10 de diciembre de 2009

Animales como propiedad


El profesor Gary L. Francione explica en esta presentación las razones fundamentales por las que las actuales leyes de protección animal son ineficaces para proteger los intereses básicos de los animales no humanos:







3 de diciembre de 2009

Sadismo



"El sadismo no tiene ninguna finalidad práctica, es un intento de transformar el vacío emocional, la desesperanza y la impotencia en un estado de poder absoluto mediante la subyugación por la fuerza de un ser indefenso." Luis Rojas Marcos 


El ser humano no necesita comer animales ni nada proveniente de otros animales para alimentarse, por lo tanto, si no hay necesidad de hacerlo, todo el sufrimiento que se inflija a los animales por este motivo, del grado que sea, es completamente innecesario. No tiene justificación alguna.

El hecho de que nuestra explotación sobre otros animales haya ocurrido "desde siempre" no es ningún argumento válido, pues otras prácticas, como la esclavitud, la opresión a la mujer, las violaciones sexuales, los asesinatos, las torturas, el castigo corporal a los niños, las guerras, la homofobia, la discriminación racial, y otras muchas formas de violencia también han ocurrido desde que existen las sociedades humanas, sin embargo, el argumento de que todo eso debería seguir haciéndose porque "se ha hecho desde siempre" no parece tener mucha validez moral cuando se trata de seres humanos.


Quien siga comiendo animales a pesar de saber y ser consciente de que esos animales han tenido que pasar por una vida entera de sufrimiento entonces no resulta nada inapropiado decir que el continuar con esas prácticas tiene mucha similitud con el sadismo, pues el único motivo principal para comer productos de origen animal es el habituado placer que se obtiene de ello.

Si alguien sabe que consumiendo productos de origen animal está causando sufrimiento y muerte a otros animales, es plenamente consciente de ello, y también sabe que no lo necesita en absoluto para vivir, y tener una buena calidad de vida, pero aun así lo sigue haciendo ¿cuál es la diferencia con un sádico? 

Tal vez esta valoración no sea aplicable para el conjunto de la población, porque la mayoría no tiene información ni consciencia al respecto, pero sí lo sería, al menos, sobre a algunos individuos. Aunque esto tampoco quiere decir necesariamente que estos individuos sean "malvados". La gente normal puede ser sádica cuando la han educado para ello y viven en un contexto que facilita y promueve ese tipo de comportamientos, como muy bien supo ver Hanna Arendt

Si comemos animales, y consumimos otros productos o participamos en prácticas que implican explotar a los demás animales, siendo conscientes del daño, el sufrimiento y la muerte que estamos causando innecesariamente y de forma deliberada, entonces me pregunto ¿qué diferencia habría pues entre un sádico y nosotros?

Si alguien se sintiera molesto u ofendido por esta comparación entonces que se imagine que ese sentimiento es apenas una pizca de toda la frustración y el dolor que sienten a lo largo de toda su vida los animales explotados en granjas de esclavos y que acaban asesinados en mataderos.

18 de noviembre de 2009

Veganismo definido



VEGANISMO DEFINIDO 

 Leslie Cross

Primavera de 1951

Recientemente la Asociación Vegana ha adoptado una serie de puntos revisados y ampliados, los cuales, entre otras cosas, servirán para clarificar los objetivos hacia los que el movimiento aspira.
El propósito de la asociación y el significado de la palabra "veganismo", que hasta ahora han sido objeto de suposiciones y preferencias personales, ha sido finalmente definido como: 
"El objetivo de la Asociación debe ser terminar con la explotación de los animales por parte del hombre" y "La palabra veganismo significará la doctrina de que el hombre debe vivir sin explotar a los animales."
El movimiento vegano se compromete a sí mismo en la búsqueda del objetivo de acabar con la utilización de animales para alimentación, recursos, trabajo, caza, experimentación, y todos los demás usos que implican la explotación de la vida animal por parte del hombre.
Pueden ser miembros de la Asociación todos aquellos que deseen compartir nuestro objetivo y traten de vivir lo más cerca de este ideal hasta donde sus circunstancias personales se lo permitan. Un miembro de esta comunidad no hace una promesa pero sí declara estar de acuerdo con el objetivo. La puerta está abierta y organización da la bienvenida a todos aquellos que se sientan capaces de apoyarla. La direción y la administración del trabajo de la organización recae en la labor de sus miembros. 
El sentido de esta iniciativa es hacer del veganismo algo único entre los movimientos relacionados con el bienestar animal. Por ese motivo se ha materializado en una totalidad y no, como los otros movimientos, en una abstracción. Cuando los otros movimientos se ocupan de sectores determinados —y por tanto van directamente a las prácticas más que a los principios— el veganismo es en sí mismo un principio, del cual se derivan de manera lógica ciertas prácticas.  
Si, por ejemplo, el principio del veganismo es aplicado a la dieta, entonces esta no debe contener ningún alimento derivado de animales. Alguien podría adoptar este tipo de dieta por una variedad de motivos: humanitarios, de salud, o por gusto. Pero entonces se haría por una cuestión personal que podría cambiar. El veganismo, sin embargo, es un principio —de que el hombre no tiene derecho a explotar a los animales para sus propios fines— que no cambia. La dieta vegana se compone, por tanto, de frutos, semillas, verduras, y otros productos que no provengan de animales, y excluye los cadáveres, los huevos, la miel, la leche animal y sus derivados. 
En un mundo vegano, los demás animales serían reintegrados en el equilibrio y la salud de la naturaleza tal y como es en sí misma. De este modo, un gran error histórico, cuyo efecto debe de haber sido tremendo sobre el curso de la evolución, sería corregido. La idea de que nuestros hermanos animales pueden ser usados por el hombre para su propio provecho será tan extraña para el pensamiento hasta ser casi impensable. Bajo este prisma, el veganismo no significa tanto bienestar sino liberación, para los animales y para la mente y el corazón del hombre; ya que no se trata de hacer la presente relación más soportable sino de reconocer que esta es una relación entre amo y esclavo, la cual debe ser abolida antes de que algo mejor y más adecuado pueda ser construido.
El veganismo es en verdad la afirmación de que en donde haya amor la explotación debe desaparecer. Este pensamiento tiene su continuidad histórica con el movimiento que buscaba la liberar a los esclavos humanos. Al ponerlo en práctica, cualquier error fundamental cometido por el hombre contra los animales debe inmediatamente desaparecer. Su esencia está en el poder de la compasión; la máxima expresión de amor de que el hombre es capaz. Algo que se da sin esperar obtener nada a cambio. Y al mismo tiempo que se liberaría a sí misma de otros muchos perjuicios surgidos del peor aspecto de su propia naturaleza, el beneficio que la humanidad pudiera obtener sería incalculable. 
Leslie Cross, (Vicepresidente de la Vegan Society
39, Willow Crescent East, Uxbridge, Middx
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Texto original en inglés: Veganism Defined
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6 de octubre de 2009

«La superioridad humana»





Febrero 1996

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de dirigirme a los estudiantes de la Facultad de Medicina de Hahnemann en Filadelfia. El motivo fue un debate entre un profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania llamado Adrian Morrison y yo. Morrison ha usado gatos en experimentos bastante terribles y con los años ha sido el blanco de diversas protestas por parte de los defensores de los Derechos Animales. Yo estaba en contra de dichos experimentos y él, como es de esperar, estaba a favor. 

