23 de noviembre de 2016

«Derechos Animales: Introducción Básica»




Aquí nos encontramos con un texto escrito por el profesor Tom Regan y dirigido al público en general con el fin de explicar de manera muy básica y concisa en qué consiste la idea de los Derechos Animales —exponiendo razones a favor y objeciones en contra— algo que también explicara en otros textos similares. Además de ser un académico destacado, Regan también fue un intenso activista educacional.

En esta ocasión, el profesor Regan pone hincapié en el hecho de que la filosofía de los Derechos Animales —lejos de ser una idea extravagante como a menudo se suele creer prejuiciosamente— resulta ser un pensamiento compatible y convergente con la razón, la ciencia y con los valores morales de nuestra cultura.

El texto original se titula «Animal Rights 101». La expresión "101" se usa en inglés como sinónimo de introducción básica a un tema. Dado que ese término no se usa en el ámbito hispanohablante lo he traducido por una expresión equivalente.

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«Derechos Animales: Introducción Básica»
Los otros animales que los humanos comen, utilizan en ciencia, cazan, atrapan, y explotan de diversas maneras, tienen una vida propia que es importante para ellos independientemente de la utilidad que tenga para nosotros. No sólo están en el mundo sino que son conscientes de él. Lo que les sucede tiene importancia para ellos. Cada uno de esos animales tiene una vida que deviene mejor o peor para quien tiene esa vida. Esa vida incluye una variedad de necesidades biológicas, individuales y sociales. La satisfacción de esas necesidades es fuente de placer; su frustración o abuso es fuente de dolor. Desde este punto de vista fundamental, los animales no humanos recluidos en los laboratorios o en las granjas, por ejemplo, son lo mismo que los seres humanos. Y es por esto que la ética en nuestra relación con ellos, y con el prójimo, debe asumir los mismos principios morales fundamentales.
A su nivel más profundo, la ética humana está basada en el valor independiente del individuo: el valor moral de cualquier ser humano no se determina por lo útil que resulte esa persona en beneficio de los intereses de otros seres humanos. Tratar a seres humanos en formas que no respeten su valor independiente es violar el más básico de los derechos humanos: el derecho de cada persona a ser tratada con respeto. 
La filosofía de los Derechos Animales sólo exige que la lógica sea respetada. Cualquier argumento que explique plausiblemente el valor independiente de los seres humanos implicará que los otros animales poseen el mismo valor, y lo poseen igualmente. Cualquier argumento que explique plausiblemente el derecho de los humanos a ser tratados con respeto implicará que los otros animales deben poseer el mismo derecho, y que lo poseen igualmente también. 
Es una verdad, por tanto, que las mujeres no existen para servir a los varones, ni los negros existen para servir a los blancos, ni los pobres existen para servir a los ricos, ni los débiles existen para servir a los poderosos. La filosofía de los Derechos Animales no sólo acepta estas verdades, sino que se fundamenta y se justifica en ellas. 
Pero esta filosofía va más allá. Al insistir en que se fundamenta y justifica en el valor independiente y los derechos de los otros animales, esto proporciona razones moralmente imparciales y científicamente informadas para denegar que esos animales existan para servirnos a nosotros. 
Una vez que comprendemos esta verdad, resulta fácil comprender por qué la filosofía de los Derechos Animales es inflexible en su respuesta a todas y cada una de las injusticias que los otros animales están padeciendo. 
No son jaulas más grandes y más limpias lo que la justicia exige en el caso de los animales usados, por ejemplo, para la ciencia, sino jaulas vacías; no es la ganadería "tradicional", sino el fin completo del comercio con los cuerpos de los animales; no es una caza "más humanitaria" sino que es la total erradicación de estas prácticas salvajes. 
Cuando la injusticia es absoluta, uno debe oponerse a ella de forma absoluta. No es la esclavitud "reformada" lo que exige la justicia, no es el trabajo infantil "reformado", o la opresión "reformada" sobre las mujeres. En cada uno de estos casos, la abolición es la única respuesta moral. Reformar la injusticia es prolongar la injusticia. 
La filosofía de los Derechos Animales exige la misma respuesta —la abolición— para la injusta explotación de los otros animales. No son los detalles de esta injusta explotación lo que debe ser cambiado. Es la injusta explotación en sí misma la que debe ser finalizada, ya se produzca en una granja, en un laboratorio, o en un bosque. La filosofía de los Derechos Animales no pide nada más, pero nada menos que esto puede satisfacerla.

Diez argumentos EN FAVOR de los Derechos Animales y su explicación
1. Racional
2. Científica
3. Desprejuiciada
4. Justa
5. Compasiva
6. Generosa
7. Realizadora
8. Socialmente progresiva
9. Ecológicamente responsable
10. Pacifista
1. La filosofía de los Derechos Animales es racional
Explicación: No es racional discriminar arbitrariamente. Y la discriminación contra los animales no humanos es arbitraria. Está mal tratar a los seres humanos más débiles, especialmente a aquellos cuya inteligencia es considerada como inferior al promedio normal, como "herramientas" o "recursos renovables" o "modelos" o "mercancías". No puede ser correcto, por tanto, tratar a los otros animales como si fueran "herramientas", "modelos" y cosas por el estilo, si su psicología es tan rica —o mayor que— la de aquellos humanos. Pensar de otra manera es irracional.
"Describir un animal como un sistema físico-químico de extrema complejidad, es sin duda perfectamente correcto, excepto porque desaparece la "animalidad" del animal." - E.F. Schumacher
2. La filosofía de los Derechos Animales es científica 
Explicación: La filosofía de los Derechos Animales es respetuosa con nuestra mejor ciencia en general y con la biología evolutiva en particular. Esta última enseña, en palabras de Darwin, que los humanos difieren de muchos otros animales "en grado", no en género. Aparte de la cuestión sobre dónde trazar la línea, es obvio que los animales usados en laboratorios, criados para comida y cazados por placer, por ejemplo, son psicológicamente similares a nosotros. Esto no es fantasía, esto es un hecho, probado por nuestra mejor ciencia.
"No existen diferencias fundamentales entre los humanos y los grandes mamíferos en sus facultades mentales." - Charles Darwin 
3. La filosofía de los Derechos Animales es imparcial
Explicación: Los racistas son personas que piensan que los miembros de su raza son superiores a los miembros de otras razas simplemente porque dichos miembros pertenecen a su [la "superior"] raza. Los sexistas creen que los miembros de su propio sexo son superiores a los miembros del sexo opuesto simplemente porque los primeros pertenecen a su propio ["el superior"] sexo. Tanto el racismo como el sexismo son paradigmas de injustificable intolerancia. Las diferencias raciales y sexuales son biológicas; no son diferencias morales. Lo mismo vale para el especismo —la idea de que los miembros de la especie Homo sapiens son superiores a los miembros de todas las demás especies simplemente porque los seres humanos pertenecen a su propia ["la superior"] especie. En realidad, no hay especies "superiores". Pensar de otra manera implica ser no menos prejuicioso que los racistas o los sexistas.
"Si puedes justificar matar para comer carne, puedes justificar las condiciones del gueto. Yo no puedo justificar ninguna de las dos." - Dick Gregory
4.  La filosofía de los Derechos Animales es justa 
Explicación: La justicia es el principio mas elevado de la ética. No estamos legimitados en cometer o permitir injusticias para conseguir algo bueno; no estamos legitimados en violar los derechos de unos cuantos para que la mayoría pueda beneficiarse. La esclavitud permite esto. El trabajo infantil permite esto. La mayoría de los ejemplos de injusticia social permiten esto. Pero no la filosofía de los Derechos Animales, cuyo principio más elevado es el de la justicia: Nadie tiene derecho a beneficiarse como resultado de la violación de los derechos de otro, tanto si el "otro" es un ser humano o u otro animal.
"Las razones para la intervención legal en favor de los niños se aplica con la misma fuerza en el caso de estos desafortunados esclavos —los [otros] animales". John Stuart Mil
5. La filosofía de los Derechos Animales es compasiva  
Explicación: Una vida humana completa requiere sentimientos de empatía y simpatía —en una palabra, compasión— para las víctimas de las injusticias —sean las víctimas humanas u otros animales. La filosofía de los Derechos Animales solicita, y su aceptación promueve el crecimiento de, la virtud de la compasión. Esta filosofía es, en palabras de Lincoln, "el camino para ser un humano completo."
"La compasión en la acción puede ser la gloriosa posibilidad que podría proteger a nuestro multitudinario contaminado planeta". - Victoria Moran
6. La filosofía de los Derechos Animales es altruista  
Explicación: La filosofía de los Derechos Animales exige un compromiso para servir a quienes son débiles y vulnerables —aquellos que, ya sean humanos u otros animales, carecen de la habilidad para hablar y defenderse por sí mismos, y quienes necesitan de protección contra la avaricia y insensibilidad humana. Esta filosofía requiere este compromiso, no porque sea de nuestro propio interés el darlo, sino porque es correcto hacerlo así. Esta filosofía por tanto hace un llamamiento a, y su aceptación promueve el crecimiento de, la labor altruista. 
"Necesitamos una filosofía moral en la que el concepto de amor, tan raramente mencionado hoy en día por los filósofos, pueda ser central una vez más". - Iris Murdoch
7. La filosofía de los Derechos Animales favorece la realización personal
Explicación: Todas las grandes tradiciones en la ética, tanto religiosas como seculares, enfatizan la importancia de cuatro cosas: conocimiento, justicia, compasión, y autonomía. La filosofía de los Derechos Animales no es una excepción. Esta filosofía enseña que nuestras elecciones deberían basarse en el conocimiento, deberían ser expresivas de la compasión y la justicia, y deberían decidirse libremente. No es fácil lograr estas virtudes, o controlar las inclinaciones humanas hacia la avaricia y la indiferencia. Pero una vida humana completa es imposible sin ellas. La filosofía de los Derechos Animales reinvindica, y su aceptación promueve el crecimiento de, la realización personal.
"La humanidad no es un precepto externo muerto, sino que se trata de un impulso vivo del interior; no es un autosacrificio, sino una autorealización personal". - Henry Salt
8. La filosofía de los Derechos Animales es socialmente progresiva
Explicación: El mayor impedimento para la prosperidad de la sociedad humana es la explotación de otros animales a manos humanas. Esto es cierto en el caso de dietas no saludables, en la confianza habitual en el "modelo animal" en la ciencia, y en las muchas otras formas que la explotación animal adopta. Y esto no es menos verdadero en la educación y la publicidad, las cuales ayudan a reprimir la psique humana frente a las exigencias de la razón, la imparcialidad, la compasión y la justicia. En todos estos caminos —y otros más— las naciones quedan profundamente atrasadas porque fallan en servir a los verdaderos intereses de sus ciudadanos.
"La grandeza de una nación y su progreso moral pueden juzgarse por la manera en que trata a sus animales". - Gandhi
9. La filosofía de los Derechos Animales es ecológicamente responsable 
Explicación: La mayor causa de la degradación medioambiental, incluyendo el efecto invernadero, la contaminación del agua, y la pérdida de la tierra cultivable, por ejemplo, puede encontrar su origen en la explotación de los animales. Este mismo patrón se repite a lo largo del amplio abanico de problemas medioambientales, desde la lluvia ácida y la acumulación de residuos tóxicos en el mar, a la contaminación del aire y la destrucción del hábitat natural. En todos estos casos, actuar para proteger a los animales afectados —quienes, después de todo, son los primeros en sufrir y morir por causa de esas enfermedades medioambientales— es actuar para proteger la tierra.
"Hasta que establezcamos un compasivo sentido de parentesco entre nuestra propia especie y aquellos mortales compañeros que comparten con nosotros el sol y la sombra de la vida sobre este agonizante planeta, no habrá esperanza para otras especies, no habrá esperanza para el medioambiente, y no habrá esperanza para nosotros mismos." - Jon Wynne-Tyson
10. La filosofía de los Derechos Animales es amante de la paz 
Explicación: La exigencia fundamental de la filosofía de los Derechos Animales es tratar a los humanos y a los otros animales con respeto. Esto requiere que no dañemos a alguien sólo porque nosotros mismos u otros podamos beneficiarnos. Esta filosofía por lo tanto es totalmente opuesta a la agresión militar. Es una filosofía de paz. Pero es una filosofía que extiende la exigencia de paz mas allá de los límites de nuestra especie. Existe una guerra que se produce todos los días contra millones de animales no humanos. Estar verdaderamente a favor de la paz es estar firmemente en contra del especismo. Es ilusorio creer que puede haber "paz en el mundo" si no podemos traer paz a nuestra relación con los otros animales.
"Si por algún milagro en toda nuestra lucha la tierra se salva del holocausto nuclear, sólo la justicia de cada organismo viviente salvará a la humanidad". - Alice Walker 

