9 de septiembre de 2011

Delfines y otros animales





En el siguiente vídeo aparece un suceso terrible. Se ve como unos pescadores matan a una delfín madre junto con su hijo. Las imágenes son muy desgarradoras. Este tipo concreto de explotación provoca indignación en todo el mundo.






Cosas tan sumamente terribles como ésta ocurren por desgracia todos los días en muchas partes diferentes del mundo. Pero los responsables de que esto suceda no son algunos malvados seres humanos carentes de compasión, sino que somos todos aquellos que participamos en un sistema basado en la explotación de los demás animales.

Lo que está ocurriendo en Japón con los delfines no es diferente de lo que estamos haciendo con otros animales en nuestro país. No hay ninguna diferencia entre que asesinemos a un delfín en el mar o que asesinemos a un cerdo en el matadero (o a cualquier otro animal en cualquier otro lugar). Y tampoco hay ninguna diferencia moral entre que nosotros los asesinemos directamente o paguemos a otros para que asesinen por nosotros.

Si de verdad estamos en contra de esta violencia entonces tenemos que ser coherentes y dejar de apoyarla. Esto no es ninguna utopía. Ni es algo difícil de realizar. Es algo que podemos hacer ya ahora, escogiendo el veganismo.

Los humanos no necesitamos utilizar a otros animales para satisfacer nuestras necesidades, ya sea para comida, vestimenta, entretenimiento o cualquier otra. ¿Entonces por qué seguimos explotando a los demás animales?


A veces se alega que lo hacemos porque es la tradición. Pero considero que la tradición es una simple excusa. Las tradiciones se cambian y se renuevan constantemente.  Estos crímenes no suceden en nombre de la tradición sino en nombre del especismo. La verdadera causa del problema están en que consideramos que los demás animales son seres inferiores que existen para ser usados por nosotros.

La injusticia en todos los casos es la misma. Por tanto, focalizar exclusivamente en los delfines (o en los toros) sería una discriminación injusta, puesto que todos los animales nohumanos por igual están siendo esclavizados y explotados por el hombre.

Una campaña monotemática no sólo es injusta sino que además tiene como efecto el de distraer la atención de la gente hacia actividades muy lejanas y hacer que parezcan algo terrible y excepcional, cuando en realidad es algo habitual que ocurre cada día, cada hora, cada minuto, muy cerca de nosotros, consiguiendo así que no reflexionemos sobre los animales que son asesinados a unos pocos kilómetros de nuestras casas y nuestra participación directa en ello a través de la mentalidad especista y los hábitos de consumo.

Si en lugar de este tipo de campañas se hiciera educación vegana quizás la situación de los animales explotados por el hombre tendría alguna oportunidad de cambiar. Pero precisamente este tipo de actos parecen organizados para conseguir exactamente lo contrario. 

Las campañas monotemáticas demonizan un caso puntual de la explotación animal que en realidad no es peor, no es más injusto ni innecesario, que todos los demás que ocurre muy cerca de nosotros y en los que participan nuestros conocidos, vecinos, amigos, compañeros y familiares o incluso nosotros mismos. Lo que consiguen como resultado es que la gente no reflexione sobre su propia mentalidad acerca de los animales nohumanos, y su conducta al respecto, sino que piensen que la violencia contra los animales es un hecho puntual, lejano y excepcional cuando en realidad es, por desgracia, lo habitual que sucede a cada instante.

Todos los casos de violencia contra los demás animales son incontables e imposibles de afrontar ahora mismo. Precisamente por ese motivo debemos afrontar el problema en su raíz y educar a la sociedad en el respeto básico hacia los demás animales: el veganismo. Construir un movimiento social de base que se oponga a la utilización de animales para a partir de ahí conseguir cambios reales en el futuro.

Las víctimas de Japón son tan importantes como las de España o las de cualquier otro sitio. Pero por una simple cuestión de contexto y proximidad considero mucho más razonable y efectivo centrar todo el activismo en los animales que sufren y mueren por actividades injustas y evitables que se realizan muy cerca de nosotros y en las que están implicadas personas con las que nos relacionamos directamente cada día.

A menudo sucede que se habla del sufrimiento como si fuera es el único hecho relevante para los animales nohumanos cuando no es así. Los demás animales, al igual que nosotros, tienen otros intereses además del interés en no sufrir. Tienen interés en conservar su propia vida y aunque se les matara supuestamente sin causarles sufrimiento eso no haría su asesinato menos injusto ni rechazable.

Lo justo es pedir la abolición de todo uso de animales nohumanos, sin importar su especie. Enfocarse solamente en los toros o en los delfines es injusto, es especista. Y, de hecho, ese tipo de campaña ni siquiera pide que se deje de utilizarlos sino solamente que no se les utilice en determinado espectáculo o matanza. 

Apoyar una campaña especista es como apoyar, por ejemplo, una campaña a favor de los niños blancos, pero que ignora y discrimina a otros niños solamente por no ser de la raza blanca. Es una campaña racista que no deberíamos apoyar. También es similar a una campaña que solamente ayudara a los niños varones pero que discriminara a las niñas, por su sexo.

Me parece correcto exponer puntualmente esa matanza como un ejemplo de las consecuencias del especismo; pero no lo es exponerla como un caso aislado, diferente o especial. Se puede concienciar a la gente sin necesidad de recurrir o apoyar campañas especistas.

Existen muchas formas de hacer activismo vegano. Y si nos unimos, tendremos más fuerza para hacerlo. Pero si empleamos tiempo en campañas especistas lo que hacemos es marginar la difusión del veganismo, y que la abolición de la esclavitud de los nohumanos esté todavía más lejos.

Debemos comprender que moralmente no hay diferencias relevantes entre el asesinato de unos delfines en Japón, de unos toros en España, o de unas vacas en Estados Unidos. Todos ellos sienten, todos ellos desean vivir y que no les hagan daño. Y todos los animales somos iguales en eso. Por esto, todos merecemos igual respeto, sin importar nuestra raza, sexo o especie.

Los actos de explotación animal que ocurren continuamente en todos los países del mundo son igualmente crímenes, sin importar la especie de la víctima ni el lugar ni el modo en que se hagan. Y para evitar que esto siga ocurriendo lo primero y más fundamental es que nosotros mismos dejemos de participar en ello, haciéndonos veganos y educando a otros en el veganismo.

3 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo, lo llevo a mi muro. Gracias Luis!

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  2. Cuesta entender esto sobretodo porque normalizamos nuestros actos y vemos con repudio lo que nos es lejano. Incluso ya siendo activista le prestaba más atención a aquellas prácticas que veía como más arcaicas, como si estas mismas fueran hechos aislados y no, derivadas de la discriminación especista.

    Afortunadamente, gracias a lecturas como esta, he comprendido de a poco que la única manera de abolir todas las prácticas especistas es educando a la gente en el veganismo.

    Un saludo :)

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  3. Muchas gracias por vuestros estupendos comentarios, amigas.

    Me alegra especialmente teneros como lectoras, y que mis palabras os sirvan de ayuda para la reflexión.

    Os mando un saludo muy afectuoso.

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