El debate comenzó con una pregunta hecha por el moderador: “¿Se puede justificar el uso de animales en experimentos?”. Adrian Morrison respondió que estos experimentos están plenamente justificados como consecuencia de los beneficios que el uso de animales ha aportado a la salud humana. 

Creo que hay que ser cauto al evaluar los beneficios de la investigación en animales. Una cantidad creciente de profesionales de la medicina ha expresado bastante escepticismo frente a la validez científica de los experimentos en animales. Pero incluso si nos beneficiamos de ello, el beneficio por sí solo no justifica moralmente la explotación de los animales. 

Si beneficiarnos de la explotación animal en sí fuera una justificación sólida entonces ¿por qué este argumento no sirve cuando concierne a los seres humanos? Después de todo nadie podría negar que se obtendrían beneficios aún mayores si utilizáramos seres humanos en contra de su voluntad para dichos experimentos. ¿Entonces por qué no usar seres humanos en contra de su voluntad cuando esto nos beneficiaría mucho más a todos los demás?

La respuesta es obvia, no se usan seres humanos en contra de su voluntad porque como sociedad creemos que los seres humanos tienen ciertos intereses que se deberían proteger. 
Los seres humanos tienen ciertos derechos. Y el derecho fundamental es el de no ser tratados como propiedad o como instrumentos para los propósitos de sus dueños. Es por eso que casi todos los países están de acuerdo en que la esclavitud, o el trato legalmente sancionado y dictado de los seres humanos como objetos es un verdadero tabú moral universal que debe ser condenado. 

¿Pero es posible justificar la esclavitud de los animales? No se trata de resolver situaciones generales, como si acaso es moralmente correcto matar a un animal que nos está atacando, o si acaso los animales tienen un “derecho a vivir” en abstracto. La pregunta es más sencilla que eso: ¿existe alguna justificación moral para masacrar, sólo en Estados Unidos, a más de ocho mil millones de animales al año para ser usados como alimento?  ¿Existe alguna justificación moral para utilizar a más de cien millones de animales, anualmente y sólo en Estado Unidos, para experimentación que en su mayoría tiene un bajo impacto en la salud humana?  ¿Existe alguna justificación moral para utilizar a millones de animales para entretenimiento en rodeos, circos, zoológicos y películas? 

La respuesta de Adrian Morrison de que la explotación animal pueda ser justificada por el beneficio de los seres humanos es ilógica, pues ya da por hecho precisamente la esencia del problema: si los animales, al igual que los seres humanos, tienen el derecho básico a no ser esclavizados para provecho de sus amos humanos. 

Si debemos justificar esta explotación, es necesario que de alguna manera podamos distinguir a los otros animales de los humanos, y es más fácil decirlo que hacerlo. Después de todo, ¿qué característica o “defecto” tienen los animales que justifica nuestro trato hacia ellos como esclavos, como nuestras cosas, como propiedad que sólo existe para nuestro bien, los amos humanos? 

Algunas personas argumentan que los animales son diferentes porque no piensan. Pero lo cierto es que esa aseveración es falsa. Es sabido, por ejemplo, que los mamíferos y las aves tienen capacidades mentales muy complejas. Y que además existen seres humanos que son incapaces de pensar. Algunas humanos nacen sin algunas partes del cerebro y sus capacidades cognitivas son menores a las de una rata sana. Algunos humanos como, el senador Phil Gramm, desarrollan una muerte cerebral durante su vida adulta y simplemente parecen estar funcionando. 

Algunas personas dicen que los animales son diferentes porque no hablan. Pero los animales se comunican por sus propios medios, y además existen personas que no pueden hablar. 

La lista es prácticamente interminable, pero el punto es uno sólo: no existe ningún “defecto” que tengan los animales que no sea también característica de algún grupo de seres humanos, y aun así uno jamás pensaría utilizar ese determinado grupo de seres humanos para experimentos o como alimento. 

Los animales, al igual que los seres humanos, tienen ciertos intereses en sus propias vidas que trascienden lo que su denominado “sacrificio” puede servir para nosotros. Y son precisamente esos intereses los que nos impiden como cuestión moral tratarlos como simples “objetos.” 

Volviendo al debate en la Facultad de Medicina, el Dr. Morrison aportó un criterio que, como declaró triunfalmente, separa a los seres humanos de los animales: los seres humanos son “superiores.” 

Esta es una respuesta curiosa viniendo de un científico. Después de todo, ¿dónde se encuentra la “superioridad” en el mundo natural? Lo siento, Dr. Morrison, la “superioridad” de las especies es al igual que la superioridad de una raza, o de un sexo, una construcción social y no científica. Es un concepto formulado y usado para sostener relaciones de poder jerárquicas. La superioridad no es un argumento en absoluto; es una conclusión que da por hecho el punto a demostrar. Da por sentada una afirmación que antes debe demostrar. 

El Dr. Morrison señaló que los perros no escriben sinfonías y que los seres humanos sí. Respondí que jamás he escrito una sinfonía y que según lo que sé tampoco lo ha hecho el Dr. Morrison. ¿Quiere decir eso que es correcto que la gente nos coma o nos utilice en experimentos? 

Y además, su ejemplo demuestra mi punto. Escribir una sinfonía sólo es un acto “superior” si tú eres un ser humano que valora dicha actividad. Algunos perros sin mayor impulso que el que les otorga su posición de sentados pueden llegar a saltar hasta casi dos metros. A eso sí que le llamo “superioridad.” Pero la “superioridad”, al igual que muchas de las palabras cliché de la vida moderna, como “mérito” y “belleza” están ligadas al juicio personal y no a los hechos. 

Señalar que podemos explotar a los otros animales porque somos “superiores” no es más que decir que tenemos más poder que ellos. Y nada más. Y, exceptuando los partidos fascistas, la mayoría de nosotros rechazamos la visión de que el poder establece lo que es correcto. Así que por qué, díganme, está ese principio tan ciegamente aceptado cuando se trata de nuestro relación con los animales. 

A nosotros los progresistas nos gusta pensar que nos hemos deshecho de todos los vestigios de la esclavitud en nuestras vidas, pero la realidad es que todos seguimos siendo esclavistas, la plantación es la tierra, sembrada con las semillas de la codicia, y los esclavos son nuestras hermanas y nuestros hermanos nohumanos. 

