30 de mayo de 2017

Harambe y la cuestión del especismo



En esta fecha ya se ha cumplido un año de la muerte del gorila Harambe, al que dispararon letalmente en un zoológico, en el que lo tenían encerrado, con la excusa de que podría haber hecho daño a un niño que cayó por accidente al foso en el que habitaba el gorila. Su muerte provocó un gran clamor popular que consideraba que la acción fue desproporcionada e injustificada.

Harambe no hizo nada para provocar este conflicto. Él fue una víctima más. Somos nosotros quienes casi siempre provocamos los conflictos con otros animales. Harambe no atacó a nadie. No hizo nada aparte de ser víctima de la explotación animal. Nosotros provocamos esta situación. Nosotros provocamos los conflictos con otros animales, y luego les hacemos pagar por ello cuando surge algún problema.

Si atendemos a la cuestión de la seguridad del niño, podemos plantearnos qué decisión se habría tomado si el niño hubiera caído a un foso con presos humanos caracterizados como especialmente violentos y peligrosos. En última instancia, se podría decidir matar a los presos humanos que supusieran una amenaza para el niño si no se encontrara otra forma de rescatarlo. Esto es, la especie es irrelevante a la hora de tomar esta decisión. De hecho, la especie no es más relevante que la raza o el sexo cuando se trata de la consideración moral.

Sin embargo, muchos quisieron plantear este dilema como una oposición entre la vida humana y la vida animal, y como una excusa para intentar justificar que los humanos tienen derecho a someter y agredir a los demás animales para obtener un beneficio de ello. 

El pensamiento antropocentrista afirma que en cualquier supuesto caso de conflicto debemos elegir la vida humana y esto conlleva que, por tanto, los humanos están legitimados en explotar a los demás animales. Ahora bien, sucede que ni aquella premisa está justificada —pues habría que razonar en primer lugar por qué los humanos tienen un mayor valor moral más que otros animales—  ni dicha premisa nos conduce lógicamente a la conclusión referida.

No hay una característica que sea compartida universalmente por todos los seres humanos. Esto es a lo que denominamos como el argumento de los casos marginales: ya fuera la capacidad de sentir o la capacidad de pensar o de razonar, o cualquier otra, siempre habrá algunos seres humanos que no la posean. Además, ninguna de estas características es exclusiva de los humanos. Por ejemplo, los otros animales poseen la capacidad de sentir. Son seres que tienen experiencias subjetivas. También contamos con claras evidencias de que ellos piensan y razonan. Pero esto último no es requisito necesario para ser sujeto de consideración moral.

Nos encontramos en una situación en la que ya hemos sometido a los demás animales a nuestro dominio y sólo después de esto comenzamos a preguntarnos sobre la ética en nuestra relación con ellos. Pero esta reflexión está viciada en su raíz porque parte de la base de que los demás animales son seres moralmente inferiores y existen para servirnos a los humanos. Partiendo de esta base, de este prejuicio, los animales no humanos siempre acaban perdiendo frente a los intereses humanos. Cualquier interés mínimamente significativo que tengan los humanos prevalecerá siempre frente a los intereses básicos de los otros animales. La decisión ya estaba tomada de antemano y la controversia se torna superficial.

Así la reflexión más fundamental no reside en preguntarnos por qué mataron a Harambe sino por qué estaba Harambe viviendo encerrado en un zoo para servir de entretenimiento a los humanos. Esta cuestión debería conducirnos a comprender que los animales no humanos son considerados y tratados como propiedad humana; lo cual es una situación equivalente a la esclavitud. Esto explicaría por qué lo mataron y por qué estaba encerrado en un zoo: todos los animales no humanos están sometidos a la condición de propiedad humana. Ahora bien, si aceptamos que los animales tienen un valor moral entonces esta idea exige que evitemos vulnerar su personalidad y sus intereses por razones instrumentales.

Harambe tenía un peso físico mayor que el de un humano, o el de una gallina, o el de una abeja, pero no poseía un mayor peso moral. Cualquier ser consciente tiene igual valor moral a otro ser consciente. Todos los seres dotados de sensación tienen un mismo interés en proteger su propia existencia y evitar el daño. ¿Qué argumento justificaría discriminar entre ellos? Si el valor moral radica en la existencia de la conciencia entonces no habría razón para discriminar y jerarquizar entre seres conscientes. Todos ellos son sujetos que poseen los mismos intereses básicos. Obviamente hay algunas diferencias físicas y mentales entre ellos, y algunos poseen intereses que otros no tienen —por ejemplo, los bebés y los animales carecen del interés en participar en política— pero no es una diferencia que sirva para justificar una diferente consideración moral cuando se trata de proteger sus intereses básicos, comenzando por su derecho fundamental a no ser propiedadel cual los protege de ser tratados como simples medios para nuestros fines.

