15 de agosto de 2014

Coetzee y la cuestión del especismo




Estos últimos meses he estado esporádicamente leyendo a J.M Coetzee y me gustaría compartir algunos párrafos que me ha parecido especialmente importantes para animar a todos aquellos que todavía no conozcan a este autor que se acerquen a sus textos. También incluyo algunos extractos de entrevistas y artículos publicados.

Debo reconocer que disfruto más con el Coetzee pensador que con el Coetzee narrador. Algunos de sus ensayos críticos me parecen brillantes en estilo y contenido. En este artículo, como su propio nombre indica, me centraré en sus reflexiones sobre el problema del especismo y la explotación sobre los animales nohumanos.

En estos párrafos de su libro "Los filósofos y los animales", Coetzee reflexiona sobre las conexiones entre el Holocausto y nuestra opresión sobre los animales nohumanos:
«"Como ovejas al matadero” “Murieron como animales.” “Los mataron los carniceros nazis.” En las denuncias de los campos de concentración reverbera tan profusamente el lenguaje de los mataderos y los corrales que ya apenas es necesario que prepare yo el terreno para la comparación que estoy a punto de hacer. El crimen del Tercer Reich, dice la voz de la acusación, fue tratar a las personas como a los animales. 
Permítanme decirlo abiertamente: estamos rodeados por una empresa global de degradación, de crueldad, de matanza, capaz de rivalizar con todo lo que llegó a hacerse durante el Tercer Reich, de dejar todo aquello incluso a la altura del barro, con la peculiaridad de que la nuestra es una empresa sin fin, que se autoregenera y que incesantemente trae al mundo nuevos conejos, ratas, aves de corral y ganado de toda especie con la sola intención de matarlos. 
Y optar por hilar muy fino y sostener que no hay comparación posible, que Treblinka fue, por así decir, una empresa metafísica dedicada tan solo a la muerte y la aniquilación, mientras que las industrias cárnicas están, en definitiva, consagradas a la vida (a fin de cuentas, una vez que mueren sus víctimas, no las incineran ni las entierran, sino que las trocean y las refrigeran y las envasan de modo que puedan ser consumidas cómodamente en nuestros hogares), es tan magro consuelo para tales víctimas como flaco favor habría sido (discúlpenme el mal gusto de lo que voy a decir) pedir a los muertos de Treblinka que disculpasen a sus asesinos porque su grasa corporal era necesaria para fabricar jabón y su cabello para relleno de colchones.»
También critica la legimitidad racional de los cuestionamientos acerca de la conciencia en otros animales. Pues resulta muy cierto que cuando se trata de animales humanos apenas nadie cuestiona que realmente sean conscientes (incluso cuando nos encontramos con casos marginales al promedio establecido, como son los bebés o los discapacitados mentales) pero cuando se trata de otros animales que no son humanos entonces el criterio para reconocerlos como sujetos de repente se torna extremadamente estricto. Esto se puede comprobar perfectamente hoy en día, dado que ahora con más numerosas evidencias claras y razonables que nunca antes en la historia acerca de la sintiencia en otros animales y sin embargo el cuestionamiento (cuando no el puro negacionismo) persiste frente a las evidencias. 

Así lo señala Coetzee: 
«Es muy interesante eso que planteaba. No hay conciencia que podamos reconocer como tal consciencia. No hay conciencia, por lo que hemos llegado a saber, de un yo cargado de historia. Lo que me importa es lo que tiende a aparecer acto seguido. No tienen conciencia, por consiguiente... Por consiguiente, ¿qué? ¿Por consiguiente tenemos entera libertad para utilizarlos en provecho de nuestros fines? ¿Por consiguiente somos libres de matarlos? ¿Por qué? ¿Qué tiene de especial la forma de conciencia que reconocemos para que matar a quien la tenga sea un delito mientras que matar a un animal no merezca castigo alguno? Hay momentos... 
—Y eso, por no hablar de los niños pequeños —apunta Wunderlich. Todos se vuelven a mirarlo—. Los niños pequeños no tienen conciencia de sí mismos, y sin embargo nos parece un delito mucho más aberrante matar a un niño que matar a un adulto. 
—¿Por consiguiente? —dice Arendt. 
—Por consiguiente toda esta discusión sobre la conciencia, sobre si los animales la tienen o no, es una simple cortina de humo. En el fondo, protegemos a nuestros semejantes. Los niños pequeños se salvan, los corderos lechales están condenados.»
Si bien es cierto que esta reflexión parece referirse más bien a la conciencia abstracta o intelectiva que es un fenómeno del pensamiento (pensarse a uno mismo como un ser que en efecto existe). Pero sucede no es necesario poseer inteligencia, o una inteligencia especialmente desarrollada, para constituirnos como seres conscientes en tanto que todos los seres dotados de sensación poseen conciencia sensitiva por el mero hecho de poder sentir. Si alguien experimenta una percepción tiene que haber necesariamente un yo al que la sensación haga referencia. Las sensaciones no se producen en un vacío. Si yo siento un dolor entonces soy yo quien lo siente. Esto es la conciencia básica o el fenómemo neurológico de la subjetividad.