A propósito, Morrison dio otra razón para la superioridad humana. Nombró el tamaño del cerebro humano. Pero de todas maneras gran parte del público ya había aceptado el hecho de que el tamaño de los órganos humanos no significa gran cosa.
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Texto original en inglés: "Human superiority"
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22 de septiembre de 2009

La tragedia de Moscatel




Hace unos días fue asesinado públicamente en el pueblo vallisoletano de Tordesillas un toro llamado Moscatel. Su muerte ocurrió por dos motivos principales: tradición y diversión. Los habitantes del lugar llevan cinco siglos celebrando el asesinato público de un toro en una fecha señalada. Lo hacen por mantener una tradición heredada. Alrededor de dicho acontecimiento se congregan miles de personas venidas de otros lugares para ver o participar en este evento sangriento. Todos lo hacen evidentemente por la diversión que obtienen al participar en ello.

Por otro lado, muchísima gente se muestra escandalizada y contraria a esto. La gran mayoría de ellos comen animales. Que reaccionen de esa forma no me parece extraño lo que me choca es que eso mismo no les haga reflexionar acerca de su propia conducta. Si pensamos en ello por un momento nos daremos cuenta de lo incoherente que resulta que gente que paga por divertirse comiendo cadáveres de unos animales se manifieste en contra y se indigne porque otros hagan exactamente lo mismo que hacen ellos: utilizar a otros animales para su propio beneficio causándoles sufrimiento y muerte.

Moscatel, al igual que todos nosotros, no deseaba morir, pero fue asesinado, al aire libre bajo el sol, y su muerte fue publicada por los medios informativos. Pero los miles de animales que están siendo torturados y asesinados a puerta cerrada en las granjas y en los mataderos justo en este momento son víctimas ignoradas por la  gran mayoría de la sociedad, víctimas por los mismos motivos que lo fue Moscatel: por continuar una tradición, la tradición de comer animales, y por diversión, por el placer que se obtiene de comer sus cuerpos muertos. 

Sólo espero que algún día los que somos veganos consigamos hacer ver al resto de la sociedad que es igual de inmoral matar a Moscatel que matar a los animales cuyos cadáveres se comen cada día o cuyas pieles visten. Creo que sólo entonces la trágica muerte de Moscatel no habrá sido en vano. No deberíamos permitir que haya sido en vano. La tragedia de Moscatel es la misma tragedia que tienen que padecer millones de animales inocentes que son esclavizados y asesinados para beneficio humano. Ya no podemos salvar a Moscatel pero sí podemos salvar a millones de animales de sufrir en el futuro el mismo destino si educamos activamente a la sociedad en el respeto a los animales.

Eduquemos en el veganismo.

14 de septiembre de 2009

¿Defender a los animales?

GRANJAS DE ESCLAVOS

«Mis experiencias me condujeron a querer dedicar mi vida a conseguir justicia para los oprimidos. Pronto me di cuenta de que los seres más oprimidos de la tierra son los animales, y de entre ellos los más numerosos y más oprimidos son los animales utilizados en las granjas.
»
  ~ Alex Hershaft

Durantes estos últimos años, desde que me hice vegano, mucha gente se ha extrañado de mi preocupación moral por los animales que no son humanos.

Algunos me han advertido que, según su punto de vista, existían problemas en el mundo más importantes que la forma en que tratamos a los demás animales. Problemas como el aborto, el hambre, la pobreza, las guerras, la violencia machista, serían, a su juicio, más importantes que preocuparnos por la relación que los seres humanos tenemos con los animales no humanos.

En respuesta a esas objeciones, en esta nota de hoy quisiera señalar brevemente algunos motivos por los que me parece importante y prioritaria la defensa específica de los derechos de los animales no humanos como activismo.

Primero; los demás animales no pueden defenderse por sí mismos. Una evidente dificultad que tienen los animales no humanos para defender sus intereses es que no se pueden organizar para hacer frente a los abusos que se cometen contra ellos. No pueden manifestarse, ni hacer presión social, ni boicotear empresas, ni dar charlas educativas, ni realizar actos en la calle. En definitiva, todo aquello que nosotros sí podemos hacer para intentar proteger nuestros propios intereses.

Es decir, los animales no humanos resultan ser las víctimas más indefensas ante el poder del ser humano. No pueden responder de ninguna manera ante la violencia que cometemos contra ellos. No pueden denunciarlo a las autoridades o a los medios informativos. Los no-humanos explotados por el hombre no pueden levantar la voz contra su esclavitud. Además de que las leyes jurídicas no protegen los derechos de los animales no humanos, puesto que están sometidos a la condición legal de propiedad humana —y son tratados literalmente como esclavos de los humanos—, ellos no poseen la capacidad para rebelarse de forma organizada.

Segundo; yo considero que el activismo es una obligación moral. No es una obligación moral en sí mismo, como sí lo es el veganismo como principio ético, pero sí es una obligación moral derivada del hecho de que hemos aceptado formar parte de una sociedad que explota a los animales. La única forma de compensar esto es hacer activismo para reformar la sociedad.

No es lo mismo la obligación moral imperativa de un principio ético que la obligación moral derivada de una decisión voluntaria. Pero ambas son obligaciones. Por ejemplo; no tenemos la obligación moral de cuidar de un niño cualquiera; pero si traemos un niño al mundo contraes la obligación derivada de cuidar a ese niño concreto. Del mismo modo, no tenemos la obligación imperativa de hacer activismo; pero si decidimos continuar formando parte de esta sociedad especista entonces contraemos la obligación de reformarla hacia el veganismo.

Tercero; el prejuicio más arraigado que existe en la mentalidad de nuestra sociedad es el especismo. Durante miles de años el hecho de utilizar a los animales de otras especies para satisfacer nuestras necesidades ha sido aceptado como algo perfectamente normal hasta ahora en casi todas las culturas humanas conocidas.

El prejuicio de considerar que las vidas de los otros animales no tienen valor moral en sí mismas, y que sólo tienen el valor instrumental o económico que nosotros les demos, sigue siendo el prejuicio más extendido y afianzado en la mentalidad humana. Erradicar ese prejuicio y evolucionar hacia una ética de respeto va a requerir de un inmenso esfuerzo.

Cuarto; resulta que respetar a los demás animales es compatible con cualquier otra lucha social en la que nos queramos ver involucrados.

Todos podemos respetar a los animales porque todos podemos veganos. Difundir el veganismo es la forma más fundamental e importante de activismo por los animales. Pero al mismo tiempo que somos veganos también podemos colaborar para ayudar a colectivos humanos desfavorecidos. Lo relevante no es la especie; lo relevante es que haya individuos que sean víctimas de la injusticia y necesiten de nuestra ayuda.