10 argumentos CONTRA los Derechos Animales y sus réplicas 
1. Equiparas a los animales y a los humanos 
2. Derechos: Humanos vs. Animales 
3. Vegetales vs. Animales 
4. Dónde establecer la línea 
5. Experimentar dolor 
6. Animales respetando nuestros derechos 
7. La dominación sobre los otros animales 
8. Almas inmortales 
9. Sobrepoblación animal 
10. Otros problemas

1. Estás equiparando a los animales con los humanos, cuando, de hecho, los humanos y los animales difieren considerablemente.
Réplica: No estamos diciendo que los humanos y los animales sean iguales en todos los aspectos. Por ejemplo, no decimos que los perros y los gatos hagan matemáticas, o que los cerdos y las vacas disfruten con la poesía. Lo que decimos es que, al igual que los humanos, muchos otros animales son seres con una mente, que experimentan su propio bienestar. En este sentido, somos lo mismo. En este sentido, por tanto, a pesar de nuestras diferencias, somos iguales.
"Todos los argumentos usados para probar la superioridad del hombre no pueden obviar este hecho demostrado: en el sufrimiento, los animales son nuestros iguales." - Peter Singer
2. Estás diciendo que cada humano y cada animal tienen los mismos derechos, lo cual es absurdo. Los pollos no pueden tener el derecho a votar, así como los cerdos no pueden tener derecho a la educación universitaria.  
Réplica: No estamos diciendo que los humanos y los otros animales tengan siempre los mismos derechos. Ni siquiera todos los humanos tienen los mismos derechos. Por ejemplo, la gente con una grave discapacidad mental no tiene derecho a la educación universitaria. Lo que decimos es que estos y otros humanos comparten un derecho moral básico con los otros animales —el derecho a ser tratado con respeto.
"Es el destino de toda verdad ser objeto de ridiculización la primera vez que es proclamada". - Albert Schweitzer
3. Si los animales tienen derechos, entonces también lo tienen lo vegetales, lo cual es absurdo.
Réplica: Muchos animales son como nosotros: ellos poseen un bienestar psicológico propio. Al igual que nosotros, estos animales tienen el derecho a ser tratados con respeto. Por otro lado, no hay una razón, especialmente una razón científica, para pensar que las zanahorias y los tomates, por ejemplo, tengan alguna clase de experiencia mental del mundo. Al igual que el resto de vegetales, los tomates y zanahorias carecen de un cerebro o de un sistema nervioso. Debido a esta carencia, no hay razón para creer que los vegetales sean seres conscientes, con la capacidad de experimentar, por ejemplo, placer y dolor. Es por esta razón que podemos afirmar racionalmente que los animales tienen derechos pero que los vegetales no los tienen.
"La cuestión de los Derechos Animales depende sólo del requisito de la sintiencia." -  Andrew Linzey
4. ¿Dónde estableces la línea? Si los primates y los roedores tienen derechos, entonces las babosas y las amebas también los tienen, lo cual es absurdo.
Réplica: A menudo no es fácil saber exactamente donde "establecer la línea". Por ejemplo, no sabemos exactamente en qué momento alguien se convierte en viejo, o cuanto de alto debe ser alguien para ser alto. Sin embargo, podemos decir, con cierta certeza, que alguien de ochenta y ocho años es viejo, y que una persona que mida dos metros es alta. De forma similar, no podemos decir exactamente donde establecer la línea cuando se trata de saber qué animales tienen una mente. Pero podemos afirmar, con absoluta certeza, basándonos en fundamentos científicos, que los primates y los roedores son seres conscientes. En cambio, no podemos decir lo mismo de las babosas y las amebas, lo cual no significa que podamos destruirlas sin razón.
"En la relación de los humanos con los otros animales, con las flores, con los otros objetos de la creación, existe una ética global que apenas se ha descubierto." - Victor Hugo
5. Pero seguramente algunos animales que pueden experimentar dolor no tienen una identidad psicológica. Dado que estos animales no tienen un derecho a ser tratados con respeto, la filosofía de los Derechos Animales conlleva que podemos tratarlos como nos parezca oportuno. 
Réplica: Es cierto que algunos animales, como las ostras y las gambas, podrían experimentar dolor pero carecer de otras capacidades mentales. Si esto es cierto, entonces carecen de algunos de los derechos que poseen otros animales. Sin embargo, no hay una justificación moral para causarles dolor, si es innecesario hacerlo. Dado que los humanos no necesitamos consumir gambas, ostras y otros animales similares, o utilizarlos en cualquier otro modo, no puede haber una justificación moral para infligirles el dolor que implica inevitablemente el hecho de utilizarlos.
"La cuestión no es ´¿Pueden hablar?, ni ´¿Pueden razonar?´ni ´¿Pueden hablar?, sino que es ´¿Pueden sufrir?´." - Jeremy Bentham
6. Los animales no respetan nuestros derechos. Por tanto, los humanos no tenemos la obligación de respetar sus derechos. 
Réplica: Hay muchas situaciones en las que un individuo que tiene derechos no es capaz de respetar los derechos de otros. Esto sucede así en el caso de los bebés, los niños, los discapacitados mentales y los ancianos seniles. En estos casos no podemos decir que está bien tratarlos sin respeto porque ellos no estén capacitados para respetar nuestros derechos. Al contrario, reconocemos que tenemos un deber a tratarlos con respeto, aunque ellos no puedan tener el deber de tratarnos en la misma forma.
Lo que es cierto en estos casos que involucran bebés, niños, y los otros humanos mencionados, no es menos cierto cuando se trata de los otros animales. Estos animales no tienen el deber de respetar nuestros derechos. Pero esto no anula ni disminuye nuestra obligación de respetar sus derechos.
"Llegará un tiempo en que la gente verá el asesinato de los animales así como ve el asesinato de seres humanos" - Leonardo Da Vinci
7. Dios nos otorgó a los humanos el dominio sobre los otros animales. Así que podemos hacerles lo que queramos, incluyendo el comerlos.
Réplica: No todas las religiones presentan a los humanos como poseedores de un "dominio" sobre los otros animales, e incluso entre aquellas que lo hacen, la noción de "dominio" debe ser entendida como una ocupación altruista, no como un poder egoísta. Los humanos deberían ser tan amorosos con toda la creación al igual que lo fue Dios al crearla. Si amamos a los animales en la misma manera en que eran amados en el Jardín del Edén, no los comeremos. Aquellos que respetan los derechos de los animales están encaminados en regreso al Edén —un camino de regreso hacia el apropiado amor por la creación de Dios.
"Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os servirán para comer." - Genesis 1:29
8. Sólo los humanos tienen almas inmortales. Esto nos da el derecho a tratar a los otros animales como queramos.
Réplica: Muchas religiones enseñan que todos los animales, no sólo los humanos, tienen almas inmortales. Sin embargo, incluso si sólo los humanos fueran inmortales, esto sólo demuestra que podemos vivir para siempre mientras que los otros animales no pueden. Este hecho —en el caso de que fuera un hecho— debería acrecentar, no disminuir, nuestra obligación de asegurarnos que la única vida que tienen los otros animales pueda ser todo lo larga y buena que fuera posible.
"No hay religión sin amor, y cuando la gente habla sobre religión pero no enseña a ser bueno y compasivo con los animales al igual con que los humanos entonces se convierte en una farsa." - Anna Sewell
9. Si respetamos los derechos de los animales, y no los comemos ni los explotamos en cualquier otra forma, entonces ¿qué se supone que haremos con ellos? En poco tiempo estararían invadiendo nuestras calles y hogares. 
Réplica: Alrededor de cuatro mil o cinco mil millones de animales son criados y matados para servir de comida cada año, sólo en los Estados Unidos de América. El motivo para esta cifra tan elevada es simple: hay muchos consumidores que demandan grandes cantidades de cadáveres de animales. Es la demanda de los consumidores lo que provoca la industria de explotación animal. 
Sin embargo, para cuando la filosofía de los Derechos Animales haya triunfado, y la gente haya dejado de comer animales, no debemos temer que haya millones de vacas y cerdos correteando por nuestras calles y casas. Una vez que desaparezca el incentivo económico para criar animales, esos millones de animales ya no existirán. Y el mismo razonamiento se aplica a los otros casos —como es, por ejemplo, la cría de animales para investigación. Cuando la filosofía de los Derechos Animales prevalezca, y este uso de animales haya cesado, el incentivo económico para la cría de animales habrá cesado también.
"El peor pecado hacia nuestras criaturas semejantes no es el hecho de odiarlas sino de ser indiferente a ellas. Esto es la esencia de la humanidad." - George Bernard Shaw
10. Aunque los otros animales tengan derechos morales que deban ser protegidos, hay otras cuestiones más importantes que requieren de nuestra atención: el hambre en el mundo, el abuso infantil, el racismo, las drogas, la violencia contras las mujeres, y la situación de los sinhogar. Después de habernos ocupado de estos problemas entonces podremos preocuparnos de los derechos de los animales.
Réplica: El movimiento por los Derechos Animales se integra con, y no se segrega de, los Derechos Humanos. La misma filosofía que fundamenta y defiende los derechos de los animales no humanos también fundamenta y defiende los derechos de los seres humanos.
En realidad, a nivel práctico, la elección que afronta la gente no es entre ayudar a los humanos o ayudar a los otros animales. Podemos hacer ambas cosas. Por ejemplo, la gente no necesita comer animales para ayudar a los sinhogar, de la misma manera que tampoco necesitan usar cosméticos hechos con animales para ayudar a los niños. De hecho, la gente que respeta los derechos de los animales, no consumiéndolos, se encontrará más saludable, por lo que estarán más capacitados para ayudar a los humanos.
"Estoy a favor de los derechos de los animales tanto como estoy a favor de los derechos de los humanos. Es la manera de ser un humano completo." - Abraham Lincoln
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16 de noviembre de 2016