  En "Las vidas de los animales" podemos leer lo siguiente:
«La pregunta que hemos de formularnos no debe ser si tenemos algo en común con los demás animales, sea la razón, la consciencia de uno mismo o el alma (con el corolario de que, si la respuesta es negativa, tenemos todo el derecho a tratarlos como queramos, apresándolos, matándolos, deshonrando sus cadáveres). Regreso a los campos de exterminio. El muy especial horror de los campos, el horror que nos convence de que lo que allí sucedió fue un crimen contra la humanidad, no estriba en que a pesar de la humanidad que compartían con sus víctimas los verdugos las tratasen como a piojos. Eso es demasiado abstracto. 
El horror estriba en que los verdugos se negaran a imaginarse en el lugar de las víctimas, del mismo modo que lo hicieron todos los demás. Se dijeron: “Son ellos los que van en esos vagones para el ganado que pasan traqueteando”. No se dijeron: “¿Qué ocurriría si fuera yo quien va en ese vagón para transportar ganado?”. No se dijeron: “Soy yo quien va en ese vagón para transportar ganado”. Dijeron: “Deben de ser los muertos que incineran hoy los responsables de que el aire apeste y de que caigan las cenizas sobre mis coles”. No se dijeron: “¿Qué ocurriría si yo fuera quemado?”. No se dijeron: “Soy yo quien se quema, son mis cenizas las que se esparcen por los campos”.
Dicho de otro modo, cerraron sus corazones. El corazón es sede de una facultad, la empatía, que nos permite compartir en ciertas ocasiones el ser del otro. La empatía tiene muchísimo — o todo — que ver con el sujeto, y poco o nada con el objeto, el “otro”, tal como apreciamos de inmediato cuando pensamos en el objeto no como un murciélago (“¿Puedo compartir el ser de un murciélago?”), sino como otro ser humano. Hay personas que gozan de la capacidad de imaginar que son otras; hay personas que carecen de esa capacidad (y cuando esa carencia es extrema, los llamamos psicópatas), y hay otras personas que disponen de esa capacidad, pero que optan por no ejercerla.»
Ante la pregunta de si la violencia contra los animales nohumanos está conectada causalmente con la violencia entre los humanos, Coetzee responde:
«No es es una conexión a la que yo dé importancia. En primer lugar, bastantes sociedades pacíficas matan violentamente y a gran escala a animales. En segundo lugar, si vamos a reformar nuestro comportamiento hacia los animales no deberíamos estar haciéndolo por algún segundo motivo, por ejemplo, como la reforma de nuestro comportamiento hacia los miembros de nuestra propia especie.»
Finalmente, dado que la mayor parte de sus escritos se pueden encontrar relativamente fácil en español, termino esta entrada aportando mi traducción de un artículo que Coetzee publicara en un periódico de Sidney (Australia), en el año 2007, exponiendo sus reflexiones nuevamente sobre el problema del especismo y la explotación de los nohumanos:
«Para cualquier persona reflexiva, debería ser obvio que hay algo terrriblemente erróneo en nuestra relación con los demás animales, a quienes consideramos comida. Debería también ser obvio que este error se ha elevado a gran escala durante los últimos 100 o 150 años, en tanto que la explotación tradicional se ha convertido en una industria de producción mecanizada. 
Hay otras maneras en las que el error en nuestra relación con los demás animales se manifiesta (para nombrar dos: el comercio de piel y la experimentación animal) pero la industria para comida, la cual convierte a los animales en productos y subproductos, supera con creces a todas las demás juntas en el número de individuos que que explota.
La gran mayoría de la gente tienen una actitud contradictoria acerca de esta industria: consumen sus productos pero se desagradan y molestan cuando alguien les muestra o les hace pensar en lo que ocurre dentro de las granjas y los mataderos. Por tanto, llevan una vida en la que procuran no pensar en ello y tratan también de que sus hijos vivan en la misma ignorancia deliberada evitando así que sus sentimientos se vean fácilmente conmovidos. 
La transformación de los animales en unidades de producción surge en el siglo XIX, y ya entonces se advertía que había algo profundamente errónea en el hecho mismo de tratar a los otros animales como mercancías.
Este presentimiento se hizo tan fuerte y claro que ya no se pudo simplemente ignorar. Fue entonces cuando, en pleno siglo XX, un grupo de hombres poderosos y sanguinarios en Alemania tuvo la idea de adaptar los métodos de la ganadería industrial, tal y como fue perfeccionada en Chicago, a la matanza (o como ellos la llamaban: procesamiento) de seres humanos.
Por supuesto que nos estremecemos de horror cuando vemos de lo que fueron capaces de hacer. Qué horrible crimen es tratar a seres humanos como ganado: sabíamos que esto sucedería tarde o temprano. Pero nuestra indignación debería ser más precisa: qué terrible crimen es tratar a seres humanos como unidades de producción. Y deberíamos añadir: qué terrible crimen es tratar a cualquier animal como una unidad de producción.
Ahora bien, sería un error idealizar la esclavitud tradicional de animales como el estándar hacia el que la industria de explotación animal debería dirigirse. La explotación tradicional sigue siendo brutal aunque se realice a menor escala. Un mejor criterio para juzgar esas prácticas debería ser un sencillo principio: ¿podemos afirmar que lo que estamos haciendo es realmente humanitario?
Los esfuerzos del movimiento de Derechos Animales (un movimiento que se sitúa en algún punto del espectro moral entre el reformismo del bienestar animal y el radicalismo de la liberación animal) están enfocados a la gente decente que al mismo tiempo sabe e ignora que todo eso es totalmente contrario a nuestra conciencia moral.
Hay gente que dirá: "Sí, es terrible lo que padecen esos animales", pero en seguida añadirán, con un leve encogimiento de hombros, "pero qué le vamos a hacer".
La tarea del movimiento es ofrecer a la gente imaginativas y prácticas opciones que puedan decidirse a escoger después de haber tomado conciencia de cómo viven y mueren los animales esclavizados. La gente necesita saber que hay alternativas a los productos de la explotación animal.
Estas opciones no deben implicar ningún sacrificio a la salud, y no hay razón por las que estas opciones deban ser más costosas.
Aparte, lo que comúnmemente se llaman sacrificios no son sacrificios en absoluto. Los únicos sacrificios en verdad se ejercen sobre los animales no-humanos.
Los niños representan la esperanza. Los niños son de naturaleza empática, y su carácter no ha sido todavía endurecido por años de adoctrinación. Si les damos la oportunidad, los niños ven a través de las mentiras que les bombardean la mente mediante la publicidad ("la vaca que ríe"). Sólo haría falta una visita al matadero para que un niño rechace comer animales. 
Las campañas en favor de los Derechos Animales están organizadas por seres humanos y, por tanto, poseen una característica curiosa: las personas a las que los humanos están ayudando en este caso no son conscientes de lo que otros hacen por ellos y, si consiguen tener éxito, no podrán agradecérselo.
Las campañas en favor de los Derechos Animales son un propósito humanitario de principio a fin.»

26 de julio de 2014

Desinformando sobre veganismo


Debido al auge del veganismo en los últimos años se hace habitual encontrar periódicamente noticias y artículos que mencionan el veganismo en los medios informativos, aunque también en muchas casos aparezcan desinformaciones, cuando no puras calumnias sin fundamento. Mucha gente ha oído hablar de veganismo. Otra cosa es que realmente tengan una noción cabal de lo que significa.

En relación con esto, me gustaría comentar brevemente algunas publicaciones recientes que presentan algunas desinformaciones sobre veganismo. 

La difusión del veganismo se ha extendido tanto que hasta se habla de ello en los 40 Principales. Por desgracia, resulta obvio que asumen el veganismo como si fuera un tipo de dieta. Pero no lo es. Aunque reconocen que una dieta vegana es perfectamente saludable. Confusos están, sin duda, pero mentirosos al menos no son. 

El veganismo no es una dieta, es una ética. A pesar de que constantemente se confunde el veganismo con la aplicación del veganismo en la alimentación (y otros ámbitos de la vida).

El otro día me encontré con una noticia sobre una "boda vegana".

Su única peculiaridad con cualquier otra boda reside en que el menú al parecer estaba libre de sustancias de origen animal. Aunque eso no es del todo seguro puesto que la propia pareja afirmaba que ellos hacen "excepciones con los huevos camperos". Pero eso es como decir que alguien es feminista aunque hace excepciones con las violaciones cometidas sobre mujeres negras. Obviamente no es feminista; sería un violador o alguien que aprueba las violaciones. Quien hace "excepciones" al veganismo no es vegano sino que es un consumidor de la explotación de animales nohumanos.

Seguramente estén confundidos por la errónea suposición de que detrás del consumo de huevos no habría muerte y sufrimiento, especialmente cuando provienen de una explotación "ecológica" o "humanitaria". Pero es una creencia equivocada.

