15 de marzo de 2017

Razones y Beneficios




Aunque que fuera por una simple cuestión de claridad conceptual, considero que deberíamos diferenciar claramente entre razones y beneficios. No son lo mismo. Una razón no es un beneficio. Ni un beneficio es una razón. No son sinónimos.

Un beneficio sería cualquier hecho que aumente o potencie la salud o el bienestar de alguien —es un fenómeno propiamente empírico. En cambio, una razón es un pensamiento que refleja la adecuación de nuestras ideas y acciones a la lógica.

Ahora, dentro de la razón podríamos distinguir a su vez entre razón instrumental y razón moral. Una razón instrumental es un argumento que explica la adecuación de un medio respecto de un objetivo concreto. En cambio, una razón moral es un argumento que explica la adecuación de un hecho a un principio imperativo.

La razón instrumental es el razonamiento que nos señala, por ejemplo, que debemos trabajar si queremos satisfacer nuestras necesidades vitales. Establece la relación lógica entre los fines que pretendemos y los medios que se requieren para lograr estos fines. No tiene misterio.

Por otro lado, la razón moral es la que nos señala que estamos obligados a cumplir determinada norma de forma imperativa. Por ejemplo, la razón moral nos señala que lo correcto es reconocer que A es A. No importa que a nosotros nos beneficiara creer que A es B, o que para conseguir algún objetivo necesitemos hacer creer a otros que A es B. La razón moral nos obliga a reconocer que A es A. Esto es lo correcto en sí mismo. Como señalaba Franz Brentano en su obra «El Origen del Conocimiento Moral »:
"La sanción ética es un mandamiento semejante a la regla lógica."
Así, la moral racional se fundamentaría en el principio de identidad. Por esto no es correcto tratar a las personas como si fueran cosas, porque no lo son. Eso es lo que denominamos cosificar. No es lógicamente correcto tratar a los sujetos como si fueran objetos.

Ahora, si comprendemos a un nivel básico la diferencia entre beneficio y razón, así como la diferencia entre razón instrumental y razón moral, entonces podemos pasar al siguiente punto que es el que pretendo tratar en esta nota.

Yo defiendo que sólo habría una sola razón que puede justificar el veganismo: una razón moral. Si bien, podemos dividir esta razón a su vez en dos principios —igualdad y valor inherente. El veganismo es un imperativo por dos razones morales:
[1] Los seres sintientes poseen un valor inherente, que es intrínseco a su condición de sujetos, y que es independiente de su valor instrumental o valor extrínseco. Esto significa que es incorrecto tratarlos como si ellos sólo tuvieran un valor externo o económico. Esto significa que debemos considerarlos como lo que son: como sujetos y no como objetos.
[2] El principio de igualdad nos exige considerar como iguales aquellos elementos moralmente relevantes que sean iguales. Por esto no debemos discriminar ni supeditar los intereses de otros animales a los nuestros, porque son los mismos intereses, desde el punto de vista lógico, aunque estén presentes en diferentes individuos.
El veganismo sólo se sustenta en estas razones morales. Ni la razón instrumental ni el beneficio pueden justificar que rechacemos la explotación animal como una cuestión de principio.

El beneficio no es un argumento moral. El hecho de que algo nos beneficie puede ser bueno para nuestra vida, para nuestra salud o nuestra economía. Pero eso no puede justificar que sea correcto en ningún caso desde el punto de vista moral. El beneficio no pertenece a la ética.

Si los beneficios que obtenemos de la explotación animal no la justifica moralmente, ¿como pueden los beneficios justificar el veganismo? No pueden. Hablar de beneficios sólo significa que practicar el veganismo puede ser bueno para nosotros y nada más. No equivale a que estemos obligados a ser veganos. Así que el beneficio no puede justificar el veganismo como imperativo.

Además, los beneficios que obtenemos de aplicar el veganismo podemos obtenerlos igualmente sin tener que aplicar el veganismo. Por ejemplo, en el caso de la dieta vegana, la nutricionista Ginny Messina señala:
«Podemos —y debemos— decirle a la gente que una dieta vegana es una buena elección para una alimentación saludable; pero no podemos decirles que es la única opción. Una dieta basada en plantas que incluya pequeñas cantidades de productos animales puede ser igualmente saludable.»
Los perjuicios que nos ocasiona indirectamente la explotación animal, ya fueran medioambientales o de salud, sería posible resolverlos sin necesidad de abolir dicha explotación.

Por ejemplo, eliminando la ganadería industrial y volviendo a un modelo parecido al que se practica en el siglo XIX se solucionarían casi todos los problemas medioambientales y de salubridad que hoy ocasiona la explotación industrial de animales. ¿Es esto lo que queremos: una esclavitud más ecológica y más sana para los que se benefician de ella? Por no hablar de las nuevas tecnologías que mejoran la eficiencia de la explotación animal industrializada y que también ayudan a resolver esos efectos secundarios indeseados.

Los problemas medioambientales también podrían solucionarse en gran parte sustituyendo a los mamíferos y las aves por los insectos para el uso de alimento, ya que el gasto de mantenimiento y la producción de residuos sería significamente menor. Pero tenemos evidencia de que los insectos son seres sintientes, al igual que lo son mamíferos y aves. Si entendemos que el especismo es una discriminación injusta ¿por qué aplicamos criterios que implican una discriminación moral basada en la especie? Aparte de la inconsistencia empírica de los argumentos que sostienen los enfoques basados en la salud y el medio ambiente, resulta que son enfoques que están discriminando injustamente entre las víctimas de una misma injusticia.

Todo esto sin tener en cuenta que muchas formas de explotación animal son prácticamente inmunes a las objeciones basadas en la salud y el medio ambiente. Por ejemplo, ¿las peleas de gallos perjudican la salud humana o al medio ambiente? No. Así podríamos listar numerosos usos de animales que no conllevan un efecto dañino a la salud humana y el medio ambiente.

Los argumentos basados en el beneficio nos conducen en favor de la esclavitud. La esclavitud humana ha existido —y sigue existiendo— en casi todas las culturas y épocas humanas precisamente porque es beneficiosa para los esclavistas y para quienes consumen dicha esclavitud. Quienes se oponían a ella y luchaban para que fuera abolida han fundamentado su postura siempre en motivos morales, y han conseguido convencer a los demás apelando a razones éticas.

La esclavitud siempre ha proporcionado beneficios a quienes se aprovechaban de ella —propietarios y consumidores.  La única razón por la que la esclavitud humana fue combatida y finalmente abolida se debió a motivos morales. Y sólo de este modo —mediante la concienciación moral— puede conseguirse la abolición de la esclavitud de los animales no humanos, a pesar de los beneficios que los humanos podamos obtener de dicha esclavitud. Beneficios que, por otra parte, se podrían obtener sin utilizar a los no-humanos.

