23 de abril de 2009

Una cuestión moral



«No estoy interesado en si la vivisección produce resultados provechosos para la especie humana. El sufrimiento que eso causa a animales que no han dado su consentimiento es el fundamento de mi oposición, y es para mí suficiente justificación como para oponerme a ello sin tener que buscar más allá.» ~ Mark Twain

Las vidas de muchos millones de animales son esclavizadas y destruidas en los centros de explotación animal. Esto es un hecho.


En ciencia hay discusión prácticamente sobre todo o casi todo. Al igual que en la filosofía. Alegar que “no hay discusión” sobre un tema, además de ser falso, es la actitud más anticientífica e irracional que pueda haber. Todo debe estar sometido a cuestionamiento y escrutinio permanente. Por tanto, aquí sometemos a discusión la moralidad del uso de animales no humanos en ciencia.


Una aclaración fundamental


Es importante dejar claro que el cuestionamiento de la efectividad, de la utilidad o del beneficio de la experimentación animal es un tema aparte del cuestionamiento ético. 


Alguien puede cuestionar el uso de animales no humanos por creer que es inefectivo para el progreso de la ciencia, pero esto no significa que se oponga moralmente a la explotación animal. Y al contrario sucede lo mismo: alguien se puede oponer al uso de animales no humanos por una razón ética incluso aunque reconozca que este uso puede beneficiarnos.


Lo más efectivo para el progreso científico desde el punto de vista utilitario sería usar seres humanos del mismo modo en que usamos a otros animales. Pero, claro, eso causaría millones de víctimas humanas. Aunque otros muchos millones de humanos seguramente se beneficiarían de esa investigación. Pero el motivo para rechazar moralmente esta práctica no tiene que ver con la utilidad o el beneficio, sino con la ética.


Por tanto, la utilidad que dichos experimentos puedan tener simplemente no es una justificación moral.

Si el beneficio fuera una justificación entonces se podría justificar casi cualquier crimen. Quienes cometen crímenes lo hacen por obtener un beneficio —placer, ganancia económica— y no por otro motivo. 

Un enfoque erróneo


Algunos grupos animalistas están empeñados en denunciar lo que ellos llaman "el fraude de la vivisección". Esto es: la  supuesta inutilidad práctica de los experimentos y, por tanto, la crueldad gratuita que significa la utilización de animales para fines científicos. Pienso que ese enfoque es un error.


Es un hecho que se producen fraudes dentro de la ciencia. Es evidente que muchos experimentos no tienen como resultado aplicaciones prácticas de utilidad. Pero no es cierto en absoluto que el uso de animales no humanos no haya servido para el progreso científico y médico. Dicho ámbito no es un fraude en absoluto. Afirmar eso es ir contra la evidencia. Afirmar eso es exponerse a una confrontación que está perdida de antemano. 

¿A quienes otorgará mayor confianza la sociedad, a los que representan a los animales no humanos o a los que representan el progreso científico y médico? La gente siempre se verá mucho más persuadida por quienes detentan la legitimidad institucional sobre un ámbito concreto que quienes van contra ella.

Además, si los propios defensores de los Derechos Animales no defienden el derecho moral de los animales a no ser objetos de experimentos sin su consentimiento ¿quién lo hará? 

Si la preocupación central de los propios animalistas consiste en provocar una confrontación sobre resultados científicos que benefician a los humanos en lugar de educar a la gente en el respeto hacia los demás animales, y cambiar la visión radicalmente antropocentrista que predomina en nuestra sociedad, entonces los animales nohumanos carecen de esperanza en cambiar su actual situación.

Reforzar la mentalidad especista alegando motivos utilitaristas para rechazar la experimentación con animales no educa a las personas en la consideración moral de los animales no humanos. Al contrario: esto refuerza la mentalidad que considera que las vidas humanas son más importantes que las de otros animales.

El problema es que se discrimina a otros animales simplemente por no ser humanos.