En la noticia se intercambian los términos vegano y vegetariano como si fueran sinónimos. Pero no lo son. Veganismo no es vegetarianismo. El veganismo es el rechazo moral hacia el uso de animales nohumanos. En cambio, el vegetarianismo acepta y promueve la explotación animal. Son completamente antitéticos.

Por tanto, esta pareja no es vegana, sino vegetariana. Pero ellos usan erróneamente el término vegano. Sobre esta distorsión del veganismo ya comenté en un artículo anterior, y a él me remito para no reiterar la misma explicación. Deseo sinceramente que ellos, y todos en general, comprendan la diferencia, y lo que eso implica para los demás animales, y que pronto hagan la transición al veganismo. 

Ahora, como si esto no fuera suficiente, al propietario del restaurante en el que se realizó la susodicha boda no se le ocurre otra cosa que decir lo siguiente: "buena parte del producto utilizado en los platos es orgánico y de producción local, dos aspectos ligados a la filosofía vegana." (?) Pero ¿de dónde se habrá sacado este buen hombre que el veganismo implica consumir orgánico y productos de producción local? ¿Se lo habrá inculcado la pareja de la boda? Decir esto es tan absurdo como afirmar que el feminismo está ligado al consumo de alimentación orgánica y de producción local. ¿Qué diantres tiene que ver? Nada. Igualmente el veganismo no tiene que ver con nada de esto. 

Veganismo significa rechazar éticamente el uso de animales nohumanos y, por tanto, consumir y promover opciones que no impliquen dicho uso. Todo lo demás pertenece a otros ámbitos y categorías que no son intrínsecos al veganismo.

También se puede advertir que el texto está plagado de referencias medioambientales y sobre consumo ecológico. Y aunque tener en cuenta al medio ambiente, y procurar hacer todo lo posible por evitar y reducir la contaminación, es una medida muy razonable y necesaria, esto tampoco se deriva del veganismo. Veganismo y ecologismo no son lo mismo

Los mismos errores y confusiones los vemos en otra noticia que pretende igualmente conectar el concepto de veganismo con "cuidar la salud y proteger el ecosistema". Todo esto último está muy bien pero no es parte intrínseca o necesaria del veganismo. Es otra distorsión del significado del veganismo. 

Por tanto, comprobamos que no sólo es responsabilidad de los periodistas sino de los propios veganos que difunden información errónea o de gente que se califica de vegana para querer significar que en realidad son vegetarianos o simplemente personas que llevan una dieta predominantemente vegetal (ni siquiera totalmente vegetal).

Aquí expongo otro ejemplo difundido por grupos veganos en las redes sociales:

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La imagen claramente lanza el mensaje de que ante un determinado problema de salud la solución es una "dieta vegana", como si eso equivaliera a una dieta saludable que se lleva a cabo por motivos personales de salud. Esto es una distorsión del significado de veganismo.

Es un mensaje erróneo principalmente por dos razones:

Primero; una dieta compuesta exclusivamente de maíz frito podría ser una dieta vegana, aunque no fuera saludable. Una alimentación es vegana en tanto que conlleva el rechazo moral a usar animales nohumanos. No significa necesariamente saludable ni ninguna otra cosa. 
Una dieta vegana (o una dieta simplemente 100% vegetal) no es necesariamente más saludable que una dieta que incluya animales. Todo depende de cómo se lleve a cabo. Podría ser perfectamente al contrario. 

Segundo; una dieta vegana, por definición, sólo la puede llevar alguien vegano. Puesto que vegana significa que se hace por veganismo, es decir, por respeto moral hacia los demás animales como personas. Otra cosa es que alguien no-vegano pudiera llevar circunstancialmente una dieta 100% vegetal que coincide en el contenido con una dieta vegana. Pero vegana no significa sólo que sea 100% vegetal sino que se lleva a cabo por ética hacia los animales nohumanos. Es incorrecto hablar de dieta vegana para denominar simplemente una dieta puramente vegetal o sin sustancias de origen animal.

A menudo se habla coloquialmente, por ejemplo, de "productos veganos" (indicando que no contienen sustancias de origen animal) para abreviar lo que en realidad debería nombrarse como "aptos para veganos".

Insisto: una dieta vegana es aquella que adopta quien rechaza moralmente el consumo de sustancias de origen animal en tanto que considera que los demás animales no deben ser usados como medios para fines humanos. Una dieta vegana puede ser en efecto muy saludable, pero para ser vegana no tiene por qué que ser saludable, sólo tiene que rechazar el consumo de animales nohumanos por motivos éticos.

Además, comer animales no es intrínsecamente dañino para nuestra salud. Los humanos llevan haciéndolo desde hace muchos miles de años y han desarrollado su salud plenamente desde entonces. Millones de humanos que comen animales diariamente están sanos y viven largas vidas. Es empíricamente falso asociar consumo de animales con daño a la salud. No hay pruebas científicas que avalen esa relación causal. Y esto representa otro ejemplo, además, de cómo el tema de la salud humana distrae injustamente la atención sobre la verdadera cuestión a concienciar que es el especismo y la explotación de los animales nohumanos.

Cualquiera puede llevar una alimentación vegana siempre que esté bien planificada. Pero si se planifica mal es entonces cuando pueden surgir los problemas. Sin embargo, entrar a debatir cuál tipo de dieta es más o menos saludable que otras resulta un absurdo moral y una pérdida de tiempo. Ninguna otra opción es éticamente aceptable. Los veganos debemos difundir que el veganismo es viable y realizable en la práctica, sin riesgo para nuestra salud, y que es un deber moral por respeto a los animales nohumanos. Todo lo demás es desviar la cuestión hacia otros temas que no favorecen la difusión del veganismo.

19 de julio de 2014

El negocio animalista


Como ya apuntaba en un ensayo anterior, no podemos hablar correctamente de la existencia de "un movimiento animalista" puesto que dentro del ámbito animalista encontramos varias posturas singulares y diferentes entre ellas, con lo cual habría en realidad varios movimientos animalistas.

Lo que sí podemos es hablar de un negocio animalista. Es decir, hay organizaciones cuyo activismo no está enfocado en concienciar a la sociedad, sino que su propósito es organizar campañas con el objetivo de recaudar dinero para auto-financiarse a sí mismas y que sus miembros dirigentes puedan vivir profesionalmente de esta actividad. Uno de las más conocidos negocios animalistas, y que sirve de modelo para los demás, es PeTA.

¿En qué consiste este negocio? Es bien sencillo. Por ejemplo: ellos te muestran un "acto de crueldad" contra los animales nohumanos, de forma aislada (tauromaquia; matanza de delfines; granjas peleteras;...), con el fin de conmover las emociones del público, y te piden dinero diciendo que ellos ya se encargan de solucionar ese problema. Lo presentan  como un caso de violencia puntual, y no como una consecuencia directa más, entre otras muchas similares, del especismo

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Este negocio no está limitado a unas pocas o determinadas organizaciones, sino que es algo habitual dentro del ámbito animalista. Apenas hay un pequeño movimiento activista de base, con algunos colectivos dispersos e individuos independientes, mientras que la mayoría de activistas se convierten en dóciles y obedientes seguidores de las órdenes que dicta la cúpula de la organización en la que entran, hasta el punto en ocasiones de rozar el fanatismo. Tienen casi todo en común con los partidos políticos oligárquicos y nada que ver con lo que en realidad se supone que serían organizaciones sociales de voluntariado.