Nueva revisión sobre el lenguaje




Antes de nada, debo confesar que padezco el molesto hábito de revisar continuamente todas mis ideas —y las de otros— a la luz de la razón y la evidencia. Sé que esto resulta escandaloso e incomprensible para muchos. Pero yo no puedo aceptar creencias de cualquier tipo sin someterlas a un escrutinio permanente de acuerdo a la lógica y a los hechos. Esto implica la posibilidad de modificarlas o suspenderlas o anularlas si no pasan el examen racional. Por supuesto que esto no me salva a mí, ni a nadie que hiciera lo mismo, de creer en cosas erróneas. Debido a que todos estamos siempre sujetos a la posibilidad de error es por lo que me parece imperativo que analicemos todas nuestras creencias sin excepción para comprobar su validez.

Es necesario que señale ese punto porque en este artículo pretendo corregirme a mí mismo en parte.

He dedicado varias entradas al tema del lenguaje. La reflexión sobre el lenguaje es una tema recurrente en filosofía, ya que el lenguaje es la única manera de expresar los conceptos que maneja la filosofía. En el siglo XX, la reflexión sobre el lenguaje ocupó un puesto predominante gracias a la corriente analítica y al trabajo de pensadores como Ludwig Wittgenstein.

En mi artículo «Lenguaje y Especismo», que escribí hace ahora siete de años, analicé la influencia del especismo en el lenguaje. En ese artículo concluyo, entre otras cosas, que decir animales para referinos a los animales no humanos es una forma errónea de expresión, porque esa división tiene un origen especista y contradice la ciencia, la cual establece que los humanos son un tipo de animales y son no una categoría separada de los animales. Bien, ya no estoy acuerdo con esta conclusión. He revisado el razonamiento y he llegado la conclusión de que mi juicio no era del todo correcto. Ahora explicaré por qué he cambiado de parecer.

Los presupuestos de los que partía aquel razonamiento me siguen pareciendo correctos: [1] aquella división lingüística tiene un origen especista y [2] no concuerda con la ciencia. Esto sigue siendo acertado. Ahora bien, a partir de estas dos premisas no se puede derivar lógicamente un rechazo al uso del término animales como sinónimo de animales no humanos. 

En la primera premisa, estaba cometiendo una falacia genética, que consiste en valorar un elemento atendiendo a su pasado originario, antes de que el elemento existiera como tal, en lugar de valorar el elemento como entidad singular que existe en el presente y tiene su propia historia. El hecho de que la expresión "animales", como sinónimo de no-humanos, naciera por causa de un pensamiento especista no equivale necesariamente a que la expresión en sí misma sea especista. Hay que valorar la expresión en sí misma, por lo que significa, y no sólo por la causa anterior que la originara.

En la segunda premisa, estaba cometiendo un error categorial al creer que el lenguaje coloquial debe ajustarse o coincidir necesariamente con el lenguaje científico. Esto no tiene por qué ser así. Son categorías diferentes. No existe en realidad tal cosa como "el lenguaje" sino que existen lenguajes que son diferentes y adaptados a cada ámbito de la vida. El uso coloquial del lenguaje no equivale al uso científico del lenguaje. Son dos contextos diferentes. Esto no significa que la coloquialidad justifique contradecir la ciencia. Sólo significa que el uso coloquial no sigue el mismo patrón de rigurosidad y exactitud que el lenguaje científico, y es un uso en el que prevalece la economía y la sencillez de expresión como prioridades.

Esta teoría sobre la diversidad de lenguajes obviamente no es mía sino que remonta por lo menos al trabajo de Ludwig Wittgenstein. Así lo explica James Robinson en su artículo «Wittgenstein, Sobre El Lenguaje»:
«Wittgenstein afirmó que su concepción del lenguaje en el Tractatus era demasiado general, demasiado estrecha y demasiado esencialista. El lenguaje opera de diferentes maneras; intentar reducir el lenguaje a esencias que obedecían sólo una clase de lógica era, finalmente, una idea errónea y distorsionante sobre cómo el lenguaje opera en la realidad.»
«En pocas palabras, Wittgenstein rechazó su anterior idea de que las palabras se entienden por lo que designan en la realidad, ya sea como referentes empíricos o representaciones pictóricas en la mente. Wittgenstein no cree ya que exista una estructura lógica del lenguaje (y del pensamiento), que corresponda a la estructura lógica del mundo de modo directo. Por el contrario, el uso del lenguaje implica el uso de numerosos tipos de estructuras, de modo que el significado de una palabra o enunciado depende del contexto en el cual es usada. Como sucintamente lo dice Wittgenstein “el significado de una palabra es su uso en el lenguaje”
Mi explicación se basa en reconocer una división contextual en el lenguaje basada en diferentes niveles, ya sea el nivel científico, filosófico, coloquial, u otros.