Algunos alegarán que "todo vale" con tal de promover el veganismo y conseguir reducir la explotación animal. Sin embargo, aparte de que este criterio consecuencialista resulta muy cuestionable desde el punto de vista ético, tampoco hay evidencia que esa perspectiva nos ayude a lograr el objetivo. Al contrario, las evidencias recopilas hasta ahora —tal y como el profesor Casey Taft ha explicado en su trabajo— nos indican que promover el veganismo apelando a la conciencia moral de la gente sería la forma más efectiva de motivarlos a que tomen la decisión de hacerse veganos.

A nivel moral, un fin loable no justifica un medio infame. Medios y fines deben ajustarse, por coherencia, a los mismos principios éticos. A nivel práctico, intentar promover el veganismo apelando a la salud y al medio ambiente es inconsistente.

Promover el veganismo por los beneficios para la especie humana es difundir un mensaje antropocéntrico que asume que la vida y el bienestar de los humanos que explotan animales es más importante que la de sus víctimas. Promover una mentalidad especista que ignore los intereses de los animales es justo lo opuesto a lo que pretende el veganismo.

Ni la salud personal ni la cuestión medioambiental por sí mismas conducen al veganismo ni justifican el veganismo. Ignorando el enfoque ético lo que conseguiremos no es tanto promover el veganismo sino más bien fomentar la renovación de la explotación animal para hacerla más saludable —para los humanos— y más ecológica.

Sólo una ética de respeto que ve a los seres sintientes como personas con derechos puede justificar el veganismo como principio y mantenernos en él.

27 de febrero de 2017

«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción»




En este artículo del activista James LaVeck se expone cómo las organizaciones animalistas se han convertido en cómplices y aliados de la industria de explotación animal.

Esta afirmación no es una acusación ni una interpretación sino que es la referencia a una evidencia. Con la excusa de "reducir el sufrimiento" los grupos animalistas promueven el consumo de productos de origen animal etiquetados como "humanitarios" o "compasivos".

Lo que LaVeck exponía hace diez años acerca de este problema en el ámbito anglosajón se está extendiendo ahora en el ámbito hispano y el resto del mundo occidental.

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«La Supuesta Verdad Es Más Extraña Que La Ficción: El coste oculto de vender huevos de "gallinas libres"»
"Verdad aparente: algo que si es dicho como si fuese verdad, que uno quiere que otros crean que es verdad, que dicho suficientes veces con suficientes voces orquestadas detrás de ello, puede incluso sonar como verdad, pero no es verdad." - Ken Dryden, parlamentario canadiense.
El coste oculto de vender al público "huevos camperos"
Muchos líderes del actual movimiento animalista están apoyando e incluso ayudando a desarrollar sellos y etiquetas de productos animales y estándares de ganadería "compasivos con los animales". Algunos están incluso promocionando productos animales tales como huevos que llevan una etiqueta "campera". Esta tendencia que crece rápidamente está siendo celebrada por algunos como "un nuevo nivel de compromiso" con la industria, y criticado por otros como nada menos que la apropiación al por mayor de la causa de los animales por parte de la industria.
Los activistas implicados han descartado la sugerencia de que tienen un conflicto de intereses. "La afirmación de que estamos en la misma cama con la industria", dijo un empleado senior de una gran organización bienestarista "ignora el hecho de que todos los grandes grupos de la industria nos identifican como una enorme amenaza."
¿Pero hay algo más en esta historia?
Acerca de este mismo empleado se informó que era participante en un encuentro el 28 de abril de 2005 entre su organización y los productores de huevos "camperos" industrializados. Como se informa en el blog del asesor de la industria Joel Salatin, este encuentro "inaugural e histórico" se centró en la "lluvia de ideas" de una campaña nacional contra los huevos de batería que promocionaría los huevos "camperos" como la alternativa. Salatin observó cómo "el entrar en los Wal-Marts del mundo consumió el tiempo de discusión" y cómo "todos los productores estaban salivando por más mercado: uno admitió que se estaba sentando sobre 700 cajas —eso son 21.000 docenas— por semana ahora mismo para las que no tenía mercado". Salatin añadió que el productor más grande del encuentro, a quien se refirió como el "jefe", aseguró a los animalistas que todos los "jugadores" adecuados de la industria estaban allí. La intención del "jefe", de acuerdo con Salatin, era que la "campaña promocionaría sólo a aquellos que estaban en la mesa. Se espera un tiempo de bonanza para el negocio".


¿Reforma o Refuerzo?
En 2001, Bill Moyer, un activista con 40 años de experiencia en los movimientos de derechos civiles, contra la guerra y anti-nuclear, publicó «Doing Democracy». Este libro que marcó un hito, y que muestra cómo los altibajos de los movimientos sociales generalmente siguen un patrón predecible, proporciona a los activistas un modelo para aumentar drásticamente su efectividad.
Moyer señala que los movimientos exitosos requieren activistas que cumplan cuatro funciones diferentes. Una de estas funciones es la de los "reformistas", individuos y grandes organizaciones que se centran en que las metas del movimiento, los valores y las alternativas sean adoptadas en leyes, políticas institucionales y prácticas de la industria. Los reformistas se dice que son especialmente útiles en las últimas etapas del proceso del cambio social.
Pero Moyer señala que puede haber un lado oscuro de las organizaciones centradas en las reformas que se muestra, trágicamente, justo cuando un movimiento está aumentando su impacto. La oposición al movimiento —en este caso, la industria de explotación animal— al percibir una mayor simpatía pública por la causa, intenta "dividir o socavar el movimiento ofreciendo reformas menores" y "los reformistas inefectivos empiezan a hacer acuerdos en el nombre de 'políticas realistas' generalmente por encima de las objeciones de los grupos de base".
¿Por qué? Moyer sugiere que colaborar con la oposición puede ofrecer beneficios sustanciales económicos y de relaciones públicas a los miembros de las organizaciones, a pesar de que el movimiento como totalidad puede sufrir graves daños.
Los integrantes de las grandes organizaciones pueden a veces olvidar su papel como administradores del poder de base de un movimiento, señala Moyer, y en vez de fomentar la democracia en sus organizaciones, y en el movimiento como conjunto, empiezan a actuar como autodenominados líderes. Ellos "se comportan como si representaran al movimiento, decidiendo sobre estrategias y programas para todo el movimiento y enviando entonces directivas a los niveles locales". Moyer deja claro cómo este "comportamiento jerárquico, opresivo, combinado con políticas conservadoras" divide al movimiento, separando a las grandes organizaciones de los activistas de base. Este es un serio problema, enfatiza, porque "el poder de los movimientos sociales está basado en las raíces".
En el escenario de Moyer en el que los reformistas cometen este error, los profesionales que dirgien las grandes organizaciones pueden incluso llegar a identificarse más con sus contrapartidas en la oposición que con la gente de base cuyas donaciones pagan sus salarios, y cuyo duro trabajo hace que sus programas lleguen a estar vivos. Como resultado, un movimiento puede perder su rumbo, "ya sea a través de la colisión o el compromiso por activistas reformistas que socaven la consecución de las metas críticas del movimiento."
Esto nos devuelve a la proliferación de los sistemas de etiquetas de productos animales aprobados por activistas, y el resultante robo de identidad que padece el movimiento vegano y de derechos animales. En un artículo reciente del New York Times titulado "Meat Labels Hope to Lure the Sensitive Carnivore" ["Los Sellos de la Carne Esperan Atraer a los Carnívoros Sensibles"], John Mackey, fundador y gerente de WholeFoods, uno de los vendedores de carne más grandes de Estados Unidos, es descrito como "un vegano que se vuelve cada vez más elocuente sobre cuestiones de derechos animales". En el mismo artículo, la American Humane Association y la Humane Farm Animal Care, ambas con un claro interés en las reformas de confinamiento de los animales, y no en el boicot a los productos animales ni en la abolición de la explotación animal, son consideradas como "organizaciones de derechos animales".
Pero cuál es el daño, dicen los proponentes, sólo son palabras, ¿no es verdad? Como se dice en el mismo artículo del New York Times, una cadena de alimentación aumentó el 25 por ciento sus ventas de carne desde que añadieron el logo "Certified Humane" [Certificado Humanitario], incluso aunque estos productos cuestan, de media, entre un 30 y un 40% más.
Parece que la industria tiene más que unas pocas razones para estar salivando por su nueva colaboración con el movimiento de defensa animal.


