24 de febrero de 2014

El error de Pitágoras y la cuestión del especismo


Según cuenta Ovidio, el famoso (y quizás legendario) filósofo Pitágoras pensaba que la violencia entre humanos estaba directamente relacionada con la violencia que practicamos de forma sistemática hacia los demás animales.

Ésta es la cita:



Pero yo considero que esto que afirma Pitágoras, y que muchos animalistas comparten no sería cierto.

Las evidencias muestran que hay países son especistas y que explotan a los animales nohumanos pero que se caracterizan al mismo tiempo por una fuerte cohesión social y que registran un nivel muy bajo de violencia entre humanos. (Ejemplos: Dinamarca, Suiza, Canadá, Japón, Nueva Zelanda) con cifras casi anecdóticas si se comparan con las de los países más violentos. 

Además, no hay ninguna evidencia acerca de que aquellos que se dedican directamente a explotar y agredir a otros animales - los matarifes, los toreros, los ganaderos - tengan un mayor índice de criminalidad que el que tienen otros individuos que no trabajan en la industria de explotación animal.

Así que las pruebas indican que el especismo no es causa necesaria de la violencia entre humanos. Se puede perfectamente ser especista, explotar a los nohumanos, y al mismo tiempo ser muy respetuoso con los seres humanos. Ahí radica la peculiaridad de los prejuicios que discriminan entre individuos de acuerdo a alguna característica concreta (raza, sexo, especie, orientación sexual).

Los prejuicios permiten que tratemos a personas de forma radicalmente diferente por el mero hecho de diferenciarse en aspecto, tamaño o inteligencia. Esos prejuicios residen en nuestra mente - en nuestra forma de pensar - y para ser cuestionados y erradicados necesitamos confrontarlos mediante la reflexión racional.

Aparte del error empírico de enlazar la violencia entre humanos como directamente relacionada con nuestra violencia hacia los otros animales, este tipo de manifestaciones incurren también en un error moral. Porque, ya sea de forma explícita o implícita, dan a entender que lo que está mal en el hecho de agredir a otros animales no sería el daño que les causamos y la injusticia que cometemos sino que el problema está en que ese daño afecta, o puede afectar, a los seres humanos. Este enfoque refuerza aún más el antropocentrismo moral; en lugar de cuestionarlo.

Como bien señala Gary Francione:
«Esto no es un paso adelante en la consideración acerca de la ética animal; sería un significativo paso hacia atrás. Este enfoque se aleja aún más de la noción del valor inherente de los animales y se aproxima a la noción de que los animales nohumanos tienen solo un valor extrínseco que depende principalmente de cómo su uso y tratamiento afecta a los humanos. [...] 
Conectar el abuso sobre los animales nohumanos con la violencia hacia los humanos implica una muy estrecha definición de lo que constituye “abuso.” Tendemos a concentrarnos en los actos extremos de un número pequeño de individuos y a no reconocer que nuestro uso de los animales nohumanos en los aceptados contextos institucionalizados también representa “abuso.”»
Mientras no cuestionemos y desafiemos (en nosotros mismos y en los demás) la idea, el prejuicio, de que los demás animales son medios para fines humanos, entonces las consecuencias de esa creencia se seguirán produciendo sin cesar.

4 comentarios:

  1. Hola Luis. Creo que no estoy muy de acuerdo con esta idea acerca de que no hay una relación entre nuestro vínculo de dominación y sometimiento con los demás animales y la violencia en general... la violencia puede tomar formas sutiles e incluso, en países muy desarrollados y muy civilizados donde dentro de su propia sociedad no se ve violencia y hasta se prioriza el bienestar social y la seguridad sobre todo, pasa que esas sociedades, justamente, suelen basar su gran desarrollo económico en la explotación y destrucción de otros países, culturas, ambientes naturales y personas. Y eso si que es violencia...
    Además, el poder explotar animales, usarlos como si fueran cosas, nos permite naturalizar la idea de que quien tiene el poder puede someter y esclavizar a quien quiera. Y si esa idea no fundamenta la violencia no se que lo hace...