Cuando decimos "animales" específicamente para referirnos a los animales no humanos no estaríamos expresándonos de forma incorrecta ya que ese término es el que se usa en coloquialidad para referirnos a los animales no humanos. Se trata de una cuestión de economía del lenguaje, que es el principio que rige el lenguaje coloquial, pero que no rige igual en el lenguaje científico.

En la ciencia, la división tripartita de los elementos de la naturaleza entre minerales, vegetales y animales ya no está vigente. En la actualidad, los seres vivos se dividen en cinco reinos. Sin embargo, esto es irrelevante para el nivel coloquial. ¿Por qué? Porque el nivel de la realidad que manejamos en el lenguaje coloquial no necesita de esa nueva división.

En el lenguaje coloquial llamamos vegetal a cualquier ser vivo que no sea un animal. Y también llamamos animal a cualquier ser vivo que pueda sentir, aunque la clasificación científica de los animales no se base en la sintiencia. En filosofía tampoco usamos los términos del mismo modo que en la ciencia. Así, el error consiste en confundir el nivel científico con el nivel coloquial del lenguaje. La expresión coloquial no coincide con la científica, pero, en este caso, esto no afecta a la comprensión ni a la lógica del significado que se pretende expresar.

Es conocido el postulado de Guillermo de Ockham acerca de la simplicidad explicativa; el cual dice así:
Pluralitas non est ponenda sine necessitate  
«La pluralidad no se debe postular sin necesidad.»
No veo por qué no respetar este principio en el lenguaje. Si la ciencia necesita ampliar la división ontológica más allá de la división mineral/vegetal/animal es correcto que lo haga. Pero si nuestra vida cotidiana no lo necesita entonces no hay que razón que justifique obligar al abandono de la división tradicional si ésta resulta operativa. El uso coloquial no niega la ciencia; sólo funciona a otro nivel.

A nivel coloquial, el lenguaje funciona basado en el principio de economía, y es correcto que sea así aunque no coincida con la clasificación científica. Esto se aplica para la distinción entre humanos y animales; y para la distinción entre animales y vegetales. Es por esto que a nivel coloquial no sería erroneo ni especista decir "animales" para referirnos específicamente a los animales no humanos. Lo mismo se aplica a expresiones como "explotación animal" o "productos animales" o "productos de origen animal" y similares.

Debo aclarar, por si acaso, que no estoy apelando a la tradición como argumento. No estoy diciendo que el uso sea el correcto porque es el tradicional y porque es el tradicional debe ser el correcto. Si menciono que determinado uso coloquial es tradicional, lo señalo sólo como característica descriptiva; no argumentativa. A nivel coloquial sería correcta la expresión tradicional que diferencia entre animales y humanos, pero no es correcta porque sea tradicional sino porque es operativa a nivel coloquial. 

Es por todo esto por lo que he cambiado de forma de pensar sobre este punto. No creo estar haciendo ninguna concesión al especismo. Sólo estoy reconociendo que los mismos términos pueden significar de forma diferente según el uso contextual.

Estoy de acuerdo con Igor Sanz en que debemos cuidar el lenguaje, porque el lenguaje conlleva ideas implícitas a los términos, pero yo no considero que el lenguaje establezca nuestra forma de pensar o nuestra forma de ver la realidad. El lenguaje es una mera herramienta del pensamiento y el pensamiento existe y funciona de forma independiente a él. Cuando nos encontramos con nuevas realidades creamos nuevas palabras para describirlas.

No hay evidencia de que las palabras sean las que determinen nuestra forma de ver el mundo. No son las palabras las que modelan nuestra forma de pensar. En realidad son las categorías y los conceptos, a través de los que juzgamos los hechos materiales, los que vertebran nuestra mente. Las palabras se asocian a ideas y a experiencias, y surgen nuevas palabras para denominar a las nuevas realidades que conocemos. 

En un principio pensé corregir aquel artículo que mencionaba al comienzo, pero me di cuenta de que eso no sería honesto, porque no se trataba de un mero error de escritura o de expresión, sino que era un cambio en mi pensamiento sobre este asunto. Así que decidí escribir esta nota al respecto. Además, siempre cabe la posibilidad de que me equivoque, y es mejor conservar diferentes perspectivas sobre una misma controversia para poder contrastarlas entre sí y seguir revisando las ideas.

Antes de cualquier debate debemos asegurarnos de que usamos los términos en el mismo sentido, o de lo contrario no podremos entendernos correctamente.

1 de noviembre de 2016

Entrevista a Donald Watson

Donald Watson leyendo una copia del primer boletín de la Vegan Society

Me parece que ésta fue la última entrevista que concedió Donald Watson. En realidad se trata de una versión abreviada de una entrevista mucho más larga que se puede leer aquí en inglés. La publiqué en Facebook en el año 2010 —no recuerdo por qué no la publiqué también en el blog— y había estado reposando en una página web de otra persona hasta que me la volví a encontrar de nuevo y pensé que debía compartirla aquí. Quizás para el año que viene traduzca la entrevista entera, que es bastante larga, aunque ya sabemos que el interés por la lectura de un texto suele ser inversamente proporcional al tamaño de su extensión.

Lo cierto es que esta misma entrevista ha sido traducida y publicada en otras páginas por Internet pero debo señalar que son traducciones un tanto dudosas y que se toman ciertas libertades fraudulentas de traducción. Un ejemplo: en alguna página traducen "meat eating" [comer carne] como "omnivorismo", lo cual es erróneo desde todo punto de vista. Ser omnívoro es una condición fisiológica y no un tipo de dieta; y no es la palabra que usa Donald Watson. Nos equivocamos si por traducir entendemos que esto significa reescribir lo que el autor dijo. 

He intentado que la traducción sea más fiel al texto original. Debemos respetar el testimonio de otras personas tal cual lo expresaron, independientemente de que nos guste o no. Existe una tendencia en todo traductor de reformar las palabras del autor que se traduce, pero es algo que deberíamos evitar.

Mi motivación al difundir esta entrevista no reside tanto en que yo estuviera de acuerdo con todo lo que se dice en ella sino en el valor histórico de su testimonio y en lo que podemos aprender de él.

Sin más préambulos, les dejo con las palabras de alguien que comenzó, junto con otros pioneros, un movimiento de justicia que ahora muchos intentamos continuar y difundir: el veganismo.

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Entrevista realizada el 15 de diciembre de 2002


¿Dónde y cuándo naciste?


Nací el 2 de septiembre de 1910 en Mexborough [South Yorkshire], en el seno de una familia que comía carne.

Cuéntame acerca de tu infancia.

Uno de mis más tempranos recuerdos son las vacaciones en la granja de mi tío George, donde estaba rodeado de animales interesantes. Todos ellos “daban” algo: el caballo de granja tiraba del arado, el caballo más ligero tiraba del cabriolé, las vacas “daban” leche, las gallinas “daban” huevos y el gallo era un útil “reloj despertador”. Por aquel tiempo no me daba cuenta de que él también tenía otra función. La oveja “daba” lana. Nunca pude entender qué “daban” los cerdos, pero ellos me parecían unas criaturas amigables, siempre se alegraban de verme. Entonces llegó el día en el que uno de los cerdos fue asesinado: todavía tengo vivos recuerdos del proceso entero, incluyendo los gritos, por supuesto.

Una cosa que me impactó fue que mi tío George, a quien apreciaba mucho, estuvo involucrado en ello. Decidí que las granjas, y los tíos, debían ser reevaluados: la idílica escena no era otra cosa que un proceso de muerte en cadena, donde los días de cada criatura eran numerados en el momento en el que dejaban de ser útiles para los seres humanos. Viví en casa durante 21 años, y durante todo aquel tiempo jamás oí una sola palabra de mis padres, mis abuelos, mis 22 tíos y tías, mis 16 primos, mis profesores o mi párroco sobre algo remotamente asociado con cualquier deber moral que nosotros pudiéramos tener hacia la “Creación de Dios”. Al dejar la escuela, fui con otro tío para ser aprendiz de carpintero. Cuando tenía 21 años, y debido al hecho de que éramos artesanos, nos encontramos con el bache económico de principios de los años 30, y descubrí que los artesanos podrían ser maestros de carpintería demostrando sus cualidades en la ciudad y los gremios. Con algunos problemas lo conseguí, y me gustó tanto el trabajo que nunca intenté obtener ninguna clase de ascenso.

Actualmente tienes 92 años y 104 días de edad. ¿A qué le atribuyes tu larga vida?

Me casé con una mujer de Gales, quien me enseñó un dicho galés: “Cuando todo el mundo corra, permanece tranquilo”, y parece que yo he estado haciendo esto desde entonces. Esa debe ser parte de la respuesta, porque mucha gente está corriendo hacia lo que yo veo como un suicidio, llevando a cabo hábitos que cualquiera sabe que son peligrosos. Siempre he aceptado que el mayor error del hombre es intentar volverse carnívoro, contrario a la ley natural.

Inevitablemente, supongo, en los próximos diez años una mañana no me levantaré. ¿Entonces qué? Habrá un funeral, habrá un pequeño grupo de gente en él y, como Shaw predijo para su propio funeral, también estarán los espíritus de todos los animales que nunca comí. En tal caso, !será un gran funeral!

¿Cuándo te hiciste vegetariano?

Fue en una resolución que tomé en el día de año nuevo de 1924, así que no he comido carne o pescado en 78 años.