Ahora bien, supongamos que alguien no puede aceptar la idea del igual valor moral de todos los seres conscientes. Supongamos que no puede asumirla todavía porque está demasiada alejada de su mentalidad. Bien, hay otro enfoque más elemental que nos permite comprender por qué la utilización de animales es un error moral. Todos asumimos la idea de que está mal hacer daño innecesariamente a los animales. Este enfoque —que aquí denominamos enfoque humanitario— no niega que la vida humana pueda tener un mayor valor que la vida de los otros animales, pero sí niega que sea aceptable infligir alguna clase de daño a los animales sin una necesidad real para nuestra supervivencia que lo justifique.  

Si aceptamos la idea de que todos los seres sintientes merecen el mismo respeto básico entonces no podemos justificar moralmente su explotación —no debemos tratarlos como si sólo tuvieran un valor instrumental. Pero si todavía no estamos preparados para asimilar aquella idea, al menos podemos atender a nuestra intuición moral que nos dice que no está bien infligir daño a los animales sin necesidad. No hay un sentido significativo del concepto de necesidad que justifique utilizar a los animales para comida, para vestimenta o para entretenimiento. No necesitamos utilizar a los animales para nuestra supervivencia.

Si ni siquiera estamos dispuestos a aceptar el enfoque humanitario, y aplicarlo con coherencia en nuestra vida cotidiana, esto significa que nuestra idea de la relación con los demás animales consiste en que podemos hacerles cualquier cosa siempre que nos beneficie de alguna manera. Por tanto, a este nivel no habría ninguna diferencia moral entre nosotros y quienes torturan animales por placer. Ambos causamos daño a los animales sólo por nuestro capricho.

Millones de animales son utilizados y matados cada día en las granjas y los mataderos de todo el mundo, y en otros centros y actividades de explotación animal. Toda esta violencia cometida contra animales —que no se diferencian de Harambe en el hecho de que son seres seres conscientes— es innecesaria, es moralmente injustificable, y es algo que podríamos detener ahora mismo sólo con tomar la decisión de dejar de consumir productos de origen animal y haciéndonos veganos.

2 comentarios:

  1. Hola Luis, primero que nada un saludo, gran blog el que tienes, justo apenas lo conoci y me encanta.
    Ahora que he leido bastante sobre el veganismo, me pregunto que opinas sobre la compañia de animales en casa, he pensado que ellos al estar fuera de un hogar pueden ser realmente libres y hacer su voluntad, contrario a lo que podrian hacer estando en casa de uno.
    Pienso en si realmente ellos tienen deseos de vivir libres explorando el mundo, o si realmente les gusta vivir con nosotros.
    Espero poder darme a entender y me gustaria saber que opinion tienes sobre esto.
    ¡Saludos!

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    1. Hola, Armando. Gracias por tu comentario. Me alegra saber que te gusta el blog.

      Sobre el tema que señalas publiqué una entrada en el blog que puedes consultar en este enlace:

      http://filosofiavegana.blogspot.com.es/2013/06/la-moralidad-de-las-adopciones.html

      Una respuesta breve a esa cuestión es la siguiente: nosotros hemos contraído una responsabilidad moral con los animales que fueron domesticados. Somos responsables de sus vidas, así que tenemos la legitimidad y la obligación de cuidar de ellos mientras vivan. Estos animales no pueden integrarse en la sociedad humana como individuos autónomos ni tampoco pueden sobrevivir por sus propios medios en la naturaleza. Están en el mundo por causas humanas y su existencia está derivada de la nuestra, por lo que somos responsables de ellos. Lo que debemos hacer por tanto es cuidar de todos los animales domesticados y dejar de traer al mundo a más animales que sean dependientes de nosotros para romper así la cadena de dominación que forjamos sobre ellos en el pasado.

      Aquí puedes encontrar otro artículo que expone una perspectiva muy afín a la mía propia y que también te puede resultar de interés:

      http://enfoqueabolicionista.blogspot.com.es/2016/09/por-que-la-existencia-de-mascotas-es.html

      Si te surge alguna duda en concreto sobre este tema, o cualquier otro, no dudes en exponerla.

      Un saludo.

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