En definitiva, no sólo habría motivos de peso para defender a los animales no humanos —comenzando por lo más fundamental e importante que es llevar el veganismo a la práctica y difundirlo educativamente— sino que no hay ninguna excusa para no respetarlos. Todos podemos ya respetar a los demás animales, porque todos podemos ser veganos.

1 de septiembre de 2009

Eva Batt - "¿Por qué veganismo?"


 
¿Por qué Veganismo? 
por Eva Batt [1908 – 1989]
Escrito para "Harmless: Anthology of Ahimsa", inicialmente publicado en el año 1964 por la Asociación Vegana de los Estados Unidos, este impresionante ensayo, aquí presentado en su forma completa e inalterado, es una vislumbre fascinante a la historia del veganismo. Eva Batt, residente en Inglaterra, se hizo vegana en 1954, justo 10 años después de la invención de la palabra. En las siguientes décadas, Batt contribuyó a la difusión y desarrollo de la Asociación Vegana del Reino Unido, la cual presidió durante quince años. Sus obras incluyen el primer libro publicado de cocina vegana. 
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Durante siglos, muchas personas han vivido a base de una alimentación estrictamente vegetariana, pero no fue hasta 1944 cuando algunos entusiastas vegetarianos —que luego se llamarían a sí mismos veganos— se juntaron en Londres para intercambiar conocimientos obtenidos de su experiencia personal, acerca de vivir con una dieta que excluía no solo la carne sino también todos los productos lácteos —leche, mantequilla, queso, yogur— y los huevos, y para hablar de la forma de hacer los resultados disponibles a todos, para que cualquier persona pudiera adoptar con confianza esta dieta humanitaria.
La primera Vegan Society se fundó en febrero del mismo año en Inglaterra, y se envió un boletín a los miembros, luego reemplazado en el verano de 1946 por una publicación cuatrimestral, llamada The Vegan que sigue en publicación hoy día. Más personas humanitarias se asociaron, trayendo consigo una variedad de experiencia y sabiduría. Ocasionalmente el entusiasmo fue más predominante que el conocimiento, y durante los siguientes años algunos pioneros desarrollaron síntomas de deficiencias nutricionales, y sufrieron mucho tanto física como socialmente.
Pero gracias a esos entregados pioneros, hoy día los veganos pueden participar sin miedo en esta maravillosa aventura de vivir compasivamente, hasta ser aceptados como —casi— ciudadanos “normales”. Desde entonces, veganos de diferentes lugares se han juntado con los de las Islas Británicas, y en 1960 se fundó la Vegan Society de los Estados Unidos, en Malaga [New Jersey], quienes publican la revista Ahimsa. Tal y como cabría esperar, existe una colaboración muy cercana entre las dos sociedades.
El veganismo siempre ha enfatizado la necesidad de una alimentación completa a la vez que compasiva, la importancia de la conservación del suelo, y la mejor forma de usar la tierra para que nuestros herederos no la encuentren destruida, yerma, y faltando los minerales esenciales para sostener la vida. Es obvio que los veganos prefieren medidas naturales como comida pura, aire fresco, el sol, ejercicio, etc., en vez de usar vacunaciones y medicamentos para mantener un cuerpo saludable y una mente sana. Además, según el veganismo, la contaminación del agua por los alcantarillados y desechos industriales, o por la adición del fluoruro, etc, no trata bien los intereses del individuo ni de la comunidad.
El uso de pesticidas y fertilizantes artificiales es contrario a los principios del veganismo, y el cultivo vegánico ha demostrado que esos métodos son totalmente innecesarios si se establece un correcto balance del suelo. Frutas y verduras sembradas mediante los métodos vegánicos salen igual de grandes y hermosos, y perfectamente formados, como los que han sido sembrados usando cualquier otro método. Es importante aclarar que vegánico no es lo mismo que “orgánico”, que puede significar utilizar sangre seca, hueso molido, cuerno molido y cualquier otro desecho del matadero.
Esto ha sido ciertamente ilustrado por las diapositivas enseñadas durante el discurso del Señor O’Brien en la Sociedad Real de Bellas Artes de Londres, las cuales probaron que el método de cultivo vegánico sin perforación del señor Dalziel O’Brien produce alimentos grandes y hermosos , y hasta mas nutritivos y deliciosos que los que han sido sembrados usando sustancias artificiales y sofocados con insecticidas venenosos. Tienen la ventaja para los veganos de ser producidas humanitariamente, sin usar los productos provenientes del matadero anteriormente mencionados.
Según su creencia en el principio de la no-violencia, los veganos se inclinan naturalmente hacia el pacifismo, y la mayoría se oponen activamente a cualquier actividad agresiva. Sin embargo, el veganismo no tiene vínculo con ningún partido o sistema político, ni nacional ni internacional. Del mismo modo, algunos veganos pueden ser profundamente religiosos, tal vez cristianos devotos o discípulos de cualquier otra religión o credo que haya en el mundo, pero esto no es un requisito del veganismo, que es una existencia cotidiana, una forma de vivir fundamental, concretada en vivir sin lastimar los demás. No se sabe si el más allá nos resolverá nuestros problemas, pero de veras que lo que hacemos ahora mismo afecta todo que nos rodea.
Hay varios caminos hacia el veganismo, incluyendo amplios puntos de vista individuales, pero el veganismo se resume en lo siguiente: vivir sin explotación, ya sea de nuestros compañeros humanos, de la población de animales no humanos o de la tierra de la que todos dependemos para la subsistencia. El veganismo atrae algunas personas por razones de la salud y a otras, por los motivos que sean, más interesadas en el aspecto económico, que obviamente tiene una gran importancia para todos nosotros. Pocas personas no vegetarianas valoran el hecho de que muchos más alimentos veganos —verduras, frutos, lehumbres, cereales, semillas— puedan ser producidos en el mismo terreno al mismo tiempo, lo que significa que adoptar el veganismo no solo nos librará de ganadería y toda su crueldad, sino que también serán liberados muchos acres de tierra para una abundante producción de alimentos destinados directamente los seres humanos. Bajo esas circunstancias, hasta Gran Bretaña se podría transformar en una nación de exportación alimentaria.
Piensa en lo que eso significaría para la gente de naciones en desarrollo —que se traduce como la gente sufriendo de hambruna. !Imagina la contribución de ello hacia la paz mundial!
Definitivamente, la mayoría de las personas veganas son las que han sido conmovidas por la compasión para adoptar esta forma de vivir sin lastimar a otros. Muchos han sido criados con la dieta usual donde predominan la carne, los huevos y el pescado, pero tal vez hacía ya tiempo que sentían que esa no era la mejor manera de vivir. Entonces una visita casual a un mercado de ganado, o la vista de los terneros recién nacidos en su envío al matadero —criados y matados para que los seres humanos beban la leche que la Naturaleza proveía para ellos— pueden ser la causa de tomar la decisión de dejar de involucrarse en esas actividades criminales.
A veces una persona tiene un deseo sincero de colaborar en esta resistencia a la cruel explotación, pero vacila por el miedo de parecer “peculiar” a sus amistades, por el miedo de parecer un poquito anormal sin el abrigo de lana o los zapatos de cuero. Pero gracias a los pioneros y a las alternativas que existen hoy día, debidas a nuestra posición económica actual, ese miedo se puede desvanecer de inmediato. Algunas personas no quieren rechazar comida de origen animal cuando están recibiendo hospitalidad de otros. Esta molestia no es de ninguna manera necesaria; si alguien debiera tener vergüenza, han de ser quienes no han intentado proveer comida buena y humanitaria para sus invitados, hasta el extremo de hacerles comer animales muertos, o margarina hecha con el cuerpo de una ballena que ha sido asesinada por un explosivo estallado en sus entrañas. Nuestros amigos no se dan cuenta de estas cosas, es nuestra responsabilidad hacérselo saber.
