18 de junio de 2009

La cuestión del sufrimiento



«En el caso de los animales el dolor no puede ser el único criterio que determine nuestra coexistencia, sino también la valoración de sus intereses.» ~ Encarnación Ruiz

Centrarse exclusivamente en la cuestión del sufrimiento de los animales puede suponer el relegar otros ámbitos que también son moralmente importantes a considerar.

Algunos humanos todavía afirman que los demás animales no tienen raciocinio ni tampoco conciencia o que es muy inferior a la humana. Sin embargo, las evidencias señalan claramente lo contrario. Hay pruebas etológicas y neurofisiológicas que indican que los demás animales piensan, razonan, tienen sentimientos y poseen la capacidad de aprender y memorizar.

Cuando la cuestión se centra exclusivamente en el tema del sufrimiento algunos pensadores que han tratado la cuestión moral de los animales no humanos, como es el caso de Jeremy Bentham y su seguidor el filósofo Peter Singer, han considerado que la capacidad de sufrir era lo único moralmente relevante acerca de los animales no humanos: lo único en que se asemejaban a nosotros los humanos, mientras que sus demás facultades estaban tan por debajo de las nuestras que no merecían ni siquiera ser tenidas en cuenta. Por tanto creen aceptable el hecho de usar a los animales no humanos para nuestro beneficio, les parece aceptable matarlos y comerlos, siempre que se hiciera sin sufrimiento o al menos con el menor sufrimiento posible.

Ellos alegaban esos mismos motivos que yo puse en duda al principio: los animales no humanos no tienen conciencia de sí mismos, no tienen identidad propia ni poseen recuerdos del pasado ni tampoco previsión del futuro, así que no les hacemos ningún mal utilizándolos como recursos ni tampoco matándolos, porque a ellos realmente no les importa ni pueden tener noción alguna de que les estemos haciendo algún mal con ello. Ellos afirman que los animales no humanos no son personas y que por tanto podemos ir reemplazándolos a voluntad para nuestro beneficio: criarlos, usarlos y matarlos a capricho.

Todas esas suposiciones acerca de los animales no humanos se ha demostrado mediante la investigación científica que son totalmente falsas y meros prejuicios especistas. Puede que algunos animales no humanos no lleguen a desarrollar de manera tan sofisticada sus facultades como nosotros pero se ha evidenciado que las poseen todas igualmente y que la diferencia es sólo de grado, no de clase.

Por otro lado, diversos estudios al respecto han puesto de manifiesto la destacada inteligencia de abejas, delfines y elefantes, inteligencia que supera dentro de una comparación contextual, a la de muchos humanos, o la tremenda capacidad sensitiva de las focas, los perros o las vacas, capacidades que nosotros los humanos no poseemos o tenemos muy poco desarrolladas. Obviamente existen diferencias entre especies de la misma manera que existe entre los propios humanos pero esas diferencias no son moralmente relevantes.

La característica moralmente relevante es la capacidad de sentir. Pero esta facultad incluye muchas experiencias además de la de querer evitar el dolor y el sufrimiento. Los animales, tanto humanos como no humanos, tenemos otros intereses además del de no sufrir: queremos disfrutar de nuestras vidas, de la experiencia de vivir, de la alegría, de la satisfacción de cumplir nuestros deseos y de desarrollar nuestras facultades. Vivir es mucho más que intentar evitar el dolor.

Por todo ello es moralmente inaceptable que coartemos la libertad y la vida de otros animales mediante la explotación: ser utilizados como simples medios para nuestros fines —como meros recursos, como esclavos. Eso significa que la esclavitud y el asesinato son rechazables y condenables, aunque no implicaran, difícilmente, sufrimiento para los individuos que lo padecen. Tanto si matan a un humano, a un cerdo o una gallina destruyen un ser consciente y al hacerlo se viola su interés en conserva su existencia y seguir viviendo.

Las vacas gritan y lloran cuando las llevan al matadero, al igual que muchos otros animales, y no sólo porque sufran el maltrato de los matarifes sino porque saben que las van a asesinar. Ellas no quieren que les hagan daño de la misma manera que ninguno de nosotros quiere que lo asesinen. Todos los animales deseamos vivir. Y ese deseo, ese interés en continuar existiendo, es moralmente relevante en sí mismo, independientemente de la cuestión del sufrimiento.

2 comentarios:

  1. Muy bueno, no sólo no quieren sufrir. ¡Quieren vivir!

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    1. Por supuesto. Y también desean disfrutar de su vida y ser libres. Yo identifico al menos cuatro intereses básicos que son inherentes a la sintiencia:

      1) vivir [interés en continuar existiendo]

      2) evitar el daño [no padecer perjuicios o lesiones de su integridad física y mental]

      3) disfrutar [experimentar placeres y satisfacer deseos]

      4) ser libres [no estar sometidos a de otros y poder moverse libremente a voluntad)

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