Un Momento de Verdad Aparente
¿Pero cómo podrían los activistas líderes inteligentes y experimentados caer en una trampa de la industria tan predecible? Puede que hayan fallado en entender que los valores que dirigen un movimiento de justicia social son inherentemente incompatibles con los de un negocio basado en explotar a los mismos seres a los que el movimiento se ha comprometido proteger.
Cuando el marco moral de una causa de justicia social está siendo deliberadamente mezclada con la lógica utilitarista de maximizar los beneficios de una industria explotadora, lo que una vez fue una relación natural de adversarios se convierte en un matrimonio disfuncional de conveniencia. Para conseguir que tal alianza antinatural funcione, el pensamiento crítico, el mismo catalizador de la conciencia, debe ser neutralizado a través de las manipulaciones de relaciones públicas.
Como una estrategia para terminar con el uso de jaulas de batería, por ejemplo, varias organizaciones animalistas están animando a sus miembros y simpatizantes a persuadir a individuos e instituciones para cambiar a huevos etiquetados "camperos". Uno de los arquitectos de esta campaña ha afirmado que el término "campero" no es confuso del todo, dado que aunque las gallinas están confinadas en entornos interiores artificiales, técnicamente hablando, ellas no están dentro de jaulas.
Pero ser objetivo técnicamente y decir la verdad no son necesariamente lo mismo. Simplemente pregunte a miembros de la sociedad en general que se imaginen las vidas de las gallinas que producen huevos "camperos". La mayoría probablemente visionará algo parecido a la mítico cuento infantial "La Granja del Viejo MacDonald", con animales contentos deambulando libremente por un corral bucólico.
¿La realidad? Millones de jóvenes gallinas permaneciendo hombro con hombro en grandes naves encerradas, forzadas a anidar día y noche sobre sus propios excrementos, respirando un aire tan fétido que los trabajadores llevan máscaras de gas para prevenir daños permanentes en sus pulmones. Así como sus hermanas en las jaulas de batería, a las gallinas "camperas" les cortan brutalmente el pico, les provocan una muda forzada —sin comer durante días para reiniciar el ciclo de de puesta de huevos— y, por supuesto, matadas cuando ya no son de utilidad. O, como un investigador descubrió, si no se puede encontrar a ningún comprador para sus cuerpos destrozados, pueden ser metidas en urnas de acero y gaseadas, y las pilas de sus restos ya sin vida enviadas a rellenar campos o para ser utilizados como abono. Por no mencionar los millones de pollitos macho que, incapaces de poner huevos, son asfixiados sin ceremonia en bolsas de plástico o triturados vivos para hacer fertilizantes o alimento, sus vidas se apagan antes de que siquiera llegaran a empezar.


¿Abuso "nuevo y mejorado"?
Si buscamos justicia colaborando con la industria, ayudando a desarrollar y promover lo que nos decimos a nosotros mismos que es una forma de explotación un poco menos horrible, ¿no estamos intentando reemplazar una forma de abuso por otra?
Mientras que es cuestionable si tal estrategia podría eventualmente llevar al fin de la explotación, una cosa es cierta: cuando los animalistas animan a la sociedad a aceptar "nuevas y mejoradas" formas de abuso, estamos reforzando poderosamente el estatus de los animales no humanos como propiedades —para ser adquiridos, utilizados y dispuestos a voluntad. Estamos también reforzando significativamente la credibilidad y la imagen pública positiva de una industria con una larga historia de traicionar la confianza de la sociedad.
Incluso aún más problemático, nosotros, los defensores de los animales, no podemos tener éxito al seguir esa estrategia, sin que nosotros mismos tomemos parte directamente en confundir a la sociedad. Considera, por ejemplo, lo que requiere vender con éxito la idea de que comprar y consumir huevos etiquetados como camperos es socialmente responsable, e incluso compasivo. Si toda la realidad de la producción de huevos "camperos" —o cualquier otro sistema sistematizado de expltoación de animales— llega a ser revelado, ¿no sería imposible convencer a grandes cantidades de gente a que lo apoyaran?
Por tanto, para promover los huevos "camperos", tenemos que atravesar la línea invisible, pero crítica, que separa un activista de un apologista.