Por supuesto hay dificultades para un principiante, pero esas dificultades existen más en la imaginación que en la vida real, y desaparecen rápidamente cuando uno toma la decisión de hacerlo a toda costa. No es que el veganismo sea difícil —es la simplicidad en sí misma— pero mientras la sociedad —y la mayoría del mundo— está basada en la explotación de los animales, y la economía construida por el principio generalmente aceptado de que el poder tiene la razón y los débiles no tienen derechos, cualquier cosa que impida o no participe en eso no será apoyada. Además, el veganismo no ofrece nada para los grandes negocios a explotar. Muchas personas preguntan porque hay que llegar “tan lejos”, diciendo que el lacto-vegetarianismo —seguir usando productos lácteos, tal vez cuero etc.— es suficiente por ahora. Desafortunadamente, según nuestra experiencia, muy pocos vegetarianos comprenden el nivel actual de explotación, no por una falta de sensibilidad sino por falta de interés o información. Al contrario que los veganos, una gran parte de los vegetarianos se preocupan principalmente por su salud, y no ven nada malo en matar animales para producir cuero, queso, mantequilla, etc..., con tal de que no tengan que comer los cadáveres.
En nuestra opinión, no tiene la menor importancia si a la criatura inocente se la va a matar para comida, medicina, ropa, deportes, u otros artículos de lujos como marfil, cuero, carteras de piel de cocodrilo, o perfumes exóticos. La muerte prematura en la flor de la vida, o la agonía prolongada en una trampa de acero, tiene que ser lo mismo de aterrador para el ratoncito campesino, la comadreja y el conejo, que para el tigre cazado, o ballena o el venado. Lo que en principio parece como una muerte súbita para una criatura puede significar una hambrienta agonía para sus crías. A veces es la cría, o más bien su piel, lo que codicia el ser humano. Los sentimientos de la foca cuando se lamenta sobre los restos de su hijo golpeado y despellejado, tienen que ser lo mismo que la agonía de la vaca doméstica cuando se le roba su ternero recién nacido. Cualquier persona que viva cerca de una granja o matadero habrá podido escuchar los lastimosos berridos de la madre y su ternero.
Es verdad que la mayoría de las personas que adoptan la dieta lacto-vegetariana, aumentan su consumo de productos lácteos y huevos, lo que significa que la reducción del sufrimiento de los animales existe más en la ilusión que en la realidad. Es sorprendente comprobar cuantos vegetarianos no se dan cuenta del hecho que el cuajo que se usa para coagular los quesos se obtiene del vientre de un ternero joven asesinado. Tales quesos no son de ninguna manera ni lacto-vegetarianos, y sentimos que estas incoherencias deben ser más conocidas y difundidas.
Si comparamos grados de crueldad, es cierto que entre todos los animales “para comida” la vaca sufre aún más que el ternero. Ese animal dócil, con los ojos tiernos, pasa su vida entera como una máquina de leche. Le inyectan drogas, le hinchan con hormonas, le invaden con antibióticos, y al final, cuando ya no tiene valor de lucro, sufre los horrores del matadero.
Empezar el veganismo requiere un poco de paciencia, algún conocimiento de nutrición —que se aprende fácilmente y que vale la pena investigar— y tal vez un poco de ayuda de otros veganos que han aprendido de la disponibilidad de comidas veganas en su ámbito local, además de ropa y productos para el hogar. Llame a la Vegan Society para asistencia y consejo si encuentra un problema que todavía no se ha tratado en alguna edición de la revista.
Todas las comidas precocinadas como galletitas, bizcochos, tortas, postres, sopas enlatadas etc., son todas sospechosos. Es muy posible que contengan por lo menos uno de los siguientes ingredientes: mantequilla, leche [fresca o en polvo], miel, queso, grasas de animales (incluyendo aceite de ballena o foca ¡que los productores no siempre incluye en la descripción de ingredientes!) o huevos. [Ingredientes adicionales como derivados lácteos o derivados grasos —normalmente de animales— incluyen suero, lactatos variados, estearatos variados u otros derivados grasos etc.]
Aparte de eso, dichas comidas son nutritivamente inferiores a las comidas sencillas y frescas —frutos, verduras, cereales, semillas, legumbres— en parte porque han sido cocinadas o procesadas y también porque es probable que contengan algunos de los 800 reconocidos —pero no recomendados—aditivos como colorantes químicos, suavizadores, conservantes, sabores sintéticos, cloros etc., etc., etc. Una guía efectiva para el principiante es lo siguiente: “si no lo puedes comer crudo, no lo comas.” Hay muchos motivos obvios por los que quizás no sería aconsejable cambiar de la noche a la mañana de una dieta “ortodoxa” a una dieta totalmente hecha de comida cruda, pero comer una parte justa de ella es obligado para la buena salud general, porque todos los métodos de cocinar destruyen al menos una parte de los nutrientes de la comida.
Una porción ocasional de sopa hecha a mano, vegetales cocinadas, pan integral o patatas horneadas con sus pieles agregan variedad y interés a las ensaladas esenciales, frutas frescas, nueces y granos que son la base de una buena dieta vegana. Los granos pueden brotar fácilmente y con resultados excelentes.
Entretener a huéspedes no veganos puede parecer difícil al principio, pero se puede solucionar. Buscar ingredientes y experimentar con recetas probará que las frituras, nueces asadas, bizcochos, galletas y tortas de gran variedad se pueden producir con ingredientes puramente vegetales para amigos que están acostumbrados a estos tipos de comidas. Es otro desafío para nosotros, y nos da una buena oportunidad de mostrar la comida atractiva, sabrosa y variada que se puede hacer sin ningún producto animal.
El recibir hospitalidad demanda un poco de delicadeza y mucha determinación. También es necesario explicar anteriormente, lo más simple posible, las exigencias de nuestra alimentación, si queremos evitar hacer sentir mal a la dueña o dueño de la casa por rechazar las delicatessen que nos ofrecerá. Todo el mundo puede proveer frutas y frutos secos sin dificultad y con preparación mínima, por lo que no hay que sentirnos como personas molestas. Sin embargo, es probable que en la primera instancia la dueña o dueño de la casa crea que “no estás recibiendo suficiente comida.” Si con diplomacia se le asegura de lo contrario, se puede incrementar su educación. Nosotros consideramos que es mejor contestar a todas las preguntas brevemente y dejarlo así. Eso estimula la curiosidad de la persona y provoca que continúen haciendo preguntas, y nos permite sembrar la semilla sin que nuestros oyentes puedan sentir que se les está dando un sermón.
Es importante decir que el veganismo no solo trata de la alimentación; los veganos deploran la matanza o explotación de cualquier criatura por el motivo que sea:
COMIDA — carne, pescado, carne de aves de corral, huevos, leche, mantequilla, queso, crema, manteca, miel, y todas las comidas precocinadas que contengan cualquiera de ellos; 
ROPA — lana, cuero, seda, piel de reptiles, etc.;
ADORNOS — pelo, pluma, perlas, marfil etc.;
ARTÍCULOS DE HIGIENE — jabones, cosméticos y cremas que contienen grasas y aceites de animales, lanolina [grasa de lana] e ingredientes de perfumes obtenidos de animales bajo condiciones groseramente crueles.
PRODUCTOS DEL HOGAR — alfombras y alfombrillas de pelo o lana, mantas de lana, almohadas de pluma, cepillos y escobas de pelo; aceites, grasas lubricantes, ceras de lustrar, etc., que tienen derivados de animales;
DEPORTES — cacerías, carreras, concursos de tiros de animales, pescar, etc.;
ENTRETENIMIENTOS — circos y todas las exposiciones que incluyen animales o pájaros; parques zoológicos en los cuales criaturas naturalmente libres viven prisioneras; parques nacionales y santuarios son mil veces mejor para todos;
MEDICINAS — vacunas, sueros, etc., hecho de animales, sin ignorar el hecho de que se usan millones de animales anualmente para “probar” drogas, champús y “productos de belleza”.
En principio esta lista parece formidable, pero solo indica lo mucho que dependemos de sustancias basadas de productos de animales, y lo amplia que es la explotación de todas las criaturas de las que el ser humano obtiene beneficios. Sin embargo, para todo lo productos anteriores, hay alternativas. Hasta hay pinceles de bellas artes producidos con materiales sintéticos.
La revista The Vegan publica listas de alimentos y otros artículos garantizados por sus productores de ser totalmente libres de cualquier ingrediente de origen animal, y estas listas son revisadas con frecuencia.
Aparte de los efectos inmediatos, los veganos consideran esta forma de vivir como poco menos que una obligación de cara a las generaciones futuras. Llevará muchísimo tiempo arreglar todas las equivocaciones del pasado y tampoco es seguro que eso vaya a ser posible; pero es cierto que cuales sean nuestras acciones, son nuestros herederos más que nosotros quienes se beneficiarán o no de los resultados de nuestras acciones hoy, mañana y el día siguiente, hasta que les dejemos ¿qué? ¿Un desierto, una conflagración, o un jardín de la abundancia? 
La decisión es nuestra.
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Memoria de Eva Batt por la Vegan Society