Háblame sobre los primeros días de la Vegan Society

En los dos años previos a que formáramos un grupo democrático, fui yo quien literalmente se hizo cargo de todo. De la respuesta que obtuve —cientos de cartas—siento que si yo no hubiera formado la organización algún otro lo habría hecho, aunque habría tenido un nombre diferente. La palabra “vegan” fue inmediatamente aceptada y formó parte de nuestra lengua y ahora está en casi cada diccionario del mundo, supongo. No puedo evitar el comparar nuestra atractiva revista trimestral con mi humilde “Vegan News” la cual produje con mucho trabajo. Normalmente pasaba una noche entera reuniendo las distintas páginas y grapándolas juntas. Limité el número de suscriptores a quinientos, porque no podía hacer frente a un número mayor. Comparada con la democracia, la dictadura tiene ventajas evidentes. En los primeros días de la “Vegan News” pude hacerlo todo a mi manera. No creo que pudiera haber sobrevivido si hubiera tenido que escribir a la poca gente preocupada y preguntarles por su opinión. No tenía teléfono ni coche —sólo podía esperar que ellos entendieran mi propósito, hasta que le cedí el trabajo a un comité.

¿Tiene algo que ver tu veganismo con creencias religiosas que puedas tener?

Nunca tuve ninguna profunda. Nunca he sido lo bastante inteligente para ser ateo —pero sí un agnóstico. Algunos teólogos creen que Cristo fue un esenio. Si él lo fue entonces era vegano. Si estuviera vivo hoy, sería un propagandista vegano itinerante en lugar de ser el predicador itinerante de aquellos días, difundiendo el mensaje de compasión. Entiendo que ahora hay más veganos sentados en la comida de los domingos que anglicanos atendiendo el servicio matutino del domingo. Creo que los anglicanos deberían alegrarse por la buena noticia de que al menos alguien está practicando el elemento esencial de la religión cristiana: la compasión.

¿Qué encuentras más difícil en el hecho de ser vegano?

Bueno, supongo que es el aspecto social: excomulgándome a mí mismo de esa parte de la vida en la cual la gente se reúne para comer. La única forma en la que este problema puede suavizarse es que el veganismo sea cada vez más y más aceptable en pensiones, hoteles, dondequiera que uno vaya, mientras espera que algún día se convierta en la norma.

Y la otra cara de la moneda: ¿Qué te parece lo más fácil de ser vegano?

La gran ventaja de tener una conciencia limpia, y el creer que los científicos deben aceptar ahora la conciencia como parte de la ecuación científica.

¿Cómo de importante ha sido la jardinería en tu vida?

Cuando vivía en Leicester un amigo mío me dejó usar una parcela. Cuando los cultivos maduraban, tenía que llevarlos cuatro millas al otro lado de la ciudad. Cuando tuve la suerte de obtener un trabajo en Keswick, conseguí una casa con un acre de jardín, lo cual fue un sueño hecho realidad. Mis cubos de abono se llenan con todas las malas hierbas, césped segado, restos de vegetales del jardín, hojas muertas —ningún abono animal. Por cierto, todo lo que cavo lo hago con una horquilla —no una pala— para proteger a las lombrices.

¿Cuál es tu opinión sobre los organismos genéticamente modificados?

Como dice el viejo proverbio, si algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente es demasiado bueno para ser verdad, y estoy seguro de que esto es un clásico ejemplo, sin contar con la irreversible naturaleza genética de lo que es nuestro suministro de comida básico en el futuro.

¿Cuál es tu opinión acerca de los deportes sangrientos?

Es lo más bajo a lo que se puede llegar. Aunque pudiera ser necesario, estando ya metidos en este lío, el tener que matar a algunas criaturas por su propio bien, el matar criaturas por diversión debe ser la peor bajeza moral.

¿Cuál es tu opinión sobre los experimentos en animales?

Dije que los deportes crueles son lo más bajo a lo que se puede llegar, pero creo que los tendré que subir un poco hacia arriba y poner la vivisección en el fondo. Algo que siempre deberíamos preguntar cuando creemos que la crueldad está ampliamente delegada en gente que la lleva a cabo, es la sencilla cuestión ¿si esos matarifes y vivisectores no estuvieran allí, podríamos llevar a cabo las acciones que ellos están cometiendo? Si no podríamos, no tenemos derecho alguno a esperar de ellos que hagan esas cosas por nosotros. La mayoría de medicinas ortodoxas se testan en animales, y quizás sea ésta la mayor incoherencia en vegetarianos y veganos que toman medicinas ortodoxas; una incoherencia todavía mayor que la de vestir piel o lana, porque éstos son subproductos de una industria que se dedican principalmente a suministrar carne.

¿Qué opinas acerca de la acción directa?

Nunca me he involucrado en ello. Respeto enormemente a la gente que lo hace, creyendo que es la más directa y rápida manera de alcanzar sus fines. Si yo fuera un animal en una jaula de vivisección, agradecería a la persona que la rompiera y me liberara, pero, habiendo dicho esto, siempre debemos recordar: ¿Es posible que nuestro acto pudiera ser contraproducente? No diré ni “sí” ni “no”, puesto que no conozco la respuesta.

¿Qué consideras el mayor logro de tu vida?

Conseguir aquello que me propuse: sentir que fui un instrumento para comenzar un estupendo nuevo movimiento, el cual no sólo pudiera cambiar el curso de las cosas para la humanidad y el resto de la creación, sino además alterar las expectativas de supervivencia del hombre en este planeta.

¿Tienes algún mensaje para las muchas miles de personas que ahora son veganas?

Que adopten una perspectiva global de lo que el veganismo significa —algo más que encontrar una nueva alternativa a la tostada de huevos revueltos o una nueva receta para el pastel de Navidad. Que tomen consciencia de que están en algo realmente importante, algo que no se había intentado hasta hace 60 años, y algo que responde razonablemente a cada crítica que se le hace a cualquier nivel. Eso no implica semanas o meses estudiando tablas nutricionales o leyendo libros de los así llamados expertos —significa asimilar unos pocos hechos simples y aplicarlos.

¿Tienes algún mensaje para los vegetarianos?

Que acepten que el vegetarianismo es sólo un paso intermedio entre el consumo de carne y el veganismo. Habrá veganos que hicieron el cambio de una sola vez, pero estoy seguro de que para mucha gente el vegetarianismo es un punto de parada necesario. Todavía soy un miembro de la Vegetarian Society para seguir en contacto con el movimiento. Estuve encantado de saber que en la Conferencia Vegetariana Mundial en Edimburgo la dieta fue una dieta vegana y que los delegados no tuvieron otra opción. Esa pequeña semilla que planté hace 60 años está haciendo sentir su presencia.

¿Qué piensas sobre la manera en la que la Vegan Society se ha desarrollado desde que la estuviste dirigiendo?

Mejor de lo esperado, ciertamente. El genio está ahora fuera de la botella y nadie lo puede volver a meter en los ignorantes días anteriores a 1944, cuando esta semilla fue plantada por gente llena de esperanza. Ahora en cualquier lugar que el hombre viva, puede tener una dieta vegana. Todo el trabajo pionero fue hecho por voluntarios. En cierta manera, todos a quienes la organización ha pagado para hacer el trabajo de oficina han sido voluntarios. Incluso nuestro jefe ejecutivo tiene un salario por debajo de cualquier otro en el sector comercial. Porque no nos podemos permitir más. Así que la Vegan Society siempre ha sido apoyada por la labor voluntaria. Y estamos enormemente agradecidos a esa gente, porque sólo el cielo sabe qué pasaría si todos ellos se marcharan.

¿En qué dirección opinas que debería ir la Vegan Society en el futuro?

Declino proponer cualquier sugerencia a un movimiento que parece ir marchando tan bien y propagándose por todo el mundo. El edificio que ha sobrevivido a toda clase de ataques antes de que nosotros empezáramos nuestro trabajo se está ahora derrumbando debido a la propia debilidad inherente a su estructura. No sabemos qué progresos espirituales podría tener el veganismo a largo plazo —durante generaciones— sobre la Humanidad. En verdad esto daría lugar a una civilización diferente, y la primera en toda nuestra historia que verdaderamente mereciera el nombre de civilización.

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23 de octubre de 2016

Veganismo en la Antiguedad





En esta entrada me gustaría aportar algunas evidencias sobre la existencia de ideas similares o equivalentes a lo que hoy en día denominamos veganismo en un sentido ético. Aunque el veganismo existe de una manera más o menos formal sólo a partir del año 1944, podemos encontrar testimonios anteriores en el tiempo a esa fecha que coinciden con lo que el veganismo pretende expresar. En esta ocasión me limitaré al periodo que conocemos como la Antigüedad.

Debo aclarar que no trataré aquí sobre el vegetarianismo, porque el vegetarianismo es otra cosa muy distinta, así que obviaré testimonios sobre dietas que excluyen la carne animal. Tampoco me referiré en general a escritos sobre la moralidad en nuestra relación con otros animales, es decir, no pretendo recopilar lo que cualquier pensador dijera sobre el estatus moral de los animales no humanos en la Antigüedad. Por eso no hablaré sobre Aristóteles, quien trata de justificar una jerarquía moral entre los humanos y otros animales —así como una jerarquía moral entre seres humanos y expone una apología de la esclavitud.