De "Sin Jaula" a "Libre de Crueldad": Cómo La Verdad Aparente Se Convierte en Ficción
Vamos a examinar algunas de las afirmaciones que han aparecido en los medios locales donde la campaña de huevos "sin jaula" ha tenido lugar. Fíjate como la presión por cerrar la venta lleva a la inevitable confusión entre hecho y ficción:
Un estudiante de un grupo de derechos animales caracteriza su campaña de "sin jaula" como un intento por conseguir que el servicio de comidas de su colegio no compre más huevos de "grandes granjas industriales con condiciones crueles". El líder del grupo afirma que: "las granjas industriales y las gallinas enjauladas son dañinas para el medio ambiente" y que "los huevos ´sin jaula´ son buenos para los animales y los granjeros locales".
En otro instituto, los animalistas afirman que si la universidad cambiara a huevos etiquetados "sin jaula", "podríamos estar orgullosos de nosotros mismos de saber que estas aves tuvieron una vida decente" y que ya no estarían apoyando "prácticas medioambientalmente insostenibles que explotan la tierra, los trabajadores y los animales".
La verdad es que la mayoría de huevos "no provenientes de jaulas" son producidos en granjas industrializadas, y que hay poca evidencia para sugerir que las técnicas de producción "sin jaula" sean menos dañinas para el medio ambiente. Ciertamente no son "buenas para los animales".
Dijo un candidato a doctor: "si las naciones enteras a lo largo de Europa pueden prohibir las jaulas de batería y volverse libres de crueldad, !entonces soy optimista de que nuestra universidad también podrá!"
¿Pero una industria que mutila y mata a los animales jóvenes a los que explota puede ser realmente llamada "libre de crueldad"?
En otro instituto, un estudiante promotor de una exitosa campaña "sin jaulas" dice: "es bueno que esta universidad pueda mostrar que somos compasivos hacia los derechos animales". ¿Así que cambiar a huevos etiquetados como "sin jaula" es ahora una expresión de derechos animales, una filosofía que rechaza toda la explotación y boicotea el consumo de productos animales?
"Estamos felices de hacerlo" dice el gerente alimenticio de una compañía de las 500 de Fortune. "Hay un efecto en onda que creo que sucederá. Otras compañías también quieren asegurar el trato humanitario de los animales".
Como un astuto activista señaló, los términos que pueden ser utilizados en un sentido relativo cuando te comunicas con activistas animalistas, son ahora aplicados en un sentido absoluto en lo que se refiere a vender a los consumidores estas "nuevos y mejorados" productos animales. Así que mientras uno pueda elegir afirmar que algunas formas de explotación y matanza son menos inhumanas, o menos crueles que otras, un activista informado no puede honestamente caracterizar cualquier forma de explotación y matanza como compasiva o libre de crueldad. Eso es justamente lo que se hace creer el público.
Imagina lo que significa hacer todo el trabajo necesario para tirar abajo el velo que cubre la horrible injusticia de la producción de huevos en batería, y entonces, darte la vuelta y metódicamente cubrirlo de nuevo con una fachada nueva y mejorada: huevos "camperos", la alternativa libre de crueldad, socialmente responsable y medioambientalmente sostenible. Bueno para los animales, bueno para los ganaderos, bueno para los trabajadores, bueno para ti.
Todo esto sucede en un momento en el que más y más gente alrededor del mundo está adictos a una dieta centrada en las proteínas de origen animal, la causa probada de más enfermedades crónicas.  En un momento en que nos encontramos con una epidemia de obesidad, y amenazas sobre la gripe aviar como la próxima pandemia. En un momento en que los investigadores de las Naciones Unidas han determinado que la ganadería produce mayor impacto de calentamiento global que todos los automóviles, camiones, autobuses, aviones, trenes y barcos del mundo juntos.


Y No Lo Olvidemos, Ellos También Son Más Sabrosos 
Un tema repetido en las noticias sobre las campañas de huevos "camperos", de hecho muy común en la mayoría de la cobertura de los sistemas de etiquetas aprobados por los activistas, es cuán deliciosos son estos productos animales "nuevos y mejorados". 
Un servicio de menús de un campus realizó una prueba de sabor y fueron incapaces de encontrar ni un sólo estudiante que no pensara que los huevos "camperos" sabían mejor. Otro gerente de comedor fue citado haciendo cumplidos por su frescura. Ella habló de cómo uno de sus chefs "hizo pan de plátano con los huevos y dijo que hace que el pan sea más ligero y esponjoso" y cómo "los estudiantes parecían interesados en probar los huevos", concluyendo que "la gente parece estar comiendo más huevos por probarlos". 
¿Hay alguna duda de que nuestra causa esté siendo apropiada? 
¿Pero cómo puede alguien echar la culpa a activistas bien-intencionados por contribuir a la creciente abundancia de desinformación y tergiversación? Después de todo, ellos han sido convencidos por gente a la que admiran, de modo que si dicen la verdad, ellos no reducirán tanto el sufrimiento como ofreciendo estas falsas noticias tranquilizadoras de verdad aparente. Han sido convencidos de que reemplazar una forma forma de abuso por otra es un camino viable para terminar con la explotación.
Mientras que los valores y principios básicos del movimiento están siendo perversamente puestos al servicio de vender los mismos productos de sufrimiento y explotación que querían abolir, la integridad y buena voluntad de la gente se han vuelto cada vez más desorientada. Pierden su capacidad para reconocer que están siendo llevados a un destructivo conflicto de intereses, confundiéndolo con "pragmatismo" y "sentido común".



Una Media Verdad es una Completa Mentira
¿Es el momento de mirarnos al espejo? ¿En verdad queremos convencer a los jóvenes e idealistas que la manipulación es un camino seguro para un mundo mejor? ¿Las relaciones públicas, y no la educación, es la respuesta? ¿Queremos perpetuar la destructiva fantasía de que un movimiento social de justicia puede ser organizado como una corporación multinacional?
La ignorancia, la negación y la deshonestidad están en la propia raíz, no sólo de la explotación en sí misma, sino también de las fuerzas sociales y psicológicas que permiten su tolerancia. Cuando estamos dispuestos a sacrificar la verdad, para diluir su poder de modo que aumentemos las ganancias a corto plazo, independientemente de cuán noble pueda parecer, rompemos nuestros amarres éticos y empezamos a ir a la deriva y sin rumbo, inevitablemente siendo llevados por la misma corriente que lleva a quienes están atrapados en la explotación.
En el fondo de nuestro corazón, sabemos que hay un camino mejor. Si nos tomamos tiempo para escuchar, nuestra consciencia nos mostrará el camino.



Artículo original: «Truthiness is Stranger than Fiction»

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Para que el veganismo no salga adelante como movimiento es necesario seguir la estrategia que ya ha funcionado en los países anglosajones durante dos siglos: que los animalistas se alíen con los políticos y los explotadores institucionales para conseguir que la esclavitud de los animales no humanos se perpetúe adaptándola a la evolución social mediante regulaciones legales que hagan pensar a la gente que tratamos "humanitariamente" a los animales y que el "maltrato" se castiga. 

De ese modo, el mensaje abolicionista se hace quedar como "extremista" frente a la "moderación" de los bienestaristas. Mientras los animales siguen siendo esclavizados, siguen siendo dañados y matados para beneficio humano, y nada cambia realmente para ellos.

12 de febrero de 2017

Carta abierta a Fundéu — El "flexiveganismo" no es válido




Estimados responsables de Fundéu,

Me gustaría exponerles una observación crítica sobre su artículo titulado «flexivegetarianismo y flexiveganismo, neologismos válidos».

Quisiera aclarar que el término "flexiveganismo" no es un término válido. No lo es por dos razones básicas.

La primera es que están confundiendo el veganismo con el vegetarianismo. El vegetarianismo es una dieta. Pero el veganismo no es una dieta. El veganismo es un principio ético en contra de la explotación de los animales. Por tanto, no pertenecen a la misma categoría. Ustedes califican al veganismo de "preferencia dietética" y esto no es correcto. El veganismo es un principio ético, igual que lo es el feminismo o el laicismo.