La cuestión moral en todo este asunto consiste en determinar qué razón justifica éticamente explotar a otros animales para beneficiarnos nosotros. Esto es, cómo justificamos el hecho de hacer a otros animales algo que jamás desearíamos para nosotros mismos. Decir que ellos "no son humanos" no es una razón. Eso sería como decir que “ellos no son blancos”. Los demás animales son seres sintientes que tienen intereses básicos. Lo relevante para considerar a alguien no es su aspecto, tamaño o forma, sino que es el hecho de que puede sentir.


No estamos en contra de la ciencia. 


La gran mayoría de quienes nos oponemos al uso de otros animales estamos claramente a favor de la ciencia. Es una grave falacia —una falacia de muñeco de paja— acusar a los opositores a la explotación animal de estar en contra de la ciencia. Es como acusar a los opositores a la violación de estar en contra del sexo.


Sólo estamos en contra de forzar a otros individuos y utilizarlos para nuestro beneficio sin su consentimiento. Nos oponemos a la explotación de otros animales por las misma razones morales que nos oponemos a la explotación de seres humanos.


Estar a favor de la ciencia no justifica explotar a otros individuos. De la misma manera que no justifica explotar a seres humanos, aunque esto supusiera beneficios para el progreso científico, y para el resto de seres humanos, que no se pudieran obtener de otro modo.


La ética consiste en respetar a todos los individuos como fines en sí mismos y considerar los intereses de todos al mismo nivel, precisamente porque son los mismos intereses. 


El interés en evitar el sufrimiento, o el interés en conservar la vida, son básicamente los mismos en todos los individuos independientemente de características o clasificaciones como la raza, el sexo o la especie. Por esto, las discriminaciones que atentan contra la lógica son injustas, porque no se ajustan al principio lógico de identidad. Así es como se establecen los razonamientos morales.


La experimentación animal no se basa en un conflicto de intereses


En el tema de la experimentación, al igual que sucede en otros ámbitos como la alimentación, la vestimenta o el entretenimiento, no existe un conflicto de intereses


Los animales no son envenenados y matados en los laboratorios porque nos estén atacando y tengamos que defendernos de ellos. Lo que sucede en realidad es una situación de opresión de un grupo sobre otro. 


Nos aprovechamos de ser más inteligentes o más poderosos que otros animales y los utilizamos para sacar un beneficio a costa de destruir su libertad y su vida. Estos son los hechos. Y todas las opresiones sobre seres humanos han seguido ese mismo patrón.


Por tanto, la oposición ética al uso de animales nohumanos no se basa en la emotividad, ni en el rechazo irracional a la ciencia, sino en la lógica moral. Tratar a otros individuos que son sujetos —seres conscientes— como si fueran objetos atenta contra la lógica. Ignorar los intereses de otros individuos por características irrelevantes —sexo, raza, especie— a la capacidad de sentir atenta contra la lógica.


La explotación animal no se produce por necesidad


Hoy en día podemos alimentarnos, vestirnos, entretenernos y satisfacer todas las necesidades vitales sin utilizar a los demás animales. Y sin embargo la mayoría de la gente sigue comiendo y vistiendo animales. 


Por eso deduzco que el uso de otros animales en experimentos podría estar mucho más motivado por la inercia y el prejuicio que por la necesidad real.


Considero que la inteligencia humana es capaz de desarrollar una investigación científica que sea al mismo tiempo eficaz y ética —sin explotar a nadie.


Existen ya ahora mismo diversas técnicas que echan abajo el argumento de que es necesario experimentar con animales nohumanos para conocer el efecto de sustancias y fármacos en tejido vivo. 


Si los defensores de la explotación animal tuvieran un deseo sincero de eliminar el uso de animales nohumanos en la ciencia, estarían empleando su dinero y esfuerzo en potenciar estas nuevas técnicas en lugar de seguir explotando a los demás animales. El problema de fondo es que no lo tienen. Si lo tuvieran habrían empezado por dejar de comerlos.