Lo que me interesa descubrir aquí es si en dicha época hubo personas que comprendieron y defendieron que los demás animales no deben estar sometidos a la voluntad humana, ni ser usados como recursos para el beneficio humano, y que tienen un derecho moral a vivir su vida en libertad. Esta idea es a lo que se refiere el veganismo

Hasta ahora sólo he encontrado a un autor que defendiera una idea que sí se asemeja al veganismo: Porfirio. Dejando a un lado determinados textos, en los que parece que se cuestiona de manera puntual la dominación humana sobre otros animales, sólo en Porfirio aparece una argumentación razonada y sistemática a favor de respetar moralmente a los otros animales.

Si bien es cierto que existen precedentes en diversos autores anteriores que abogan de algún modo por considerar a los otros animales y defienden el vegetarianismo, sucede que sus ideas están insertas en doctrinas religiosas o místicas que no reconocen un valor inherente a los animales.

Antes de Porfirio, la primera vez que aparece una filosofía que defiende una consideración hacia los demás animales por sí mismos es en la obra de Plutarco, quien argumenta la consideración a favor de los animales por su propia naturaleza y no por razones extrínsecas a ellos, ya fueran la supuesta existencia de un alma o de un determinado orden cósmico.

Según explica María Luisa Bacarlett Pérez en su artículo «Plutarco y los animales»:
«La naturaleza misma ha puesto en cada ser lo propio para “perseverar en su ser” y en éste la sensación resulta insuficiente. Si cada animal ha de perdurar en su ser, la sensación tendrá que ir siempre de la mano de la capacidad de discernir lo grato de lo doloroso, lo placentero de lo displicente, lo beneficioso de lo perjudicial. En suma, de acuerdo con Plutarco, no es posible en absoluto la sensación sin el concurso del pensamiento; los animales no sólo sienten, también recuerdan lo sentido, lo procuran si fue grato, lo evitan si fue desagradable, muestran expectativa o temor frente a los eventos, huyen si es necesario.»
Es cierto que Plutarco se centra en el consumo de carne, pero partiendo de sus argumentos se podría derivar lógicamente que también debemos rechazar cualquier daño innecesario sobre los animales. Entiendo que Plutarco se enfoca en el consumo de carne de la misma manera que cualquiera que piense que los humanos merecen respeto moral denunciaría en primer lugar el canibalismo por ser un ejemplo extremo de la falta de consideración por los seres humanos. Sin embargo, Plutarco acepta que los animales sean usados para beneficio humano dentro de unos límites que excluyeran sufrimiento y muerte sin necesidad. Es decir, Plutarco representaría el ideal moral que denominamos como principio humanitario, el cual no rechaza en principio el uso de animales en sí mismo pero sí se opone a cualquier acción que implique daño y sufrimiento sobre ellos y que no se puede justificar estrictamente apelando a la necesidad.

Así resume Gabriel Laguna Mariscal la postura de Plutarco:
«El De esu carnium se engloba en un subgrupo de tratados morales plutarquianos que reivindicaban la existencia de raciocinio en los animales, junto al De sollertia animaliumBruta animalia ratione uti. En estas tres obras Plutarco argumenta, en contra de los estoicos, que los animales también tienen raciocinio, además de sensibilidad y de capacidad de sufrimiento, lo que los hace, en definitiva, acreedores a la justicia, es decir, sujetos de derecho. Esta concepción redunda en el imperativo ético de que el hombre respete a los animales, no les cause sufrimientos innecesarios y, consiguientemente, se abstenga del consumo de su carne.»
Para acercarnos al ideal del veganismo tenemos que avanzar un poco en el tiempo y encontrarnos con los textos de Porfirio. Este filósofo expone sus ideas acerca de nuestra relación con los demás animales principalmente en la obra «Sobre la abstinencia», cuyo contenido sintetizaba así la editorial Gredos:
«El tratado Sobre la abstinencia es, junto con Sobre el consumo de carne de Plutarco, el más sólido texto filosófico de la Antigüedad grecolatina contra el consumo de carne animal y en defensa del vegetarianismo por motivos éticos. Porfirio sostiene que comer carne constituye un grave delito pues requiere dar muerte a seres inocentes dotados de vida, sensación, memoria e inteligencia como nosotros, y que están emparentados con nosotros. Los humanos han justificado el matar animales afirmando que pertenecen a especies inferiores carentes de racionalidad; Porfirio responde que el grado de racionalidad que se posea o el uso de diferentes formas de lenguaje no son características moralmente relevantes que justifiquen poder matar a los animales para comerlos.»
Porfirio habla de ´abstinencia´ no en un sentido ascético sino en un sentido moral. Así podemos afimar que debemos practicar la abstinencia de cometer asesinatos, violaciones o canibalismo. Porfirio señala que nuestra moralidad debería incluir a los demás animales y no sólo a los humanos, por una cuestión de justicia:
«Y una vez que esto se considera una injusticia, que no se haga uso de la leche, de la lana, de los huevos, ni de la miel. Porque del mismo modo que se delinque quitándole el vestido a una persona, otro tanto ocurre al esquilar una oveja, pues la lana es su vestido. Tampoco la leche va destinada a nosotros, sino a los retoños recién nacidos y la abeja recolecta la miel como alimento especifico suyo que se lo quitamos para deleite nuestro.» [Sobre la abstinencia - Libro I]
Porfirio aclara, entre otros puntos, que respetar a los animales no implica dejarse matar por ellos en caso de conflicto, de la misma manera que respetar a los humanos no implica dejarnos matar por ellos si nos atacan.

Según concluye Pablo Sánchez de Mayo en su tesis doctoral:
«En definitiva, Porfirio, apoyándose en los argumentos que anteriormente habían dado otros autores, que demuestra conocer muy bien, realiza una extensa argumentación dedicada no sólo a defender la abstinencia de carne sino la racionalidad de los animales y, como consecuencia de esto, su consideración moral y la no legitimidad del hombre de utilizarlos para su provecho; sus argumentos se enmarcan así en el ambiente neoplatónico y en confrontación ideológica con los estoicos.»
Este ensayo no pretende ser exhaustivo sino meramente ilustrativo. Las ideas de Porfirio sobre esta cuestión merecen sin duda un estudio más detallado y específico, pero esto excedería el sentido divulgativo que tiene este blog. Por si acaso, menciono que hay un artículo en inglés que comenta la obra de Porfirio, para quien tenga interés en consultarlo.

En definitiva, podemos comprobar que la ética del veganismo no es algo nuevo ni es una "moda" sino que es el reflejo de un intuición moral que ya existía en épocas anteriores y que es consecuencia de la empatía y el reconocimiento de los otros animales como individuos que tienen un valor inherente.

10 de octubre de 2016

Jesús Mosterín: Contra los animales y el respeto moral





Parece ser que el ínclito Jesús Mosterín ha tenido a buenas obsequiarnos con otra entrevista, cuyo autor ha titulado: «Jesús Mosterín: Animales, respeto moral y compasión». Yo considero que habría sido más correcto titularlo de otra manera, como explicaré a continuación.

Las ideas de Mosterín acerca de nuestra relación moral con los demás animales ya las había comentado en un artículo anterior referido al tema de la tauromaquia, pero creo que es conveniente continuar analizando su posición, en tanto que refleja una forma de pensar muy extendida en nuestra sociedad.

Mosterín comienza la entrevista diciendo lo siguiente:
«El respeto moral, en general (no sólo hacia los animales, también hacia las mujeres o hacia los extranjeros) es reciente en el mundo occidental, cosa de los dos últimos siglos. Incluso la oposición a la esclavitud es reciente, empezó también hace unos dos siglos.»
La creencia de que debemos tratar a otros animales con respeto moral —esto es, que debemos respetar a los individuos animales y sus intereses como fines en sí mismos y no como medios para nuestros fines— no es reciente. Esta idea se puede remontar a los escritos de Plutarco y de Porfirio en la época de la Antigua Roma. Da la impresión de que no vamos a aprender mucho leyendo esta entrevista.

Lo que es reciente es que esta idea se difunda en la sociedad de forma masiva como está sucediendo ahora mismo. Esto ha ocurriedo en gran parte gracias a la existencia de Internet, que ha permitido la libre difusión del veganismo y la filosofía de los Derechos Animales, saltando la censura impuesta por los círculos intelectuales, los medios informativos y, también, por los propios grupos animalistas que nunca tuvieron intención de que se cuestionara el especismo. Ahora la cuestión ya está en la calle y no puede ser ignorada por más tiempo.

Continuando con la entrevista, cuando le preguntan sobre la sintiencia en otros animales, Mosterín parece estar al tanto del dolor de los mamíferos, pero fuera de ahí afirma literalmente no saber nada:
«Respecto al posible dolor de las moscas, me parece que no sabemos nada; yo al menos no sé nada.»
Mosterín no se ha informado sobre la sintiencia en insectos, sobre la cual existen diversos estudios científicos. ¿No sería esto un caso de negligencia? Uno puede señalar razonablemente que no está seguro al respecto, o que no hay una total certeza sobre ello, pero decir que "no sabemos nada" o que "no sabe nada" indica que no se ha molestado siquiera en investigar sobre el asunto.

