fíjate como la presión por cerrar la venta lleva a la inevitable confusión entre hecho y ficción:
Un estudiante de un grupo de derechos animales caracteriza su campaña de "sin jaula" como un intento por conseguir que el servicio de comidas de su colegio no compre más huevos de "grandes granjas industriales con condiciones crueles". El líder del grupo afirma que: "las granjas industriales y las gallinas enjauladas son dañinas para el medio ambiente" y que "los huevos ´sin jaula´ son buenos para los animales y los granjeros locales".
En otro instituto, los animalistas afirman que si la universidad cambiara a huevos etiquetados "sin jaula", "podríamos estar orgullosos de nosotros mismos de saber que estas aves tuvieron una vida decente" y que ya no estarían apoyando "prácticas medioambientalmente insostenibles que explotan la tierra, los trabajadores y los animales".
La verdad es que la mayoría de huevos "no provenientes de jaulas" son producidos en granjas industrializadas, y que hay poca evidencia para sugerir que las técnicas de producción "sin jaula" sean menos dañinas para el medio ambiente. Ciertamente no son "buenas para los animales".
Dijo un candidato a doctor: "si las naciones enteras a lo largo de Europa pueden prohibir las jaulas de batería y volverse libres de crueldad, !entonces soy optimista de que nuestra universidad también podrá!"
¿Pero una industria que mutila y mata a los animales jóvenes a los que explota puede ser realmente llamada "libre de crueldad"?
En otro instituto, un estudiante promotor de una exitosa campaña "sin jaulas" dice: "es bueno que esta universidad pueda mostrar que somos compasivos hacia los derechos animales". ¿Así que cambiar a huevos etiquetados como "sin jaula" es ahora una expresión de derechos animales, una filosofía que rechaza toda la explotación y boicotea el consumo de productos animales?
"Estamos felices de hacerlo" dice el gerente alimenticio de una compañía de las 500 de Fortune. "Hay un efecto en onda que creo que sucederá. Otras compañías también quieren asegurar el trato humanitario de los animales".
Como un astuto activista señaló, los términos que pueden ser utilizados en un sentido relativo cuando te comunicas con activistas animalistas, son ahora aplicados en un sentido absoluto en lo que se refiere a vender a los consumidores estas "nuevos y mejorados" productos animales. Así que mientras uno pueda elegir afirmar que algunas formas de explotación y matanza son menos inhumanas, o menos crueles que otras, un activista informado no puede honestamente caracterizar cualquier forma de explotación y matanza como compasiva o libre de crueldad. Eso es justamente lo que se hace creer el público.
Imagina lo que significa hacer todo el trabajo necesario para tirar abajo el velo que cubre la horrible injusticia de la producción de huevos en batería, y entonces, darte la vuelta y metódicamente cubrirlo de nuevo con una fachada nueva y mejorada: huevos "camperos", la alternativa libre de crueldad, socialmente responsable y medioambientalmente sostenible. Bueno para los animales, bueno para los ganaderos, bueno para los trabajadores, bueno para ti.
Todo esto sucede en un momento en el que más y más gente alrededor del mundo está adictos a una dieta centrada en las proteínas de origen animal, la causa probada de más enfermedades crónicas.  En un momento en que nos encontramos con una epidemia de obesidad, y amenazas sobre la gripe aviar como la próxima pandemia. En un momento en que los investigadores de las Naciones Unidas han determinado que la ganadería produce mayor impacto de calentamiento global que todos los automóviles, camiones, autobuses, aviones, trenes y barcos del mundo juntos.


Y No Lo Olvidemos, Ellos También Son Más Sabrosos 
Un tema repetido en las noticias sobre las campañas de huevos "camperos", de hecho muy común en la mayoría de la cobertura de los sistemas de etiquetas aprobados por los activistas, es cuán deliciosos son estos productos animales "nuevos y mejorados". 
Un servicio de menús de un campus realizó una prueba de sabor y fueron incapaces de encontrar ni un sólo estudiante que no pensara que los huevos "camperos" sabían mejor. Otro gerente de comedor fue citado haciendo cumplidos por su frescura. Ella habló de cómo uno de sus chefs "hizo pan de plátano con los huevos y dijo que hace que el pan sea más ligero y esponjoso" y cómo "los estudiantes parecían interesados en probar los huevos", concluyendo que "la gente parece estar comiendo más huevos por probarlos". 
¿Hay alguna duda de que nuestra causa esté siendo apropiada? 
¿Pero cómo puede alguien echar la culpa a activistas bien-intencionados por contribuir a la creciente abundancia de desinformación y tergiversación? Después de todo, ellos han sido convencidos por gente a la que admiran, de modo que si dicen la verdad, ellos no reducirán tanto el sufrimiento como ofreciendo estas falsas noticias tranquilizadoras de verdad aparente. Han sido convencidos de que reemplazar una forma forma de abuso por otra es un camino viable para terminar con la explotación.
Mientras que los valores y principios básicos del movimiento están siendo perversamente puestos al servicio de vender los mismos productos de sufrimiento y explotación que querían abolir, la integridad y buena voluntad de la gente se han vuelto cada vez más desorientada. Pierden su capacidad para reconocer que están siendo llevados a un destructivo conflicto de intereses, confundiéndolo con "pragmatismo" y "sentido común".