El principal fin que tienen estas organizaciones es el de crear un negocio rentable, del cual vivir, aprovechándose de la compasión de la gente. Para conseguir esto tienen que recopilar numerosos socios y donaciones económicas, vendiendo "victorias" y "logros" de prohibiciones o reformas en la explotación de los animales. Pero estas supuestas "victorias" no son más que arreglos superficiales que en nada afectan al problema del especismo y la esclavitud de los nohumanos.

Podría poner muchos, muchos, ejemplos, pero escogeré uno reciente que me parece representativo: la organización denominada Igualdad Animal (IA) publicitaba una supuesta "victoria" alegando que ellos habían conseguido que en la India se prohibiera la importación de foie-gras


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Sin embargo, no hay ninguna prueba objetiva de que sus acciones haya conseguido promover esta medida. El boletín ministerial que ponen como prueba no dice nada al respecto. Y, además, prohibir la importación de foie-gras (paté de hígado de pato o de oca) no implica prohibir la importación de patés hechos, por ejemplo, con los cuerpos de cerdos o de atunes. ¿Nos está queriendo decir IA que está mal utilizar patos (u ocas) para hacer paté con sus hígados pero que en cambio sí estaría bien hacer lo mismo con otros animales?

¿De qué sirve rechazar la compraventa de paté de oca (o de pato) si luego compras o vendes paté de cerdo (o de atún)? Esto no ayuda en nada a los animales esclavizados. Lo único para lo que sirve es para potenciar el consumo de otros productos especistas. Cuando los consumidores no encuentran una determinado producto animal por lo general lo que hacen es consumir a otro animal en su lugar.

Puede que a algunos nos cueste comprender cómo es posible que alguien se crea aquella publicidad engañosa. Pero lo cierto es que esto sucede. Muchas organizaciones animalistas, sobre todo las más conocidas y presentes en los medios informativos tradicionales, practican el engaño de forma sistemática en sus campañas y la mayoría de gente cree ciegamente en lo que dicen, sin más investigación. 

El esquema de actuación es siempre idéntico:

1) Presentan ante la sociedad un caso muy específico y minoritario de violencia contra los animales nohumanos - aislándolo del contexto de opresión especista del que forma parte - y lo denoniman "maltrato" o "crueldad".
2) Afirman que ellos van a solucionar ese problema, o que ya lo han solucionado, mediante alguna regulación o prohibición legal.
3) Te piden dinero para que ellos le pongan remedio y para poder seguir solucionando otros casos similares.
Por supuesto, en realidad toda estas campañas tiene como única finalidad la de conseguir dinero. El 99% de todas las iniciativas que promueven estas organizaciones corporativas es motivar a la gente a que les dé dinero a ellas para poder financiar sus salarios y los gastos que conlleva el mantenimiento de la organización.

Su objetivo, obviamente, no es concienciar contra el especismo ni promover el veganismo. De hecho, más bien provocan el efecto contrario: la gente no se hace consciente de la explotación sistemática y masiva que ejercemos sobre los demás animales y piensa que la violencia contra otros animales es algo puntual y causado por la "crueldad" de unos pocos.

El criterio que determina sus acciones no es llevar a cabo lo que es justo o lo que es efectivo para acabar con la explotación animal; su criterio se basa en hacer aquello necesario para conseguir dinero con el cual mantener económicamente su organización y hacerla crecer. Funcionan con la mentalidad de una empresa comercial. Por eso hacen campañas especistas y promueven la regulación de la esclavitud (y no su abolición). Si una empresa quiere crecer como tal debe adaptarse a los intereses y preferencias de los consumidores, y si estos consumidores tienen una mentalidad especista, y asumen el prejuicio bienestarista, entonces los negocios animalistas les darán productos adaptados a esa mentalidad.

Ellos no te van a hablar de especismo ni te van a pedir que te hagas vegano. No. Porque conseguir la liberación animal no les daría dinero. Por tanto, esto no es un movimiento activista; eso es un negocio a costa de explotar la desgracia de inocentes.

Cuando hablo de organizaciones me refiero a las organizaciones corporativas. Obviamente no hablo de cualquier asociación entre personas o activistas. Estoy hablando en concreto de grupos que adoptan una estructura jerárquica (unos pocos deciden y mandan; mientras el resto obedece) y buscan perpetuarse a sí mismas mediante la recaudación de dinero y la auto-publicidad. Esto no tiene nada que ver con el hecho de que un grupo de individuos se junte a nivel local con el único objetivo de difundir el veganismo.

Que algunas de esas organizaciones hayan supuestamente ayudado a promover algún tipo conciencia sobre el problema de nuestra relación con los demás animales no justifica su existencia. Sobre todo teniendo en cuenta que esa concienciación promueve el prejuicio especista o se realiza bajo un enfoque bienestarista. De hecho, casi todas las organizaciones animalistas han marginado deliberadamente al veganismo y han promovido la idea de que la solución es una esclavitud más "humanitaria".

Nada de esto que expongo es nuevo ni mucho menos, y otros activistas, como Gary Francione, ya denunciaban hace décadas cómo el movimiento animalista se había convertido en el negocio animalista.

¿Qué podemos hacer los veganos ante esto? En primer lugar, no desanimarnos. En segundo lugar, enfocar nuestros esfuerzos en difundir el veganismo tanto a nivel individual como a nivel colectivo con otros activistas.

El veganismo se ha extendido en parte gracias a la existencia de Internet. Es Internet lo que ha permitido que en los últimos 15 años el número de veganos haya crecido exponencialmente y que por primera vez en su historia el veganismo aparezca mencionado, o incluso promocionado ocasionalmente, en los medios de comunicación generalistas. Internet ha supuesto la aparición de un espacio informativo libre, no controlado por las empresas ni por las corporaciones animalistas. (Lo mismo está sucediendo con otros movimientos como el ateísmo).

Es decir, ha sido el activismo independiente (fuera de las organizaciones) - el activismo cibernético, el activismo individual, el activismo de colaboración libre - el que ha conseguido ese progreso. No las organizaciones corporativas. Al contrario, estas organizaciones ponen todo su esfuerzo en acabar con el auge del veganismo y perpetuar el canon bienestarista para evitar que el abolicionismo pueda convertirse en un movimiento mayoritario.

Por último, y por si acaso alguien malinterpretara, debo aclarar algo que me parece obvio: no está en mis palabras, ni es mi propósito, el atacar a nadie - a ninguna persona. Lo que hago que es explicar y denunciar públicamente una serie de acciones y de ideas que considero erróneas y perjudiciales; con la intención de que la gente reflexione sobre ello y voluntariamente decida rechazar lo que está mal. Las organizaciones corporativas - al igual que la industria de explotación animal con la que a menudo tienen complicidad - se sostienen principalmente porque la gente las apoya. Si dejan de apoyarlas, se acabó.

