18 de diciembre de 2014

Minima Moralia: razón y ética




«En estos tiempos de naufragio y ruina, el único poder que puede fortalecernos es un pensamiento inteligente y claro»                                                                                                           ~ Soledad Gallego-Díaz



En su obra «Minima Moralia», el filósofo Theodor Adorno escribió este aforismo [68], en el cual reflexionaba acerca de nuestro lenguaje como reflejo de nuestra mentalidad:
«La indignación por las atrocidades cometidas se hace menor cuanto menos parecidos son los afectados al lector normal [...].  
Esto dice tanto del crimen en sí como de los que lo presencian. En los antisemitas quizá el esquema social de la percepción esté configurado de tal modo que no les permite ver a los judíos como hombres. 
La tan oída afirmación de que los salvajes, los negros o los japoneses parecen animales, casi monos, contiene ya la clave del pogromo. Su posibilidad queda ya establecida desde el momento en que el ojo de un animal mortalmente herido da con el hombre.  
El empeño que éste pone en evitar esa mirada ("no es más que un animal") se repite fatalmente en las crueldades infligidas a los hombres, en las que los ejecutores tienen continuamente que persuadirse del "sólo es un animal" porque ni en el caso del animal podían ya creérselo.»
En efecto, calificar a otro ser humano como “animal” —a pesar de que todos los humanos somos de hecho biológicamente animales— significa automáticamente desecharlo a la categoría de víctima permitida, de víctima aceptada. Es una autojustificación para el crimen por parte del propio agresor.

A quienes denominamos como “animales” [los no-humanos] son nuestras víctimas aceptadas: en las granjas, en los mataderos, en los laboratorios y demás centros de explotación y exterminio. La excusa de que “sólo son animales” retumba constantemente para intentar eludir el cuestionamiento moral de lo que estamos haciendo. Esto es la consecuencia del especismo.


Cada día esclavizamos y matamos a millones de ellos para nuestro propio beneficio, sin hacernos conscientes del sufrimiento que les causamos, ignorando que son individuos que sienten y que desean vivir. Estamos todos inmersos en un automatismo perverso que nos conduce a participar cada día en la esclavitud y el asesinato de millones de animales inocentes sin que apenas nos demos cuenta de ello.


Esto es a lo que se refería Hanna Arendt cuando hablaba de la «banalidad del mal». Esto es: cuando el mal ya no es juzgado como tal, ya no se advierte, y se integra en nuestros hábitos de vida alegando la excusa de que es algo "normal" o supuestamente"necesario" o "inevitable".


Habitualmente decimos que alguien es racional cuando actúa según las maneras o herramientas más apropiadas para conseguir sus propósitos. Esta idea ha sido difundida por pensadores como David Hume, para quien la razón era una facultad puramente instrumental y de la cual no se podían derivar valores ni juicios morales. Es decir, aunque explotemos a otras personas —aunque cometamos cualquier crimen— se supone que seguiríamos siendo perfectamente racionales, según aquella perspectiva instrumentalista. Esta noción sobre la racionalidad está muy extendida en la actualidad.


Sin embargo, entiendo que en la obra de Adorno lo que se intenta denunciar precisamente es que la razón ha sido subyugada a su aspecto instrumental y se ha despreciado su aspecto normativo. En lo referente a la moral, se ha ignorado que la razón es el fundamento objetivo de la ética. Es por ello que las acusaciones contra el racionalismo y el movimiento ilustrado de haber provocado o favorecido los totalitarismos del siglo XX estarían totalmente desenfocadas. La verdad es justo lo contrario.


Históricamente, en lugar de adoptar la razón como criterio, nuestra cultura siguió fomentando que los prejuicios, el tribalismo, el nacionalismo, la tradición y el autoritarismo fueran los que marcaran las normas a seguir. Eso fue lo que dio lugar a las guerras y genocidios del siglo XX. Los irracionalismos que triunfaban en la primera mitad del siglo XX habían sido precedidos a su vez en el siglo XIX por el movimiento reaccionario contra la Ilustración y contra el legado político de la Revolución Francesa.


Siguiendo a Adorno en este punto, entiendo que las injusticias no fueron el resultado de habernos olvidado de las emociones y los sentimientos o las pasiones, como se suele decir a menudo. La realidad resulta ser a la inversa: por haber dejado que nos dominaran nuestros sentimientos es por lo que perdimos —si es que alguna vez lo tuvimos presente— el sentido moral en nuestra conducta. Todas las ideologías totalitarias apelaban a las emociones como fundamento y rechazaban la razón como criterio objetivo de conducta.