En 1954, Eva fue participante en la experiencia devastadora de separar a una vaca de su ternero, en un centro de producción comercial de leche, lo que resultó en cambiar su vida al veganismo y asociarse con la Vegan Society
En 1958 fue elegida al comité de la Vegan Society en cual participó hasta 1961, y de nuevo desde 1966 hasta retirarse en 1982; desde 1967 hasta 1982 fue la presidenta. En el intervalo de cinco años trabajó como Secretaria Honoraria. Durante ese época Eva también participo en la junta editorial de The Vegan. En 1965 organizó la Cena para celebrar el vigésimo primero aniversario de la Sociedad Vegana.
Durante más de veinte años, usando el pseudónimo de Evita”, editaba las páginas de comodidades de The Vegan, marcando y promocionando la creciente variedad de comida y otros productos veganos. También dio muchos discursos sobre veganismo, y entrevistas en los periódicos, la radio y la televisión, incluyendo una mayor parte en el programa Open Door [Puerta Abierta] de la BBC en 1976, el cual hizo mucho por destacar el veganismo e introducirlo en la corriente principal de la sociedad.
Quizás su contribución mayor al crecimiento del veganismo fueron sus dos populares libros de cocina, "What’s Cooking?" de 1973 y "What Else is Cooking?" de 1983, los cuales siguen publicados hoy día, aunque bajo títulos diferentes. También escribió un librito de poesía vegana, "In Lighter Vein" [1974].
Una mujer con energía inquebrantable, Eva también estaba involucrada con "Beauty Without Cruelty" [Belleza Sin Crueldad] y era directora para la compañía Plamil que produjo la primera leche de soja de Gran Bretaña. Durante muchos años Eva administró una tienda en su pueblo de Enfield, vendiendo una gran variedad de comida vegana, ropa y zapatos. Durante unos veinte años, Eva Batt fue una de las mayores figuras públicas del veganismo, si no la mayor figura.
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Traducido por Elizabeth Collins y Luis Tovar.

Texto original en inglés:
Why veganism? 

19 de julio de 2009

El buey desollado



CARNICERÍA

"Más vil que un lupanar
la carnicería rubrica como una afrenta la calle.
Sobre el dintel
una ciega cabeza de vaca
preside el aquelarre
de carne charra y mármoles finales
con la remota majestad de un ídolo." 

(Jorge Luis Borges)


Este cuadro pintado por Rembrandt en 1655 representa para mí los cimientos sobre los que se asienta la civilización humana: la explotación de otros animales.

La humanidad ha basado su existencia y su progreso a costa de la vida de incontables millones de animales que han sido criados, esclavizados y asesinados para obtener recursos de ellos en los más variados ámbitos de la vida, desde la alimentación hasta el entretenimiento.

Nada ha cambiado en nuestros días y los animales siguen agonizando y muriendo bajo el sometimiento al que han sido condenados, sin hasta ahora remedio, desde hace miles de años.


16 de julio de 2009

Entrando por la puerta de atrás



Algunos defensores de los animales intentan convencer a aquellos que consumen animales para que dejen de hacerlo exponiendo argumentos relacionados con la salud humana. Es un planteamiento que considero profundamente equivocado por varios motivos.