A diferencia de la mayoría de las palabras, que surgen espontáneamente, el término veganismo fue creado de forma deliberada y definido oficialmente de forma precisa por sus creadores a mediados del siglo XX. Así lo exponía Leslie Cross:
«La palabra “veganismo” tiene un significado tan simple como preciso. Significa: la doctrina de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Debido a que la cuestión de la definición es una tan obviamente importante, voy a solicitarles que sean tan amables de grabarla en su memoria, de forma que cuando usemos la palabra “veganismo” todos estemos pensando en lo mismo. Veganismo entonces, es la doctrina de que los humanos deben vivir sin explotar a los animales.»
La segunda razón, directamente relacionada con la primera, es que si el veganismo es un principio ético entonces no puede ser "flexible". Si eres "flexible" respecto de la explotación animal entonces no eres vegano. Ser "flexible" respecto de la explotación animal es lo mismo que no-ser-vegano. Ser vegano es adoptar una posición inflexible contra la explotación de los animales. Es una contradicción decir que eres vegano y que eres "flexible" respecto de la explotación animal.

Si no es correcto ser "flexible" respecto de la esclavitud humana entonces por la misma razón no es correcto ser "flexible" respecto de la explotación animal. Si no es correcto que seamos "flexibles" hacia el abuso contra las mujeres, entonces por la misma razón no debemos ser "flexibles" en lo que concierne al abuso contra los animales. Decir "flexivegano" es tan absurdo como decir "flexifeminista".

Quien sea "flexible" hacia el abuso sobre las mujeres no puede ser feminista. Es contradictorio. Del mismo modo, ser vegano es estar en contra de la explotación de los animales, así que si eres "flexible" sobre la explotación animal no eres vegano. Es una contradicción decir que eres vegano y que eres "flexible" respecto de la explotación animal.

Por favor, les agradecería  que corrijan este error de su artículo. Gracias por su atención.

29 de enero de 2017

"Libres y felices" en el mundo de «1984»




“LA GUERRA ES LA PAZ,
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD,
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA”

[George Orwell, «1984»]


Un artículo periodístico informaba a su lectores que las "gallinas felices producen mejores huevos".

En el texto se afirman que estas son gallinas "felices". También dicen que son gallinas "libres".

Las gallinas están sometidas al dominio humano. Son coaccionadas y manipuladas para que obedezcan a sus propietarios. No son libres de ir a donde quieren sino que viven siempre en un espacio delimitado por quienes se consideran sus dueños. Están confinadas al área que sus explotadores deciden. Todo esto motivado sólo para obtener un beneficio económico. Sin embargo, nos dicen que son gallinas "libres".

Dicen que son "felices" sólo porque pueden respirar aire libre y caminar por la tierra y no las tienen encerradas permanentemente. Es decir, que si alguien nos secuestra pero nos permite dar paseos y respirar aire del campo entonces debemos considerarnos "felices" a pesar de estar sometidos a su voluntad y padecer coacciones y agresiones de forma sistemática.

¿Esto sería "bienestar" o es más bien malestar?

Entre los argumentos que se postulan para demostrar que son "felices" se expone que:
 «Se les puede dar una doble utilidad, para producción de huevos y carne.»
Se supone que ser tratadas así les hace "felices". Quizás el hecho de que les roben sus huevos les hace felices también.  ¿Son felices cuando las degüellan o les retuercen el cuello para matarlas?

¿No sucede tal vez que al realizar esos juicios estaríamos confundiendo nuestro bienestar con el de otros animales? El concepto de "bienestar animal" fue expresamente ideado para beneficiar a los humanos que esclavizan a otros animales, para beneficiar a explotadores y consumidores, y no para beneficiar a los animales.

Debido a que los animales son seres sintientes, se comprendió que la calidad y la eficiencia de la explotación animal dependía también de tener en cuenta que los animales son sujetos que experimentan sensaciones. Ellos tiene experiencias [deseos, emociones, sentimientos] y esas experiencias influyen en su salud mental y física.

Es por esto que Hilda Gladys Arango Londoño, médica veterinaria zootecnista, nos explica en el artículo mencionado al comienzo que la explotación avícola es adaptada:
«con el propósito de brindarles bienestar a las aves, respetar el entorno y permitirles un mejor desarrollo, al ofrecer mayor libertad, para que cumplan su ciclo de vida con la mayor felicidad posible.»
Fijémonos las expresiones "mayor libertad" y "la mayor felicidad posible". Esto quiere decir que su área de movimiento y su grado de bienestar está supeditado a lo que nosotros los humanos toleremos y decidamos en nuestro beneficio y siempre dentro del límite que nos permita obtener un beneficio de su uso como recursos.

Así, no es el animal, en tanto individuo consciente que posee voluntad e intereses propios, la referencia intrínseca para valorar su libertad o su bienestar, sino que es la ganancia económica lo que determina el parámetro. Cuando habitualmente se habla de "libertad" o de "bienestar" no se tiene en mente lo que los animales desean sino que en primer lugar está lo que los humanos desean obtener de ellos a costa de su libertad, su vida y su bienestar.

Sólo nos preocupa si los animales que explotamos sufren de forma extrema pero no nos preguntamos qué legitimidad moral tenemos en este caso para imponerles privación de libertad a otros animales, ni qué razón justificaría que los utilicemos y dañemos en nuestro beneficio.

Si comprendemos que utilizar a otros seres humanos como meros recursos no es moralmente aceptable entonces también podemos comprender que el mismo juicio moral se aplica a otros animales porque ellos son seres sintientes —son individuos que tienen voluntad, intenciones e intereses propios referidos a su propia superviencia y bienestar. La especie no es un criterio que justifique la discriminación en el contexto moral más que lo justificaría la raza o el sexo.

Los animales no tienen ningún interés en ser sometidos ni matados como recursos para que nosotros nos beneficiemos de ello. Ellos no han dado su consentimiento para que los utilicemos. Por tanto, no habría ningún grado de daño o sufrimiento que sea moralmente justificable como consecuencia de usar a otros animales como recursos.

En definitiva, manipulamos el cuerpo de otros animales, los confinamos al espacio que nosotros decidimos para ellos, nos aseguramos que nos obedezcan mediante la coacción y la agresión, los matamos cuando nos conviene para aprovechar sus cadáveres. Todos ellos están sometidos al estatus de propiedad y, por tanto, son literalmente esclavos. 

Pero pretenden hacernos creer que estos animales son "libres" y que son "felices".

¿Cómo es posible llegar a semejante grado de perversidad en el lenguaje en el que libertad y esclavitud se convierten en sinónimos? 

Es inevitable recordar la novela «1984», de George Orwell, en la que el régimen totalitario difundía el lema: "LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD".

Llega un momento en que los que tienen el poder pretenden hacernos creer que el día es la noche y que lo redondo es cuadrado porque es la única forma que tienen de resistir el análisis crítico.