Más adelante, señala Mosterín que la idea de que sólo los humanos importan moralmente es una creencia cuestionable:
«Alguien podría pretender que un hombre, por el mero hecho de serlo, siempre es mejor y más valioso que un miembro de cualquier otra especie. Pero este especismo dogmático y arbitrario es una forma de grupismo tan inaceptable como el racismo, el sexismo o el nacionalismo. La ética racional es universal y tiene que valorar cada acto y cada individuo por sí mismo, en función de sus propias características; no en función del grupo al que pertenezca.»
Por supuesto, no deja de ser irónico que Mosterín denuncie una discriminación moral injusta —el especismo— y al mismo tiempo base su propio pensamiento en dicha discriminación, ya que considera aceptable que los humanos exploten a los demás animales:
«A mí no me escandaliza que la gente coma huevos o incluso carne de pollo, pero sólo a condición de que esos huevos y esa carne proceda de animales que vivan de un modo relativamente natural.»
Bueno, puede que a Mosterín no le moleste, pero ¿y a los animales? Parece que el criterio de Mosterín no se basa en lo que a los animales les importa sino que sólo tiene en cuenta lo que a él le importa. Si a él le molesta determinado abuso —por ejemplo, la tauromaquia— entonces esto está mal pero si otro abuso equivalente no le resulta molesta entonces no está mal. El hecho de que los otros animales deseen continuar existiendo, y no tengan ningún interés en sufrir y morir para ser comidos por nosotros, parece que a Mosterín le resulta irrelevante.

La ideología que aplica Mosterín a nuestra relación con los otros animales es lo que denomino como bienestarismo. Esta posición está basada en la filosofía del utilitarismo y determina que los animales no humanos no poseen un interés en vivir o en ser libres sino que sólo es relevante su bienestar, entendido como placer y dolor. En concreto, Mosterín defiende el bienestarismo en su versión clásica —expuesta por Jeremy Bentham— que afirma que sólo se deben prohibir determinadas "crueldades" consideradas extremas mientras que el resto de la explotación animal puede continuar, siendo reformada en sus condiciones:
«En España, la mayoría de los cerdos viven en condiciones deplorables, y esas explotaciones habría que cerrarlas. Sin embargo, el mejor jamón procede de los cerdos de Jabugo, que viven en semilibertad en las dehesas o grandes bosques de encinas, alimentándose de las bellotas que caen al suelo. Como se mueven mucho, están sanos y contentos y producen buen jamón.»
La industria de explotación animal seguramente agradece sus palabras y su apoyo a Mosterín. Ahora, si los animales estuvieran al tanto de la posición de Mosterín tengo serias dudas de que estuvieran de acuerdo con él en la idea de ser usados y matados para comida y otros fines. Si nosotros no estamos de acuerdo en ser tratados de ese modo, no hay razón que justifique pensar que los otros animales pudieran estarlo. Ellos desean proteger su vida y evitar el daño, igual que nosotros. Mosterín sólo condena muy determinados abusos, como la tauromaquia, o la caza deportiva, pero no condena el resto de la explotación animal. Sin embargo, el uso de animales para comida, o vestimenta, es un daño igual de gratuito que la caza deportiva o la tauromaquia.

Si bien todo lo dicho hasta ahora por Mosterín resulta profundamente problemático, todavía quedaba por ver la traca final que nos tenía reservada cuando le preguntan acerca de la postura abolicionista que rechaza las reformas de la explotación animal defendida por el profesor Gary Francione y que se opone al denominado "Bienestar Animal". Esto es lo que dice Mosterín:
«Algunos veganos extremos, como Francione, hablan y actúan más como las sectas religiosas que como pensadores científicos y racionales. Cuando sostienen que cuanto peor les vaya a los animales de ganadería, tanto mejor para la causa del veganismo, su discurso recuerda demasiado al de los extremistas revolucionarios, que a veces decían que, cuanto peor les fuese a los trabajadores, tanto mejor para la revolución.»
Dejando a un lado lo poco elegante y honesto, por no decir otra cosa, que es acusar a Francione de pretender que los animales sufran, Mosterín demuestra un nulo conocimiento sobre el trabajo de la persona a la que atribuye intenciones indemostradas. Veamos por qué.

El "Bienestar Animal" no es otra cosa que la política para hacer más eficiente la explotación de los animales no humanos. Éste es su único propósito. El bienestar de los animales es usado como un medio para favorecer la calidad del producto final y la rentabilidad económica de los explotadores. Es decir, el "Bienestar Animal" es una herramienta para perpetuar la esclavitud animal a gran escala garantizando y mejorando su viabilidad comercial. En un artículo veterinario sobre "Bienestar Animal" podemos leer lo siguiente:
«Durante el sacrificio, los animales están sometidos a una serie de actuaciones que pueden causarles sufrimiento, dolor y miedo. En primer lugar, son colgados por las extremidades posteriores para facilitar la salida de sangre de los vasos sanguíneos. Seguidamente son degollados, lo que provoca un extenso daño tisular en un área con gran cantidad de receptores del dolor. Por último, el rápido descenso de la presión sanguínea durante el desangrado se detecta rápidamente por el animal causándole miedo y ansiedad. Para evitar el dolor y reducir al mínimo el estrés y el sufrimiento es necesario aturdir a los animales para sumirlos en un estado de inconsciencia o insensibilidad antes de matarlos o de manera simultánea.
El sistema de aturdimiento más utilizado en aves es el eléctrico, por inmersión en baño de agua. En este sistema, los animales, aunque conscientes, se cuelgan por las dos patas en una cinta transportadora, con la ayuda de un gancho metálico. La bañera tiene un electrodo en el fondo de la misma longitud que el tanque de agua. Cuando la cabeza del animal, que debe estar completamente inmersa en el agua, entra en contacto con el agua electrificada de la bañera se genera una corriente eléctrica desde la cabeza del animal hasta los ganchos donde están las patas. Con este sistema se pueden aturdir varias aves a la vez.»
Esto es lo que apoya Jesús Mosterín. Esto es lo que rechaza Gary Francione. ¿Quién está en realidad apoyando el sufrimiento de los animales y quién lo está rechazando? Los humanos no necesitamos comer animales, ni tampoco usar animales para vestirnos y satisfacer nuestras necesidades vitales. Sin embargo, Mosterín consume animales,  por mero placer y costumbre, mientras que Gary Francione es vegano, por tanto, ¿quién es el que está en realidad infligiendo un sufrimiento evitable a los animales? Creo que la respuesta es evidente.

Esa acusación contra los abolicionistas no es nueva. Los bienestaristas suelen alegarla cuando intentan atacar a la oposición abolicionista. El activista Dan Cudahy en su artículo «Diez Mitos del Neo-bienestarismo» respondía a dicha acusación de este modo:
Los abolicionistas nos preocupamos por el sufrimiento de los no-humanos al menos en la misma medida, y probablemente más, que los neobienestaristas. Estamos de acuerdo en que menos sufrimiento es mejor que más sufrimiento. Nosotros simplemente negamos, desde un punto de vista racional y empírico, que el sufrimiento de los no-humanos pueda ser significativamente reducido mediante reformas y campañas bienestaristas en tanto sigan siendo considerados como propiedades legales y mercancías económicas. 
Calificar a los veganos como "extremistas" por defender la misma postura moral básica que la mayoría de nosotros ya defendemos para los seres humanos —esto es, que nunca es moralmente aceptable tratarlos como objetos, meros recursos, o propiedad de otros humanos— no puede ser otra cosa que un caso claro de especismo: se discrimina moralmente entre humanos y otros animales sólo por ser catalogados en especies diferentes.

¿No resulta evidente que Mosterín asume el prejuicio especista que él mismo denunciaba? Mosterín discrimina a otros animales sólo por no ser humanos y no les reconoce el mismo respeto moral básico que a los humanos. Los demás animales son seres conscientes, son sujetos, y no tienen ningún interés en sufrir y morir para ser explotados por nosotros. Por tanto, no estaría justificado que la especie establezca ninguna diferencia relevante a nivel moral.

Mosterín no tiene reparos en calificar de "asesinos" a los toreros, y tampoco los tiene en apoyar el especismo, la explotación animal, y continuar infligiendo daño y sufrimiento a los animales sin una razón que lo justifique. Los aficionados a la tauromaquia quieren seguir explotando animales para entretenimiento porque les gusta, sin importar que esto significa un daño innecesario e injustificado a los animales. Mosterín quiere seguir explotando animales para usarlos de comida, vestimenta, y otros fines; ignorando que esto supone un daño innecesario e injustificado a los animales.

¿Qué diferencia relevante hay entre la postura de Mosterín y la de los taurinos que critica? Para los animales, ninguna. En ambos casos siguen siendo explotados, esclavizados y asesinados. Para la ética, ninguna tampoco. En ambos casos tratan a otros animales como objetos y recursos para beneficio humano, discriminándolos del respeto moral sólo por no ser humanos. Esto es especismo.

Por todo esto es por lo que considero que un título más correcto para su entrevista sería "Jesús Mosterín: Contra los animales y el respeto moral." Por supuesto, mi crítica no es contra Mosterín como persona —debería estar de más tener que aclarar esto—sino sólo sobre sus ideas que he comentado.