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  2. Hola, Alicia.

    Creo que no has comprendido correctamente lo que pretendo expresar aquí. O yo no me he explicado bien.

    Yo no he dicho que no haya una relación entre ambos asuntos. Lo que he dicho específicamente es que no veo ninguna prueba que demuestre que el especismo influye en la violencia contra los humanos. En cambio, veo indicios muy claros de que el especismo permite claramente establecer una radical división moral entre humanos y nohumanos. Esa división consigue que la gente actúe de forma absolutamente separada respecto de unos u otros.

    Es posible que la violencia hacia los animales nohumanos pudiera hacer más fácil la violencia de los humanos. Puede facilitarla, sin duda. Pero eso no significa que necesariamente la favorezca o la cause.

    Yo no pongo en duda de que haya una relación entre la violencia contra humanos y nohumanos. No lo he negado. Lo que niego específicamente que haya una relación necesaria de causalidad entre ambas. Puede haber una relación en el sentido de que quienes decidieron dejar de considerar como personas a otros humanos empezaron a tratar a estos de forma muy similar como trataban a los nohumanos.

    Obviamente que hay una relación entre la violencia contra humanos y contra nohumanos, empezando porque ambos casos son violencia. Pero lo que yo trato de expresar en este artículo es que no hay una conexión necesaria entre ambos tipos de violencia. Puede haberla, pero no necesariamente. El prejuicio del especismo permite que al mismo tiempo seamos violentos con unos y respetuosos con otros, sin que ambas conductas tengan relación causal entre sí.

    Por eso, Pitágoras se equivoca al afirmar que somos violentos con humanos porque lo somos con los nohumanos; o que si dejamos de ser violentos con los demás animales entonces también dejaremos de serlo con los humanos. No hay ninguna relación necesaria entre ambos hechos y se trata de afirmaciones gratuitas.

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  3. Tal vez el especismo es nuestro "bautizo de fuego", o la grieta por donde se nos cuela ya desde muy pequeñitos la ponzoña del abuso de poder sobre los más débiles. Hasta donde lleguen los efectos de ese "inicio" en la violencia ya dependerá de cada individuo, y es frecuente que se quede ahí. Entonces, se podría decir de los sexistas, racistas o abusadores en general, que "no están todos los que son, pero sí son todos los que están". Quiero decir: no todos los especistas son racistas, pero sí que todos los racistas tienen que ser necesariamente especistas. No entiendo que un niño criado en un entorno que respeta la vida de hasta el más pequeño ser vivo puede hacerse de mayor un racista o sexista. Un saludo.

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    Respuestas
    1. Pero eso que argumentas sobre el especismo forma parte de la tesis de Pitágoras que yo he criticado. Esa tesis es precisamente la que he señalado como indemostrada.

      En la práctica vemos que hay muchos seres humanos profundamente especistas y que al mismo tiempo no son violentos con otros humanos. Por tanto, esa conexión entre especismo y violencia hacia seres humanos simplemente no está demostrada en modo alguno y las evidencias apuntan que no existe realmente dicha conexión.

      Hay humanos que son igualmente violentos contra no-humanos y humanos precisamente porque les da igual la especie de su víctima. La violencia puede ser ejercida sin discriminación. Por eso el especismo (y las discriminaciones injustas) no es el único problema moral al que nos enfrentamos; a pesar de su evidente importancia y centralidad. Reducir todo al especismo permite ignorar otras formas de violencia que son igualmente injustas.

      ¿Por qué un racista tiene que ser especista? Si se trata de discriminaciones diferentes (aunque moralmente equivalentes) entonces pueden existir de forma separada e independiente.

      Hablar de respeto a los "seres vivos" es claramente un error. Quienes merecen respeto son los seres sintientes. Estar vivo no implica poder sentir y, por tanto, tener conciencia e intereses. Las plantas son ejemplo de ello.

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