Una Media Verdad es una Completa Mentira
¿Es el momento de mirarnos al espejo? ¿En verdad queremos convencer a los jóvenes e idealistas que la manipulación es un camino seguro para un mundo mejor? ¿Las relaciones públicas, y no la educación, es la respuesta? ¿Queremos perpetuar la destructiva fantasía de que un movimiento social de justicia puede ser organizado como una corporación multinacional?
La ignorancia, la negación y la deshonestidad están en la propia raíz, no sólo de la explotación en sí misma, sino también de las fuerzas sociales y psicológicas que permiten su tolerancia. Cuando estamos dispuestos a sacrificar la verdad, para diluir su poder de modo que aumentemos las ganancias a corto plazo, independientemente de cuán noble pueda parecer, rompemos nuestros amarres éticos y empezamos a ir a la deriva y sin rumbo, inevitablemente siendo llevados por la misma corriente que lleva a quienes están atrapados en la explotación.
En el fondo de nuestro corazón, sabemos que hay un camino mejor. Si nos tomamos tiempo para escuchar, nuestra consciencia nos mostrará el camino.



Artículo original: «Truthiness is Stranger than Fiction»

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Para que el veganismo no salga adelante como movimiento es necesario seguir la estrategia que ya ha funcionado en los países anglosajones durante dos siglos: que los animalistas se alíen con los políticos y los explotadores institucionales para conseguir que la esclavitud de los animales no humanos se perpetúe adaptándola a la evolución social mediante regulaciones legales que hagan pensar a la gente que tratamos "humanitariamente" a los animales y que el "maltrato" se castiga. 

De ese modo, el mensaje abolicionista se hace quedar como "extremista" frente a la "moderación" de los bienestaristas. Mientras los animales siguen siendo esclavizados, siguen siendo dañados y matados para beneficio humano, y nada cambia realmente para ellos.

12 de febrero de 2017

Carta abierta a Fundéu — El "flexiveganismo" no es válido




Estimados responsables de Fundéu,

Me gustaría exponerles una observación crítica sobre su artículo titulado «flexivegetarianismo y flexiveganismo, neologismos válidos».

Quisiera aclarar que el término "flexiveganismo" no es un término válido. No lo es por dos razones básicas.

La primera es que están confundiendo el veganismo con el vegetarianismo. El vegetarianismo es una dieta. Pero el veganismo no es una dieta. El veganismo es un principio ético en contra de la explotación de los animales. Por tanto, no pertenecen a la misma categoría. Ustedes califican al veganismo de "preferencia dietética" y esto no es correcto. El veganismo es un principio ético, igual que lo es el feminismo o el laicismo.

A diferencia de la mayoría de las palabras, que surgen espontáneamente, el término veganismo fue creado de forma deliberada y definido oficialmente de forma precisa por sus creadores a mediados del siglo XX. Así lo exponía Leslie Cross:
«La palabra “veganismo” tiene un significado tan simple como preciso. Significa: la doctrina de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Debido a que la cuestión de la definición es una tan obviamente importante, voy a solicitarles que sean tan amables de grabarla en su memoria, de forma que cuando usemos la palabra “veganismo” todos estemos pensando en lo mismo. Veganismo entonces, es la doctrina de que los humanos deben vivir sin explotar a los animales.»
La segunda razón, directamente relacionada con la primera, es que si el veganismo es un principio ético entonces no puede ser "flexible". Si eres "flexible" respecto de la explotación animal entonces no eres vegano. Ser "flexible" respecto de la explotación animal es lo mismo que no-ser-vegano. Ser vegano es adoptar una posición inflexible contra la explotación de los animales. Es una contradicción decir que eres vegano y que eres "flexible" respecto de la explotación animal.

Si no es correcto ser "flexible" respecto de la esclavitud humana entonces por la misma razón no es correcto ser "flexible" respecto de la explotación animal. Si no es correcto que seamos "flexibles" hacia el abuso contra las mujeres, entonces por la misma razón no debemos ser "flexibles" en lo que concierne al abuso contra los animales. Decir "flexivegano" es tan absurdo como decir "flexifeminista".

Quien sea "flexible" hacia el abuso sobre las mujeres no puede ser feminista. Es contradictorio. Del mismo modo, ser vegano es estar en contra de la explotación de los animales, así que si eres "flexible" sobre la explotación animal no eres vegano. Es una contradicción decir que eres vegano y que eres "flexible" respecto de la explotación animal.

Por favor, les agradecería  que corrijan este error de su artículo. Gracias por su atención.

29 de enero de 2017

"Libres y felices" en el mundo de «1984»




“LA GUERRA ES LA PAZ,
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD,
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA”

[George Orwell, «1984»]


Un artículo periodístico informaba a su lectores que las "gallinas felices producen mejores huevos".

En el texto se afirman que estas son gallinas "felices". También dicen que son gallinas "libres".