Acerca de la fiabilidad de los sentimientos como criterios de juicio, señalaba Nietzsche: en su libro Aurora:
«Se nos dice que nos dejemos llevar de nuestro corazón o de nuestros sentimientos. Pero resulta que los sentimientos o son algo definitivo ni originario, tras ellos se encuentran juicios y apreciaciones que nos son transmitidas en forma de sentimientos (preferencias, antipatías). La inspiración que surge de un sentimiento es nieta de un juicio (y muchas veces de un juicio falso), y, en cualquier caso, de un juicio que no es nuestro. Dejarnos llevar por nuestros sentimientos equivale a obedecer a nuestro abuelo, a nuestra abuela y a los abuelos de éstos, y no a esos dioses que habitan en nosotros y que son nuestra razón y nuestra experiencia.»
Pienso que se trata de un error creer que los sentimientos, la compasión, o incluso que la empatía por sí sola, puede sustituir o cumplir la función general de la ética basada en la razón. Así como también sería otro error pensar que la inteligencia más desarrollada conduce inevitablemente a tener una conducta moral, dado que la inteligencia puede ser usada instrumentalmente para fines inmorales.

Sin embargo, no es menos equivocado creer que una ética racional implique marginar, ignorar o despreciar el aspecto emocional de nuestra personalidad. No es así. La razón simplemente pone a los sentimientos en su lugar apropiado, nos ayuda a distinguir entre ellos y nos proporciona un cauce adecuado para canalizar la energía emocional de forma constructiva, útil y ética.


Los sentimientos no pueden ser un criterio moral porque no son objetivos sino que varían de cada persona y situación. ¿Por qué el sentimiento de una persona va a ser más importante que el de otra? ¿Qué sucede si se contradicen y oponen entre ellos? ¿Cómo sabemos cuál sentimiento sería correcto y cuál no? ¿Por qué la compasión es buena y el sadismo no lo es? Esto sólo podemos determinarlo:

1) Apelando a un otro sentimiento; lo cual nos devuelve al punto de partida en un bucle infinito sin respuesta. 
2) Apelando a la razón
Se da la paradoja de si intentamos razonar para esclarecer esta cuestión entonces !ya partimos de haber aceptado previamente la razón como criterio para determinar la autoridad de la propia razón! Pero si nos basamos sólo en el sentimiento es evidente que echamos a un lado la razón como norma y sólo la usamos de forma instrumental —para conseguir nuestros objetivos.

Por tanto, para actuar moralmente necesitamos tanto del sentimiento para motivarnos como de la inteligencia para guiarnos. Es la inteligencia basada en la razón objetiva —en la lógica— y no en la razón instrumental la que posibilita el conocimiento de la ética.


Ciertamente un mayor nivel de inteligencia tampoco implica ser necesariamente más moral en el sentido de ser más respetuoso con los demás. La inteligencia es una facultad que tiene también un sentido instrumental de todos los animales para conseguir nuestros propósitos. Sin embargo, poseer cierta capacidad de razonamiento abstracto permite comprender principios formales y es una característica necesaria para tener conciencia moral; además de la empatía.

Hay otra idea relacionada que también deduzco directamente del texto de Adorno que citaba al principio. Dice así: si somos honestos respecto de nosotros mismos entonces reconoceremos que el mal, incluso el peor de los males, está a nuestro alcance.

Si nos autoconvencemos de que nosotros nunca haríamos esas cosas terribles que condenamos en la conducta otras personas, eso no evitará que las hagamos. Sólo provocará que si algún día incurrimos en ellas nos neguemos a reconocerlas como lo que son, apelando a que nosotros nunca seríamos capaces en absoluto de cometer semejantes actos, a pesar de que la evidencia y la razón indicaran claramente que los estamos llevando a cabo.


Nos autoconvencemos de que nosotros no somos capaces de causar sufrimiento innecesario a animales inocentes; estamos convencido de que nosotros no asesinamos ni torturamos ni oprimimos a los que son más débiles e indefensos que nosotros. No, nosotros no hacemos eso. Pero la verdad es que eso es exactamente lo que estamos haciendo ahora.


Y para excusarnos ahora diremos entonces: "sólo son animales"...


4 comentarios:

  1. comparar lo que sucedio durante la 2 guerra mundial,y lo que sucede con los demas animales,no es lo mejor para la expansion del veganismo. al igual,que como algunos veganos hacen,comparar el consumir un producto de origen animal,con violar o matar una persona.
    hay que ser realistas,y como en todo en la vida,moderados.

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    1. Bueno, no sé a qué te refieres cuando dices que "no es lo mejor". ¿Por qué se supone que no es "lo mejor"? Quizás deberías aportar algún argumento y no meramente afirmar sin más.

      Los demás animales son personas. Así que no hay ninguna diferencia moral entre violar y matar a un animal nohumano y violar o matar a un animal humano, en tanto que ambos son igualmente sintientes. Esto es una realidad moral y no una opinión subjetiva ni un suposición.

      Por cierto, la comparación a la que haces referencia no la hago solamente yo sino que proviene de Adorno. Y él no era vegano ni tenía intención de promover el veganismo. No hace falta ser vegano para darnos cuenta de que la matanza de animales es esencialmente el mismo crimen que el genocidio de seres humanos. Eso lo puede ver cualquiera que pueda entender que todos los animales sentimos, sufrimos y deseamos vivir. Dado que todos tenemos los mismos intereses básicos, no hay ninguna razón que justifique hacer una discriminación moral en lo que se refiere a considerar y respetar dichos intereses.