He comprendido que «1984» denuncia todo un sistema de pensamiento que se considera con derecho a distorsionar y manipular, negando toda referencia a una realidad objetiva —negando la lógica y la evidencia. 

He comprendido que este texto no representa para todos la amarga sátira contra el fascismo y el totalitarismo que pretendía su autor sino que para algunos serviría de manual de instrucciones.

9 de enero de 2017

«La Historia Vegana»




En esta ocasión vengo a publicar el último texto que Leslie Cross redactara sobre el veganismo —sobre su sentido y significado— en el año 1955.

Anteriormente, Cross ya había publicado varios artículos anteriores exponiendo y desarrollando el concepto al que se refería el término veganismo que inicialmente había surgido como una disidencia del vegetarianismo en 1944 por aquellos vegetarianos que se oponían a que el vegetarianismo sólo rechazara el consumo de carne y no hiciera lo mismo con otros productos de origen animal como la leche. Así lo relataba Donald Watson en el primer boletín de la Asociación Vegana [The Vegan Society].

Listo por orden cronológico aquellos otros textos de Cross que tienen traducción al español:
Mi intención al difundir su trabajo no es meramente informativa sobre el origen del veganismo, que también, sino que sobre todo pretendo reivindicar el enfoque original del veganismo que Leslie Cross plasmó en estos textos fundacionales.
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Lo primero que me gustaría hacer es dirigir su atención hacia esta pequeña charla: «La Historia Vegana». La he llamado así porque quería subrayar la manera en que voy a intentar enfocar el tema. Lo que espero hacer es solamente lo que sugiere el título: contar una historia; la historia de lo que es el veganismo, lo que se propone hacer, y por qué se lo propone hacer.
En el curso de la historia debo mostrarles ciertos hechos y ciertas consideraciones, pero no debo, —al menos no de forma consciente—intentar convertir a nadie o realizar algún tipo de propaganda.
Sólo en caso de que algunos de ustedes sientan que esto es algún tipo de enfoque desapasionado, me gustaría explicar que a mi modo de ver, esto es el enfoque correcto.
Ya que considero la difusión informativa, la libre circulación informativa, como vital para el crecimiento de nuevas ideas, no considero como parte de mi deber el tratar de ser concientemente persuasivo. Pienso que probablemente estén de acuerdo conmigo en que un individuo debe establecer su forma de vida como resultado de una convicción interna, y no como resultado de presión persuasiva externa.
Con dicho preámbulo, comencemos con la Historia Vegana. Y al hacerlo, debemos primero colocar lo que va primero: esto es, debemos conocer sobre lo que estamos hablando. Afortunadamente, la palabra “veganismo” tiene un significado tan simple como preciso. Significa: la doctrina de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales. Debido a que la cuestión de la definición es una tan obviamente importante, voy a solicitarles que sean tan amables de grabarla en su memoria, de forma que cuando usemos la palabra “veganismo” todos estemos pensando en lo mismo. Veganismo entonces, es la doctrina de que los humanos deben vivir sin explotar a los animales.
Esta definición está escrita, con esas mismas palabras textuales, en la Constitución de la Asociación Vegana, así que nadie adhiere a la Asociación tanto como miembro pleno o como asociado sin conocer exactamente lo que está apoyando.
Es importante recalcar que uno de los resultados de esta definición es que hace del veganismo un principio. Es, por supuesto, un principio del cual ciertas prácticas naturalmente surgen, pero es en sí mismo un principio, y no un conjunto de prácticas.
Otro punto a señalar es que a este principio, a esta doctrina, le concierne a una sola cuestión. Un gran tema, es cierto, pero un tema claramente definido: la cuestión de la correcta relación entre humanos y animales.
Lo que esto dice en efecto es lo siguiente: dice que la relación generalmente aceptada por la mayoría del mundo es una muy imperfecto. Dice que en efecto no vamos a deshacernos de los tantísimos males que hacemos a los animales, ni vamos a deshacernos del daño que resulta para los mismos humanos, hasta que no cambiemos esta relación.
Es necesario, por tanto, observar la relación actual entre humanos y animales y preguntarnos qué está mal en ello.
Lo que está mal, según el veganismo, podría resumirse en una sola palabra: explotación.
Si observamos con claridad y sencillez esa relación podremos ver que está casi enteramente —no del todo pero casi enteramente— basada en el interés humano sobre la idea de que tiene un derecho moral a usar a los animales para sus propios propósitos.
De nuevo, si miramos con claridad al tema de la relación, podremos ver también que, por lo general, hay dos formas en que podemos considerar a los animales: [1] como criaturas a las que explotar; [2] como criaturas a las que amar.
Si queremos comprender el veganismo, si queremos apreciar su valor, debemos examinar al menos brevemente estas dos extendidas creencias sobre la relación entre humanos y animales.
Primero, miremos a la creencia mayoritaria, la creencia de que los animales son para nuestro uso y que tenemos un derecho moral a utilizarlos para nuestros propios fines, siempre y cuando reduzcamos el padecimiento y el sufrimiento al mínimo compatible con lo que requerimos de ellos.
Esta creencia es mantenida automáticamente por la mayoría de personas. Por ejemplo, los ganaderos hablan casi sin pensar de “producir más jamón” así como tú o yo podríamos decir “producir más coles”.
De nuevo, la creencia de la mayoría es que tenemos el derecho de usar a los animales como mano de obra. Para la mentalidad de la mayoría no hay un cuestionamiento fundamental sobre nuestra legitimidad de atar a caballos, bueyes, camellos, o cualquier otro animal, y obligarlos a trabajar para nuestras órdenes y nuestros requerimientos.
En la práctica, por supuesto, hay considerables variantes en la forma en que los humanos de hecho usan a los animales. Esas variantes van desde las aparentemente inocuas hasta las más brutalmente crueles. Pero lo realmente importante, me parece, es subrayar la dirección a la que dicha doctrina nos lleva.
Si quisiéramos ilustrar dicha dirección, podríamos citar tal vez a la vivisección; o al hecho de que el trabajo en los mataderos destruye la sensibilidad de quienes trabajan ahí.
Otro punto que debemos recalcar es que hay algunas explotaciones en las que el sufrimiento de los animales es inherente. Esto es, que si aboliéramos el sufrimiento, automáticamente quedaría abolida dicha forma particular de explotación. Una vez más, la vivisección es uno de esos casos. Otra de dichas explotaciones es la industria láctea, principalmente debido a su necesidad de separar al ternero de su madre.
Es casi imposible escapar a la conclusión de que cuando los humanos decidieron que teníamos un derecho moral de explotar a los animales, inevitablemente abrieron la puerta a una nueva y enteramente creada por los humanos forma de sufrimiento, que termina tanto en una forma de matadero como en otra.
Hay, sin embargo, otro aspecto que surge sobre el tema de la explotación, y es un aspecto que de ninguna manera recibe la atención que merece. Me refiero al aspecto en que la humanidad se daña a sí misma.