Las gallinas están sometidas al dominio humano. Son coaccionadas y manipuladas para que obedezcan a sus propietarios. No son libres de ir a donde quieren sino que viven siempre en un espacio delimitado por quienes se consideran sus dueños. Están confinadas al área que sus explotadores deciden. Todo esto motivado sólo para obtener un beneficio económico. Sin embargo, nos dicen que son gallinas "libres".

Dicen que son "felices" sólo porque pueden respirar aire libre y caminar por la tierra y no las tienen encerradas permanentemente. Es decir, que si alguien nos secuestra pero nos permite dar paseos y respirar aire del campo entonces debemos considerarnos "felices" a pesar de estar sometidos a su voluntad y padecer coacciones y agresiones de forma sistemática.

¿Esto sería "bienestar" o es más bien malestar?

Entre los argumentos que se postulan para demostrar que son "felices" se expone que:
 «Se les puede dar una doble utilidad, para producción de huevos y carne.»
Se supone que ser tratadas así les hace "felices". Quizás el hecho de que les roben sus huevos les hace felices también.  ¿Son felices cuando las degüellan o les retuercen el cuello para matarlas?

¿No sucede tal vez que al realizar esos juicios estaríamos confundiendo nuestro bienestar con el de otros animales? El concepto de "bienestar animal" fue expresamente ideado para beneficiar a los humanos que esclavizan a otros animales, para beneficiar a explotadores y consumidores, y no para beneficiar a los animales.

Debido a que los animales son seres sintientes, se comprendió que la calidad y la eficiencia de la explotación animal dependía también de tener en cuenta que los animales son sujetos que experimentan sensaciones. Ellos tiene experiencias [deseos, emociones, sentimientos] y esas experiencias influyen en su salud mental y física.

Es por esto que Hilda Gladys Arango Londoño, médica veterinaria zootecnista, nos explica en el artículo mencionado al comienzo que la explotación avícola es adaptada:
«con el propósito de brindarles bienestar a las aves, respetar el entorno y permitirles un mejor desarrollo, al ofrecer mayor libertad, para que cumplan su ciclo de vida con la mayor felicidad posible.»
Fijémonos las expresiones "mayor libertad" y "la mayor felicidad posible". Esto quiere decir que su área de movimiento y su grado de bienestar está supeditado a lo que nosotros los humanos toleremos y decidamos en nuestro beneficio y siempre dentro del límite que nos permita obtener un beneficio de su uso como recursos.

Así, no es el animal, en tanto individuo consciente que posee voluntad e intereses propios, la referencia intrínseca para valorar su libertad o su bienestar, sino que es la ganancia económica lo que determina el parámetro. Cuando habitualmente se habla de "libertad" o de "bienestar" no se tiene en mente lo que los animales desean sino que en primer lugar está lo que los humanos desean obtener de ellos a costa de su libertad, su vida y su bienestar.

Sólo nos preocupa si los animales que explotamos sufren de forma extrema pero no nos preguntamos qué legitimidad moral tenemos en este caso para imponerles privación de libertad a otros animales, ni qué razón justificaría que los utilicemos y dañemos en nuestro beneficio.

Si comprendemos que utilizar a otros seres humanos como meros recursos no es moralmente aceptable entonces también podemos comprender que el mismo juicio moral se aplica a otros animales porque ellos son seres sintientes —son individuos que tienen voluntad, intenciones e intereses propios referidos a su propia superviencia y bienestar. La especie no es un criterio que justifique la discriminación en el contexto moral más que lo justificaría la raza o el sexo.

Los animales no tienen ningún interés en ser sometidos ni matados como recursos para que nosotros nos beneficiemos de ello. Ellos no han dado su consentimiento para que los utilicemos. Por tanto, no habría ningún grado de daño o sufrimiento que sea moralmente justificable como consecuencia de usar a otros animales como recursos.

En definitiva, manipulamos el cuerpo de otros animales, los confinamos al espacio que nosotros decidimos para ellos, nos aseguramos que nos obedezcan mediante la coacción y la agresión, los matamos cuando nos conviene para aprovechar sus cadáveres. Todos ellos están sometidos al estatus de propiedad y, por tanto, son literalmente esclavos. 

Pero pretenden hacernos creer que estos animales son "libres" y que son "felices".

¿Cómo es posible llegar a semejante grado de perversidad en el lenguaje en el que libertad y esclavitud se convierten en sinónimos? 

Es inevitable recordar la novela «1984», de George Orwell, en la que el régimen totalitario difundía el lema: "LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD".

Llega un momento en que los que tienen el poder pretenden hacernos creer que el día es la noche y que lo redondo es cuadrado porque es la única forma que tienen de resistir el análisis crítico.

He comprendido que «1984» denuncia todo un sistema de pensamiento que se considera con derecho a distorsionar y manipular, negando toda referencia a una realidad objetiva —negando la lógica y la evidencia. 

He comprendido que este texto no representa para todos la amarga sátira contra el fascismo y el totalitarismo que pretendía su autor sino que para algunos serviría de manual de instrucciones.

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