      Si ser "moderado" significa mentir, ocultar la realidad o tergiversar los hechos entonces no soy moderado ni quiero serlo. Y no me parece que nadie deba ser moderado en esta cuestión, porque eso perjudica la concienciación sobre un grave problema que nos concierne a todos.

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  2. Muy interesante el blog. No hay crueldad sin intencionalidad de crueldad, me parece. El negocio industrial de producción de comida se me antoja cruel porque busca un rédito económico, a base de bajar la calidad a la comida. Esto puede pasar con la producción de soja y sus derivados, o con la producción de carne. Ahora bien, no me parece cruel el granjero que sacrifica una gallina o una vaca para alimentar a su familia a falta de otras proteínas. Allí encuentro la moderación necesaria que acaso sugiere el comentario de Abey. Del mismo modo, existen experimentos que han comprobado que las plantas sienten dolor, véase el siguiente artículo que cita fuentes: http://science.howstuffworks.com/life/botany/plants-feel-pain.htm
    En este sentido, el budismo enseña que la vida se alimenta de la vida. Sin llegar a multiplicar el dolor innecesariamente, comer implica siempre un acto de violencia. Ahora bien, lo inmoderado quizá sería multiplicar esa violencia a escala industrial, generar un dolor innecesario al solo efecto de ganar dinero. El dolor va a existir siempre, porque vivimos en un mundo de permanente conflicto y tensión. Respirar es un acto de violencia, por ejemplo, rompe moléculas y las reorganiza. La vida es en gran medida dolor, lo importante acaso sea no hacer del dolor lo único de la vida.Minimizarlo. El lema ético que se me ha ocurrido recientemente al escribir sobre estas cuestiones es el siguiente: el menor dolor posible para la mayor cantidad posible de seres. Entendiendo seres en un sentido amplio, como toda entidad viva capaz de sentir dolor. Muchas gracias, y saludos desde Calafate Argentina.

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    1. Bueno, creo que la atribución de crueldad siempre dependerá de cómo definamos exactamente la crueldad. Este término resulta un tanto ambiguo y puede adoptar varios sentidos.

      Me parece que antes de preguntarnos si hay crueldad en la explotación animal, quizás deberíamos preguntarnos si está justificado el hecho mismo de que usemos a otros animales para nuestros fines.

      Si entendemos que la esclavitud sobre seres humanos es una injusticia —independientemente de la crueldad con la que se aplica— no veo por qué debería ser diferente cuando las víctimas son otros animales.

      Dices que no te parece cruel que un granjero sacrifique a una gallina o a una vaca para usarla de comida. Ya, pero ¿y qué pasaría si fuera un humano el sacrificado? ¿Y si fueras el sacrificado? ¿Entonces tampoco te parecería "cruel"?

      En realidad no hay ningún experimento que haya probado que las plantas puedan sentir. El artículo que enlazas no señala ningún estudio en el que se diga que las plantas pueden sentir. En ese artículo se habla de "inteligencia" o de la reacción de las plantas a estímulos externos. Pero nada de esto equivale a sentir. Hay una gran confusión conceptual sobre este asunto y se confunden, entre otras cosas, la sensibilidad con la sensorialidad. Las plantas pueden percibir estímulos del exterior pero carecen de cualquier órgano que pueda procesar sensaciones. Por tanto, no pueden sentir.

      Me permito sugerirte que eches un vistazo a este artículo en el que se intenta aclarar la cuestión de la sintiencia y las plantas:

      http://filosofiavegana.blogspot.com.es/2012/06/y-que-pasa-con-las-plantas.html

      No veo que tenga sentido decir cosas como que "respirar es violencia" porque entonces todo sería violencia y el concepto de violencia se diluye y pierde su sentido. La violencia se refiere apropiadamente a todo acto que infringe una norma moral. Respirar no atenta contra ninguna normal moral así que no se puede calificar correctamente de violencia.

      Necesitamos alimentarnos pero no necesitamos alimentarnos de animales. Una alimentación vegetal bien planificada nos aporta todos los nutrientes que necesitamos:

      http://filosofiavegana.blogspot.com.es/2010/03/necesario.html

      Ese lema que mencionas en realidad ya existe desde hace mucho tiempo. Se llama utilitarismo negativo. Pero yo no estoy de acuerdo con ese criterio, porque la cuestión no está en si causamos mucho o poco dolor; sino que la cuestión en primer lugar está en si el daño o sufrimiento que causamos está justificado o no lo está. Por ejemplo, la violación sexual no se puede justificar moralmente y está mal aunque lo hagas intentando "minimizar el dolor".

      El daño que no se puede justificar moralmente está mal, aparte del grado de dolor que cause. Hacer algo que está mal, está mal aunque lo hicieras supuestamente causando el mínimo de dolor. Y utilizar a los demás animales como medios para nuestros fines es algo que está mal.

      Un saludo.

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