3 de julio de 2014

"Mira, alguien está haciendo lo mismo que hacemos nosotros. ¿No es odioso?"





Al igual que ya sucedió en su momento con Melissa Bachmann y con Juan Carlos de Borbón, entre otros, recientemente se ha vuelto a abrir la polémica por la difusión de unas fotos en las que alguien posa jactancionsamente con animales nohumanos asesinados durante un safari de caza. En esta ocasión, la protagonista resulta ser una tal Kendall Jones. Aunque muchos otros actos de repudio similares no consigan la misma difusión, este tipo de condenas aparecen cada cierto tiempo en las redes sociales. 

A mí no me sorprende que quienes han sido educados en el especismo se comporten de esa forma con otros animales. Lo cual nos engloba a casi todos nosotros. Ese comportamiento es consecuente con la idea de que los demás animales existen para ser utilizados en nuestro beneficio. Lo que sí me resulta chocante que millones de personas en todo el mundo reaccionen contra esos actos de violencia al mismo tiempo que ellos participan en la explotación de animales en su vida diaria. Esto sólo se puede explicar suponiendo que no han pensando la conexión entre lo que hacen diariamente a los demás animales y sus intuiciones morales básicas.

También sucede periódicamente una polémica muy parecida cuando se difunden imágenes del asesinato de delfines en Japón o de la tauromaquia en España. La gente reacciona como si los mataderos no existieran. Como si ellos mismos no dieran dinero todos los días para que otros esclavicen y asesinen a animales inocentes, y luego comerse sus cuerpos y secreciones; y vestirse con trozos arrancados de sus cuerpos mutilados.

Tal y como explicaba el profesor Gary Francione en sus ensayos sobre lo que hizo Michael Vick; no hay diferencia moral alguna entre usar y abusar de los demás animales. Todo uso de otros animales es un abuso, ya que se realiza siempre sin su consentimiento o contra su voluntad. Quienes usan a los animales nohumanos están abusando de ellos, puesto que vulneran sus intereses para poder obtener un beneficio. Hacer lo mismo con seres humanos se considera un crimen, una injusticia, pero no se considera del mismo modo cuando las víctimas son otros animales. Y el único motivo real que se alega para intentar justificar esta diferencia de consideración es: "Nosotros somos humanos y ellos no". Esto es lo mismo que decir: "Nosotros somos blancos y ellos no." O decir: "Nosotros somos hombres y ellas no". 

No hay pues diferencia entre comer animales o salir a cazarlos para divertirse. No hay diferencia entre disfrutar con peleas de perros y disfrutar comiendo animales. No hay diferencia entre obtener placer torturando a gatos y obtener placer por llevar un bolso de piel o una chaqueta de cuero. No hay diferencia porque en todos esos casos estaríamos causando daño, sufrimiento y muerte a otros animales por mero placer. Tenemos la misma necesidad de torturar perros para poder vivir que la de comer vacas. Es decir, ninguna. Participamos en la explotación animal porque nos limitamos a repetir un hábito que se nos ha inculcado y que reforzamos gracias al placer que nos causa. Sin tener en cuenta lo que esto implica a los animales que son utilizados para nuestro beneficio.





Ahora bien ¿por qué este tipo de imágenes provocan tanto odio en quienes hacen lo mismo? Odian a otros por hacer lo mismo que ellos hacen a otros animales cada día. ¿Cómo se explica esto? 

Mi teoría al respecto es que no se trata de una simple imagen, de un mero suceso. Si de verdad creyéramos que los demás animales son meros objetos (pues así es como realmente los tratamos) no reaccionaríamos de forma diferente a cuando vemos como alguien destruye un jarrón o un automóvil. Sin embargo, sabemos que hay una diferencia cualitativa entre un objeto (un mineral o un vegetal) y un sujeto, es decir, un animal sintiente. Y por eso no lo reaccionamos del mismo modo.

Lo peculiar de esta situación es que nos encontramos cara a cara con un espejo en donde nos reflejamos viendo lo que les estamos haciendo a los demás animales: destruimos su libertad y sus vidas por puro placer. Y esto se contradice con nuestras intuciones morales más básicas que nos dicen que está mal causar daño o sufrimiento a otros animales sin necesidad. 

A veces sólo nos damos cuenta del mal que hacemos cuando lo vemos en otras personas fuera de nuestro contexto habitual. 


Al ver estas imágenes es cuando nos damos cuenta de ello, cuando vemos objetivamente a otras personas hacer lo mismo que nosotros, y eso nos provoca la mayor indignación moral de que somos capaces: ver a alguien, de forma deliberada y consciente, provocar sufrimiento y muerte a individuos inocentes por mera diversión. Pero esto es exactamente lo que estamos haciendo cuando consumimos animales, cuando los comemos y nos vestimos con trozos de sus cuerpos. Y no hay nadie con un mínimo de conciencia moral, por muy arraigado que sean sus prejuicios, que no sea capaz de verlo al menos en algún momento. Como ocurre cuando miran esas imágenes. 

28 de junio de 2014

La efectividad de la noviolencia




“La ahimsa [no-violencia] es la mayor y más activa fuerza en el mundo. Una persona que es capaz de expresar ahimsa en vida, ejerce una fuerza superior a todas las fuerzas de la brutalidad juntas.” 
                                                                        ~ Gandhi 
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Antes de entrar a discutir la cuestión que plantea el título me gustaría definir los términos básicos que se analizan en este ensayo.

En primer lugar: ¿qué es la violencia? Para comprender el significado de este concepto me parece pertinente esta definición inspirada en el trabajo de Robert Muchemblet:
"El origen del término «violencia» que aparece a principios del Siglo XIII como una derivación de la palabra latina vis, que significa fuerza o vigor, caracteriza a un ser humano iracundo y brutal, y particularmente define una relación de fuerza destinada a someter u obligar a otro. 
Sin embargo, como bien se señala, se trata de acciones destinadas a someter u obligar a otro, ya sea mediante la fuerza física, o bien a través acciones que dañan, limitan y ponen en riesgo la integridad emocional y física de las personas, y que les impide acceder al ejercicio pleno de sus derechos y libertades fundamentales. 
De ahí que la violencia abarca desde actos extremos como las agresiones físicas que buscan dañar, poner en riesgo o acabar con la vida de una persona, hasta aquellas acciones encaminadas a intimidar, atemorizar, controlar o denigrar, con la finalidad de limitar su libertad de acción y capacidad de decisión; así como todos aquellos actos orientados a obstaculizar el acceso a los recursos materiales e inmateriales para el pleno goce de sus derechos y su desarrollo."

Ahora pues ¿qué sería entonces la noviolencia?