En definitiva, si si nos importan los demás animales, si nos importaran sus intereses, lo que deberíamos hacer es dejar de utilizarlos y enfocar nuestras energías en encontrar o desarrollar técnicas que no requieran el uso de otros animales. Muchos investigadores hablan decididamente en favor de esas alternativas como una opción real y viable.


El problema no radica tanto en el poder hacerlo que en el querer hacerlo. Exactamente lo mismo que cuando se trata de la cuestión de comer animales y, en general, de explotarlos para nuestros fines. Se trata en el fondo de una cuestión moral.


20 de abril de 2009

Animales no humanos




¿Por qué el veganismo centra su interés en los animales no humanos aunque su enfoque moral incluye a todos los animales, incluidos los humanos?

Primero; porque los humanos tenemos el poder de someter a los demás animales. Lo cual supone una continua trasgresión de los intereses de los individuos no humanos a través de la esclavitud y la explotación animal institucionalizadas en nuestra sociedad humana.

Segundo; porque los humanos tenemos profundamente arraigada una mentalidad especista que discrimina a los animales no humanos y los infravalora o directamente los excluye de nuestra esfera moral.

Tercero; porque en nuestro canon moral, los humanos tienen reconocidos su intereses fundamentales con reflejo en la legalidad mediante el reconocimiento legal de unos derechos fundamentales e inalienables. Los animales no humanos no tienen reconocida su consideración moral ni gozan de protección legal alguna. Son considerados cosas y propiedades —esclavos.

Si no somos especistas nos daremos cuenta de que la gran mayoría de las víctimas de crímenes perpetrados por humanos son los animales no humanos. Y entonces deberíamos actuar en consecuencia.

16 de abril de 2009

Priscilla Cohn: "Una concepción inherentista de los animales"




«Tendría que ser ya obvio ahora que toda nuestra cultura se basa en el dolor y la muerte animal. Utilizamos los animales en casi todas y cada una de las horas de nuestra vida: desde el momento en que nos levantamos y nos cepillamos los dientes —quizás con un cepillo de dientes hecho con cerdas naturales de un animal— y usamos pasta de dientes, que también contiene ingredientes animales y ha sido probada en animales, hasta que nos acostamos por la noche y hacemos descansar nuestra cabeza sobre una almohada de plumón y nos tapamos con una manta de lana trasquilada de una oveja, o quizás con una funda nórdica hecha con plumas o plumón arrancado de diferentes aves.»

«Hagamos una aclaración. La idea de que un animal dotado de sensación debe ser un miembro de la comunidad moral se basa en una noción intelectual de justicia, no en la emoción. Alguien puede ser un defensor de los derechos de los animales, o un inherentista, y no estar particularmente orgulloso de los animales.

El cariño respecto de los animales no es un criterio necesario para creer que tenemos que considerar el interés de los animales. Similarmente, uno puede ser un amante de los animales sin ser un defensor de los derechos de los animales o un inherentista. Mucha gente quiere a su perro o a su gato, pero continúa comiendo carne de ternera sin pensar sobre el sufrimiento de la ternera antes de convertirse en chuleta en su plato.

Desde luego, uno puede ser a la vez un defensor de los derechos de los animales o un inherentista y un amante de los animales. No estoy argumentando, ni de lejos, que todo el mundo tenga que tener un perro en casa. Lo que estoy diciendo es que si somos consistentes tenemos que considerar los derechos de los animales. La consistencia es una parte de la racionalidad de la que los humanos estamos tan orgullosos.»

«Al aseverar que los animales tienen un valor inherente, quiero decir que su valor es independiente de nuestros juicios respecto de su utilidad, belleza y así sucesivamente. Decir que los animales tienen un valor inherente significa entonces que su valor no es instrumental, o que no son meramente medios para nuestros fines humanos.»
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