Dondequiera que exista interacción entre dos o más entidades, los efectos de dicha interacción no están confinados solamente a una de dichas entidades, sino que ambas están afectadas. ¿Cuál es entonces el efecto de esta interacción sobre el hombre que ha creado entre él mismo y los animales?
El efecto sobre los humanos no puede diferir tal como su naturaleza esencial no puede hacerlo de la naturaleza de la interacción en sí misma. Esto es tal vez una forma algo complicada de decir algo que se ha dicho hace mucho, mucho tiempo: cosecharás tu siembra.
¿Qué sembramos? ¿Qué le hacemos a los animales?
Los hacemos nacer por millones sólo para luego matarlos.
Explotamos sus funciones sexuales para provocar que den leche. Luego le quitamos al ternero a su madre para que no tome su leche. Matamos al ternero y lo comemos como filete de ternera. Y cuando su madre esté agotada como resultado de un embarazo forzado tras otro, la matamos, y comemos su cuerpo como carne picada.
Cazamos animales por diversión. Los diseccionamos. Los castramos y los atamos.
¿Qué tipo de relación puede representar una cuyos símbolos incluyen el látigo, el estribo, las riendas, y el cuchillo del carnicero?
Si estas son las cosas que sembramos, entonces éstas también son las cosas que cosechamos. La forma en que nuestra cosecha nos llega se puede ver exteriorizada en algunas de nuestras enfermedades, en nuestra deteriorada salud, y posiblemente también en la violencia entre humanos.
Pero la forma en que nuestra cosecha nos llega internamente podría ser nada menos que un impedimento a nuestra propia evolución espiritual. Porque así como un globo se ve impedido de subir tanto como el hilo que lo une a la tierra o el peso de su balastro se lo permiten, de la misma forma la mente humana es atada por las cadenas y el balastro que constituyen las demandas de su propia naturaleza más baja. Este aspecto de la relación entre el hombre y los animales es uno que requiere tal vez más reflexión que algunos de sus aspectos más obvios, pero creo que es uno de los más serios de todos los diversos resultados de vivir de acuerdo a la doctrina de la explotación.
Tendemos a olvidar que, por ejemplo, una de las pruebas más exigentes del carácter del hombre, y de ahí su habilidad para progresar, es cómo se comporta con aquellos sobre los que tiene poder. Cuando conoce el mundo de los animales se enfrenta con esta prueba en su forma más ácida; ya que no se puede negar que los animales no pueden resistirse a su voluntad.
En lugar de vivir con respeto y comprensión hacia ellos, lo que podría esperarse de alguien de naturaleza compasiva y mente iluminada, se comporta como un tirano, y en muchos casos como un parásito, lo que a menudo es la causa de un considerable sufrimiento para ellos.
Todo esto surge porque parte de asumir que tiene un derecho moral a explotar. Aquí yace el punto crucial de la cuestión, y ahí también yace el único lugar en el que podríamos, si quisiéramos, efectuar una reconciliación. Hasta que no efectuemos tal reconciliación, continuaremos cosechando lo que sembramos. Hasta que no aprendamos que el fruto de la felicidad humana no puede crecer del árbol de la explotación, continuará el dolor y el sufrimiento que infligimos sobre nuestros hermanos menores regresando como un bumerán sobre nuestras propias cabezas.
Esto es suficiente para la primera y mayoritaria idea —la idea de que tenemos derecho a usar a los animales para nuestros propios fines.
La segunda visión, como remarqué con anterioridad, es considerar a los animales como criaturas a las que amar.
Ahora me parece evidente que cuando amamos, no explotamos. En el momento de amar, no puede haber pensamiento alguno de explotar a quien amamos.
También me parece evidente que el amor es libre. Nadie puede forzar el amor; nadie puede limitarlo con cadenas restrictivas. El amor y la libertad van de la mano.
Si por tanto aceptamos el principio de que es mejor amar que explotar; si tras fracasos y tropiezos como era de esperar, continuamos pensando que es mejor mantener nuestros ojos en el objetivo de amar, ¿que deberíamos hacer acerca de los animales? Sin duda la respuesta es clara como el agua: !dejarlos en libertad!
Y eso es precisamente lo que el veganismo quiere hacer. Quiere liberar a los animales: liberarlos de la explotación por parte del ser humano, de la misma manera que en el siglo pasado Lincoln, Wilberforce y otros pioneros se propusieron liberar a los esclavos humanos.
El veganismo es esencialmente una doctrina de libertad. Busca liberar a los animales de la atadura del ser humano, y al ser humano de la atadura a una creencia falsa —la creencia falsa de que tenemos un derecho moral a usar a los animales para nuestros propios fines.
Es, por supuesto, una pregunta apropiada, tras haber decidido cuál es por principio lo correcto, preguntarnos cómo traer a la práctica dicha libertad. Claramente, el cambio desde las prácticas que se derivan de la explotación hacia aquellas que se derivan del amor será un viaje enorme. Uno sólo tiene que pensar por un momento en las inmensas ramificaciones de la explotación animal, y se le hará evidente que el cambio sólo puede producirse por etapas. Debemos dar los pasos más urgentes primero, y luego los otros gradualmente en orden de urgencia.
Uno de los primeros pasos es desarrollar alternativas a aquellos productos de origen animal que la mayoría de personas cree que son necesarios para su calidad de vida. Es por esto que en el momento presente el énfasis del movimiento vegano está puesto en alimentación y otros objetos de uso cotidiano. La dieta vegana es la que prescinde de cualquier producto que provenga de la explotación animal; excluyendo huevos, productos lácteos, así como la carne. 
Pero, como he indicado, el veganismo es un principio general que de ser adoptado, resulta en muchos cambios así como en cambios en la dieta. Resulta, por ejemplo, en la abolición de la vivisección, la caza, la pesca, y cualquier otra forma de explotar a los animales. Y aunque estemos de acuerdo que en la práctica puede ser adoptado sólo de forma gradual, sin embargo hay algo que podemos hacer ahora mismo y siempre: difundir la idea de que la emancipación de los animales no sólo es una causa que merece la pena, sino que es una causa que no puede ser pospuesta indefinidamente.
Esta idea puede parecer revolucionaria para las generaciones actuales de la misma forma que la emancipación de los esclavos humanos lo fue para generaciones anteriores. Pero revolucionario o no, pienso que al final es inevitable; esto es, si alguna vez hemos de vivir verdaderamente en paz en la tierra. Es seguro decir que es como mínimo ilógico rezar a los cielos por paz y amor entre los hombres, y al mismo tiempo llevar adelante una cruenta guerra contra nuestros hermanos menores.
Es un hecho que la creencia de que tenemos un derecho moral a explotar a los animales ha sido casi universalmente aceptada. Pero parte del progreso y la evolución del hombre depende de su habilidad para ver lo falso en aquello que de hecho ha sido considerado como verdadero. Porque cuando vemos lo falso como falso, lo arrojamos lejos de nosotros, y otra venda se ha ido.
Es lo verdadero, y no lo falso, lo que libera. Lo falso no puede llevar a la libertad, no puede llevar al amor.
Sólo por esta razón, me parece, este joven movimiento, cuyo objetivo es dejar a los animales en libertad, tiene sus pies sobre un camino tan verdadero como largo y arduo.
Texto original: «The Vegan Story»