El concepto de la noviolencia se basa en los mismas nociones y valores que fundamentan nuestra moral: igualdad, respeto, empatía, derechos,... La única diferencia es que la noviolencia no acepta que ninguno de esos principios se use como excusa para la violencia. Esto último es lo que le propociona su carácter peculiar.

La noviolencia no debe confundir con la debilidad, la cobardía o el quietismo. A menudo es necesario poseer una gran fortaleza y determinación para no dejarse llevar por la violencia que es innata, aprendida o inculcada. Tampoco debe confundirse con la no-resistencia al mal que proponía Tolstoi, entre otros. La noviolencia ejerce la resistencia ante el mal pero sin recurrir nunca a la agresión. Aquí expongo algunos de los rasgos característicos que, a mi juicio, forman parte del movimiento de la noviolencia:

  • La noviolencia practica formas de acción creativas y noviolentas, como son, por ejemplo: la desobediencia civil, el activismo educacional, y la organización social constructiva.
  • La noviolencia respeta a los partidarios y causantes de la opresión porque reconoce que todas las personas tienen un valor intrínseco. La noviolencia se opone a toda forma de violencia (prejuicios, agresiones,...) ya sea como idea o como acto, pero nunca ataca a la persona misma.
  • La noviolencia se enfoca en las causas de los problemas, más que en las consecuencias. Pretende solucionar los conflictos atendiendo a las raíces que lo nutren y provocan. 

Quienes adscribimos el principio ético de la no-violencia no somos perfectos ni estamos completamente libres de violencia. Tenemos una naturaleza de instinto agresivo, y hemos sido educados en una cultura de la violencia y formamos parte de una sociedad violenta. ¿Cuál es la diferencia pues? Que reconocemos que la violencia está mal, nunca la cometemos de forma deliberada y nos esforzamos por vivir mediante prácticas que sean no-violentas.

Es muy importante resaltar que dentro de la noviolencia se incluye no sólo el abandono de la agresión sino también la renuncia al odio y la mentira

En cualquier caso, no es mi intención discutir el significado o la moralidad de la noviolencia en este ensayo, sino centrarme en su efectividad, en su éxito a la hora de aplicarlo en la práctica.

Yo no apoyo las estrategias violentas tanto por convicciones éticas como por razones prácticas, pues analizo cada ámbito partiendo de criterios distintos. Porque el hecho de que algo sea práctico no equivale a que sea ético; ni el hecho de que algo sea ético lo convierte en eficaz o realizable. Pero en el tema de la noviolencia, resulta que ambas categorías confluyen mucho más de lo que la mayoría de la gente cree. Al igual que sucede con el veganismo.





Según explica Erica Chenoweth, co-autora del libro "Why Civil Resistance Works: The Strategic Logic of Nonviolent Conflict" ["¿Por qué funciona la resistencia civil? La estrategia lógica del conflicto no-violento"]:
"Históricamente, las campañas de resistencia civil han surgido y tenido éxito en muchos tipos diferentes de sistemas políticos, incluyendo dictaduras y régimenes represivos. Ninguna clase de país es inmune a este fenómeno. Sin embargo, las campañas no violentas no tienen éxito sólo por ser no-violentas. Son exitosas porque tienen más probabilidades que las violentas de apelar a sectores cada vez más amplios de la sociedad, lo que les permite construir poder desde abajo."

Las evidencias son claras: las estrategias noviolentas tienen una alta efectividad. Por tanto, no son inútiles ni menos eficaces que las violentas. De hecho, resulta que tienen más éxito y, además, sin las nefastas consecuencias directa e indirectas que tiene la violencia. Sólo la noviolencia puede provocar un cambio profundo de mentalidad. La violencia sólo causa resentimiento y venganza.




A quienes se oponen al progreso moral, les interesa mucho más que sus adversarios usen la violencia para así poder legitimar una reacción violenta contra ellos y acusarles de ser "terroristas" o algo similar. En cambio, una revolución no-violenta les arrebata cualquier excusa para recurrir a la violencia. Y en el caso de que lo hagan, quedan deslegitimados ante la sociedad. 

Tal y como expone Pedro Valenzuela en "La no-violencia como método de lucha", el objetivo de la noviolencia no es sólo conseguir un objetivo material, sino lograr un cambio profundo de mentalidad:
"La recomendación principal es la de distinguir entre el adversario y el conflicto que con él se tiene. Un ejemplo de este principio es la insistencia de Martin Luther King en que la lucha de los negros en Estados Unidos no era contra los blancos sino contra el sistema de dominación de los blancos; es decir, la lucha no era contra quienes cometían injusticias sino contra las estructuras que permitían y reproducían la injusticia. Consistente con la primera admonición y con la concepción del oponente en la perspectiva ética, la segunda recomendación es la de evitar acciones que lleven al oponente a percibir la campaña noviolenta como un ataque personal. El objetivo es ganar la confianza del oponente, lo cual exige transparencia en las intenciones y los planes de acción, abstenerse de humillarlo, mantener la comunicación, realizar sacrificios y demostrar empatía hacia su perspectiva, sus sentimientos y dilemas, al tiempo que se enfatiza la oposición a políticas o estructuras específicas"

Sin embargo, los graves problemas que siguen habiendo en países que gozaron de revoluciones no-violentas (como es el caso de Sudáfrica y algunos países de la ex-URSS) exponen que la noviolencia debe ser asumida como una actividad permanente y no ocasional. 

En su artículo: «Teoría e historia de la revolución noviolenta», Jesús Castañar concluye aludiendo a la necesidad de que la noviolencia sea un movimiento estructural, y no puntual:
"En cualquier caso, las revoluciones noviolentas han demostrado que el  futuro está en nuestras manos, y que dependerá de cómo nos organicemos y de que se tenga claro qué es lo que se quiere para lograr realmente cambios transcendentales, no cesando las movilizaciones con las primeras concesiones del sistema, antes de transformarlo profundamente. Desde luego, los medios (tácticas, estrategias, imaginación) ya están a nuestro alcance, y ya es una cuestión personal creer o no que se abre una nueva era que podemos afrontar con optimismo. Yo prefiero pensar que sí, ya que eso me permite continuar la lucha con más ánimo, pues, sin duda alguna, hará falta mucho ánimo y ale­gría para mejorar el mundo."

El número de personas que apoyan un movimiento es obviamente decisivo para conseguir su éxito, pero ésa es una categoría aparte del tema la noviolencia. El número se refiere a la cantidad y la noviolencia se refiere a la cualidad. Son dos factores distintos. Y ninguno de ellos equivale automáticamente a éxito ni a fracaso.

De todos modos, la cuestión del número es relativa. No necesariamente tiene que haber una mayoría para lograr un verdadero cambio. Algunos estudios apuntan a que una minoría social puede influir de manera decisiva sobre la mayoría y prevalecer su criterio. 

La eficacia de la noviolencia reside, en parte, en el número de gente que la apoye y por eso necesitamos que haya más gente que se involucre en este movimiento y abandone la violencia o la indiferencia.