El reconocimiento de los intereses de los animales es una cuestión ética. La razón por la que deberíamos respetar a los animales es porque estos poseen la capacidad de sentir y una serie de intereses fundamentales, como el interés en vivir y en no ser dañados, que los seres humanos no deberíamos violar por motivos injustificados, como es la tradición, la conveniencia o el gusto, porque los demás animales valoran su propia vida tanto como nosotros y desean conservarla con el fin de desarrollar sus facultades y satisfacer deseos, un fin que anularíamos si destruyéramos su vida. Deberíamos considerar a los demás animales como fines en sí mismos y no como medios para que nosotros alcancemos nuestros propios fines.

Que el consumo de animales sea perjudicial o dañino para la salud humana no es relevante para considerar si ese consumo es moralmente justificable. Porque no está teniendo en cuenta los intereses de los otros animales. Plantear ese tipo de argumentos manifiesta una mentalidad antropocéntrica, y deriva el verdadero problema, que es la utilización de animales, hacia cuestiones completamente distintas.

Los defensores de los animales que utilizan estos argumentos suelen alegar que el exponer razones morales para promover el respeto a los animales no llega a todo el mundo pero que a ciertas personas sí se les puede convencer de que dejen de consumir animales si les asegura que dicho consumo es dañino para su salud. Es la táctica del miedo. Eso podría tener efectividad si la mayoría de las personas tuvieran un interés serio por su salud pero las evidencias me muestran más bien lo contrario puesto que si así fuera el consumo de drogas dañinas como el tabaco, el alcohol o la cafeína no sería tan habitual. Tengo amigos, conocidos, familiares que consumen productos animales y están perfectamente de salud. La gran mayoría de los deportistas consumen productos animales y están perfectamente de salud. Si se trata de salud, desde una perspectiva no antropocéntrica, a quienes realmente perjudica su salud de verdad es a los animales que son esclavizados, torturados y asesinados para el consumo humano.

Quienes emplean ese tipo de argumentos que apartan a un lado la cuestión moral, suelen mostrar un pesimismo y una falta de confianza en que los seres humanos sean capaces de respetar a los animales por fundamentos morales, sin que intervenga el egoísmo de alguna manera. Ese tipo de actitud es como asumir una derrota de antemano. Está claro que los que no se esfuerzan por educar moralmente a la sociedad están en cierta forma ayudando a perpetuar la mentalidad egoísta exponiendo argumentos que no tienen que ver con el respeto y la consideración moral de otros individuos.

Utilizar argumentos sobre la salud resta importancia a los argumentos morales y da a entender que sería menos grave el consumir animales si el hacerlo no fuera dañino para la salud. Es cierto que muchos estudios médicos han relacionado el consumo de alimentos de origen animal con un aumento en la probabilidad de contraer ciertas enfermedades. Pero teniendo en cuenta que el 98 por ciento de la sociedad consume productos animales habitualmente y que los estudios poblaciones demuestran que la esperanza de vida es mayor que nunca en la Historia, y que la población total se mantiene o aumenta, más bien parece que tal riesgo para la salud no vaya a ser tenido en cuenta.

Mi postura es que los que defienden a los animales deberían centrarse en defender a los animales y no en la salud humana. Porque de lo que se trata es de cambiar la percepción moral acerca de los animales no humanos y derribar el prejuicio del especismo. 

En lo relacionado a cuestiones nutricionales sería mucho más importante tratar de informar a la sociedad que una dieta, y una vida en general, sin ningún tipo de producto de origen animal es viable y apta para cualquier ser humano. Sin duda, hacen mucho más por el veganismo quienes se esfuerzan por presentar la comida vegetal como sabrosa, que aquellos que intentan meter miedo con argumentos sobre la salud. Aquellos que intentan conseguir sus objetivos entrando por la puerta de atrás.

La táctica de la puerta de atrás como estrategia de convencimiento se emplea también con otros ámbitos, por ejemplo, el coste económico de la explotación animal y las subvenciones que se le otorgan, la efectividad en el ámbito de los experimentos con animales o los efectos medioambientales de la ganadería.

Quienes utilizan este tipo de argumentos, que dejan aparte la cuestión de la ética, no parecen tener en cuenta los efectos contraproducentes que pueden ocasionar. Porque si los alimentos de origen animal pueden tener consecuencias perjudiciales para la salud humana entonces se buscarán formas de reducir o eliminar dichas consecuencias pero tratando por todos los medios de seguir manteniendo dichos productos en el mercado. Por ejemplo, encontrando maneras de conseguir carne más saludable. Lo más que se consigue con ese tipo de perspectivas es que los productos animales sean sometidos a regulaciones más estrictas - lo que implica buena publicidad para ellos - o que aparezcan productos animales alternativos más saludables como la "carne ecológica".

Los argumentos sobre la salud ignoran por completo el hecho de que la carne es el cadáver de un animal asesinado que quería vivir. Comparar los asesinatos de animales con la subida del colesterol en algunos humanos lo encuentro de muy mal gusto y una falta de respeto por la vida de las víctimas. Me provoca la misma sensación que si en una campaña sobre la violación de mujeres se alegara que los hombres no deberían violar a las mujeres porque podrían contraer enfermedades o porque el estrés de la violación les puede provocar envejecimiento prematuro. Intentar convencer a alguien para que no haga algo moralmente reprobable por las consecuencias negativas que pudiera tener para él independientemente del daño que provoca a sus víctimas lo considero absolutamente inaceptable.

No pongo en duda la buena intención de quienes utilizan ese tipo de tácticas, la intención honesta de ayudar a los animales. Lo que pongo en cuestión es la moralidad y la efectividad de dichas tácticas. Y creo que he expuesto al menos algunos argumentos suficientes como para ponerlas en duda.

7 de julio de 2009

Efectos contraproducentes: haciendo la explotación más eficiente y más aceptable


GRANJAS DE ESCLAVOS


A menudo se suele hablar sobre las negativas consecuencias que la industria de explotación animal tiene para el medio ambiente a causa de la emisión de gases contaminantes y de residuos. 

Quienes se centran en este tipo de argumentos medioambientales dejan el problema moral apartado a un lado: el problema moral de utilizar a otros animales como medios para nuestros fines y la violación sistemática de sus derechos que eso supone. 

Se utiliza el argumento ecológico como una motivación para que la gente preocupada por el impacto medioambiental se haga vegana. 

Lo equivocado de esta manera de enfocar el problema empieza ya a mostrar sus consecuencias.

Recientemente ha aparecido en la prensa esta noticia:
"Científicos españoles logran reducir un 30% las emisiones de metano de los rumiantes, que producen calentamiento global"
Esto es lo que ocurre cuando respecto de un problema se margina la cuestión moral y se deja la ética a un lado. 

Si se enfoca el problema de la utilización de otros animales en las consecuencias negativas que tienen para los humanos, en lugar de cuestionar seriamente la mentalidad especista que domina en nuestra sociedad, entonces lo que se hará es tratar de reducir o eliminar esas consecuencias negativas pero sin cuestionarse la utilización de animales nohumanos. 