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Resumo y comento los puntos fundamentales del texto, según los he entendido yo:
  • El veganismo se basa en una convicción interna y como tal no se puede imponer por presiones externas. No puede ser que alguien sea vegano porque otros le fuercen a ello. El veganismo se difunde mediante la información y el convencimiento propio. Por supuesto, esto no significa que los no-veganos estén legimitados en explotar a los animales. De la misma manera, alguien puede no estar de acuerdo con el feminismo pero eso no le exime de la obligación de respetar a las mujeres como personas 
  • El veganismo trata sobre la relación entre los humanos y los demás animales, y no sobre ninguna otra cuestión diferente. En concreto, trata sobre la relación de dominación que los humanos han establecido sobre los demás animales y acerca de romper ese tipo de relación. Así que no trata sobre nuestra salud personal, sobre el medio ambiente, o sobre cualquier otro tema que no se refiera a la relación moral entre humanos y animales, y a la oposición a que esta relación se base en la dominación y la explotación.
  • El veganismo es un principio, no una práctica. Es un principio del cual se derivan necesariamente una serie de prácticas. Pero en sí mismo es un principio: el principio moral de que los humanos no deben explotar a los demás animales, es decir, no usarlos como medios para nuestros fines. Por tanto, cuando hablemos de veganismo no nos estaremos refiriendo a un tipo de dieta o a un estilo de vida, sino a un imperativo ético.
  • El veganismo se fundamenta en el amor. Según creo, Leslie Cross usaría la noción de amor no como un sentimiento particular de afecto sino más bien como una preocupación moral por la vida, el bienestar y la libertad de los individuos. Considero que asume el concepto en el mismo sentido universal que lo usaban Gandhi y Martin Luther King. Ellos lo usaban como sinónimo positivo de no-violencia. Así sucedía también con términos como espíritu o espiritual que se refieren no siempre a la existencia de una entidad sobrenatural sino simplemente a la mente del individuo; a sus emociones, intenciones y sentimientos.

21 de diciembre de 2016

"No soy vegano por tu culpa"



«El Error Fundamental de Atribución. Este error consiste en pensar que los demás hacen las cosas porque son como son, por disposiciones o factores de personalidad, mientras que nosotros las hacemos influidos por las circunstancias. Muy resumido, cuando alguien hace algo malo diríamos por ejemplo que lo hizo porque es un egoísta; si la misma cosa la hacemos nosotros diríamos que fue porque estábamos cansados y habíamos dormido mal.» ~ Richard Nisbett

Ocasionalmente aparece alguien en los foros proclamando que no había podido tomar la decisión de hacerse vegano debido a que se había encontrado con veganos que eran "rudos", "antipáticos", "agresivos", u otros calificativos similares, y achacaba a esa circunstancia el motivo por el que decidía rechazar el veganismo.

Me gustaría exponer algunas observaciones breves sobre esa alegación.

Es probable que haya miles de veganos en cada ciudad/región/país/ de la persona que hace esas declaraciones. Resulta muy difícil de creer que todos ellos en general sean rudos, antipáticos o desagradables. No hay nada intrínseco al veganismo que fomente la rudeza y la antipatía. El veganismo simplemente postula que no debemos explotar a los animales. Es un mensaje de respeto moral y no-violencia.

Es cierto que los veganos no deberían mostrarse desagradables o a agresivos hacia otras personas cuando difunden el veganismo. Siempre he defendido la comunicación no-violenta como paradigma del activismo. Si bien, cada persona tiene su propio carácter y no es factible pretender que todos los veganos sean siempre el colmo de la simpatía. No obstante, a menudo parece a un vegano se le juzga bajo un baremo diferente y más estricto que a otros. Quizás me equivoque pero mi impresión es que los veganos en general están dispuestos a hablar cordialmente con otras personas que sean receptivas a dialogar. 

Por otra parte, no es razonable pretender una conexión entre la validez del veganismo y el comportamiento de algunos veganos. Que algunos veganos se muestren antipáticos puede suponer un motivo razonable para evitar el contacto con esos veganos, pero no es una razón que justifique rechazar el veganismo. ¿Acaso nuestra posición respecto de la violación, la esclavitud, o el abuso infantil, depende según la antipatía o la simpatía que muestren los partidarios de rechazar la violación, la esclavitud y el abuso infantil?

Yo me hice vegano hace ya casi diez años sin interactuar directamente con nadie vegano; sólo acudiendo a la información que encontré dispersa en libros y en internet. Me hice vegano por la simple razón de que no quiero hacer daño a los animales y descubrí entonces que podíamos vivir sin explotar animales y que esta explotación era un daño que no se podía justificar desde un punto de vista moral. Si aun disponiendo de toda esta información decides no hacerte vegano no puedo creer que sea por culpa de la conducta de otros veganos. Toda la información necesaria para conocer y aplicar el veganismo está disponible si uno se molesta un poquito en buscar.

La función principal de los activistas no es tanto ayudar a quien haya tomado ya la decisión de ser vegano —que también lo sería— sino que consiste sobre todo en motivar a la gente que nunca piensa en la explotación animal como un problema moral a que se cuestione esta situación y a que conozca la injusticia del especismo. Una vez que la persona toma conciencia entonces la responsabilidad recae ahora sobre ella misma. 

El veganismo no es un club ni es una comunidad o una asociación, ni menos aún es alguna clase de "secta". No es algo a lo que entras a formar parte. El veganismo no trata sobre los veganos; trata sobre nuestra obligación moral de respetar a los demás animales y no cosificarlos como recursos para los humanos. Si nos importan los animales entonces nos sentiremos moralmente atraídos hacia el veganismo, de la misma manera que entendemos que si nos importa evitar el daño hacia los seres humanos entonces la esclavitud no es aceptable.

Dejando a un lado la posiblidad de que se trate de una mera excusa sin fundamento, pienso que si alguien decide no hacerse vegano porque supuestamente algún vegano fue antipático con él esto significa que no ha comprendido lo que es el veganismo y quizás lo ha confundido con un club social. Si nos importa respetar los intereses de los animales entonces decidiremos dejar de explotarlos. Que hubiera algunos veganos antipáticos resulta del todo irrelevante a la hora de tomar esta decisión.

Lamento de veras si alguien encuentra que mi exposición es ruda, agresiva o desagradable. No es mi intención ni mi propósito molestar a nadie de forma deliberada. Pero los animales no tienen culpa de mi conducta y no considero que deban pagar con sus vidas el hecho de que yo le resulte antipático a alguien.



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