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20 de junio de 2014

La inteligencia y su relación con el valor moral





Supongamos que una especie superior en inteligencia y nivel tecnológico a la nuestra invadiera la Tierra, nos sometiera, y nos utilizara como alimento, o como recursos para llevar a cabo experimentos científicos sobre nosotros, sin nuestro consentimiento, extirpándonos órganos e inoculándonos sustancias tóxicas para ver nuestra reacción a ellas. Es decir, algo muy similar a lo que hicieron los científicos nazis en los campos de concentración con los judíos.

Esto es exactamente lo que hacemos en nuestro planeta con los perros, ratones, conejos, moscas, primates nohumanos, y muchos otros animales nohumanos, sometidos a nuestra dominación. De ahí que el famoso astrofísico Stephen Hawking advirtiera en contra de los intentos por contactar con inteligencias extrarrestres. Con sus propias palabras: 
"En lugar de tratar de comunicarse activamente con seres alienígenas los humanos deberían hacer todo lo posible por evitar el contacto. [..] Las personas sólo tienen que observarse a sí mismas para darse cuenta de cómo un organismo inteligente puede tornarse en algo que no se quisiera conocer."

Hawking sabe perfectamente que los humanos nos hemos comportado criminalmente con otros humanos y también con los otros animales. Luego es perfectamente razonable suponer que otras especies más inteligentes se aprovecharían de nosotros, al igual que hemos hecho los humanos entre nosotros y con los demás animales.

¿Qué diríamos ante aquella situación? ¿Afirmaríamos que los visitantes extraterrestres tienen derecho a actuar de ese modo puesto que nosotros no pertenecemos a su especie? ¿Estaríamos de acuerdo en que su proceder es justo dado que ellos son más inteligentes que nosotros?

En la medida en que afirmamos que la inteligencia parecida a la humana es moralmente relevante, entonces necesariamente deberíamos aceptar la idea de que otros seres con mayor inteligencia serían moralmente más valiosos que los humanos con menor inteligencia. Así lo plantea el profesor Tom Regan:
´Si el hecho de que ellos [animales nohumanos] pertenezcan a otra especie hace que sea correcto que los matemos o les inflijamos daño, el hecho de que nosotros pertenezcamos a una especie distinta de la suya haría que dejase de estar mal que ellos nos mataran o nos dañaran. "Lo siento amigo - dirían los compatriotas de E.T - pero es que no perteneces a la especie correcta.” Por lo que a nosotros respecta, no podemos quejarnos ni poner ninguna objeción moral si la pertenencia a la especie, además de ser una diferencia biológica, tiene una decisiva importancia moral.´

Millones de indefensos animales sufren y mueren cada año en centros de explotación animal (mataderos, granjas, piscifactorías, laboratorios,...) de todo el mundo. Millones de individuos nohumanos de diversas especies son diariamente esclavizados, castrados, envenenados, infectados con enfermedades y sometidos a cirugía experimental.

Si comprendemos que las diferencias de inteligencia no son relevantes entre seres humanos, también deberíamos poder comprender que esas diferencias son igualmente irrelevantes cuando se trata de otros animales sintientes. 

En lo que concierne a la inclusión en la comunidad moral, la única característica relevante es la sintiencia. ¿Por qué? Porque sólo los seres sintientes poseen identidad. Sólo los seres dotados de sensación tienen conciencia - conciencia de sí mismos y de lo que les sucede. Por tanto, tienen un valor intrínseco que no depende del valor instrumental que puedan tener para otros. Si el razonamiento se basa en la lógica, y la lógica se fundamenta en el principio de identidad, entonces respetar el principio de identidad nos obliga a respetar a los seres que poseen identidad. Una moral racional (igual que una ciencia racional) significa actuar de forma coherente con la lógica. 

Si un ser es sintiente entonces es un sujeto. Si es un sujeto entonces no debe ser tratado como un objeto. Por tanto, es una persona.

Por otra parte, aparte de la cuestión propiamente ética, la discusión sobre si estas prácticas son necesarias desde el punto de vista práctico conduce necesariamente a concluir que no lo son. Es una evidencia demostrable que no necesitamos usar a otros animales para comida, vestimenta, entretenimiento, transporte y otros propósitos. Los utilizamos simplemente por placer, diversión, costumbre o mera conveniencia. Ninguna de estas excusas puede justificar moralmente el hecho de que utilicemos a otros animales. Al utilizarlos no sólo vulneramos su valor intrínseco - al atribuirles exclusivamente un valor instrumental en beneficio de nuestros intereses - sino que también violamos el principio ético de igualdad.

El principio de igualdad, o principio de igual consideración, es un criterio lógico que toda teoría moral debe incorporar para ser mínimamente racional. Este principio nos obliga a tratar de forma igual todos aquellos elementos moralmente relevantes que sean iguales (o muy similares). Por tanto, cuando decimos que todos las personas - todos los seres con valor intrínseco - deben ser considerados de forma igual, nos referimos a que sus intereses básicos (aquellos que son intrínsecos al hecho de sentir) deben ser considerados al mismo nivel puesto que son los mismos intereses.

Cuando condenamos la explotación de seres sintientes, lo hacemos en virtud de los dos principios básicos sobre los que se sostiene la ética: el valor intrínseco y la igualdad.

De todos modos, es pertinente aclarar que la igualdad moral no significa igualitarismo, Por ejemplo, no debemos tratar a todos los humanos exactamente de igual manera en todos los aspectos de la vida. Cuando se trata de cuestiones económicas, consideramos que es más valioso económicamente el trabajo de un cirujano que el de un barrendero, porque consideramos que el primero tiene un mayor valor de utilidad que el segundo en un sentido profesional. 

Pero incluso asumiendo que esta diferente asignación de recursos es legítima, ¿podríamos decir que un barrendero posee "menor" valor moral como individuo que un cirujano en lo concerniente a cuestiones como decidir si es éticamente legítimo usarlo como donante forzado de órganos o como participante no voluntario a un experimento o como comida para otros? Por supuesto que no. Para el fin de ser utilizado exclusivamente como un recurso para otros, ambos son iguales. Porque ambos son sintientes. Independientemente de su nivel de inteligencia, ambos valoran su propia vida y tienen un interés en conservarla y protegerla del daño. El valor moral se refiere exclusivamente a la sintiencia en sí misma, y a ninguna otra característica.

Resulta poco menos que chocante que al mismo tiempo que entendemos que seres humanos que poseen menor nivel de inteligencia que nosotros (bebés, niños, incapacitados, seniles,...) no merecen menos consideración sino que, en todo caso, merecerían más consideración por nuestra parte debido a su situación peculiar, resulte que luego argumentamos en favor de la opresión sobre los animales nohumanos apelando a que ellos son menos inteligentes o a que ellos no se pueden defender de nosotros ("los animales no tienen capacidad de reivindicar sus derechos" se suelen alegar a menudo). Aquí se produce una contradicción cuyo único fundamento real es discriminar arbitrariamente entre quienes somos humanos y quienes no lo son. Esta es la base del prejuicio que denominamos especismo


Por último, ¿qué papel se supone que tendría la inteligencia en relación con la ética? La inteligencia sólo puede ser una característica relevante en lo que se refiere a la agencia moral, es decir: la capacidad de comprender y aplicar reglas morales. Para esto es requisito necesario poseer un determinado nivel o grado de inteligencia. Obviamente no se le puede exigir a nadie que cumpla con determinas normas de conducta si ni siquiera puede comprenderlas e interiorizarlas. Aunque el sentido moral se ha detectado en otros animales, la capacidad moral sólo parece desarrollarse, por lo general, en los humanos adultos. 