Veo claro que los argumentos medioambientales, así como los argumentos económicos o sobre la salud, no harán nada por reducir o eliminar el especismo en la mentalidad de la gente, y de ese modo el antropocentrismo radical seguirá siendo la única perspectiva desde la que enfocar cualquier problema que se nos presente.

Un enfoque centrado en el medio ambiente lo único que consigue es que los explotadores busquen nuevas y mejoradas formas de seguir explotando a los demás animales pero de una forma más ecológica.

El argumento moral, fundamentado en principios éticos y en el hecho de la sintiencia, es el único que sostiene el veganismo con consistencia. 

La capacidad de sentir en los demás animales, y todo lo que implica, no puede ser negada con ningún tipo de evidencia empírica o racional. Los argumentos medioambientales, espirituales o sobre la salud resultan inconsistentes, antropocéntricos y pueden ser contrarrestados con menor dificultad por aquellos que son contrarios al veganismo.

Hay una gran diferencia entre tener preocupación ecológica o medioambiental desde el veganismo y otra muy diferente es fundamentar el veganismo con argumentos medioambientales.

¿Acaso alguien se posicionaba en contra de los campos de exterminio nazis por la contaminación que provocaban?

El veganismo es nutricionalmente apto, ecológicamente sostenible y económicamente viable, pero los que somos veganos lo somos por empatía y respeto moral y estoy convencido de que solamente conseguiremos difundir y afianzar el veganismo entre la sociedad en la que vivimos mediante los mismos motivos por los que nosotros somos, y seguiremos siendo siempre, veganos: por principios morales.

30 de junio de 2009

El círculo moral en expansión


«Quien se oponga a los derechos de los animales y sostenga que el hecho de ser persona se basa en ser miembro de la especie Homo Sapiens no es más que un fanático de la especie, no más sensato que los fanáticos de la raza que otorgan mayor valor a la vida de los blancos que a la de los negros. Después de todo, los demás mamíferos luchan por seguir vivos, experimentan el placer y sufren el dolor, el miedo y el estrés cuando su bienestar peligra. Los grandes simios también comparten nuestros placeres más elevados de la curiosidad y el amor a los parientes, y nuestros dolores más profundos, el aburrimiento, la soledad y la pena. ¿Por qué se iban a respetar esos intereses en nuestra especie y no en las demás?»                                                                                                                                                                                                  ~ Steven Pinker



El filósofo Peter Singer publicó un libro en 1981 llamado «The Expanding Circle», no traducido todavía al español, en el que explica como la consideración ética puede expandirse progresivamente a partir de un fundamento moral fijo. Singer explica el progreso moral con la metáfora que da título a su libro: El Círculo Expansivo.

Posteriormente algunas de estas ideas Singer las sintetizó a partir de un enfoque histórico en un artículo titulado: «Ética más allá de los límites de la especie.»

Estamos dotados de una conciencia moral que considera a las demás personas como objetos de consideración y que nos inhibe de dañarlas deliberadamente y explotarlas. Asimismo, disponemos de un mecanismo para evaluar si un ser puede ser clasificado como persona. Sin necesidad de clasificar directamente a todo ser viviente como persona y como consecuencia morirnos de hambre por evitar hacerles cualquier daño.

Los seres humanos han extendido sistemáticamente su círculo de consideración moral a lo largo del tiempo. Ese círculo se ha extendido de la familia y el pueblo al clan, la tribu, la nación, la raza y más recientemente —como es la Declaración Universal de los Derechos Humanos— a toda la humanidad. Se ha expandido de tal forma que de limitarse a un grupo concreto y cerrado hasta abarcar a todos los seres humanos. Ha pasado de incluir solamente a los hombres para incluir también a las mujeres, los niños y los recién nacidos. Se ha ensanchado para abarcar también a los delincuentes, los prisioneros de guerra, los civiles enemigos y los discapacitados.

La expansión de la consideración moral puede originarse en algo tan básico como la exigencia de ser lógicamente coherente cuando se pide a otras personas se comporten de determinada manera. Consiste en darse cuenta de que no se puede obligar a los demás, sin caer en la incoherencia, a regirse por unas normas que en realidad nosotros mismos estamos desobedeciendo. Las actitudes egoístas, sexistas, racistas, xenófobas, y también las especistas, son lógicamente incongruentes con la necesidad de que todos respetemos un código de conducta racional.

No obstante, es necesario aclarar que el hecho de que la consideración moral se expanda en forma círcular tiene razones psicológicas; no morales. Es decir, tiene que ver con la manera en que desarrollamos mentalmente nuestra moralidad. Primero, el individuo toma consciencia de sí mismo y de sus allegados más cercanos y luego comprende que la consideración debe extenderse a todas las demás personas por igual, incluyendo a aquellas con las que no tienes ningún contacto directo. Pero no hay ningún centro en la ética. El fundamento de la ética es la lógica. La lógica es un criterio de naturaleza estructural; no un centro.

Cuando usamos la metáfora del círculo para explicar la expansión de la consideración moral no estamos describiendo la moral sino que describimos la manera en que los agentes morales suelen desarrollar su propia moralidad y la forma en que la cultura se ha ido moralizando. Es una descripción psicológica y cultural; pero no es la estructura de la moral, puesto que la moral es igualitaria por principio, y por tanto no puede aceptar jeraquías ni grados de consideración. Esto es lo que significa decir que es igualitaria.

Por supuesto, todavía no se han agotado las posibilidades de progreso moral.

El canibalismo humano nos resulta tan repugnante que durante muchos años ni siquiera los antropólogos quisieron reconocer que en realidad fue algo habitual en nuestra prehistoria. Ahora resulta fácil pensar con terrible desagrado: ¿es posible que otros seres humanos fueran capaces de verdad de algo tan abyecto?

La historia y la etnografía nos revelan que los seres humanos pueden perfectamente tratar a aquellos humanos que consideran extraños como hoy tramos a los animales no humanos, especialmente aquellos animales destinados para consumo.

La indignación y el rechazo hacia los actos criminales más horribles dirigidos hacia otros humanos resulta ser muy similar a la indignación y rechazo que sentimos las personas con consideración moral por otros individuos, más allá de nuestra propia especie, cuando vemos la esclavitud y toda la violencia que los seres humanos estamos infligiendo al resto de animales.


Del mismo modo que hemos ampliado nuestra esfera de consideración moral a todos los humanos sintientes sin diferencia de raza o sexo; el principio ético de igualdad nos exige ahora ampliar nuestra consideración moral a todos los demás animales, sin discriminación de especie.

No se puede borrar el daño cometido en el pasado, pero sí podemos elegir no seguir causando ese daño, y podemos compensarlo haciendo el bien.


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