Hay posturas que pueden ser consideradas como animalistas en tanto que proponen cierta consideración moral por otros animales pero que en realidad van en contra de los animales y sus intereses básicos. Para comprender mejor este problema, puedo sugerir la lectura del artículo «Tres movimientos» en este mismo blog.

3 de octubre de 2016

«En Busca del Veganismo [2]»




Este texto es la continuación de una primera parte: «En Busca del Veganismo [1]». Se pueden leer de forma independiente, pero quizás se entienda mejor habiendo leído la primera parte. Estamos ante un documento clave para conocer la génesis histórica del veganismo como movimiento organizado.

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!Dejad A Mis Criaturas Marchar! 
Esto es un intento de descubrir el principio que se encuentra bajo la etiqueta de "veganismo", así como sugerir un conjunto de palabras que puedan servir como breve definición para describirlo. Debo aclarar que las opiniones expuestas pertenecen a su autor, y no comprometen a la Asociación Vegana ni a ninguno de sus miembros. 
La carta publicada en el Vegetarian Messenger en julio de 1943, que comenzaría una correspondencia culminada con la fundación de la Asociación Vegana en noviembre de 1944, estaba referida acerca la oposición moral y compasiva al uso de productos lácteos por parte de los vegetarianos. A los veinticinco miembros de la Asociación Vegana se les escribió: "Hasta donde sabemos, cada miembro de nuestro grupo ha rechazado el uso de lácteos por razones éticas. [...] Nosotros no aceptamos que para obtener una nutrición adecuada sea necesario el transgredir nuestra conciencia." [0] 
El pensamiento vegano se desarrolló rápidamente. Los productos elaborados de animales así como la comida derivada de animales se considera "no-vegana". Hubo una tendencia temprana a cuestionar las raíces de la relación entre el hombre y los animales, y a tratar con la causa en lugar de con sus incontables síntomas. No hay evidencia de que el veganismo hubiera sido enfocado a cualquier otra cosa que no fuera la relación entre la humanidad y los animales. 
En el artículo anterior, las citas de los primeros números de The Vegan News indicaban que la naturaleza esa relación era el asunto que concierne al veganismo. Otros textos refuerzan esta idea. "En Dirección Al Veganismo [Donald Watson, 1947] contiene frases como las siguientes: "...el enfoque correcto al problema de la emancipación animal"... "para ser verdaderos emancipadores de los animales"..." Un vegano rechaza la superstición de que la continuación de la existencia humana depende de la explotación de estas criaturas" y "Ha llegado el momento para nosotros de rechazar valientemente la idea de que tenemos derecho a explotar a los animales". Ideas similares se han materializado en el "Manifiesto" sobre el veganismo y en otros escritos. El común denominador en todos estos textos hasta ahora es la convicción de que por el bien de los humanos y sus criaturas semejantes, los animales deben ser liberados de nuestra explotación. 
Si la idea vegana está razonada correctamente, el veganismo es por tanto un movimiento de reforma. Si aceptamos esto, sólo hay un paso de simple lógica para deducir que la Asociación Vegana tiene la obligación de definir el veganismo lo antes posible, y promover las reformas que deseamos conseguir. Igualmente tiene la obligación de focalizar sus energías en lograr dicha reforma. La posición en la que se encuentra la Asociación Vegana —sin ningún acuerdo constituyente sobre su propósito que sea vinculante para sus miembros— se explica debido a la naturaleza de su desarrollo hasta el día de hoy. En este sentido, la Asociación se encuentra en una fase de pre-nacimiento. Pero esto no es aceptable como estado permanente, porque una reforma indefinida es una contradicción en los términos.
Es posible deducir a partir de todo lo anterior una serie de observaciones que conducirían a una definición: [1] el veganismo es una reforma; [2] el elemento decisivo es la compasión por los animales surgida acerca del trato que les dan los hombres; [3] el asunto fundamental que le concierne es el punto de encuentro entre el mundo de la humanidad y el mundo de los animales; [4] su existencia presupone que hay un error en dicho punto; [5] su propósito debe ser corregir ese error; [6] el error está intrínsecamente conectado al uso de los animales por parte del hombre —más concretamente, con su hábito de actuar como parásito sobre criaturas vivas que no pueden defenderse de sus intenciones. Cualquier definición de veganismo debe contener estos seis punto y no quebrantar ninguno de ellas.
Una conjunción de palabras que cumpliría con estos requerimientos es la de que el veganismo es el principio de la abolición de la explotación de los animales por parte del hombre. El aspecto positivo de este enfoque negativo [no-explotación] es el reconocimiento de la libertad —en una palabra, emancipación. Veganismo sería por tanto definido como: "el principio de la emancipación de los animales de la explotación del hombre." [1]
Si bien, aunque tal definición satisface las observaciones expuestas, resulta esencial descubrir si cumple con los requirimientos del sentido común así como de la lógica. De este modo debe ser evaluado respecto de un argumento filosófico general. La principal demanda del conocimiento sobre la humanidad es que debe liberarse a sí misma de las cadenas que la atan a sus deseos menos nobles y reprime su ascenso a estándares más elevados, una visión más amplia, y la consecución de la felicidad. Hay una serie de pruebas que los esfuerzos por la liberación deben superar, y una de las más rigurosas es la conducta de la humanidad sobre quienes dispone de poder. Esto se aprecia de forma aguda en el punto en el que se cruzan el mundo de la humanidad y el mundo de los animales, sobre los cuales ejerce una dominación.
Su conducta hasta ahora revela tendencias que son fuertemente auto-indulgentes a expensas de los animales. Hay un error generalizado de comprensión acerca de que los animales tienen relativamente iguales derechos a todo esto. Su explotación resulta en una innecesaria y generalizada restricción de la libertad natural y en un inevitable final en algún matadero. Esto es cierto para toda forma de explotación, ya sea para las gallinas, los terneros y las vacas. Aunque algunos caballos terminan sus días en "sitios de descanso", esto sólo sucede con muy pocos. La gran mayoría son matados para servir de productos, para piensos o para consumo humano. Asimismo, a las vacas que ya no dan leche no se les permite vivir pensionadas en pastos.
La firme oposición a la explotación —el comercio de carne, la caza, la viviseción, y todo lo demás— necesita ser fundamentada aquí. Sin embargo, debe ser afrontado el hecho de que aparte de reconocer a los animales el derecho —y las facilidades— para retornar a la naturaleza, no hay forma de negar la acusación que hemos expuesto.
Debido a que la emancipación lograría liberar a los animales de su sometimiento y al ser humano de la condición de parásito, y debido a que hacer esto efectivo libera a la humanidad de algunas de las cadenas que lo atan a sus deseos menos nobles, se satisface la demanda de sentido común y de la lógica. Hay al menos otras tres evidencias llamativas que así lo indican. Las dos primeras provienen de una visión amplia acerca de la tendencia general en la evolución humana. Un movimiento para emancipar a los animales debe ser visto como una continuación natural e histórica del movimiento por la emancipación de los esclavos. En segundo lugar, dista mucho de ser improbable que el "camino equivocado" tomado por la humanidad en su evolución fue la esclavización ["domesticación"] de los animales, una proposición ampliamente defendida por el escritor norteamericano Henry Bailey Stevens. [2] En tercer lugar, la emancipación se dirige directamente al corazón del problema que reside en la relación humano-animal, y eliminaría desde su raíz la causa principal de la que provienen todos los nefastos síntomas.
Un punto que debería quedar claro de una vez por todas es que la emancipación de los animales no significa su extinción. Al contrario, esto significa su retorno a la libertad en la naturaleza —un retorno al equilibrio, la salud y la naturalidad. Para algunos animales esto supondría vivir en compañía de humanos, ya que la humanidad es parte de la naturaleza. Para muchos otros esto supondría la eliminación gradual de las condiciones, funciones y dolencias anormales que la "domesticación" les impuso artificialmente al secuestrarlos de su medio natural. La ancestral dominación de los humanos llegaría a su final.
Todavía queda por ver si la Asociación Vegana reconoce la emancipación como nuestro propósito, y si, como es nuestro deber, vamos a introducir este descubrimiento en nuestra Constitución, lo cual no significa que dejemos de interesarnos por cuestiones científicas sobre nuestra dieta, el abono de la tierra, y otros asuntos relacionados. Pero sí significa que, al igual que el navío de Kipling, nos habremos encontrado "a nosotros mismos". Habremos descubierto nuestro destino. La cristalización mencionada en mi artículo anterior habrá tenido lugar, y la orientación de nuestros esfuerzos será guiada y enfocada en una dirección con sentido hacia la luminosa estrella, aunque todavía distante, de una destacada reforma mundial.

[0] "The Vegan News,"  Número 1, Noviembre, 1944. Descrito como "La publicación trimestral de los vegetarianos sin lácteos".
[1] Emancipación: la acción de liberar a alguien. Explotación: la acción de utilizar por motivos egoístas. Animales: criaturas sintientes además de los humanos.
[2] "The Recovery of Culture." Henry Bailey Stevens, con prólogo de Gerald Heard. Harper and Brothers, New York, 1949.



Texto original: In Search of Veganism [2]

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