A menudo se afirma que la diferencia de inteligencia nos justifica en explotar a los otros animales que no son humanos; pero la verdad es justamente lo opuesto: precisamente porque somos inteligentes en gran medida es por lo que tenemos la obligación moral de respetar a los demás animales. Es decir, tratarlos como personas, y no como objetos.

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11 de junio de 2014

Los insectos son seres sintientes



"Estoy dispuesto a dar al diminuto cerebro de un insecto - siempre que tenga la posibilidad de representar los estados de su cuerpo- la posibilidad de tener sentimientos, de hecho, me sorprendería muchísimo descubrir que no los tienen." 
                                    ~ Antonio Damasio
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¿Hay pruebas objetivas de que los insectos pueden sentir - procesan percepciones subjetivas - y específicamente pueden experimentar emociones? Pues al parecer sí las hay:
"Ralph Greenspan, del Instituto de Neurociencias de San Diego, presentó el mes pasado en Melbourne los siguientes resultados. Cuando un objeto móvil pasa por delante de una mosca, no sólo se activan las áreas cerebrales del insecto que procesan la información visual, sino también otras situadas en su lóbulo frontal (que en la mosca recibe el oprobioso nombre de cuerpo seta, pero que muestra notables parecidos con el lóbulo frontal de nuestro cerebro, donde residen nuestras altas funciones mentales). 
Greenspan hizo después un experimento que podríamos denominar la mosca de Pavlov: cada vez que el objeto pasa por delante de la mosca, Greenspan le inflige al bicho un desagradable choque térmico. Tras repetir esto unas cuantas veces a intervalos regulares, las neuronas del cuerpo seta aprenden a predecir cuándo van a venir mal dadas: de hecho, se disparan medio segundo antes de que pase el objeto (y el choque térmico). 
Greenspan ha podido determinar que ese efecto pavloviano requiere la activación simultánea y coherente de los cuerpos seta y de otros circuitos distantes a los que podríamos llamar emocionales, con perdón: circuitos relacionados con la atención, con la percepción del peligro, con el recuerdo de otras experiencias placenteras o dolorosas. Emociones, vaya."

Respecto de las abejas en particular - uno de los insectos más explotados por el hombre Joan Dunayer nos relata lo siguiente:
"La evidencia es que ellas piensan y sienten. [...] Hay importante evidencia electropsicológica de la conciencia de las abejas. En un experimento, los investigadores mostraron a las abejas una secuencia de luces que aparecían en intervalos regulares. Cuando una luz era omitida (no se emitía en el momento esperado) los cerebros de las abejas mostraron actividad eléctrica inmediata después del momento en el que la luz ordinariamente debería aparecer. En otras palabras, las abejas reaccionaron mentalmente a la ausencia del flash esperado. Con test similares, los humanos tienen reacciones idénticas. Una actividad cerebral semejante ha sido considerada como un indicativo de lo que los investigadores de abejas llaman “conciencia más alta”. Los mismos resultados han sido observados en cangrejos y hormigas. Así, quienes no creen en la conciencia de las abejas ignoran la literatura científica o están cegados por su especismo."
Alguien puede insistir en que no tenemos pruebas totalmente claras y firmes que nos confirmen la sintiencia en los insectos, pero entonces habría que añadir que tampoco las tendríamos respecto de los humanos. Así es. ¿Cómo sabemos que los humanos son sintientes? Sólo podemos tener experiencia directa de nuestra propia sintiencia individual y singular; todo lo demás son deducciones que hacemos a partir de indicios. Aunque quizá sea legítima, sin embargo no sería una duda muy razonable puesto que las evidencias apuntan claramente a que los humanos son seres sintientes. Por los mismos motivos, lo más razonable es suponer que probablemente los insectos sean sintientes.

En su artículo “Consciousness in a Cockroach ["La conciencia en una cucaracha"] Douglas Fox relata lo siguiente:
"Para Nicholas Strausfeld un pequeño cerebro es algo hermoso. En su carrera de más de 35 años, el neurobiólogo de la Universidad de Arizona, campus Tucson, ha observado las pequeñísimas estructuras cerebrales de las cucarachas, insectos de agua, gusanos rojos, algunos camarones, y docenas de otros invertebrados. [...] Strausfeld concluye que los insectos poseen “los cerebros más sofisticados sobre este planeta”."  
Cuando usted considera que las neuronas en sí mismas son sorprendentemente similares en todo el reino animal, todo esto empieza a tener sentido. “Se tiene los mismos blocks de construcción básicos para vertebrados e invertebrados”, dice Strausfeld, “y existen ciertas maneras en que usted puede colocar estos blocks de construcción juntos en los cerebros”. 
“Probablemente lo que requiere la conciencia”, dice Koch de Caltech, “es un sistema suficientemente complicado con una enorme retroalimentación. Los insectos tienen eso.

Este conocimiento debería cambiar nuestra actitud moral respecto de los insectos, dejando de discriminarlos y despreciarlos simplemente por su aspecto o su tamaño. 

Según relata la agencia de noticias BBC Mundo:
"La cucaracha - tan odiada por mucha gente - es un insecto más sofisticado y social de lo que pensábamos, según revela un nuevo estudio.  
Se esconden lejos, al acecho, de forma invisible, en rincones oscuros y grietas. Cuando emergen, se escabullen sin rumbo, a menudo alrededor de nuestras casas, cocinas y en hoteles y restaurantes sucios. 
Terminamos despreciándolas por su comportamiento natural, viéndolas como una plaga que hay que evitar e incluso exterminar. Sin embargo, las cucarachas han sido tratadas a menudo de manera injusta. Al descubrir los secretos de estos escalofriantes insectos, los científicos han visto que son mucho más sofisticados de lo que pensábamos. 
Tras conocer su vida secreta se han dado cuenta de que las cucarachas son en realidad criaturas muy sociales, que reconocen a los miembros de sus propias familias, con diferentes generaciones de una misma familia viviendo juntas. A las cucarachas no les gusta que las dejen solas y sufren problemas de salud cuando lo están."

Aunque no podamos tener una certeza completamente absoluta al respecto, todas las evidencias apuntan con claridad a que los insectos son seres conscientes. Ellos experimentan sensaciones y tienen deseos e intenciones. Por tanto, merecen la misma consideración moral que cualquier otro ser sintiente. Es por eso que deberíamos respetarlos, empezando por no participar en su explotación: miel, jalea, seda, e-120 (ácido carmínico),...

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